Pronunciamiento duro de Bonadio contra Sbattella

Sábado 05 de octubre de 2013 | Publicado en edición impresa

Presos

Pronunciamiento duro de Bonadio contra Sbattella

Política

El juez lo criticó por aplicar la ley antiterrorista a dos ex represores fugados

Por Hernán Cappiello  | LA NACION
 
l juez federal Claudio Bonadio cargó con dureza contra el jefe de la Unidad de Investigación Financiera (UIF), José Sbattella. Lo hizo al rechazar un recurso de apelación del organismo contra una decisión del juez, que había anulado el congelamiento administrativo de los fondos de dos ex represores que se escaparon del Hospital Militar.

Bonadio, que de todos modos dispuso el congelamiento judicial de los bienes de Gustavo de Marchi y Jorge Olivera, dijo el 31 de julio pasado que no correspondía aplicarles la ley antiterrorista. Esa norma es la que permite a la autoridad administrativa congelar los fondos para evitar que sigan financiando actividades terroristas.

Pero Bonadio no compartió esta interpretación y le recordó que su causa es por la fuga de los militares. "La persistencia del funcionario en llamar a los prófugos como «terroristas prófugos»", dijo el juez, no justifica el congelamiento administrativo de los bienes de los evadidos y de otras personas cercanas.

Además, le dijo que había rechazado su pedido de ratificación judicial del congelamiento de bienes porque que no le correspondía a la UIF intervenir en el caso en el que se investiga la fuga: "En todo caso el titular de la UIF erró el juzgado donde debía hacer su presentación", le dijo. Sbattella obtuvo un respaldo a una medida similar en otra causa de un militar prófugo que tramitó ante Norberto Oyarbide.

Sbattella alegó que anular la decisión administrativa que ordenó el congelamiento de los fondos "atenta contra la labor propia del organismo en la lucha contra la financiación del terrorismo y es de extrema gravedad".

Bonadio le contestó que se desprendía de su respuesta que Sbattella y los abogados que lo asesoran "no entienden el concepto de división de poderes instituido por la Constitución de 1853". Y le explicó que el Estado tiene tres poderes y que una vez que una situación es judicializada, la decisión es del Poder Judicial y el resto de los organismos son auxiliares de la Justicia. Las decisiones administrativas de otros poderes del Estado -aun las dictadas dentro de sus atribuciones- "no pueden condicionar ni obligar a los magistrados a tenerlas por válidas y útiles", le enrostró.

"En el presente caso la actuación administrativa de la UIF no fue considerada, por el momento, ni relevante ni útil", escribió el juez.

Y ante el cuestionamiento que hizo Sbattella porque Bonadio se negó a considerar terroristas -en los términos de la ley antiterrorista- a los ex represores condenados le respondió: "Nuevamente asombra la ignorancia del derecho positivo que manifiestan los funcionarios de la UIF", ya que "el concepto de terrorismo y su financiamiento no aplica a los hechos de la causa", le dijo el juez. Así rechazó su apelación porque entendió que la UIF no es parte en el proceso..

Echegaray ordenó suspender los controles por las elecciones

Sábado 05 de octubre de 2013 | Publicado en edición impresa

Control impositivo

Echegaray ordenó suspender los controles por las elecciones

Política

Por Hugo Alconada Mon | LA NACION

 
 
El titular de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), Ricardo Echegaray, ordenó a todas sus direcciones regionales que suspendan las inspecciones , embargos y ejecuciones fiscales hasta después de las elecciones, confirmaron cinco fuentes del ente recaudador a LA NACION desde cuatro provincias.

Echegaray impartió la orden poco antes de las elecciones primarias, que se celebraron el domingo 11 de agosto pasado, y provocó que inspecciones que ya estaban en marcha (sobre frigoríficos y jugueterías por el Día del Niño, entre otras) tuvieran que levantarse o ser postergadas hasta mediados de noviembre, relataron los sabuesos consultados.

La orden apunta a reducir al mínimo el eventual malestar de los contribuyentes antes de acudir a las urnas y aporta elementos sobre la discrecionalidad que Echegaray impuso desde su arribo a la AFIP, a fines de 2008. Desde entonces, acumula denuncias penales por la supuesta persecución a productores rurales, jueces, cineastas y deportistas, mientras salen a la luz indicios sobre la presunta protección de empresarios cercanos al poder.

Ante la consulta de LA NACION, en el organismo negaron que Echegaray hubiera impartido esa orden. Afirmaron que continúan "las investigaciones" y que todos los días se anuncian ofensivas de alto impacto, como el allanamiento a Aeropuertos Argentina 2000 o distintos operativos por la trata de personas, como el ocurrido en Salta, en el que detuvieron a un intendente.

Sin embargo, esas medidas responden a causas judiciales ya en trámite o que la AFIP impulsa por su alto impacto público, indicaron las fuentes dentro del organismo consultadas, mientras que el parate extraoficial conllevó también otra orden: los inspectores y supervisores que arrastren días de vacaciones pendientes deberán tomárselos hasta mediados del mes próximo.

De hecho, en Salta, el ex jefe de gabinete de asesores de Echegaray y actual director de la AFIP en esa regional, Rafael Resnick Brenner, fue uno de los encargados de comunicar el frenazo. Para eso, dijo que las órdenes "llegaron de arriba".

"Anunció que la premisa era no iniciar ejecuciones fiscales, salvo aquellas que de otro modo puedan caerse por la caducidad de instancia", indicó uno de los receptores de esas órdenes, por las que Resnick Brenner los hizo responsables. "Dijo que no debíamos notificar ejecuciones, ni intimaciones", abundó.

Un veterano funcionario de la AFIP sostuvo que ese tipo de prácticas suelen repetirse en las semanas previas a alguna elección sensible, pero afirmó que esta vez es distinta. "Nunca dieron una orden de levantar el pie del pedal de manera tan explícita", graficó. Un tercer funcionario, de otra provincia, confirmó que recibieron "la orden de no hacer prácticamente nada, ni embargos, ni ejecuciones, salvo las estrictamente ineludibles, y no se sale a la calle desde hace dos meses".

En la práctica, explicó, la inacción coloca en una encrucijada a los inspectores. "Los casos por denuncias comunes, por ejemplo, se asignan a los inspectores, que los tienen en sus sistemas de fiscalización individuales, pero no pueden impulsarlos. Algunos comunican al contribuyente o a su contador que harán la inspección, pero en un mes, después de volver de vacaciones", argumentó.

"La clase media"

Dentro de la AFIP, de todos modos, no hay indicios de rebelión. En particular, desde que Echegaray tomó otras dos decisiones complementarias: retrotrajo el horario de atención de las oficinas de la AFIP y borró así la reforma que había provocado protestas y huelgas del personal. Otorgó, además, la recategorización permanente y estable a funcionarios que estaban interinos o por contratos. Así, aunque en el futuro sean desplazados de esas funciones, mantendrán los salarios de las categorías más altas.

"Con esas medidas calmó las aguas internas, pero también logró, así, ubicar de manera estable a personas que él promovió y que llegaron en meses o pocos años a niveles de jerarquía a los que por los canales formales les habría insumido 20 años o más", indicó otro funcionario consultado.

Junto a Echegaray, sin embargo, insistieron en que en la AFIP "no se ha frenado nada" y pusieron la página de Internet del organismo como ejemplo. "Todos los días se anuncian secuestros de drogas, operativos en talleres textiles y los resultados de inspecciones importantes", explicaron.

Pero todos los funcionarios de la AFIP consultados por LA NACION reafirmaron que la orden fue bajar el perfil. "Hay operativos que se hacen cada año, como en los restaurantes para el Día del Amigo, y veníamos avanzando con los preparativos para ir a las jugueterías por el Día del Niño, por lo que hasta el jueves previo fue todo normal. Pero el viernes, a eso de las 10 de la mañana, nos llegó la orden. «Levanten todo»", rememoró uno de los informantes.

En público, las señales tributarias fueron en el mismo sentido. El 27 de agosto, Echegaray anunció la modificación del impuesto a las ganancias, y el 11 de septiembre comunicó la reforma del monotributo, junto a Cristina Kirchner.

Otro funcionario indicó, sin embargo, que la primera instrucción en la AFIP llegó antes, a principios de julio, cuando mediante una videoconferencia llegó la orden de frenar las inspecciones a frigoríficos y suspender las lecturas de los controladores fiscales. Según ese informante, la explicación que recibieron resultó directa: "Porque eso va en contra de la clase media".

Menos presión al contribuyente

La estrategia de la AFIP al servicio del voto

Ricardo Echegaray

Jefe de la AFIP

  • Sin operativos
    Por orden de Echegaray, la AFIP suspendió las inspecciones, los embargos y las ejecuciones fiscales hasta después de las elecciones
  • A mitad de camino
    Varias inspecciones que estaban previstas a frigoríficos y jugueterías tuvieron que ser levantadas o suspendidas hasta mediados de noviembre
  • Sin actividad
    En una dirección regional de la AFIP se confirmó que recibieron "la orden de no hacer prácticamente nada, ni embargos, ni ejecuciones, salvo las estrictamente ineludibles", y se indicó que los inspectores no salen a la calle desde hace dos meses
La Nacion

Echegaray ordenó suspender los controles por las elecciones

Sábado 05 de octubre de 2013 | Publicado en edición impresa

Control impositivo

Echegaray ordenó suspender los controles por las elecciones

Política

Por Hugo Alconada Mon | LA NACION

 

 

l titular de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), Ricardo Echegaray, ordenó a todas sus direcciones regionales que suspendan las inspecciones , embargos y ejecuciones fiscales hasta después de las elecciones, confirmaron cinco fuentes del ente recaudador a LA NACION desde cuatro provincias.

Echegaray impartió la orden poco antes de las elecciones primarias, que se celebraron el domingo 11 de agosto pasado, y provocó que inspecciones que ya estaban en marcha (sobre frigoríficos y jugueterías por el Día del Niño, entre otras) tuvieran que levantarse o ser postergadas hasta mediados de noviembre, relataron los sabuesos consultados.

La orden apunta a reducir al mínimo el eventual malestar de los contribuyentes antes de acudir a las urnas y aporta elementos sobre la discrecionalidad que Echegaray impuso desde su arribo a la AFIP, a fines de 2008. Desde entonces, acumula denuncias penales por la supuesta persecución a productores rurales, jueces, cineastas y deportistas, mientras salen a la luz indicios sobre la presunta protección de empresarios cercanos al poder.

Ante la consulta de LA NACION, en el organismo negaron que Echegaray hubiera impartido esa orden. Afirmaron que continúan "las investigaciones" y que todos los días se anuncian ofensivas de alto impacto, como el allanamiento a Aeropuertos Argentina 2000 o distintos operativos por la trata de personas, como el ocurrido en Salta, en el que detuvieron a un intendente.

Sin embargo, esas medidas responden a causas judiciales ya en trámite o que la AFIP impulsa por su alto impacto público, indicaron las fuentes dentro del organismo consultadas, mientras que el parate extraoficial conllevó también otra orden: los inspectores y supervisores que arrastren días de vacaciones pendientes deberán tomárselos hasta mediados del mes próximo.

De hecho, en Salta, el ex jefe de gabinete de asesores de Echegaray y actual director de la AFIP en esa regional, Rafael Resnick Brenner, fue uno de los encargados de comunicar el frenazo. Para eso, dijo que las órdenes "llegaron de arriba".

"Anunció que la premisa era no iniciar ejecuciones fiscales, salvo aquellas que de otro modo puedan caerse por la caducidad de instancia", indicó uno de los receptores de esas órdenes, por las que Resnick Brenner los hizo responsables. "Dijo que no debíamos notificar ejecuciones, ni intimaciones", abundó.

Un veterano funcionario de la AFIP sostuvo que ese tipo de prácticas suelen repetirse en las semanas previas a alguna elección sensible, pero afirmó que esta vez es distinta. "Nunca dieron una orden de levantar el pie del pedal de manera tan explícita", graficó. Un tercer funcionario, de otra provincia, confirmó que recibieron "la orden de no hacer prácticamente nada, ni embargos, ni ejecuciones, salvo las estrictamente ineludibles, y no se sale a la calle desde hace dos meses".

En la práctica, explicó, la inacción coloca en una encrucijada a los inspectores. "Los casos por denuncias comunes, por ejemplo, se asignan a los inspectores, que los tienen en sus sistemas de fiscalización individuales, pero no pueden impulsarlos. Algunos comunican al contribuyente o a su contador que harán la inspección, pero en un mes, después de volver de vacaciones", argumentó.

"La clase media"

Dentro de la AFIP, de todos modos, no hay indicios de rebelión. En particular, desde que Echegaray tomó otras dos decisiones complementarias: retrotrajo el horario de atención de las oficinas de la AFIP y borró así la reforma que había provocado protestas y huelgas del personal. Otorgó, además, la recategorización permanente y estable a funcionarios que estaban interinos o por contratos. Así, aunque en el futuro sean desplazados de esas funciones, mantendrán los salarios de las categorías más altas.

"Con esas medidas calmó las aguas internas, pero también logró, así, ubicar de manera estable a personas que él promovió y que llegaron en meses o pocos años a niveles de jerarquía a los que por los canales formales les habría insumido 20 años o más", indicó otro funcionario consultado.

Junto a Echegaray, sin embargo, insistieron en que en la AFIP "no se ha frenado nada" y pusieron la página de Internet del organismo como ejemplo. "Todos los días se anuncian secuestros de drogas, operativos en talleres textiles y los resultados de inspecciones importantes", explicaron.

Pero todos los funcionarios de la AFIP consultados por LA NACION reafirmaron que la orden fue bajar el perfil. "Hay operativos que se hacen cada año, como en los restaurantes para el Día del Amigo, y veníamos avanzando con los preparativos para ir a las jugueterías por el Día del Niño, por lo que hasta el jueves previo fue todo normal. Pero el viernes, a eso de las 10 de la mañana, nos llegó la orden. «Levanten todo»", rememoró uno de los informantes.

En público, las señales tributarias fueron en el mismo sentido. El 27 de agosto, Echegaray anunció la modificación del impuesto a las ganancias, y el 11 de septiembre comunicó la reforma del monotributo, junto a Cristina Kirchner.

Otro funcionario indicó, sin embargo, que la primera instrucción en la AFIP llegó antes, a principios de julio, cuando mediante una videoconferencia llegó la orden de frenar las inspecciones a frigoríficos y suspender las lecturas de los controladores fiscales. Según ese informante, la explicación que recibieron resultó directa: "Porque eso va en contra de la clase media".

Menos presión al contribuyente

La estrategia de la AFIP al servicio del voto

Ricardo Echegaray

Jefe de la AFIP

  • Sin operativos
    Por orden de Echegaray, la AFIP suspendió las inspecciones, los embargos y las ejecuciones fiscales hasta después de las elecciones
  • A mitad de camino
    Varias inspecciones que estaban previstas a frigoríficos y jugueterías tuvieron que ser levantadas o suspendidas hasta mediados de noviembre
  • Sin actividad
    En una dirección regional de la AFIP se confirmó que recibieron "la orden de no hacer prácticamente nada, ni embargos, ni ejecuciones, salvo las estrictamente ineludibles", y se indicó que los inspectores no salen a la calle desde hace dos meses

 

 

 

El fracaso del blanqueo

Sábado 05 de octubre de 2013 | Publicado en edición impresa

Editorial I

El fracaso del blanqueo

Opinión
El proceso de exteriorización de moneda extranjera resultó paupérrimo y su extensión por tres meses sólo agravará algunas inequidades
 
l Gobierno ha renovado hasta fin de año la vigencia del blanqueo de capitales lanzado en junio pasado. Los resultados conseguidos hasta ahora han sido paupérrimos: apenas se acogieron en los primeros tres meses a esta facilidad 1930 contribuyentes, que aportaron 379 millones de dólares, un monto muy bajo comparado con la expectativa oficial de alcanzar los 4000 millones y, también, al contrastarlo con los fondos exteriorizados en el de 2009, que ascendieron al equivalente a unos 4700 millones de dólares.

El fracaso del blanqueo era esperable por diversos motivos que resultaban evidentes al momento de su anuncio para cualquier analista privado. Hasta ahora, todos los blanqueos llevados a cabo por la Argentina se habían basado en la reincorporación de fondos "negros" al circuito "blanco". Podía ello implicar la obligación de repatriación de los fondos, pero en este caso las autoridades decidieron dar un paso más: para blanquearlos en este caso debían ser transferidos a las arcas del Estado.

Quedaba así claro que el objetivo de las autoridades no era entonces invitar amablemente a los capitales a retornar al circuito formal, sino capturar fondos que permitieran emparchar las alicaídas cuentas públicas. Invitar a esos capitales a suscribir instrumentos del Estado en momentos en que el riesgo país se sitúa en niveles muy elevados ha sido una muestra más del aislamiento en la toma de decisiones. El riesgo soberano argentino es altísimo, en parte por el juicio que llevan a cabo los holdouts en Nueva York, y en parte a raíz del riesgo que supuso la instauración de las restricciones en el mercado cambiario. Con tan altos niveles de desconfianza, el fracaso del blanqueo era perfectamente previsible para cualquier persona con un poco de sentido común aunque no para su mentor, el secretario Guillermo Moreno. Ni siquiera su metodología patoteril fue esta vez persuasiva para atraer empresas al blanqueo.

Adicionalmente, la Argentina ya había efectuado un blanqueo de relativo éxito en 2009. Sumar una nueva operación a tan poca distancia temporal de la anterior presentaba tres contraindicaciones. En primer lugar, podía generar la sensación internacional de que la Argentina es un paraíso para el lavado de dinero, minando la credibilidad de los discursos de nuestra Presidenta contra las "guaridas fiscales". En segundo lugar, generaría un obvio relajamiento de la cultura tributaria. Y, en tercer lugar, si el blanqueo de 2009 fue exitoso, cabía preguntarse cuántos capitales adicionales podrían ingresar al nuevo llamado.

En febrero de 2009, se lanzó un régimen de moratoria y blanqueo que permitía exteriorizar tenencias de fondos no declaradas abonando penalidades del 1% al 8%. La penalidad ascendía al 8% cuando se trataba de bienes o moneda extranjera localizados en el exterior que no se transferirían al país, al 6% cuando se trajeran pero se mantuvieran bajo la forma de un activo financiero o la compra de bienes raíces usados, del 3% cuando los fondos se destinasen a la suscripción primaria de títulos nacionales y de 1% cuando se utilizaran para construir o comprar viviendas nuevas.

En esta ocasión la propuesta fue otra. El Gobierno ofreció un menú de dos activos. El primero es el bono Baade, expresado en moneda extranjera, con vencimiento en 2016, un interés anual del 4% y bajo legislación argentina. El segundo, una nota emitida por el Banco Central sin vencimiento estipulado ni cupón de interés denominada Cedin, que podría ser empleado para la compra de viviendas y la construcción.

Quienes blanqueasen fondos suscribiendo bonos deberían aceptar una pérdida del orden del 20% si quisieran luego vender esos títulos para alejarse del riesgo soberano argentino. Esto ocurriría dado que el valor del Baade sería de aproximadamente el 80% de su paridad, puesto que mientras el riesgo soberano se acerca al 12%, esos bonos sólo tienen un interés del 4%. Esta pérdida del 20%, que surgiría de exteriorizar fondos a través del bono Baade, debe ser comparada con el 8% de costo del blanqueo de 2009. Además, por aquel año, había todavía en la Argentina una relativa libertad a la movilidad de capitales y de acceso al mercado de cambios, al tiempo que, pese a la crisis financiera internacional, se mantenía en el país una elevada corriente inversora hacia proyectos inmobiliarios.

El caso del Cedin es distinto ya que estos papeles funcionan como un pagaré que recibe un inversor que posee dólares no declarados que desea efectuar una inversión inmobiliaria. Deposita los dólares en un banco, que encaja el 100% de los dólares en el Banco Central y el depositante de fondos recibe el Cedin. Efectuada la operación y aprobada por las autoridades, el Cedin se convierte en un activo "pagable" por el BCRA. Cuando esta entidad le abona al tenedor final de Cedin, las reservas vuelven a su nivel original. Dado que los Cedin no harían subir las reservas más que muy temporariamente, su único fin aparente sería el de estimular la actividad inmobiliaria.

¿Qué aporta el Cedin? Pues nada. En nada se modificarían los efectos del blanqueo si el Cedin no existiera y quienes desearan blanquear sus fondos para una operación inmobiliaria simplemente los declarasen tal como ocurrió en otras ocasiones.

Hasta aquí, asistimos a demasiadas inconsistencias y un final previsible: el fracaso. Pero esta historia no termina. Ahora el objetivo ha mutado: el Gobierno pretende que se suscriban bonos Baade aun cuando esto se efectúe en el marco de una operatoria ajena al blanqueo. El objetivo sería que el inefable Moreno pueda exhibir un resultado "favorable". La información periodística da cuenta de que algunos grupos empresarios aprovecharán la oferta para ingresar fondos al país sin tener que liquidar sus divisas al tipo de cambio oficial, creándose así un tipo de cambio VIP que cotizaría a mitad de camino entre el oficial y el paralelo.

El modelo supuestamente nacional y popular sigue ofreciendo nuevas curiosidades. Los exportadores salteños, mendocinos o sanjuaninos padecen las inclemencias del atraso cambiario, mientras el Baade subsidia a los tenedores de dólares en el exterior..

 

La nacion

La República, ¿otra vez perdida?

Viernes 04 de octubre de 2013 | Publicado en edición impresa

La República, ¿otra vez perdida?

Por Luis Gregorich |  Para LA NACION



Hace algo más de 30 años -el 1° de septiembre de 1983- se estrenaba en Buenos Aires el documental La República perdida , en el ocaso de la dictadura militar que había usurpado el poder en 1976. Se vivía un clima de efervescencia política, debido a la inminente recuperación de la democracia, y seguramente eso contribuyó a que la película, que recogía el último medio siglo de historia argentina, despertara un interés quizás inesperado en el público y sobrepasara pronto el millón de espectadores.

Como suele ocurrir con el cine, el producto final fue la consecuencia de un trabajo colectivo. Sólo mencionaré a Enrique Vanoli, dirigente de la Unión Cívica Radical y ex secretario de Ricardo Balbín, que dio la idea inicial y participó en la producción; a Miguel Pérez, competente director y montajista; a Luis María Serra, autor del excelente fondo musical, y a Juan Carlos Beltrán, que prestó una clara y sobria voz al relato en off .

Por mi parte, había aceptado escribir el guión, después de que Vanoli me explicó el proyecto en un sentido amplio y me aseguró absoluta libertad para realizarlo. No me faltaban la práctica de la escritura ni la pasión por los asuntos argentinos, pero mi relación con el cine era la de un devoto aficionado más que la de un guionista profesional. Había conocido en cineclubes los documentales de Robert Flaherty y Leni Riefenstahl, así como muestras de lo que nuestro compatriota Jorge Prelorán filmó y denominó "cine etnobiográfico". En una escapada a Montevideo habíamos visto, con mi mujer, una versión incompleta de un notable (y discutible) ejemplo de cine militante: La hora de los hornos , censurada por entonces en nuestro país. Si hubo un modelo que tomé en cuenta, tal vez fue Morir en Madrid , de Frédéric Rossif.

Dispuse sólo de tres meses para terminar el guión. Recuerdo largas jornadas de revisión de material fílmico y viejos noticiosos que debían coordinarse con el texto. Me propuse presentar a la reciente historia argentina como una totalidad, como una sucesión de episodios con sentido y no como meros fragmentos sueltos, y en la que no faltaran sus protagonistas, se tratara ya de individuos o de sectores sociales.

Desde la caída de Perón en 1955 habían transcurrido 28 años de golpes militares, de proscripciones del peronismo, de gobiernos débiles y de crisis económicas, para culminar con el regreso y la muerte del caudillo, a la que siguió una etapa de confusión, caos y represión ciega. Estábamos abandonando ese oscuro escenario y era preciso -nos parecía- contribuir a la fundación de un nuevo régimen, menos cruento y más estable.

En ese marco, la propuesta tácita era sugerir, desde la humilde perspectiva de una película documental, la construcción de un sistema político bipartidista, que ante todo ahuyentara el autoritarismo y el gobierno de las minorías. Había que pensar en los dos grandes partidos que tuvieran realmente la posibilidad de alternarse en el poder y que con sus diferencias pudieran coincidir en una estrategia de largo plazo. Esos dos grandes partidos, aun con sus fracturas y vacilaciones, no podían ser en ese momento más que el peronismo y el radicalismo. Imaginábamos una modesta versión del Pacto de la Moncloa, suscripto en España, seis años atrás, por partidos políticos, sindicatos y asociaciones empresarias.

La República perdida recibió elogios y críticas, y hasta desempeñó un papel en la campaña electoral ya lanzada por esos días. Unos años más tarde mereció una secuela, dedicada a la época de la dictadura militar, de la que no fui guionista. Tuve el privilegio de ser invitado muchas veces, en colegios, sindicatos, clubes y toda clase de organizaciones no gubernamentales, para debatir después de una proyección. Ya atenuado ese entusiasmo decidí, cumplidos los 30 años de su estreno, reverla en soledad, para formular mi propio balance. La experiencia resultante entremezcló persistencias básicas con insatisfacciones variadas. El guionista de 1983 no era el espectador de 2013.

Para empezar, la historia que presenta la película, con toda su buena fe y corrección política, se nos aparece hoy demasiado esquemática y simplista, encarnada por una lucha entre el bien y el mal (entre los políticos populares y nacionales, y la oligarquía conservadora y sus delegados militares) que descuida la responsabilidad del conjunto social en que está inmersa. El texto es justificadamente severo con los Uriburu, los Aramburu y los Onganía, pero demasiado benevolente con Yrigoyen y Perón, que de todos modos habrían soportado una visión más crítica. Es cierto que se trata de un guión "fechado", con los apremios y el maniqueísmo de la rápida transición a la democracia, pero aun así debió ser más matizado.

Todavía conmueven, y seguirán conmoviendo, las imágenes: la irrupción de Uriburu en la Casa de Gobierno, la Plaza de Mayo del 17 de octubre, los fúnebres ritos multitudinarios de cada 20 años (con los entierros de Yrigoyen, Eva Perón y el propio Perón), el abrazo de Perón y Balbín, las fechorías de las compañías de lanzagases y el ominoso desfile de los tanques? Se echan de menos, tal vez, testimonios directos de personas comunes, de aquellos que no pudieron ser sujetos de la historia y que se limitaron a sufrirla. Y nos queda la pregunta que no podíamos contestar en 1983: ¿serían (serán) nuestros dirigentes capaces de recuperar la República con lo que implica de convivencia, respeto a la ley y división de poderes?

Con todos los reparos que merece el gobierno actual, no creo que pueda decirse que se han pasado los límites y la República se ha perdido otra vez. Sin embargo, si hoy quisiéramos filmar un documental parecido, deberíamos admitir, con tristeza, que el bipartidismo no ha cristalizado, que el capital de esperanza de 1983 se ha ido dilapidando, que la división de los argentinos no se ha podido suturar, que vivimos en una burbuja creada por estadísticas oficiales optimistas y falaces, y que se ha privado a nuestra sociedad de objetivos y proyectos de largo plazo, dignos de nuestro destino e historia. En tal sentido, creo que el (quizá ingenuo) mensaje final de la película que recordamos, con su llamado al consenso y al acuerdo nacional, sigue vigente, y su necesidad seguramente se reactualizará en 2015, con la sucesión presidencial.

© LA NACION

La revolución pacífica de un argentino

Viernes 04 de octubre de 2013 | Publicado en edición impresa

Francisco

La revolución pacífica de un argentino

Por Joaquín Morales Solá | LA NACION



Roma vive una revolución más importante que la que se percibe desde la Argentina. El protagonista principal de esa revolución pacífica y amable es un argentino, el papa Francisco. Cómplice involuntario de los periodistas, porque los ayuda con una espectacular noticia casi todos los días, su principal conquista en seis meses de pontificado ha sido un radical cambio del debate dentro y fuera de la Iglesia. Cuando él llegó, en marzo pasado, las novedades del Vaticano se referían a las peleas por el poder, los robos de documentos, los casos de pedofilia y las denuncias de corrupción. El Papa nuevo logró, con frases cortas y directas, y con actos módicos y simbólicos, abrir el diálogo sobre el destino de la Iglesia, sobre cómo debe ser en un mundo inconstante y sobre qué debe hacer y decir frente a los ineludibles cambios sociales.

Tal vez su pontificado sea sólo comparable con los primeros años de Juan Pablo II. Éste provocó multitudinarias movilizaciones sociales y estableció un discurso crítico con las insensibles desviaciones del sistema capitalista, que el papa Francisco ha retomado. La diferencia fundamental entre Juan Pablo II y Francisco consiste en la necesaria evolución interna de la Iglesia. El Papa polaco era un conservador en el manejo interno de la Iglesia, mientras que el pontífice argentino es un aperturista. Francisco aludió precisamente a esa distinción entre "conservadores" y "aperturistas" cuando dijo que nunca fue un hombre de derecha. No se refirió, desde ya, a categorías ideológicas o partidarias, porque él es también un jefe de Estado que debe cumplir con un papel neutral entre los líderes del mundo.

Su principal mensaje a la Iglesia es que ésta debe hacer un esfuerzo de comprensión del mundo tal como es. No significa un cambio abismal de la doctrina, sino una manera distinta de abordar los conflictos. "Nuestra Iglesia tiene el mensaje de la salvación y el perdón. ¿Por qué cerrar las puertas y expulsar a muchos creyentes?", ha dicho. Una cosa es, por ejemplo, una Iglesia piadosa con las mujeres que sufrieron un aborto y otra cosa es suscribir las posiciones abortistas. El papa Francisco nunca hará esto. Lo ha repetido para que no se lo malinterprete: "En cada niño que no nació está la cara de Dios", dijo en una clara objeción al aborto. En sus últimos tiempos como arzobispo de Buenos Aires, el entonces cardenal Bergoglio estaba preocupado por posibles decisiones argentinas para legalizar el aborto que podían surgir de la política o de la Justicia.

Es probable, en cambio, que promueva un cambio sobre el tratamiento religioso a los divorciados, que ahora están excluidos de los principales ritos del catolicismo. También el Papa cree que la Iglesia debe ser menos severa con los homosexuales. "Primero hay que abrir la Iglesia, curar las heridas de la sociedad y, después, tratar de seducir con la doctrina", ha explicado. Una Iglesia de multitudes, no una en retirada. Ése es su principal propósito. La Iglesia Católica que recibió tiene un enorme problema con la caída vertical de las vocaciones sacerdotales. Muchos creyentes se apartaron también de ella cansados de tantos "no" y por su escasa predisposición a la inclusión.

La Iglesia tiene, en fin, un mensaje más alegre y esperanzador que la permanente sanción, parece decir. "El confesionario no debe ser una sala de torturas", les repite a los curas en el Vaticano. Su giro pretende sacar a la Iglesia de una interminable discusión sobre los detalles de la doctrina para hacerla más abierta y dialogadora, alejada de los fanatismos. El papa Francisco detesta el fanatismo en cualquiera de sus expresiones, religiosa, política o social. El fanatismo, ha explicado, es un obstáculo infranqueable para el diálogo, que impide las concesiones y los consecuentes acuerdos. Su vocación dialoguista, que ya se había visto en Buenos Aires, la trasladó íntegra al Vaticano. "Sólo el diálogo garantiza la paz", suele subrayar. Retomó, así, la doctrina pacifista de Juan Pablo II, que jugó su propio prestigio internacional, en 1978, para detener una guerra entre la Argentina y Chile. Francisco se puso a la cabeza, hace pocos días, de una movilización internacional para impedir otra guerra en Siria, que felizmente no sucedió. La diplomacia le ganó a la guerra. Es la solución que el Papa predicó tenazmente.

El orden conservador del Vaticano le saldrá al paso, tarde o temprano. Pero un dialoguista como él no se encerrará nunca en sus propias y personales verdades. De hecho, ningún cambio fundamental en la Iglesia será decidido sólo por él, a pesar de que se lo permiten sus atribuciones, propias de un monarca absoluto. Las mutaciones serán siempre el resultado de consistorios de cardenales y de sínodos de obispos. Francisco sabe que en el interior profundo de la Iglesia se agitan sus mismas preocupaciones por las necesidades de cambios. Por una reconquista de la iniciativa católica que deje atrás la actitud defensiva de los últimos años.

Sólo usará su voluntad para enfrentar al delito, sobre todo a la corrupción y a la pedofilia. No acepta dos opiniones sobre esas cuestiones. Tiene un puño de hierro para combatir esos crímenes y para desmantelar de ostentaciones a la Iglesia. Ya es notable en Roma la ausencia de lujosas limusinas trasladando a engalanados cardenales y obispos. Sólo pueden verse en las calles romanas a curas vestidos con trajes negros y la cinta blanca en el cuello, la mayoría a pie. "Roma no puede ser el nido protector de nuestra mediocridad", advierte el Papa.

Hablará también con los conservadores. ¿Acaso no todos los líderes de la Iglesia tienen el mismo objetivo de hacer una Iglesia más grande? Ya lo demostró en la Argentina: Bergoglio se hizo cargo de una Iglesia conservadora, la fue llevando hacia posiciones más centristas e incluyentes y aisló a los ultraconservadores en una minoría insignificante.

Detrás de la apariencia de un párroco bueno, existe también un hombre de poder y de política. El papa Bergoglio conoce a casi todos los cardenales del mundo. Estuvo entre ellos durante 15 años y tiene buen diálogo tanto con conservadores como con aperturistas. Su revolución será consensual, aunque un sector de la curia vaticana (la que está perdiendo privilegios y debe cambiar los hábitos de una larga vida) lo enfrentará con intrigas y conspiraciones. El Papa las espera, sin denunciarlas ni estigmatizarlas. Es el lugar y el contexto que le tocó.

Francisco es el papa de la palabra. No guarda nada. No hay silencios para él. En eso el papa Bergoglio es muy distinto del cardenal Bergoglio, que prefería hablar sólo desde el altar. ¿Por qué lo hace? Tal vez hayan influido dos razones. Una es su aparente necesidad de cortar los puentes de su propia retirada. No quiere volver atrás, ni aún en el caso de que triunfara alguna de aquellas probables conspiraciones. La otra es la construcción cotidiana de un legado. Su edad, 76 años, le impide pensar en un pontificado medido en décadas, pero los cambios que se ha propuesto no deberían agotarse con él. Sus palabras, constantes, francas y simples, harán más difícil (o imposible) una regresión. Después de todo, es el primer papa en mucho tiempo que se apartó de los intereses de la curia vaticana para buscar la simpatía de la gente común. Y la encontró. Ésa es la primera victoria de una revolución tan pacífica como tenaz.

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"Dólar eBay": los billetes de Evita se venden en el exterior a más del doble de su valor

Viernes 04 de octubre de 2013 | 02:46

"Dólar eBay": los billetes de Evita se venden en el exterior a más del doble de su valor

La edición especial de 100 pesos se comercializa a partir de 20 dólares en los sitios de compra y venta electrónicas de Estados Unidos


Los billetes de 100 pesos con el motivo de Eva Perón se venden en el exterior a través de Internet al doble (o más) de su valor oficial. En el portal de compras eBay se los puede conseguir en diferentes presentaciones desde 20 hasta aproximadamente 40 dólares. En tanto, en Amazon.com cotizan entre 30 y 50 dólares por unidad.

Al tipo de cambio oficial, $100 equivalen a 17,18 dólares. Si se toma el paralelo, 10,41. A simple vista, el negocio parece altamente ventajoso para quienes logran concretar este tipo de operaciones.

El fenómeno de la venta de estos papeles con el rosto de una de las argentinas más famosas del mundo llegó también en enero pasado a Broadway, Nueva York. A la salida del teatro donde se presentaba el musical "Evita", encabezado por Ricky Martin y Elena Roger, se comercializaba esta moneda a 50 dólares por unidad.

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