El modelo tiene cada vez menos defensores

Sábado 09 de febrero de 2013 | Publicado en edición impresa

Empresarios & Cía.

El modelo tiene cada vez menos defensores

Por Francisco Olivera  | LA NACION




Un gobierno entero puede ponerse de acuerdo en no alentar expectativas inflacionarias mencionando esa palabra prohibida y maldita, pero, tarde o temprano, algún distraído tropezará hablando de lo inevitable. El 15 del mes pasado, la provincia de Chubut, que conduce el kirchnerista Martín Buzzi, subió un 30% la tarifa para acceder al Área Natural Protegida de la Península Valdés. El vocabulario de los considerandos del documento, la resolución 8, firmado por el secretario de Turismo local, Carlos Zonza Nigro, es bastante más crudo que el que usa la Casa Rosada para referirse al tema precios.

Dice, por ejemplo, que la decisión "tiene fundamento en la falta de recursos para afrontar los compromisos asumidos para este año, según el cronograma de trabajo planteado por la Administración Península Valdés", y agrega que "los costos proyectados generarán un desfase económico que afectará la operatividad diaria del Área Natural Protegida, producto fundamentalmente del proceso inflacionario que atraviesa el país".

Lo dijo, nomás. Cuando se trata de entender razones económicas, siempre es menos engorroso atender directamente a los funcionarios poco adoctrinados en lo que la militancia llama batalla cultural. "Ojo con la captura de las palabras", volvería a advertir aquí el pensador Ricardo Forster.

Es cierto que, como pasa desde hace diez años con las tarifas de los servicios públicos, este tipo de medidas suelen ser para el kirchnerismo bastante menos traumáticas lejos de la Capital Federal, donde los precios pueden ser un tercio de los que paga el interior. Se podría comparar, por ejemplo, el aumento de la península Valdés con el dispuesto para el parque nacional Los Glaciares, en El Calafate, donde la tarifa subirá el 1° del mes próximo de 100 a 130 pesos (un 30%) a través de la resolución 178, después de haber aumentado ya el año pasado de 80 a 100 pesos (25%). La magnitud no sorprende: es la inflación que estimaron las consultoras sancionadas por Guillermo Moreno. Inferior, incluso, al salto que pegará dentro de dos meses la tasa aeroportuaria en la localidad que la presidenta Cristina Kirchner define como su "lugar en el mundo": de 38 a 76 pesos (100% de alza), según lo especificó una resolución del 18 del mes pasado.

Que la espiralización de precios haya pasado a ser una vez más el principal problema económico argentino puede no ser una novedad para los mayores de 25 años. Sí lo es, en cambio, la percepción generalizada entre empresarios y sindicalistas de que el Gobierno la ha incluido por fin al tope de sus desvelos. Lo entendió por lo pronto el banquero Jorge Brito durante el último 24 de diciembre, a horas de la Nochebuena, mientras escuchaba en el teléfono, tenso, las advertencias de Cristina en persona sobre la necesidad de cerrar una paritaria que no excediera el 20%. Esa negociación quedó inconclusa: las partes acordaron pagos provisionales por tres meses y volver a discutir en marzo. ¿Qué otra razón que alzas de precios que fácilmente duplican las cifras del Indec pudo haber convencido al diputado Julián Domínguez y al vicepresidente Amado Boudou de definir el aumento de sueldos del Congreso en un 21,8%, medida que en rigor corresponde a la pauta salarial de hace un año?

El rumbo económico del Gobierno viene recabando además, por primera vez con el kirchnerismo, una coincidencia sólo equiparable a la que generaba en años anteriores la gestión energética: se hace difícil encontrar un analista, del signo ideológico que fuere, dispuesto a elogiar el modelo tal como está. Era la noche del miércoles y, en el piso del canal de noticias TN, el economista Nicolás Dujovne se extrañaba al percibir ciertos puntos de contacto con su par Eduardo Curia, el profesor que se autodefine como "neodesarrollista" y que, ya en abril de 2008, advertía que "al modelo le está faltando un service". Dujovne escribió en ese momento en Twitter: "Ya sentado junto a Eduardo Curia por empezar A2Voces. ¡Cómo nos ha hermanado a todos la mala praxis!"

Tal vez al juicio negativo contribuya cierta sensación de sendero sinuoso que se advierte justamente entre quienes deben tomar las decisiones. El 25 del mes pasado, diez días antes de que Guillermo Moreno sorprendiera con su plan para congelar los precios de todos los productos de los supermercados, la Presidenta les recomendaba a los consumidores hacerles "el vacío" a los comerciantes que aumentaran porque, dijo, lo compulsivo nunca había sido eficaz. "Porque, ¿sabés qué? -se explayó en un discurso pródigo en aplausos-, si no te defendés vos, no te defiende nadie. Ya está demostrado, con el paso de la historia, que obligar y acordar no sirve."

Pero se obligó o se acordó, según qué parte lo diga. El día después del 1° de abril, cuando venzan los 60 días del plazo previsto, es ahora el tema de conversación en las corporaciones. Que la más fervorosa defensora del congelamiento, la subsecretaria María Lucila Colombo y N°2 de Moreno, haya integrado a fines de los 90 la lista de legisladores de Domingo Cavallo es además sólo una ironía estética: la tucumana, que en rigor llegó al cavallismo mediante la alianza de entonces con Gustavo Beliz, es probablemente la técnica más convencida del kirchnerismo sobre el éxito de la iniciativa. Siempre dispuesta, como su jefe, a doblar la apuesta, celebró incluso que los comercios limitaran la compra de productos para evitar un desabastecimiento.

Fue acaso el primer elogio a un racionamiento en la historia argentina. "Ningún supermercado querría que usted vaya temprano, a las ocho y media de la mañana, se compre dos cajas o catorce cajas de aceite, y entonces le vacíe la góndola hasta quién sabe qué hora ellos tienen reposición -dijo el jueves en comunicación con el programa La Mañana, que Víctor Hugo Morales conduce por radio Continental-. Entonces, a mí, que le pongan un cierto límite razonable a la compra de un producto, yo no lo veo mal. ¿Para qué vas a acumular, y entonces otro no va a poder comprar? ¿Y vos para qué querés llevarte 20 kilos de azúcar? Si te llevás dos kilos seguramente te resulta, y [del otro modo] gastás mucho. Tal vez dentro de tres días comprás de nuevo. ¿Y cuál es el problema?"

Parecía más sana la época en que Julio De Vido negaba los cortes de luz. Pero son estilos. Tanto silencio tampoco le ha ahorrado al ministro de Planificación el disgusto de tener que poblar la Capital Federal de grupos electrógenos para atenuar la crisis de suministro. Hasta la Casa Rosada, advertida por la interrupción que sufrió el último 7 de noviembre, ha tenido que reforzarlos. Que el generador que se ve desde la plaza Colón, semioculto entre dos paneles rosas, sea de la marca Aggreko, una multinacional de origen británico, es tal vez la metonimia de una soberanía energética inconclusa. Pero viene bien como backup . No sea que un gobierno entero se vea en cualquier momento obligado a proclamar, ante nuevos apagones, las enormes ventajas de conducir el país a oscuras.

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Ahora se busca asfixiar a los diarios

Sábado 09 de febrero de 2013 | Publicado en edición impresa

El escenario

Ahora se busca asfixiar a los diarios

Por Joaquín Morales Solá | LA NACION


l luminoso vacío de una oposición política inauguró un año electoral diferente. Cristina Kirchner ha decidido que su campaña electoral se cifrará en hostigar, perseguir y, si pudiera, callar a los escasos medios periodísticos que quedan. Con la ley o contra la ley.

Ésa es la política que explica el enorme castigo económico al que está sometiendo a los dos principales diarios de la Capital, la nacion y Clarín, con la prohibición a los supermercados de contratar publicidad. El grave caso, que sometería a los diarios a depender de la publicidad oficial o a la asfixia financiera, coloca un potente haz de luz sobre un gobierno crecientemente autoritario, sobre una oposición impotente y sobre un empresariado demasiado sometido.

Las sorpresas del kirchnerismo son relativas. La propia Presidenta ya se había despachado duramente sobre los dos diarios en sus pocas apariciones públicas durante enero. Sus palabras revelan sus obsesiones y anticipan los hechos.

No hay nada nuevo. Desde que leyó un informe de la Unesco de principios de los años 70, en el que se diferenciaba la libertad de prensa de la libertad de empresa, Cristina Kirchner se convenció de que el periodismo es una logia de mercenarios. O lo compra ella o lo compran otros. Algunos de sus amigos, empresarios periodísticos a la vez, le han dado la razón, pero todavía hay un sector de la prensa que resiste y resistirá ante esa visión deforme, calumniosa e injusta del periodismo. Aquel informe de la Unesco ya era antiguo cuando se lo conoció, hace cuatro décadas.

La independencia del periodismo está garantizada por su capacidad para autofinanciarse. Necesita de la publicidad variada y vasta para ser independiente.

Inclusive para ser independiente de la publicidad y para financiar su eterna ambición de progreso y perfección. El argumento de que el periodismo no está sometido al escrutinio público, tan meneado por los recalcitrantes voceros kirchneristas, es aviesamente falaz. Un diario, por ejemplo, está sometido a la evaluación diaria de sus lectores. Un periodista rinde un examen nuevo con cada investigación, análisis o crónica que escribe. Ni los medios ni los periodistas viven de glorias pasadas.

El caso reciente se agrava porque el empellón contra la solvencia económica de los diarios no fue escrito en ningún lado. Nadie la firmó. Nadie se hizo formalmente cargo. Sin embargo, es una orden que en algunos casos compromete casi a un tercio de la recaudación publicitaria.

La ausencia de un papel formal, cualquiera que fuera, impide, por lo tanto, el inmediato inicio de acciones judiciales. Se ha vulnerado el derecho a la propiedad privada, la de los supermercados, porque no pueden disponer de sus recursos como consideren conveniente. Y se ha instaurado, sin decirlo y sin formalizarlo, un peligroso sistema de censura previa. La publicidad es también información, sobre todo cuando se trata del precio de productos de consumo básico y diario de la sociedad.

La publicidad es necesaria aún en el caso del extravagante control de precios. ¿Cuál era el precio de las cosas cuando sucedió el congelamiento? ¿Cómo accedería la sociedad a esa información crucial? ¿Acaso no podría haber competencia, además, entre los supermercados por debajo de los precios convenidos? ¿No existen también promociones sobre precios y cuotas que la sociedad debe conocer para decidir? ¿Qué sentido tendría la existencia de distintas empresas de supermercados si todo fuera lo mismo en cualquiera de ellas? ¿No es el Estado, en última instancia, el que se convierte de esa manera en el único proveedor de la sociedad de los productos que ésta necesita para vivir?

Esas preguntas sin respuestas lógicas, más allá de los trabalenguas en los que caen los funcionarios que dicen explicarlas, es lo que manifiesta, más que nada, que se trató de una decisión contra el periodismo independiente. Es la lógica patética e implacable de Amado Boudou, que acusó al periodismo (a la nacion en este caso) de desestabilizar porque informó de los aumentos salariales de los legisladores nacionales. Ese incremento se podía explicar de muchas maneras, menos con el argumento de que era mejor que la sociedad no supiera nada. Toda la literatura política moderna sobre la necesidad de transparencia del Estado democrático fue sepultada con un solo párrafo del inverosímil vicepresidente argentino.

Pero es la misma lógica de Cristina Kirchner. Lectora voraz de diarios, en los que no cree, según asegura, dedicó su última y más formal cadena nacional a replicar las críticas periodísticas al pésimo acuerdo con Irán. No lo explicó ni lo aclaró ni agregó nada nuevo. Sólo les habló a los diarios que la habían criticado por la decisión de trasladarle a la diplomacia la imposible responsabilidad de solucionar una causa judicial. Dijo verdades a medias en algunos momentos, no dijo la verdad en otros y cambió varias veces la historia y el presente.

La necesidad de que la suya sea la versión definitiva de cualquier cosa, de que no exista una refutación posible, explican su afanosa osadía de buscar un mundo sin periodistas.

Intentó, e intenta, la persecución del periodismo con leyes inconstitucionales o con persecuciones de su agencia tributaria. Pero los métodos groseros tienen un límite. Está en la Justicia. Con la prohibición a los supermercados de publicitar en la Capital encontró un atajo: agredir seriamente la estabilidad económica de los diarios por fuera de la ley. Esa deriva despótica del cristinismo -que tiene en el secretario de Comercio, Guillermo Moreno, a su expresión más cabal- es una provocación a la sociedad, no sólo al periodismo. Después de todo, la libertad de prensa no es un derecho sólo de los medios y los periodistas; es, fundamentalmente, una conquista de la sociedad argentina.

El kirchnerismo pasará en la historia, aún en su versión más radicalizada del cristinismo. La historia indagará luego sobre los comportamientos de unos y otros, incluidos dirigentes políticos opositores y empresarios. Sobre la incapacidad de unos y sobre la facilidad de los otros para doblegarse ante el matoneo verbal de Moreno.

No se trata, después de todo, de la protección de ideas, ni de proyectos ni de políticas, sino de la defensa del capital sistema de libertades. Sin él, todos los argentinos serán otra vez víctimas.




Los argentinos descubren la nueva Miami

Los argentinos descubren la nueva Miami

Por Javier Navia | LA NACION


MIAMI.- A Pedro Delguy le surgió la posibilidad de venirse hace seis meses. Ya había vivido un tiempo en Nueva York y a los 38 años no tenía problemas en volver a alejarse de Buenos Aires, aunque, como director de cine publicitario, en la Argentina no le faltaba trabajo.

Sin embargo, el proyecto que había surgido implicaba venir a Miami, una ciudad a la que siempre había visto con prejuicios. Finalmente, decidió probar e instalarse por unos meses en un lugar al que no solía tener en sus planes ni siquiera para vacacionar. Ahora no se arrepiente de su decisión y, por al menos tres años, no piensa volver. "En seis meses me sentí muy cómodo. Me encontré con una ciudad que era mucho más que playa y malls -explica Delguy, con una frase que es cada vez más común escuchar por acá-. Todo el año pasan cosas, como la Bassel, la muestra de arte contemporáneo más grande del mundo, o el Festival Ultra, el más importante de música electrónica. Además, el prejuicio lo lleva a uno a pensar sólo en la ciudad latina, pero acá hay gente de todo el mundo, también europeos. Voy seguido a Buenos Aires, pero veo muy difícil volver a vivir allá."

Dolores Marianeschi (36) también tenía prejuicios hacia Miami, un común denominador entre la nueva ola de argentinos, profesionales de treinta y pico en su mayoría, que llegan todos los meses con un proyecto de trabajo. En el caso de ella, fue su empresa, Molinos, la que la envió. "Miami no me interesaba ni para venir de vacaciones -admite, sentada en el Novecento de la avenida Brickell, cerca de donde trabaja y vive-. Ahora me encanta. La vida cultural es cada vez más grande y no todo es shopping."

Miami ha vuelto a ser un imán para los argentinos. Pero tanto quienes vienen a vivir o las decenas de miles que lo hacen como turistas encuentran una ciudad que poco tiene que ver con la imagen que los argentinos se formaron de Miami en los 90.

El mar sigue estando donde estaba y, que nadie desespere, también los enormes malls . Pero en pocos años surgieron barrios completamente nuevos, como el Design District, el Midtown, Wynwood o South Point, que están cambiando el perfil tradicional de una ciudad que hoy parece enteramente recuperada de la crisis y en la que los argentinos son protagonistas. Los edificios que apenas terminados habían quedado semivacíos en 2009 se fueron llenando, en muchos casos, con compradores argentinos. Y las grúas ya se vuelven a ver por doquier levantando multimillonarios proyectos impulsados también por desarrolladores argentinos.

Es difícil caminar treinta metros sin toparse con turistas porteños o del interior del país, muchos de los cuales pasaron antes por Punta del Este. El año pasado casi 420.000 argentinos visitaron Miami y se espera que este año lleguen a 450.000. "Ahora lo hacen en cualquier momento del año, es impresionante -describe Gustado Da Rosa-, empleado del local de Manolo en Miami Beach y representante de la ola inmigratoria de 2002, una masa de 100.000 argentinos de clase media que llegaron huyendo de la crisis y que, aunque hoy son bastante menos, permanecen aglutinados en lo que se conoce como la Pequeña Buenos Aires, una zona donde proliferan los comercios argentinos, como Buenos Aires Bakery, en Collins Av. y 72 St., cerca de donde algunos inmigrantes participaron desde aquí del #8N.

La nueva ola

 Las 5 manzanas del Faena District, una apuesta al arte y el diseño. Foto: Ximena Etchart / Getty Images Latam

Aunque los turistas suelen pasar por allí camino a Bal Harbour, desde sus hoteles en South Beach, poco contacto tiene esa "vieja" inmigración con la nueva ola de residentes, instalados más lejos de la playa y con otro perfil. Quienes hoy llegan a vivir lo hacen ya con un contrato de trabajo o un proyecto. Muchos pertenecen al mundo financiero o trabajan para multinacionales. Por lo general se instalan en el Downtown, a lo largo de Brickell Av., una zona donde hace diez años sólo existían edificios de oficinas y donde era desaconsejable permanecer tras la caída del sol. Si han venido aquí con su familia, la alternativa es Key Biscayne, una isla residencial que desborda de argentinos, como el desarrollador Edgardo Defortuna, que se quedó nada menos que con la que fue la residencia veraniega de Richard Nixon. El otro rubro que reúne a los nuevos residentes argentinos son las industrias creativas, como la publicidad, el entretenimiento o la comunicación. Para ellos, el lugar ideal, tanto para vivir como para trabajar, es el Design District -un área alrededor de la Segunda Avenida y la NE 40 St., donde todo huele a nuevo, desde las veredas recientemente construidas hasta los locales de firmas como Céline, Prada, Hermès o Louis Vuitton, que crecen junto a terrenos vacíos, donde pronto arribarán otros-, o el Midtown -otra zona joven donde este otoño Novecento abrirá otra sucursal-, dos barrios separados por la autopista 195, unas 30 cuadras al norte del Downtown.

Es el caso de Juan Cruz Vasallo, director creativo de Alma BBD, una agencia publicitaria destinada al mercado hispano de Estados Unidos. Él llegó a mediados del año pasado con los mismos prejuicios que sus compatriotas. "A Miami me la imaginaba muy Ricky Fort", dice, riéndose, pero sintetizando la mala imagen de la ciudad entre los argentinos, que siempre miraron más hacia Europa, principalmente a Barcelona o a Londres, o a lo sumo a Nueva York, pero nunca al sur de Florida. "Miami tiene una calidad de vida que no tenés en Buenos Aires. Hay creatividad, arte, cultura. La publicidad está creciendo un montón. Yo vivo en el Midtown, muy cerca del Design District, una zona aún no descubierta por el turismo masivo, llena de galerías y con edificios pintados por artistas grafiteros. Es un barrio muy nuevo y veo que cada vez más gente elige esta zona para vivir", dice Vasallo, de 32 años.

Aunque admite que trabajar para el mercado hispano local implica resignar parte de la creatividad que prestigia a los publicitarios argentinos, está conforme con su decisión. "En Buenos Aires era elegir o tener un auto o pagar el alquiler o viajar. Trabajando acá puedo hacer todo", afirma satisfecho, aunque es de los que reconocen que "antes no pensaba venir ni de vacaciones".

En el mismo barrio vive y trabaja Luli de Otto, directora de Elastik Music, una compañía que se encarga de posproducción de audio para publicidad. Tiene 35 años y se vino con su marido, Joaquín, de 41. "Pensaba que era puro consumo, pero es una ciudad llena de verde y vida al aire libre. Hace poco abrió la ópera y el ballet. Miami se prepara para ser una ciudad -resalta- y no sólo un lugar de outlets ."

"Mayor seguridad" y "hartazgo" del clima político en la Argentina son algunos de los argumentos más escuchados por quienes armaron las valijas para venir a Miami. "Acá puedo dejar el auto abierto", describe Delguy, uno de los pocos recién llegados que optaron por Miami Beach. Es que la cercanía del mar también hace a la calidad de vida que aseguran haber encontrado los argentinos. "De repente termino un Skype, me pongo la mallita y bajo a meterme al agua", resume para describir un día de trabajo cualquiera. Cada semana recibe un mail de un amigo desde Buenos Aires anunciándole que lo visitará. "Vienen tanto que hacer de guía ya es mi segundo trabajo", bromea.

La expansión inmobiliaria

Curiosamente, quienes llegan para vivir no compran inmediatamente un departamento, pese a las facilidades que hay para hacerlo, sino que alquilan. En cambio, los que sí compran son los que vienen por turismo. "El año pasado vendí 140 departamentos a argentinos", afirma el "rialto" Elías Perchik, también argentino, aunque con años de residencia en Estados Unidos. Su descripción del nuevo hábito consumista del turista es perfecta: "El argentino viene de vacaciones una semana. Destina dos días al shopping, dos días a la playa y dos días a comprar departamentos. Llegan por alguna referencia de amigos y consultan para comprar como inversión. Nos piden que se los administremos o alquilemos, ya que ellos seguirán viviendo en Buenos Aires, pero desde junio muchos consultan también sobre cómo conseguir una visa de residencia".

Miami Beach, Bal Harbour, Brickell y Sunny Isles, otro de los barrios, al norte de Miami Beach, en plena expansión inmobiliaria, son las zonas preferidas por los argentinos para sus inversiones, explica Perchik, que aporta, además, un dato clave. "La mayoría de los departamentos que vendí a argentinos eran de entre 60.000 y 150.000 dólares. Todos dicen que aquí aún está más barato que en Buenos Aires y para comprar sólo necesitan pagar un 30% de anticipo y luego encuentran financiación." Dedicarse al real estate es un trabajo redituable para los argentinos: las comisiones son del 6%.

 Pedro Delguy, director de cine publicitario, llegó para quedarse 3 años. Foto: Ximena Etchart / Getty Images Latam

Alejandro Tabosky también se dedica al mercado inmobiliario y confirma la invasión argentina. "Desde hace dos años creció el 30% la cantidad de argentinos que compran propiedades", explica, aunque aclara que "últimamente se han hecho varias ventas en los suburbios de Miami, a 35 minutos del aeropuerto, porque son las zonas que ofrecen más retorno a los inversionistas."

Los argentinos de mayor poder adquisitivo eligen Bal Harbour, Brickell (es el caso de Marcelo Tinelli) o South Point, el área debajo de la 5 St., la calle que hasta hace poco marcaba el límite sur de South Beach y donde cada mes abren nuevos restaurantes, al anochecer se llena de peatones y ciclistas, y por la noche, en discos como Story, es posible encontrar en la mesa de al lado a Leo DiCaprio o a Mel Gibson. Allí desde hace tres años se levantan arrogantes torres que miran por arriba a la vecina Fisher Island, el refugio donde por años residió Susana Giménez en sus constantes viajes a la ciudad. South Point es la zona elegida por Gerardo Werthein, Diego Torres y Daniel Hadad, que se quedó con un piso entero del edificio Continium, tras una inversión, afirman aquí, no menor a los US$ 13 millones.

Por supuesto que los turistas argentinos no sólo vienen aquí a comprar departamentos. Algunos buscan aquellos objetos electrónicos que ya no llegan a la Argentina o alguna prenda de esas marcas de lujo que dejaron la avenida Alvear. Como Analía Cabanillas y Delfina Taquini, que a poco de llegar, y asesoradas por una amiga residente, se dirigieron al Design District para sus compras. "Es mucho más tranquilo para ver y comprar que un mall ", aseguran. Si en los 90 los argentinos caminaban Flagler St., la calle de los comercios de electrónicos, en busca de televisores o equipos de audio, hoy el objeto de sus deseos es un celular de última generación o una tableta para la que habrá que aguardar meses a que llegue a Buenos Aires, si lo hace. En los Apple Store de Lincoln Road o del Aventura Mall el rumor de voces argentinas es permanente y superan a las de cualquier otro acento. Consultan sobre todo por el precio del iPhone 5 "desbloqueado", para poder utilizarlo en la Argentina. Se sorprenden cuando descubren que su valor es de 649 dólares, muy por encima de su precio con un contrato con una compañía telefónica norteamericana (199 dólares). Pero la mayoría sacará la tarjeta de crédito de su billetera y lo comprará. Nadie, eso sí, osará pagar en efectivo. Los billetes verdes no se usan de ser posible ni para pagar un café. "Hasta los churros quieren pagar con tarjeta", dice Da Rosa, de Manolo (US$ 0,75 cada uno). Es que los argentinos hacen más cuentas que playa. "Multiplico todo por 5 y le sumo el 15%. Al comienzo dudo, pero después multiplico por 8 y me quedo tranquilo de que estoy haciendo negocio", cuenta en el Gap de Collins y la 7a. Aldo, un argentino de esos que llevan todo el tiempo los anteojos de leer en la punta de la nariz analizando precios. A su lado, su mujer parece mucho más despreocupada. Ninguno quiso decir su apellido.

A la hora de comprar ropa, un ítem que puede resultar más económico que en Buenos Aires, al igual que cochecitos y otras cosas para bebes, los argentinos se vuelcan al Aventura Mall o a Sawgrass Mills, el inmenso shopping al norte de la ciudad, donde se consiguen grandes descuentos, hasta del 50%, ahora incluso en marcas de lujo, como Burberry. Ubicado a pocos metros donde comienzan los Everglades, esos pantanos sobre los que creció Miami, Sawgrass es la meca para los buscadores de precios, que recorren sus pasillos con carritos como los del aeropuerto y donde, según comentan, el local más visitado es el de Samsonite, ya que los visitantes necesitarán nuevas valijas para llevarse todo lo que compran. Quienes buscan una forma de compra más sofisticada visitan Bal Harbour Shops, donde se encuentran esas firmas que solían estar en Buenos Aires y las que nunca estarán. Carpaccio es uno de sus restaurantes y es uno de esos lugares donde uno podría sentir que está en Puerto Madero. Gustavo Fernández, su encargado, es argentino con una década en Miami y se sorprende de la cantidad de compatriotas que pasan por el lujoso shopping. "Vienen todo el año, no sólo en junio o para las Fiestas, como antes -destaca-. Desde Navidad no paran de venir. Acá, a las diez de las noche el 60 por ciento de las mesas están ocupadas por argentinos. Muchos paran en el St. Regis, acá enfrente", dice, y señala un conjunto de torres que combinan hotel y residencias particulares, y donde confirmarán que muchos de los compradores más recientes son argentinos.

Hay cosas que en Miami no cambiarán. Como el sol eterno, los Lamborghini y Ferrari que se pasean por Ocean Drive y su condición de refugio político y económico para los latinoamericanos. Pero una ciudad más cosmopolita que latina, más creativa, bohemia y artística, despega y se aleja de la crisis con una nueva identidad. Y es una identidad construida, en gran parte, por argentinos.

las cuatro nuevas zonas de miami

  • Design District
    Es el barrio de moda, al norte del Downtown. Hay galerías de arte, tiendas de decoración y de lujo
  • Midtown
    Modernos edificios y restaurantes crecen donde hasta hace poco residía la comunidad negra local
  • Brickell
    Solía ser sólo el distrito financiero, pero con las torres residenciales, se llenó de restaurantes y de gente haciendo footing
  • Sunny Isles
    Aquí invierten argentinos que compran propiedades. Sus ventajas: la cercanía del mar y el Aventura Mall


La Nacion

El dólar volvió a bajar por presión del Gobierno

Sábado 09 de febrero de 2013 | Publicado en edición impresa

Cepo cambiario

El dólar volvió a bajar por presión del Gobierno

El blue cerró a $ 7,67 y el cambio para el turismo se mantuvo en $ 5; se reactiva la fuga de dólares de los bancos

l dólar paralelo o blue cerró ayer un centavo por debajo de su cotización de anteayer, a $ 7,67 para la venta, gracias a la participación durante la rueda de entidades vinculadas con el Gobierno, que habrían estado nuevamente alimentando el mercado de divisas. En el circuito oficial, en tanto, el dólar para el turismo se mantuvo en 5 pesos.

Tal como viene sucediendo desde que se instauró el cepo cambiario, en enero también continuó el drenaje de depósitos en dólares del sistema financiero. Según un informe del Banco Ciudad sobre la base de datos del Banco Central (BCRA), se fueron el primer mes del año US$ 520 millones.

La fuga de depósitos en moneda extranjera de bancos privados y públicos desde el 31 de diciembre hasta el 1° de febrero explicó de hecho más del 80% de la pérdida que sufrieron las reservas internacionales del BCRA en el mismo lapso.

Las reservas internacionales, que incluyen los depósitos en dólares, descendieron US$ 642 millones entre el 31 de diciembre (43.290 millones) y el 1° de febrero (42.648 millones).

El goteo de divisas de las entidades financieras, que había cesado a fines de diciembre, retomó con fuerza en el inicio de 2013, cuando el dólar paralelo saltó desde $ 6,79 hasta $ 7,93 del cierre de enero, con un pico de 8 pesos.

Según información del BCRA, los bancos públicos y privados cerraron 2012 con US$ 9972 millones en depósitos de moneda extranjera, que se comparan con los US$ 9450 millones del viernes 1° de febrero, 522 millones menos.

El sector privado perdió US$ 306 millones entre el 31 de diciembre y el 1° de febrero de este año (US$ 8063 millones a 7757 millones), mientras que el sector público cedió US$ 215 millones (de US$ 1894 millones a 1679 millones), según las cifras oficiales.

Durante la semana de cuatro días entre el 28 de enero y el 1° de febrero (el 31 fue feriado), los ahorristas retiraron US$ 44 millones de las entidades privadas, y los depósitos cayeron de 7801 millones a 7757 millones.

"La reducción de los depósitos en moneda extranjera del sector privado se mantuvo en torno a US$ 10 millones diarios", dijo el BCRA en su Informe Monetario Semanal, difundido ayer.

El sector público sufrió una sangría aún mayor: los depósitos en dólares descendieron US$ 103 millones de dólares entre el 28 de enero y el 1° de febrero: de US$ 1782 millones a 1679 millones.

Los depósitos en moneda extranjera de los bancos privados cayeron US$ 7157 millones de dólares o 47,99% desde el 28 de octubre de 2011, cuando ascendían a US$ 14.914 millones. Ese día el Gobierno comenzó a restringir el acceso al mercado de cambios.

La primera medida restrictiva se conoció el 28 de octubre. Se trató del Programa de Consulta de Operaciones Cambiarias, llevado a la práctica por la AFIP, que controló cada operación desde el 31 de octubre de 2011.

El drenaje de depósitos luego se intensificó en noviembre de 2011 y comenzó a perder fuerza a fines de diciembre, pero se reactivó a principios de mayo de 2012, cuando la AFIP tomó de hecho el control del mercado de cambio y bloqueó las compras a ahorristas.

El BCRA oficializó la prohibición para el atesoramiento el 5 de julio, una restricción que se mantiene activa.

Un drenaje lento, pero firme

Los depósitos en dólares volvieron a caer en enero

El fin de la treguaTras subir levemente en diciembre, porque los individuos los usaban para pagar menos Bienes Personales, los depósitos en dólares retomaron la senda bajista en enero.El cepo lo hizoEl drenaje de las colocaciones bancarias en moneda extranjera empezó en octubre de 2011, cuando se instauró el cepo. Pero se intensificó en julio de 2012, cuando se prohibió la compra para atesoramiento


La Nacion


Venezuela reconoció su crisis: anunció una devaluación de 46,5%

Sábado 09 de febrero de 2013 | Publicado en edición impresa

Sorpresivo "ajuste cambiario"

Venezuela reconoció su crisis: anunció una devaluación de 46,5%

En ausencia de Chávez, el gobierno dijo que busca protegerse de las "perturbaciones externas"; temor por la inflación

Por Daniel Lozano  | Para LA NACION



CARACAS.- Venezuela tuvo ayer su viernes negro económico. El gobierno, en ausencia de Hugo Chávez, convaleciente en Cuba, decretó la devaluación de 46,5% del bolívar, su moneda nacional.

Escudándose en el comienzo del Carnaval, que vacía las ciudades y llena las playas durante cuatro días, el chavismo hizo pública una medida que nadie quería reconocer pero que todo el mundo temía por su posible efecto inflacionario.

Desde ayer, el nuevo cambio se fija en 6,30 bolívares por dólar, frente a los 4,30 que rigieron la economía desde 2011. En sólo cuatro años, la devaluación del bolívar fue de 193%, algo inédito para una economía que se nutre de la mayor bonanza petrolera de la historia, con el barril de crudo a 106 dólares.

"Venezuela se encuentra en una fase especial de su crecimiento", afirmó Jorge Giordani, ministro de Planificación.

Para intentar explicar la medida, el gurú económico de Chávez encendió el ventilador de las excusas y evitó la palabra devaluación, transformada en "ajuste cambiario".

Las excusas fueron desde las "perturbaciones externas" (la crisis mundial) hasta la falta de producción interna. "El gobierno tiene que actuar con firmeza y eficiencia, como exige el presidente", dijo Giordani.

La medida repercutirá de inmediato en el bolsillo de los venezolanos, que ven cómo el salario mínimo baja de 476 dólares a 325. Los expertos temen una gran sacudida inflacionaria, que ya golpeó al país en enero con una tasa del 3,2%, lo que rompió en un solo mes la previsión anual de 14/ 16% establecida por el gobierno.

Desde la llegada al poder de Chávez en 1999 hasta la fecha, Venezuela sufrió una devaluación acumulada de 992%.

"A Nicolás Maduro le dan más tiempo al frente y acaba con el país. Se gastaron la plata en campaña, corrupción, regalos en el exterior. ¡Gobierno mentiroso!", reaccionó Henrique Capriles, líder de la oposición, que durante la campaña fue acusado de preparar un falso paquete de medidas neoliberales.

"Paquetazo cubano. Todos los venezolanos somos un 50% más pobres", añadió Julio Borges, coordinador de su partido, Primero Justicia.

El vicepresidente Maduro, por su parte, se alejó del foco de la devaluación, tal vez temeroso de que le recordaran que, en diciembre pasado, había enfatizado que "el control de cambio estaba bien" a pesar de que ya se rumoreaba la posibilidad de un ajuste.

El vicepresidente ni siquiera participó en la escenificación de Giordani y de Nelson Merentes, presidente del Banco Central Venezolano (BCV).

Minutos antes, Maduro había desvelado que "el comandante Chávez está al mando y su gran preocupación y su gran concentración de esfuerzo, lo que nos ha pedido, es en el tema económico".

"Nos ha dicho: «Hagan un gran equipo económico de gobierno, transmítanle al pueblo de Venezuela para mantener el ritmo de crecimiento económico», para torcerles el pescuezo a la inflación y a la especulación."

Chávez cumple hoy 62 días sin comparecer ante la opinión pública ni por radio ni por televisión. No se ha dado a conocer ni una sola imagen del paciente, que según el canciller Elías Jaua, que acaba de llevarle dos vírgenes a La Habana, está dando la batalla plena. Desde noviembre tampoco ha escrito ni una sola palabra en su cuenta de Twitter.

La preocupación de Chávez es compartida por el país. Y no es para menos. Caracas y regiones del interior sufren el mayor desabastecimiento de los últimos años. Pan, azúcar, aceite, pollo, carne, café o papel higiénico faltan en distintos establecimientos; sólo aparecen de forma intermitente y obligan a los consumidores a correr de un negocio a otro.

Por otra parte, los precios son tan disparatados en la capital que, en el informe publicado por la Unidad de Inteligencia de The Economist, Caracas se sitúa como la novena ciudad más cara del mundo.

Por su parte, Merentes anunció ayer otra medida económica fundamental: la eliminación del Sistema de Transacciones con Títulos en Moneda Extranjera (Sitme), que sólo en 2012 había suministrado al mercado casi 8000 millones de dólares a un tipo de cambio de 5,3 bolívares por dólar. "El sistema no estaba cumpliendo los objetivos en algunos de los aspectos. Era imperfecto", reconoció el presidente del BCV.

Este mecanismo se empleaba para nutrir de dólares a las importaciones de empresas y a personas naturales para viajar o para realizar remesas familiares, entre otras. La pregunta del millón, que quedó flotando tras el anuncio gubernamental de ayer, es saber qué mecanismo lo reemplazará.

Merentes adelantó que se piensa potenciar la creación de cuentas en dólares en territorio venezolano. "Desde junio de 2012 se autorizó la apertura de cuentas en moneda extranjera y vamos a crear mecanismos que faciliten estos flujos de divisas", señaló.

Hasta el momento, esta apertura no había calado en una sociedad incrédula en materia económica.

Todas estas medidas van dirigidas a bajar el precio desorbitado alcanzado por el dólar en el mercado paralelo.

Durante la semana había superado los 19 bolívares por un dólar. Analistas se aventuraban a apostar en las redes sociales que, transcurrido un tiempo, el dólar volvería a romper récords en el mercado negro.

Los mismos expertos han avisado también que el gobierno tiene problemas muy serios con sus cuentas públicas y la consiguiente restricción cambiaria. De hecho, Venezuela tocó de nuevo la puerta de China para resolver sus problemas de flujo de caja, en busca de financiamiento para cubrir su gasto público.

Al cierre de 2012, la deuda nacional registrada superó los 201.000 millones de dólares, de los cuales 100.000 corresponden al gobierno central, 78.000 a Pdvsa y 22.000 al llamado Fondo Chino. Todo eso sin contar el dinero que se debe por las expropiaciones de empresas.

Recapitulando: el endeudamiento equivale al 54% del PBI.

La tercera gran medida del nuevo viernes negro, uno más en la historia de Venezuela, es el anuncio de la creación de un órgano superior para la optimización del sistema cambiario.

Entre sus atribuciones, figura un mayor seguimiento en la asignación de divisas y la coordinación del flujo de dólares que proceden del sector de hidrocarburos. En Venezuela entraron alrededor de 150.000 millones de dólares en 2012 gracias al petróleo..

Del editor: qué significa.
La devaluación no sólo es una admisión indirecta de la crisis; es también una forma del gobierno de engrosar sus arcas en caso de probables elecciones.


La Nacion

Los diarios, sin los habituales avisos de supermercados del fin de semana

Sábado 09 de febrero de 2013 | 11:05

Los diarios, sin los habituales avisos de supermercados del fin de semana

Ninguna cadena pautó hoy en los principales matutinos nacionales; ayer solo había publicado Coto; crítica de la prensa mundial a la orden de Moreno

Los diarios de adquirieron una fisonomía inusual esta mañana ante la ausencia de avisos publicitarios de supermercados, que suelen multiplicarse en las páginas los días sábados y más aún durante los fines de semana largos. La presión del secretario de Comercio Interior Guillermo Moreno pareció surtir efecto hoy, donde no se registran pautas de cadenas de ventas en los principales matutinos.

Ni LA NACION, ni Clarín, ni Página 12, ni Perfil, tuvieron pautas de cadenas de supermercados.

No obstante, las cadenas de supermercados buscaron otras estrategias para promocionar sus artículos: repartieron folletos bajo puerta y, en varias esquinas pudieron verse enormes carteles publicitarios.

La situación contrasta con lo que ocurrió el primer día tras la orden de Moreno: ayer, al menos la cadena Coto había publicado en unos seis diarios de Buenos Aires.

Moreno obligó a las empresas del sector a dejar de pautar en la prensa gráfica durante los 60 días que tiene vigencia el congelamiento de precios impuesto por el gobierno a las cadenas de ventas.

A comienzos de la semana, el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, les comunicó -en forma personal y con su particular estilo- a las cadenas de supermercados y de electrodomésticos que el congelamiento de precios que regirá hasta el 1° de abril deberá ser acompañado por un levantamiento de todas las campañas publicitarias en los diarios y en los canales de televisión porteños. La misma suerte correrán las ofertas y promociones que tenían vigentes los comercios asociados con las tarjetas y los bancos.

La noticia generó la protesta de la asociación que agrupa a los diarios y tuvo eco en la prensa mundial. Por medio de crónicas y duros editoriales, publicaciones líderes de la región, de España y de los Estados Unidos dieron cuenta de la orden del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, para que las cadenas dejen de publicar avisos los fines de semana.

El levantamiento de avisos de los supermercados afecta directo en la economía de los diarios, ya que esa pauta constituye una fuente importante de financiamiento.

Años anteriores, los supermercados aprovechaban los días de fin de semana largo para presentar una abundante propuesta a los potenciales clientes.

Solicitadas

 

La Comisión Empresaria de Medios de Comunicación Independientes (Cemci), publicó hoy una solicitada que manifiesta, en alusión al espacio de los diarios: "En esta página encontrabas las ofertas del día. Ahora, por presión oficial vas a comprar a ciegas".

El mensaje esta acompañado por dos personas con los ojos vendados. El Cemci manifestó: "Supermercados y cadenas de electrodomésticos son presionados por la Secretaría de Comercio para no hacer publicidad en diarios, radio y televisión. Sin publicidad, es imposible que te enteres de cuáles son los precios de los productos y servicios que te interesan, no que sepas si una cadena de supermercados ofrece una oferta especial, ni que accedas a la información cabal y cierta sobre los precios de mercado".

En tanto, desde Página 12 el Gobierno sacó otra solicitada embistiendo a Clarín. "La cantidad de mentiras que el diario Clarín realiza diariamente es mucha", lanza el comunicado oficial. Se trata de un mensaje de la Anses que asegura que esa dependencia "implementa el programa Conectar Igualdad pero no lo financia" y que los fondos para las netbooks provienen del Tesoro Nacional.

La Nacion


La otra gran fractura que divide al país: ricos y pobres

Lunes 04 de febrero de 2013 | Publicado en edición impresa

Opinión

La otra gran fractura que divide al país: ricos y pobres

Por Luis Alberto Romero  | Para LA NACION


Es común decir que siempre han existido "dos Argentinas". Con formas diferentes, pero con un fondo común, y una valoración. Por ejemplo, "la ciudad y el campo", "el puerto y el interior", "criollos e inmigrantes", "masas y elites", "lo nacional y lo liberal", un término que puede reemplazarse por "cosmopolita" o "neoliberal".

En los años 30, Eduardo Mallea lo formuló de manera más sutil. Contrapuso una "Argentina visible" y despreciable -cada uno podía incluir allí lo que más detestaba- con otra "invisible" y mejor, que alguna vez emergería, en la que cada quien podía declararse incluido.

Son todas variantes de una idea más amplia: la del "ser nacional", la Argentina esencial y prístina, que muchos han querido definir, entre otros motivos, para poder sepultar a sus ocasionales enemigos en las infernales profundidades de lo antiargentino. Quizá también -como Mallea- para explicarse sus fracasos o para ilusionarse con futuras reivindicaciones.

En general, suele ser una actitud intelectual perezosa y maniquea, que se conforma con asignar entidad profunda a simples observaciones ocasionales.

Los historiadores desconfiamos de las explicaciones simples que quieren resumir en un solo tajo las variadas y cambiantes contradicciones de una sociedad. Pero debemos admitir que en el siglo XX la Argentina ha estado efectivamente recorrida por una brecha cultural, ideológica y política, y que el país ha vivido dividido en dos campos. Las divisiones variaron de contenidos; los protagonistas se alinearon de maneras diversas y cambiantes, pero, en verdad, los tiempos de brecha, de denegación recíproca entre las partes han sido muchos más que los de tolerable convivencia en la diversidad.

Sin duda, divisiones similares se encuentran en el siglo XIX. Pero el siglo XX aporta dos singularidades. Existe un Estado organizado, que monopoliza la fuerza legítima, reduce al mínimo los enfrentamientos armados y encauza los conflictos al terreno cultural, ideológico o político. A la vez, una creciente democratización conformó un público amplio para las divergencias de las elites, que se trasladaron del salón a la plaza, con el consiguiente cambio de estilo y énfasis.

Desde el comienzo del siglo XX se fue conformando una brecha en las ideas. En sus manifestaciones iniciales colocó de un lado a un polivalente liberalismo y del otro al pensamiento nacional, católico, popular o autoritario; era ése un campo en formación y heterogéneo, cuyas diferencias se advertían en sus distintas maneras de centrar la esencia de lo nacional. Esta confrontación cultural, inicialmente mal avenida con la política, se plasmó políticamente con la Guerra Civil Española primero, y luego, sucesivamente, con la Segunda Guerra Mundial, el peronismo, el ciclo de su proscripción luego de 1955 y la movilización militante de los años sesenta y setenta.

Aunque hay continuidades, la diversidad de las sucesivas antinomias es grande. Por ejemplo, el antiimperialismo de 1920 se parece en algo al de 1970, pero es bastante distinto. Tampoco los actores sociales y políticos quedaron fijos; frecuentemente cambiaron de lugar y se reagruparon de manera distinta. Basta pensar en la prodigiosa recomposición del campo que hizo Perón entre 1944 y 1946, cuando vació al antifascismo de guerra de su base obrera y sindical. Pero aunque los motivos y los actores fueron cambiantes, la brecha, como forma de convivencia política, recorrió siete décadas de la historia argentina, hasta culminar en la violencia desatada de los años setenta.

Lo curioso es que, hasta este espasmo final, esta brecha política existió en una sociedad que, en otras dimensiones más profundas, tendía fuertemente a la integración. La Argentina anterior a los setenta fue un país relativamente próspero, que de un modo u otro incorporó y dio empleo a sucesivas camadas de recién llegados: la migración europea de principios de siglo, la de los países limítrofes desde los años sesenta y, entre ambas, toda la migración del interior a los centros urbanos del litoral. Fue una sociedad dinámica, de oportunidades y de una movilidad tan visible que configuró un imaginario. Por supuesto no faltaron conflictos, pero se desarrollaron dentro de una matriz capaz de contenerlos. Incluso cuando se hicieron más agudos, después de 1955, los conflictos económicos se canalizaron a través de la negociación corporativa, como era habitual en el mundo por entonces.

Hay otra parte de la historia, que no voy a tocar aquí, y que se refiere a la explosión de violencia de los años setenta. Sólo quiero subrayar que hasta entonces la brecha ideológica y política, que terminaría estallando, se desenvolvió en un país en el que el conflicto social, con ser significativo, estaba acotado por la movilidad, la integración y la institucionalización. Otro país.

En los años setenta las pasiones ideológicas se transformaron en carnicería. Al final del ciclo, en 1983, el país conoció el primer intento serio, profundo y consensuado de constituir una convivencia política fundada en la ley y en el pluralismo. Se habló de República, Estado de Derecho, discusión racional, aceptación de las diferencias y valoración del pluralismo. Como muchos, creí que era una bisagra en la historia argentina. Aquellas divisiones en las que había transcurrido mi vida y la de mis padres les serían ahorradas a mis hijos. Ya no habría "dos Argentinas", sino una, diversa y convivial.

El recreo duró poco. Primero comenzó a derrumbarse el Estado de Derecho, bajo la piqueta del presidencialismo de emergencia de Menem, que sin embargo mantuvo el tono convivial y amable. La faena prosiguió con los Kirchner, que agregaron la crispación, el enfrentamiento y lo que elegantemente se ha llamado el "sentido agonal de la política".

Con ser doloroso, es un problema al que estamos acostumbrados, como la inflación. Quizá nuestros hijos se acostumbrarían. Pero transcurre en una Argentina distinta. En las últimas cuatro décadas aquella sociedad móvil, integrativa y continua, toda matices, se ha partido en dos: blanco y negro. Es posible realizar un análisis más complejo, pero la brecha actual se impone por su contundencia y por su novedad. Como nunca antes, la Argentina tiene hoy un mundo de la pobreza, enorme -casi la mitad de los argentinos-, compacto y coherente. Tiene su propia organización, centrada en asegurar la subsistencia; tiene sus ideas, valores y sentidos de la vida, muy distintos de los de la sociedad integrada; tiene un tipo de relación con la ley y el Estado completamente singular. Un mundo tan fascinante como terrible, en el que vive la mitad de nuestros compatriotas.

La pobreza se ha convertido en algo natural. Lo que asombró en 2001 hoy forma parte del paisaje cotidiano. Los mundos no están separados. No sólo son frágiles los límites que unos quieren poner, con rejas o servicios de vigilancia. También han surgido quienes sacan su beneficio, haciendo negocios o políticas. El puestero de La Salada o el puntero barrial, al igual que el dealer , son eslabones de cadenas que llevan muy lejos, y unen, a su manera, los mundos escindidos. Un análisis cuidadoso destacaría los múltiples contactos entre ambas Argentinas. Pero una buena fotografía basta para convencernos de que la brecha existe. Hoy, efectivamente, hay dos Argentinas.

Es curioso que quienes discuten apasionadamente sobre la brecha ideológica no la pongan en relación con esta brecha social. Quizá porque aquélla, como otras veces antes, transcurre en el mundo de lo imaginario, donde por ejemplo es posible decir que desde hace diez años se está "incluyendo" a los pobres. En el mundo de la sociedad concreta es más difícil decirlo y, sobre todo, creerlo. Algún día habrá que suturar la brecha ideológica. Pero me parece que quienes se proponen empezar a reconstruir una Argentina "normal" -como decía el difunto presidente Kirchner- deben proponerse como prioridad el reintegrar a los pobres al país, y volver a tener una sola Argentina.

© LA NACION