Los Kirchner, salpicados por un gran escándalo de lavado de dinero negro

Los Kirchner, salpicados por un gran escándalo de lavado de dinero negro

Carmen de Carlos CarmenDeCarlos / corresponsal en Buenos aires
Día 23/04/2013

El difunto expresidente y su esposa, Cristina Fernández, evadieron 50 millones de euros a paraísos fiscales, según el Canal 13


Arrepentidos, amenazas de muerte, medio centenar de sociedades fantasma, entre 45 y 50 millones de euros en negro en seis meses, aviones privados, cuentas en Suiza, Belice, Islas Caimán, Seychelles, Panamá, Luxemburgo, Montevideo o cualquier otro paraíso fiscal donde pregunten poco o no pregunten. Estos son algunos de los ingredientes de la red de lavado de dinero del Estado argentino de la que formó parte el difunto expresidente Néstor Kirchner, su socio o testaferro, Lázaro Báez —al que se le atribuye una fortuna de cinco mil millones de dólares—, y miembros del círculo íntimo del matrimonio Kirchner, según un reportaje realizado en el Canal 13 por el periodista Jorge Lanata.

En las oficinas del edificio Madero Center, conocidas como «La Rosadita», en alusión a la Casa Rosada, sede del Ejecutivo argentino, se organizaba hasta el pasado jueves, según los testimonios recogidos en el programa PPT (Periodismo Para Todos) de Lanata, el gran fraude. Leonardo Fariña y Federico Elaskar, dos financieros, desvelaron la trama de funcionamiento de la organización de la que, con distintos cometidos, formaron parte.

Ambos ofrecieron detalles, cifras y letras de la ruta del dinero «K» hacia el exterior. Los dos denunciaron haber recibido amenazas de muerte y los dos, tras emitirse el programa —en dos entregas— rectificaron públicamente sus declaraciones. El programa difundió documentos para sostener el mayor escándalo que salpica de lleno a la triple administración Kirchner: la primera del expresidente (2003-2007) y la doble de su viuda, a la que le quedan dos años para terminar la legislatura.

El dinero provendría de comisiones bajo cuerda en adjudicaciones

El dinero provendría de comisiones bajo cuerda en adjudicaciones, principalmente, de obras públicas o «coimas», término local para referirse a los sobornos. Fariña, según reconoce a micrófono abierto en un programa de radio y confiesa en una cámara oculta en PPT, se encargaba de hacerle llegar a Elaskar los millones que éste, por medio de la sociedad de inversión SGI, desviaría a los paraísos fiscales. El traslado físico de la «plata» se hacía, según su resumen, desde la ciudad de Río Gallegos, feudo de la familia Kirchner en la provincia de Santa Cruz; hacía escala en el aeropuerto bonaerense de San Fernando y de ahí partía a Montevideo, donde se enviaba, mediante transferencias, a cuentas corrientes y sociedades fantasma en el exterior.

Los «arrepentidos», enfrentados entre sí, desvelan la trama porque a Elaskar, según su declaración, le obligaron a desprenderse de SGI, que sigue operando para Báez pero por un hombre puesto por él. La «operación» forzosa se hizo ante la duda de Baéz de cuál de los dos, él o Fariña, se habían quedado «con un vuelto». Es decir, se apropiaron de parte del dinero que presuntamente pertenecía a Lázaro Báez, que actuaría en su nombre y el del expresidente.

En bolsas de deporte

El escándalo, tras cuatro días de indiferencia judicial, desembocó en el registro —por orden de un juez— de «La Rosadita», la «cueva», como se denomina en Argentina a los centros donde se cambia o se recibe el dinero negro. A ésta, según testimonios de los mencionados, acudiría hasta el actual ministro de Planificación y ex brazo derecho de Kirchner, Julio De Vido. «Cerraba las licitaciones. Todos van ahí», asegura uno de ellos. Los volúmenes de lavado de dinero que se manejaban llegaban a una entrega «máxima de doce millones» en euros, porque el tamaño de estos billetes es inferior al de los dólares y los de 500 permiten trasladarlos en espacios más reducidos. «Se utilizaban bolsos negros de Nike y de Gola», detallan.

Fariña se presenta como el hombre que trabajaba para «el jefe», Lázaro Báez, al que identifica, lo mismo que Elaskar, como socio de Kirchner. Para no tener que contar los cientos de fajos, cuando se trataba de dólares directamente los pesaba, «un kilo cien es un millón de dólares», garantiza. «Vos no tenés dimensión de la estructura que había armado Néstor (Kirchner). Yo te puedo asegurar que el tipo lo manejaba todo», le insiste a Lanata. «Yo hice un plan para blanquear 190 millones de dólares», añade.

El escándalo forzó que Lázaro Báez, considerado el Alfredo Yabrán del matrimonio Kirchner, en alusión al empresario vinculado al presidente Carlos Menem que se suicidó, compareciera públicamente para protestar porque «me quieren mostrar como un hombre oscuro dedicado a negocios turbios... Me toman como un forro (preservativo)», dice en algún momento. Paradójicamente, la Justicia, al menos de momento, le ha dejado fuera de la causa. La presidenta del Gobierno no se ha pronunciado sobre el tema en ninguna de sus habituales intervenciones públicas.


http://www.abc.es/internacional/20130423/abci-kirchner-salpicados-gran-escandalo-201304222126.html

El satélite ‘100% argentino’ que se fabricó en Europa

El satélite ‘100% argentino’ que se fabricó en Europa

El satélite '100% argentino' que se fabricó en Europa

¿Qué parte del primer satélite de Argentina ha sido realmente construida en el país?


Llegar al espacio con tecnología propia es un orgullo para cualquier país. En América Latina, cada vez son más los estados que construyen y lanzan sus primeros satélites con fines científicos y otros para telecomunicaciones. Estos días el centro de atención en este campo es Argentina. El país espera la puesta en órbita de su primer satélite de gran tamaño, el ARSAT-1. Este artefacto de casi tres toneladas orbitará a 36.000 kilómetros de la Tierra y dará a Argentina una mejor cobertura de televisión digital, internet y telefonía móvil.

El Gobierno ha convertido el lanzamiento en un hito del poderío nacional. La presidenta del país, Cristina Fernández de Kirchner, ha resaltado que ARSAT-1 dará a su país "soberanía satelital" y además será "el primer satélite geoestacionario 100% argentino", según su web oficial. También ha destacado que, con este instrumento, "Argentina se suma al selecto club de países que producen este tipo de satélites: USA, Rusia, China, Japón Israel, India y la Eurozona [compuesta por 18 países]".

Cristina Fernández de Kirchner ha resaltado que ARSAT-1 dará a su país "soberanía satelital"

Desde el Ministerio de Planificación Federal se alaba el lanzamiento del primer satélite de comunicaciones "ciento por ciento nacional" y se le pone como ejemplo de un "nuevo modelo de desarrollo" basado en la tecnología y la investigación. "Hasta hace diez años pensar que los satélites podíamos hacerlos nosotros y no comprarlos al extranjero por medio de licitación era imposible. Hoy hasta hay proyectos para exportarlos", dijo hace unos días Héctor Otheguy, gerente general de INVAP, la empresa pública a la que se encargó la construcción del satélite.

Pero ni todo el ARSAT-1 es argentino ni solo Argentina ha participado en su desarrollo. Como sucede en la mayor parte de los casos en los que un país sin un fuerte arraigo en el sector espacial da sus primeros pasos, gran parte del satélite argentino proviene de otros países con tecnología más avanzada. Por ejemplo, la carga útil del satélite, es decir, todos los instrumentos tecnológicos que le permiten realizar su función, han sido fabricados por Thales Alenia Space, una empresa europea que fue licitada por INVAP para esta tarea. Lo mismo pasó con los sistemas de propulsión y el ordenador de abordo, que han sido encargados a Astrium, una filial de la multinacional europea EADS. De hecho, la gran mayoría de los componentes físicos del ARSAT-1 han sido fabricados fuera de Argentina.

Expertos argentinos trabajan en el ensamblaje del ARSAT-1. / ARSAT

Todo esto es habitual. Prácticamente ningún país del mundo dispone de la tecnología necesaria para construir un satélite "100% nacional". En la mayoría de los casos, los satélites como el ARSAT-1 se diseñan sobre el papel en el país que lo quiere comprar en función de las tareas que debe desempeñar. Después se compra por partes en el extranjero y luego se ensambla en el país. Esta última tarea, que requiere un considerable esfuerzo por parte de ingenieros y personal cualificado y unas instalaciones de especial asepsia conocida como "sala limpia", sí se ha realizado en Argentina, en la sede del INVAP.

La llegada al espacio de ARSAT-1 era una cuestión de Estado. El nuevo satélite dará señal de televisión digital, telefonía e internet a todo el territorio nacional y también podrá hacerlo en Chile, Uruguay y Paraguay. Hasta hace unos años, estos servicios estaban subcontratados a empresas extranjeras. Con la llegada del nuevo instrumento serán empresas públicas argentinas las que se encarguen de controlar el satélite y su señal. "Hablamos de soberanía satelital porque UK [Reino Unido] estaba detrás de un de las dos posiciones orbitales que pudo retener la Argentina para sus satélites", ha escrito Kirchner. El ARSAT-1 ha costado unos 190 millones de euros y ya hay en proyecto otros dos artefactos similares. El primero de la terna saldrá al espacio el 16 de octubre desde la Guayana francesa a bordo de un cohete de la empresa europea Arianespace. La empresa ARSAT no aclaró a Materia qué parte del presupuesto total se ha dedicado a comprar los componentes extranjeros mencionados.


http://elpais.com/elpais/2014/09/26/ciencia/1411754613_663536.html

La Argentina informal: legalidad e ilegalidad, dos mundos de fronteras difusas

Sociedad

La Argentina informal: legalidad e ilegalidad, dos mundos de fronteras difusas


Los datos sobre empleo no registrado que divulgó la OIT son sólo una de las aristas de un fenómeno que atraviesa clases sociales, dinámicas laborales y circuitos comerciales: en nuestro país, una enorme porción de la actividad económica está en las sombras. Más allá de las dificultades tributarias, esto revela un modo de relación entre el Estado y la ciudadanía, se vincula con prácticas como el clientelismo e instala un crónico déficit de información a la hora de diseñar políticas públicas

Por   | LA NACION


"Si fuéramos inquilinos, olvidate." A Mariana se la escucha cansada. Al frente de una tintorería de barrio -el típico comercio montado familiarmente, que en su momento creció y contrató algún empleado-, es de las que no pueden, simplemente no pueden, pensar por fuera de los términos de la ley. Una rara avis en el país de la ambigüedad normativa.

La carga impositiva sube, las ventas bajan, y Mariana, mujer de clase media, hija de comerciantes y empleadora con todos los papeles al día, se siente "un sobreviviente económico" que no sabe hasta cuándo le durará el oxígeno. A cuadras de su negocio, una vecina, peluquera monotributista, colgó los guantes del juego legal: cerró su local, alquiló un PH y allí, puertas adentro, sin cartel y por fuera de la economía formal, sigue recibiendo a sus clientas. Metros más allá, vive un serigrafista, monotributista en regla que, también puertas adentro, tiene empleados a los que ni se le ocurrió declarar.

Mariana y sus vecinos: un microcosmos de barrio que no necesita de talleres esclavos o miseria para participar en la lógica de la economía informal argentina. Ese universo donde los que hacen bien las cosas no suelen ser recompensados, donde las complicaciones burocráticas y la presión impositiva parecen "invitar" a salirse de la ley y donde -a medida que la lupa se amplía y la mirada se extiende hacia arriba y abajo de la escala social prácticamente todos los argentinos terminan participando.

El 46,8% de los trabajadores informales calculado por la OIT y difundido esta semana es apenas una arista de un mapa mucho más extenso, que abarca todo tipo de actividades aunque permanece invisible, sin indicadores que den cuenta de su magnitud. La informalidad económica -naturalizada y endémica- provoca falta de tributación, desprotección social y ausencia de información fidedigna para la elaboración de políticas públicas. Pero, por sobre todo, revela el modo en que concebimos al Estado y sus relaciones con la ciudadanía; se vincula con fenómenos políticos como el clientelismo, y establece una difusa frontera entre lo legal y lo ilegal.

Todo es cultura

"Los argentinos tenemos una ambigüedad estructural hacia las normas -sentencia el antropólogo e investigador del Conicet Pablo Wright-, y el Estado ha fomentado esa ambigüedad: no hay una conciencia cultural de que vivimos en un sistema que necesita de ciertos acuerdos para funcionar."

Para Wright, mucho de esto radica en que lo más parecido al mito fundacional de nuestro país es la práctica, en tiempos del Virreinato, del contrabando. "El sistema ad hoc de contrabando: ahí está la ambigüedad constitutiva de la nación argentina", sintetiza el antropólogo.

Por su parte, Luis García Fanlo, sociólogo e investigador del Instituto Gino Germani de la UBA, vincula la desconfianza frente a lo estatal y la renuencia al pago de impuestos al viejo axioma de los caudillos: naides es más que naides. "Una cultura igualitarista, plebeya, individualista -enumera García Fanlo-, que recela tanto del Estado como de las instituciones de la sociedad civil en un doble sentido: se considera que son un poder superior cuya lógica social es antagónica con el interés individual y, por otro lado, un poder al que hay que demandar porque tiene la obligación de satisfacer y actuar como un padre proveedor."

El sociólogo considera que a partir de mediados del siglo XX, con el surgimiento del peronismo, ese modelo cultural derivó en una dinámica en la que las demandas sólo parecen satisfacerse si se acumula suficiente poder de presión. En otros términos: la perspectiva política se habría reducido a una sumatoria de intereses individuales, por tiempo limitado y a corto plazo. "Es un ethos nacional porque atraviesa a todas las clases sociales y, en gran medida, es utilizado por el aparato del Estado y los gobiernos para gestionar demandas en dispositivos clientelares", concluye.

A esta configuración habría contribuido, también, el progresivo deterioro de las políticas públicas, universalistas y de calidad, sustituidas a lo largo de casi medio siglo por criterios sectoriales fundados en prebendas y franquicias. Así lo sostiene Jorge Ossona, historiador, investigador y autor del recientemente publicado Punteros, malandras y porongas (Siglo XXI): "Las franquicias que determinados empresarios les arrancan a los ministerios recorren un camino análogo a aquel otro que, en el otro extremo de la escala social, los poderes territoriales de la pobreza obtienen de otras reparticiones". En relación con los bolsones de pobreza, Ossona describe la existencia de una economía informal estratégicamente cultivada en períodos interelectorales, que permite, entre otras cuestiones, que agencias de remises, colectivos y combis "truchas" se pongan al servicio de la movilización de votantes. "Se trata de una particular relación con el Estado que no es anómica, sino que responde a reglas implícitas, muy consolidadas, pero, por siempre, informales", precisa el investigador, quien agrega un caso mínimo pero ilustrativo: "En un barrio popular, si un vecino intenta instalar un almacén en un cuarto, debe pagar tasas incompatibles con su rentabilidad. A cambio, se opta por el pago de «peajes» en sucesivas dependencias apadrinadas por punteros u operadores. Eso sí: basta la sospecha de defección para que el negocio sea cerrado de oficio".

Economías ocultas

Poco de estas dinámicas (que Wright, en metáfora vial, define como la tendencia a "ir por la banquina") se condice con la idea de la vida social como un sistema de acuerdos o, incluso, con aquello de que no hay Estado sin impuestos. Más bien, conspira contra estas nociones. "La informalidad reduce las posibilidades de recaudación y de financiamiento de servicios públicos, reduce el impacto de las políticas laborales, atenta contra un sistema amplio de seguridad social, y genera todo tipo de distorsiones e ineficiencias económicas -explica el economista Leonardo Gasparini, director del Cedlas-. Pero hay que tener en cuenta que es, generalmente, el resultado de una situación socioeconómica, y sólo en parte también una causa. Si el Gobierno lograra eliminar la informalidad de un día para el otro sin absolutamente ningún otro cambio, es posible que extensos sectores de la economía no pudiesen funcionar, y el impacto sobre muchos trabajadores pobres sería negativo."

La complejidad y el cruce entre vectores económicos, políticos y culturales lo convierten en un fenómeno difícil de aprehender. ¿Cómo entender situaciones tan diversas como las de la persona que trabaja en un taller clandestino, la que adapta el frente de la casa para abrir un quiosco, el profesional autónomo que apenas puede cubrir costos o el dueño de una empresa que no "blanquea" a todo su personal? La lista puede extenderse tanto como se quiera (y en todas las direcciones posibles): de la coima o el "contacto" como método más eficaz que los procedimientos formales al mercado inmobiliario informal en villas y asentamientos? Si a esto se suma la falta de transparencia al interior del propio Estado, el panorama, realmente, se complica.

"El primer paso para una política capaz de reducir la informalidad es el diagnóstico -afirma el economista Nadin Argañaraz, director de investigaciones del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf)-. Debiera ser el Estado el que lleve una medición periódica, una radiografía de la economía informal. Pero es muy costoso hacer un estudio de esta naturaleza. Si se quieren datos que realmente sumen, habría que hacer un estudio detallado y muy amplio, a nivel país."

En lo que hace al universo laboral, el sociólogo Diego Masello, coordinador de Investigaciones de la Universidad Nacional de Tres de Febrero, viene desarrollando un trabajo que, justamente, apunta a aclarar el panorama. Distingue dos universos laborales activos hoy en la Argentina: el "sector moderno", constituido por empresas de alta productividad, buenos salarios, uso de tecnología y establecimientos medianos o grandes; y el sector de "informalidad estructural", caracterizado por puestos de trabajo de baja productividad, precariedad, carencia de capital, cuentapropismo y, muchas veces, confusión entre los espacios laborales y domésticos (el taller o comercio que se monta en la propia casa). Si bien existen vasos comunicantes entre uno y otro sector, el fenómeno del empleo no registrado es muy diferente en ambos. "No todo trabajo en negro obedece a las mismas causas ni se mitiga con la misma política pública -explica Masello-. Hay que pensar que el empleo informal estructural tiene que ver con economías de subsistencia." Es decir, personas que se "inventan" un puesto de trabajo, apenas poseen recursos o formación, no están sindicalizadas y no tienen posibilidad de proyección o crecimiento. Muchas de ellas pasaron por el "sector moderno", perdieron su empleo y hoy subsisten en estas modalidades precarias, suerte de colchón más allá del cual está la exclusión lisa y llana.

La hora del tributo

Patricia Beatriz Vargas, antropóloga e investigadora del IDES, trabajó con algunos de los protagonistas de este universo que oscila entre la atomización y las redes de confianza ligadas a la lealtad de grupo: los múltiples talleres de costura que, sin formar parte del tristemente célebre trabajo textil esclavo, permanecen en la informalidad. "En muchos de estos espacios trabajan extranjeros indocumentados a los que les parece tan intrincado, complejo e intimidante el contacto con el Estado que prefieren no inscribirse. Se manejan con redes que no tienen que ver con lo formal, sino con la confianza", explica la antropóloga. Vargas también investigó las prácticas de diseñadores y emprendedores monotributistas que, ubicados en una zona social diferente a la de los talleristas, tampoco encuentran facilitado el camino a la legalidad: "Les cuesta expandirse o llegar a créditos", explica la antropóloga y, además, destaca lo que denomina su "máxima contradicción": estos profesionales, entrenados en saberes intrínsecamente ligados al emprendedurismo, no reciben en ningún momento de su formación nociones ligadas a lo contable o la administración.

Lo que surge de todas estas miradas es que, si bien es cierto que en los últimos años se implementaron políticas activas para combatir la informalidad laboral -especialmente en lo que hace al trabajo rural y el trabajo doméstico, entre otras áreas-, un enorme conglomerado de matices, cruces y realidades económicas diferentes no termina de ser contemplado por la gestión estatal.

La consecuencia más evidente, al menos en la percepción de los contribuyentes, es el desequilibrio tributario y la creciente presión impositiva sobre los que tienen todo en regla. "En una Argentina con una carga tributaria que ronda el 50% del valor agregado, el incentivo a evadir es muy alto -indica Argañaraz-. Si no se disminuye la informalidad, la solución -a la que apelan todos los gobiernos- es subir los impuestos. Yo lo llamo «cazar en el zoológico»: el gobierno va sobre lo que es más fácil recaudar."

El fantasma de la competencia desleal, así, muchas veces se ensaña con quienes no precisamente están en la cima del éxito económico: no es al pequeño comerciante que paga monotributo, tasas a la municipalidad e impuestos a la provincia a quien le toca comprender la debacle social tras el "mantero" que se instala en la misma cuadra; le toca a la gestión política, en todo caso, evitar los recurrentes enfrentamientos entre quienes todavía tienen algún recurso para pelear por su lugar social y quienes se perciben en caída libre.

Por eso Mariana, acodada al mostrador del negocio que viene defendiendo desde hace años con uñas y dientes, asegura: "Si tuviera adelante a un legislador, le pediría que caminara la calle, que nos conociera. A veces tengo la sensación de que las leyes están hechas por gente que nunca baja a tierra"

La Nacion



La economía, según Mafalda: cincuenta años; los mismos temas

La economía, según Mafalda: cincuenta años; los mismos temas

En un mundo muy diferente al que había cuando nació la tira, hoy se repiten los mismos problemas macroeconómicos y el deterioro en el nivel de vida

Por   | LA NACION



Detrás de una enorme caja con dos docenas de paquetes de fideos que carga en sus brazos, Manolito camina por el almacén de su papá. A grandes pasos, avanzan también sus pensamientos: "¡¡Primavera!! ¡Como si la primavera cambiara la situación!", se queja su voz interior. Por la mente del niño con los pelos como un cepillo, desfilan esas frases que con la llegada de cada 21 de septiembre, nunca falta quien diga, como eso de que la primavera es la estación más alegre... "¡Como si el déficit se arreglara con carcajadas!", refuta el amigo de Mafalda. "¡Como si la inflación se frenara con margaritas!", se lamenta al recordar a quienes celebran que haya flores por doquier. En otra viñeta, Manolito se detiene y acomoda latas, mientras que a sus pensamientos acude la idea de que en la primavera llegan golondrinas desde lejanos países. "¡¡Como si la balanza de pagos se nivelara con pajaritos importados!!", se indigna.

Déficit, inflación y problemas en la balanza comercial son tres temas recurrentes en la Argentina. Y son varias las referencias a ésas y otras cuestiones de la economía que se leen en la tira de Mafalda, publicada originalmente entre 1964 y 1973. En un país que repite ciclos, la historieta sigue vigente como reflejo de problemas sociales, varios de ellos muy agravados respecto de aquellos años, como la pobreza.

En un mundo muy distinto al actual, en el que muchas miradas se posaban sobre China, pero no aún por su poderío comercial, y en el que había una oleada del movimiento de liberación femenina, Mafalda, sus padres y sus amigos expresaban preocupaciones dictadas por sus bolsillos y sus expectativas de nivel de vida, que bien podrían identificarse con las de un argentino de hoy.

Eran años aquellos en los que en el país se daba un proceso de industrialización, a la par de la llegada a los hogares de bienes durables.

Detrás de una enorme caja con dos docenas de paquetes de fideos que carga en sus brazos, Manolito camina por el almacén de su papá. A grandes pasos, avanzan también sus pensamientos: "¡¡Primavera!! ¡Como si la primavera cambiara la situación!", se queja su voz interior. Por la mente del niño con los pelos como un cepillo, desfilan esas frases que con la llegada de cada 21 de septiembre, nunca falta quien diga, como eso de que la primavera es la estación más alegre... "¡Como si el déficit se arreglara con carcajadas!", refuta el amigo de Mafalda. "¡Como si la inflación se frenara con margaritas!", se lamenta al recordar a quienes celebran que haya flores por doquier. En otra viñeta, Manolito se detiene y acomoda latas, mientras que a sus pensamientos acude la idea de que en la primavera llegan golondrinas desde lejanos países. "¡¡Como si la balanza de pagos se nivelara con pajaritos importados!!", se indigna.

Déficit, inflación y problemas en la balanza comercial son tres temas recurrentes en la Argentina. Y son varias las referencias a ésas y otras cuestiones de la economía que se leen en la tira de Mafalda, publicada originalmente entre 1964 y 1973. En un país que repite ciclos, la historieta sigue vigente como reflejo de problemas sociales, varios de ellos muy agravados respecto de aquellos años, como la pobreza.

En un mundo muy distinto al actual, en el que muchas miradas se posaban sobre China, pero no aún por su poderío comercial, y en el que había una oleada del movimiento de liberación femenina, Mafalda, sus padres y sus amigos expresaban preocupaciones dictadas por sus bolsillos y sus expectativas de nivel de vida, que bien podrían identificarse con las de un argentino de hoy.

Eran años aquellos en los que en el país se daba un proceso de industrialización, a la par de la llegada a los hogares de bienes durables.

El origen de la historieta tiene que ver con ese fenómeno. El personaje fue pensado para una publicidad que nunca vio la luz. Joaquín Lavado, Quino, dibujante y "padre" de la genial Mafalda, contó más de una vez cómo fue ese inicio: la agencia de publicidad Agens lo convocó porque la fábrica Siam Di Tella iba a lanzar unos electrodomésticos con la marca Mansfield; la idea era ofrecer a los diarios, sin costo, una tira en cuyas viñetas se vieran los productos sin que los personajes dijeran nada sobre ellos. Eso no prosperó, pero el material que había preparado Quino dio nacimiento a la historieta, que comenzó a publicarse hace 50 años en la revista Primera Plana.

Reflejo de la llamada sociedad de consumo, al hogar de Mafalda llega un día el televisor, en el que se verán luego publicidades de productos que prometen felicidad. En una época en la que se estaba muy lejos de la cantidad de artículos con los que hoy tienta el continuo avance tecnológico, Mafalda se pregunta qué pasará cuando se llegue a la "saciedad de consumo"... Y su amigo Miguelito reflexiona sobre lo que implica trabajar y trabajar para tener más y más cosas.

El Citroën 3cv (el Rana) es otra conquista de esta familia de clase media. El padre decide comprarlo en un plan de cuotas, que luego lo obligará a revisar o postergar gastos, para que sus ingresos de asalariado resistan.

Durante un verano, sentada en la playa, Mafalda toma un puñado de arena que dura muy poco en su mano. "¡No hay caso; se va, se va!", dice la nena, que en el cuadro siguiente observa cómo "unos míseros granitos" resistieron en su palma. Desde su lona, el papá le suplica: "¡Basta con esa maldita alegoría del sueldo!".

Según el informe "Dos siglos de economía argentina", publicado por la Fundación Norte y Sur, que preside el economista Orlando Ferreres, desde mediados de la década del 40, y con el paréntesis de los 90, la inflación -y el consecuente deterioro de ingresos- fue una constante. En 1964, los precios al consumidor subieron 22,1%, mientras que en 1973, cuando Mafalda se despidió de la tira, el índice trepó a 60,3 por ciento. "Desde 1945 hasta 2004 fue de 74% promedio anual", dice Ferreres respecto de la inflación, que hoy ronda el 40 por ciento.

En los 60, dice el economista Daniel Heymann, profesor de la Universidad de San Andrés, la alta inflación no afectaba a muy pocos países -como ahora-, sino a toda la región. En la Argentina, hacia el final del decenio llegó el primer cambio de moneda, forzado por la depreciación del peso moneda nacional, nacido en 1881.

En tiempos de Mafalda, el dólar no era visto como vehículo de ahorro, pero la emisión monetaria sí era un tema. Asombrado por lo "planchaditos" que le llegan los billetes, Felipe, el amigo de Mafalda con dientes prominentes, es "aleccionado" por Manolito, siempre interesado en la economía (y quien suele emocionarse por haber visto crecer los precios desde chiquitos). El niño almacenero dice que los billetes no son wash and wear (expresión que remite a las prendas que se lavan y se ponen o listas para usar) como cree Felipe, sino best sellers, por el número de ejemplares.

Recurrente es también, según Ferreres, la política de control de precios. Cuando Mafalda escucha sobre valores máximos de bienes, se pregunta: "¿A cuánto estará la sensatez? ".

En uno de los episodios, Raquel, la mamá, vuelve de hacer las compras y se lamenta de lo caro que está todo. La queja es tan repetida en la historia (de la tira y del país) que Mafalda le pregunta cómo se le ocurren frases "tan, pero tan originales". En el cuadro siguiente, la nena aparece con una planta de lechuga de sombrero, signo del malhumor de la mujer.

Ferreres sostiene que la clase media argentina refleja, en sus quejas, la desilusión por lo que se le prometió que podría llegar a ser: "Hay un problema de frustración, porque se esperaba que pudiéramos vivir como en Canadá o Australia, que son países con la misma estructura productiva".

"Aquella clase media heterogénea, conmocionada por las transformaciones, pero capaz de proyectarse y tener una identidad común, sufrió sucesivas embestidas en las décadas que siguieron a los 60 -señala Isabella Cosse, socióloga, investigadora del Conicet y autora del libro Mafalda: historia social y política (FCE)-. Pero lo interesante es que Mafalda logró dialogar con la identidad de la clase media y los fenómenos que afectaron a las sociedades contemporáneas en su conjunto."

Mujeres al ataque

Un fenómeno de la época fue el del movimiento de liberación femenina. Mafalda no entiende que su madre haya abandonado una carrera para ocuparse sólo del hogar.

Y al tiempo que ella sueña con trabajar de intérprete en Naciones Unidas, su amiga Susanita expresa hasta el hartazgo su deseo de convertirse en esposa y madre, y rechaza la idea de "ser una de esas afeminadas que trabajan en cosas de hombres" (arquitecta, abogada o médica). Cambios en pleno proceso.

Entre esos nuevos aires, señala Heymann, estaba la irrupción de "los ejecutivos", una categoría ocupacional que llegó de la mano de multinacionales. "Don Manolo [tal el nombre del padre de Manolito y también de su local] es símbolo de la economía de almacén, que empezaba a cambiar por el modelo de supermercados y otras formas de comercio", explica el economista. Manolito ofrece productos especiales para ejecutivos y proyecta ser dueño de una cadena de supermercados.

Lo que entonces visualizaban finalmente llegó. Tanto los grandes centros comerciales como la participación de la mujer en el mundo laboral. Según el sociólogo Agustín Salvia, la inserción femenina llegó con más fuerza en los 80, y por dos vías bien diferentes: la necesidad de ingresos en hogares pobres (de allí el empleo doméstico) y la mayor inquietud por carreras universitarias.

Otro rasgo del mundo laboral diferencia las épocas: Salvia señala que en los 60 la formalidad era la regla, mientras que hoy prácticamente la mitad de los ocupados no tiene aportes.

La informalidad está vinculada a la pobreza, que ahora y según estudios privados como el de la UCA, ronda entre 25 y 30 por ciento. Ironías de la historia: al igual que en 1964 (entonces porque aún no se había desarrollado el sistema de mediciones), este año la Argentina no tiene estadísticas oficiales de pobreza. El Indec, herido en su credibilidad, dejó de difundirlas luego del intento de "sinceramiento" del índice de inflación, manipulado desde 2007. Aplicar precios más realistas al valor de las canastas de productos consideradas en el cálculo de los índices habría provocado un salto en la tasa oficial de pobreza (la última fue de 4,7%), no tolerable para el discurso kirchnerista.

A principios de los 80, la pobreza urbana rondaba 8%. Con la inflación y con políticas que sembraron deterioros, luego subió, y mucho. Influyeron con fuerza las migraciones a los centros urbanos desde otros países y desde el interior. En los 60, un 25% de la población era rural; hoy ese índice es cercano a 9 por ciento.

Cuando Mafalda se preocupa por la realidad social y por cuestiones como la paz, alude a todo el planeta, que dicho sea de paso, también repite viejos vicios. Más allá de esa universalidad, hay escenas en las que ella se angustia al ver ranchos de pobres y chicos que trabajan. Lo que no vio en su época fue el afianzamiento de las villas urbanas. "A principios de los 70, de las villas se iba más gente de la que llegaba", relata Salvia. El nombre de villas "de emergencia" responde a que la intención no era quedarse. "Las villas eran transitorias porque había movilidad; la venta de loteos populares organizada por inmobiliarias permitía el acceso a terrenos, pero eso terminó en la dictadura, y en los 80 llegó el giro del espacio transitorio al espacio asentado", dice el investigador del Conicet. Lejos de aquella idea de transitoriedad, hoy se afianza el negocio inmobiliario hacia el interior de las villas.

Figurita repetida, la inflación daña más a los pobres. Y el alza de precios, advierte Heymann, es la síntesis de un proceso de inestabilidad económica que caracteriza la historia reciente, básicamente debido a tres factores: la falta de un esquema fiscal ordenado (hubo déficit en los 60, los 70 y los 80); la puja entre precios y salarios, y la discusión sobre el tipo de cambio. Tres temas de hoy.

Otra cuestión cíclica, dice Heymann, es el debate sobre la sustitución de importaciones. "¡Qué mala pata! Justo viene a tocarnos un mundo lleno de países extranjeros!", protesta Mafalda, tras escuchar que los precios y las trabas aduaneras dificultan las exportaciones.

"En 1964 se importaba y se exportaba poco. La economía miraba hacia adentro", explica Marcelo Elizondo, director de la consultora Desarrollo de Negocios Internacionales (DNI). Los productos importados venían de Europa y Estados Unidos, mientras que el único proveedor de Oriente era Japón. Además de radios made in Japan, en la tira se ven pequeños objetos, como el sacapuntas de Manolito, a quien le parece una maravilla que, tan lejos, alguien haya invertido capital para desarrollar un producto que a él le permite agregarse a la "inmensa cadena de poderío comercial"... Le saca punta a su lápiz y luego sí le escribe a su clienta Tota: "Debe un envase de pecsicola".

Con mayor conciencia ambiental, hoy la botella retornable está de vuelta. Como el déficit y la inflación.

Sentados en el cordón de la vereda, Mafalda y Felipe hablan sobre tangos que reflejan el drama de quienes, sin poder olvidar el pasado, recaen en viejos vicios. La viñeta final revela que el comentario responde a que Guille, el hermanito de Mafalda, volvió a usar chupete. La metáfora, sin embargo, bien vale para el país.

Reflexiones que no son un dibujo

Mafalda y sus amigos representan un cuestionamiento social hoy vigente

Inquieta y sensible

Tiene 6 años; siempre curiosa por lo que pasa en el país y en el mundo, se angustia por la guerra y la pobreza.

Emprendedora

En pleno movimiento de liberación femenina, se propone ser profesional

y juega a ser presidenta.

También dice...

"Parece que si empezás en una cuna miserable y terminás en un ataúd de lujo, has triunfado en la vida"

Jefe en el hogar

Su familia es de la clase media a la que empiezan a llegar bienes durables, como el televisor y el auto

.

Empleado en la oficina

Trabaja mucho y está preocupado por su sueldo; acepta endeudarse y controla el gasto familiar.

Ama de casa

La mamá de Mafalda y de Guille dejó su carrera para ocuparse del hogar, algo que su hija no quiere repetir

.

La queja indexada

De ella y otros adultos se leen lamentos por la inflación, que durante los años de la tira fue una constante.

Pasión por el bolsillo

Amigo de Mafalda, es hijo del almacenero; trabaja en el local y le gusta el dinero

.

Un sueño capitalista

En tiempos en que se habla muchos de ejecutivos, sueña con ser millonario y dueño de una cadena comercial

.

Compren, compren...

A tono con la época, hace publicidad de Don Manolo en cada ocasión que puede.

A la caza de su casa

Rechaza la idea de trabajar cuando sea grande; como el país se industrializa, ubica a un empresario fabril en su sueño de tener marido, hijos y un buen pasar

.

Una mirada desigual

Dice que, de señora, organizará un gran banquete para recaudar fondos y poder comprar a los pobres "esas porquerías que comen ellos."

La vida es una pregunta

Es uno de los amiguitos de Mafalda y comparte el rasgo de ser muy curioso

.

Deslomarse y comprar

Expresa cuestionamientos a la sociedad de consumo: "¿Te imaginás la de porquerías que estarán inventando, para vendernos en cuotas, los organizadores de nuestro futuro deslome?", le pregunta a su amiga.

Verdades, mentiras y campañas sobre el Papa

Verdades, mentiras y campañas sobre el Papa

Por  | LA NACION



Una extraña coalición de kirchneristas y antikirchneristas ha coincidido en colocar al papa Francisco como una persona cercana al Gobierno. La inédita convergencia fue creciendo a partir de la última reunión entre el Pontífice y Cristina Kirchner, que concurrió acompañada por una numerosa comitiva de exaltados cristinistas. Aquella coalición implícita se amplió en los últimos días cuando se agregaron algunos sectores de la Iglesia Católica reacios a las primeras noticias del sínodo, que se celebró en Roma. Éstos no comprendieron que los papeles de trabajo del sínodo eran sólo borradores de un borrador, que será también el borrador de las conclusiones definitivas que se conocerán dentro de un año. El Papa no podrá nunca escaparse de su destino argentino y es probable, por lo tanto, que se vea siempre mezclado con las pobres discordias de su país.

Vale la pena repetir que aquel encuentro privado entre el Papa y la Presidenta fue expresamente pedido por Cristina Kirchner. El jefe de la Iglesia le envió como respuesta una invitación claramente personal ("La invito a compartir mi almuerzo"). Fue la presidenta argentina la que decidió luego concurrir acompañada por una vasta comitiva de dirigentes kirchneristas que, salvo algunas excepciones, carecían de representación popular o institucional. Eran los dirigentes que ella quería promover desde esa imponente vidriera mundial que es el Vaticano. Pero fue una decisión de ella, no del Papa.

El Papa no podrá nunca escaparse de su destino argentino y es probable, por lo tanto, que se vea siempre mezclado con las pobres discordias de su país

Otra vez Cristina Kirchner desaprovechó la oportunidad de entablar una relación confiable con el Pontífice. Ya había sucedido algo parecido en Brasil, cuando la presidenta argentina asistió, invitada por Dilma Rousseff, a la visita del Papa a ese país. Cristina Kirchner le presentó entonces a una persona que el Pontífice no conocía. La foto del Papa dándole la mano a Martín Insaurralde fue usada después, durante la campaña electoral del año pasado, para promocionar la candidatura del dirigente oficialista. Objetivamente debemos preguntarnos ahora: ¿acaso alguien supone que el Pontífice conocía, por ejemplo, a los dirigentes de La Cámpora que rodearon a la Presidenta en el Vaticano? No sabía quiénes eran ni por qué viajaron con la Presidenta.

Estas confusiones podrían agravarse con la designación del nuevo embajador argentino en el Vaticano, Eduardo Valdés. El próximo embajador comenzó anticipando que llevará a Roma la exaltación militante que lo caracteriza y que, según versiones coincidentes, le prometió a la Presidenta. Dejó trascender que promoverá mensajes "conjuntos" del Papa y Cristina ante el mundo. Empezó entonces con un serio desconocimiento de la importancia que tiene la diplomacia vaticana en el sistema de las relaciones internacionales.

Parece ignorar también lo que significa el Papa; ningún pontífice de Roma necesita que un presidente lo acompañe para decir lo que quiere decirle al mundo. Valdés debería reencontrarse con la prudencia si no quiere terminar en la cola de los muchos embajadores que hay en el Vaticano. La escalera de la curia de Roma puede ser muy larga. Valdés lo conoce a Bergoglio desde su paso por la Legislatura de la Capital, pero el Papa tampoco puede hacer muchas distinciones entre los embajadores acreditados ante el Estado que conduce.

Ningún pontífice de Roma necesita que un presidente lo acompañe para decir lo que quiere decirle al mundo

El Gobierno viene justificando su acercamiento a Francisco por el supuesto peronismo de éste. Esa versión la impulsó desde el principio Guillermo Moreno, quien, vale subrayarlo, se está volviendo de Roma cansado de no hacer nada. ¿Se volvería si tuviera el acceso y la influencia ante el Papa que prometió tener cuando se fue? No.

Es difícil establecer las ideas políticas de un líder religioso que lo único que ha dicho es que nunca formó parte de ningún partido político. Pueden sacarse, sin embargo, algunas conclusiones por sus ideas y su historia. No es improbable que haya sentido cierta simpatía por el Perón de 1973, por ese líder imbatible que bajó del avión tendiéndoles la mano a sus adversarios y convocándolos al diálogo. Es el Perón que detesta Cristina Kirchner.

Por lo demás, Bergoglio fue muy crítico del menemismo en la década del 90, cuando el menemismo tenía una gran influencia en la Iglesia argentina y en el propio Vaticano. Se enfrentó personalmente con funcionarios y operadores de ese acercamiento. Fue igualmente muy crítico del kirchnerismo mientras estuvo al frente del arzobispado de Buenos Aires. ¿Qué clase de peronista es, entonces, si nunca sacó provecho del poder y si siempre estuvo lejos de los gobiernos peronistas que mandaron en el país durante más de dos décadas?

Durante los años kirchneristas estuvo solo, aislado y hostigado en la conducción de la Iglesia. Mantuvo su posición, a veces contra la opinión de un sector de la diplomacia vaticana y contra posiciones más componedoras del propio Episcopado argentino. ¿Por qué cambiaría ahora? Resulta que ahora es un jefe de Estado y, por lo tanto, no puede ser hostil con otro jefe de Estado. No es peronista kirchnerista, pero tampoco puede tocar la melodía del antikirchnerismo más cerril. El kirchnerismo optó por una política más inteligente: como ahora no puede enfrentarlo, decidió directamente apropiarse de él. La maquinaria de propaganda oficial ha trabajado eficazmente en ese sentido. Muchos sectores críticos del kirchnerismo han caído presa de esa estrategia.

La Presidenta habló de su "amistad" con el Papa hasta en las Naciones Unidas. La amistad necesita de ciertos valores compartidos, de un mínimo de coincidencias sobre las formas de vivir. El Papa se pasó su vida promoviendo el diálogo, la paz y el respeto a las instituciones. La Presidenta arrasa con instituciones, viejas o nuevas, sin diálogo ni paz con nadie. Bergoglio no empezó a ser austero como papa; ya lo era como arzobispo y cardenal. Miles de porteños pueden dar testimonio de haberlo visto usar la línea A del subterráneo. Cristina Kirchner frecuenta los hoteles más caros del mundo y nunca se privó de ostentar su riqueza. Un ejemplo al pasar, totalmente contrario: el propio Papa apagó la luz de la habitación al final de nuestra reunión de hace quince días. "Costumbre de viejo párroco", me explicó con una sonrisa.

La Presidenta arrasa con instituciones, viejas o nuevas, sin diálogo ni paz con nadie

Estábamos hablando entonces del sínodo. La primera precisión que debe hacerse es que la Iglesia no está debatiendo sobre la interpretación del dogma, sino sobre las formas distintas de cumplir con su misión pastoral. ¿Misericordia o intransigencia? El Papa quiere una Iglesia fuerte, alejada de los viejos debates endogámicos. Necesita comprender entonces a la sociedad que le toca y sus conflictos. Se discute cómo llegar a esa sociedad nueva y distinta. El mensaje está en el dogma.

Cumplió con la promesa de darles a los cardenales y obispos del sínodo la mayor libertad de expresión posible para que expongan sus puntos de vista. El último borrador de este año será sólo eso: un borrador. Esas conclusiones provisorias serán debatidas durante un año por los episcopados de todo el mundo. Un nuevo sínodo, en octubre de 2015, elaborará las conclusiones definitivas. No hay retrocesos en los documentos del sínodo, porque sólo hubo partes aisladas de un intenso debate. El sínodo es una institución consultiva del Pontífice, no resolutiva.

En efecto, no serán tampoco las del año próximo conclusiones vinculantes con la decisión última del Papa. "La conducción de la Iglesia y la custodia de la fe están en mis manos", me dijo en la reciente ?reunión. Es un papa dedicado obsesivamente a abrir las ventanas de la Iglesia, que es lo que ésta necesitaba tras los últimos y difíciles años de Benedicto XVI. Es imposible que tenga la cabeza puesta también en las artimañas del oportunismo argentino

Gas importado: YPF señala irregularidades

Energía

Gas importado: YPF señala irregularidades

Por  | LA NACION




Nadie esperaba que alguien hablara. Pero uno lo hizo y desató un escándalo entre los protagonistas del millonario negocio de la importación de gas. Tal fue el sacudón que YPF, encargada desde 2012 de licitar la contratación de un centenar de barcos que proveen de gas natural licuado (GNL), se vio forzada ayer a decir, aunque de modo elíptico, que transparentó las compras del combustible para "poner fin a un proceso de intermediación y al pago de comisiones" que se hacían hasta entonces.

¿Quién era el responsable de esas millonarias compras? El ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, y la petrolera estatal Enarsa.

La revelación llegó luego de que LA NACION publicara ayer una entrevista con el ex ministro de Obras y Servicios Públicos Roberto Dromi, en la que cuestionó el actual sistema de contratación de barcos transportadores de gas.

"[A los barcos] los trae YPF, paga Enarsa, pero contrata YPF. Ese contrato se ha hecho en inglés, con cláusulas secretas, con claves blindadas y nadie conoce el pliego, ni el precio, ni nada. No se sabe. Si lo encontrás, me avisás", dijo Dromi.

Dromi admitió que durante cinco años asesoró a Gas Natural Fenosa (uno de los principales proveedores de GNL de la Argentina) mediante un contrato de agencia. "Yo nunca le cobré al Gobierno. Jamás. Gas Natural Fenosa me pagaba un honorario", dijo, y agregó que ahora se abstiene de participar por las complicaciones y la falta de transparencia en los contratos actuales que maneja la petrolera que dirige Miguel Galuccio.

La acusada no tardó en responder, siempre mediante un comunicado oficial. "YPF no va a permitir que los beneficiarios del sistema anterior pongan en duda las reglas vigentes y el actual procedimiento de compra, con la única finalidad de volver a instaurar un sistema que le rindió sus réditos personales en perjuicio del país".

En YPF se cuidan como en pocos lugares de medir las palabras. En sus oficinas de Puerto Madero critican a gritos la contratación de barcos que hacía Enarsa por mandato de De Vido y del virtual número dos del ministro, Roberto Baratta. Pero claro, no hay oficialista que acuse a un colega.

De Vido, el otro actor en esta novela de denuncias, dijo mediante un comunicado que "YPF adquiere el GNL en el marco jurídico que corresponde dentro de los valores vigentes en el mercado". Luego aclaró cómo es el actual sistema de compra que implementó.

Un vocero de Gas Natural Fenosa, principal proveedora del país, dijo desde España que "los contratos son correctos, transparentes y competitivos de acuerdo a los estándares internacionales". Además, aclaró que "actualmente están vigentes y se desarrollan con normalidad".

El millonario negocio del gas importado se inició en 2008, cuando el Gobierno contrató a YPF para que construyera un muelle en el Puerto de Bahía Blanca en el que pudiera amarrar un buque regasificador capaz de inyectar gas natural en la red troncal. Así se montó en tiempo récord el tramo que se pensó para una emergencia y que ya se ha convertido en una necesidad por la falta de gas en las cuencas locales. El regasificador es un enorme buque que contiene tanques donde otro barco de gran porte le entrega gas en estado líquido. Aquel lo somete a un proceso químico a bordo y lo convierte en estado gaseoso para poder ser inyectado en la red troncal de gasoductos.

La importación de gas se ha convertido en un fascinante negocio en el que se mueven cerca de 10.000 millones de dólares por año. En 2011, la Argentina sumó otro puerto de similares características sobre el río Paraná, en Escobar.

En aquel 2008 de emergencia, el Gobierno compró, siempre a través de Enarsa, siete barcos en los meses de mayo (1), junio (3), julio (2) y agosto (1). El año siguiente fueron 13 los buques que descargaron gas en Bahía Blanca, 11 procedentes de Trinidad y Tobago y dos de Egipto.

En 2010 la demanda de gas creció y fueron 25 los buques que se necesitaron ya no sólo para pasar el invierno, sino que, menos en enero, para pasar todos los meses. En 2011 amarraron 78 y en 2012, 80 embarcaciones.

Hace dos años la compra quedó en manos de YPF que, a cambio de un honorario cuyo monto la empresa no quiso revelar, empezó a licitar la operación por cuenta y orden de Enarsa. Cada barco tiene un costo de alrededor de US$ 50 millones, a lo que hay que sumar los gastos portuarios, que varían entre 420.000 y 550.000 dólares. Además, hay que calcular que cada regasificador genera una factura diaria por el alquiler de alrededor de US$ 85.000 cada uno. Millones de importación que están muy lejos del "modelo de acumulación de matriz diversificada con inclusión social".

En la petrolera que maneja Galuccio se golpean el pecho. Dicen que el proceso es más transparente y que hay más empresas que compiten. El nuevo sistema establece que las ofertas se deben enviar por correo electrónico. Luego son encriptadas con una clave que sólo conoce el oferente. "Después de un análisis técnico y económico, se decide la compra", dicen en YPF.

Las quejas que se escuchan sobre este proceso no son menores. Desde que YPF tomó el control de la compra no se sabe exactamente cuántos barcos y a qué precios se adjudicaron. Todo es secreto ya que apenas el ganador sabe a qué precio licitó; ninguno de los que compitieron se entera por cuánto perdió.

Las razones del secreto no sólo pueden obedecer a intereses oscuros, sino también a razones políticas. Galuccio recorre el mundo en busca de inversores a los que les promete una renta de entre 7,5 y 8 dólares por millón de BTU de gas que saquen de las cuencas argentinas. No le resultará muy fácil seducirlos si los inversores se enteran de que YPF convalida precios de importación de alrededor de US$ 17 por la misma cantidad. Y menos si supieran que Enarsa le paga a Bolivia alrededor de 10 dólares por ese mismo volumen de fluido. ¿Para qué invertir en la Argentina si es mejor venderle desde afuera? Mientras el negocio de la importación florece, los productores locales se conforman con modestos cuatro dólares. Distorsiones de la Argentina de la crisis energética.

Licitaciones y polémica

  • Desde 2008 a 2012, Enarsa fue la encargada de licitar la compra de gas importado. El 71% de los contratos de provisión los ganaron Gas Natural Fenosa y Morgan Stanley
  • En 2012 el proceso lo tomó YPF a cambio de un honorario que se paga en pesos. Si bien ingresaron otras empresas hay dos que son las qué más barcos venden: Gas Natural Fenosa y BP (ex British Petroleum)
  • Desde 2012 no hay datos ciertos de cuántos y a qué precios se licitan los barcos