El trabajo en Venezuela, un calco de la realidad argentina

Domingo 17 de marzo de 2013 | Publicado en edición impresa

Modelo

El trabajo en Venezuela, un calco de la realidad argentina

El Estado es el mayor creador de empleo; la inflación agobia a las empresas y hay mucha informalidad

Por Francisco Jueguen  | LA NACION



En 2003, José decidió volver a su patria, la República Bolivariana de Venezuela. Luego de trabajar en un laboratorio español que verificaba los rieles de los trenes, sintió que finalmente necesitaba graduarse de la que, en rigor, ya era su profesión: ingeniería en materiales.

Pero Venezuela vivía tiempos convulsionados. El país estaba envuelto en una fuerte crisis política y social con Hugo Chávez al mando. Miles de firmas se juntaron ese año para realizar un referéndum revocatorio -que finalmente daría un voto de confianza al chavismo en 2004-, entre ellas la de José, que en ese entonces tenía 22 años y poca experiencia laboral.

Sin presumirlo, el ingeniero acabó en una lista negra. Más precisamente, en la famosa Lista Tascón, popularizada gracias al diputado oficialista Luis Tascón, que según se supo con el tiempo había pasado cuatro días fotocopiando, por pedido de Chávez y con permiso del Consejo Nacional Electoral, las planillas que miles de ciudadanos habían firmado para activar el plebiscito.

"Durante mis primeros dos años de graduado, aparecer allí me impidió conseguir un buen trabajo -cuenta José, que hoy con 31 años trabaja en Bogotá debido a la inseguridad que azota a la capital venezolana-. Recuerdo que fui al Ministerio de Transporte a dejar mi CV y me dijeron que no lo aceptaban porque había firmado el revocatorio. En Petróleos de Venezuela (Pdvsa) me negaron la entrada. En Venezuela te dan trabajo en el sector público sólo si te pones la camisa roja."

El mercado laboral en Venezuela está imbuido por la política. Si bien las estadísticas oficiales marcan una baja del desempleo, el Estado -conducido por una facción, en un país políticamente dividido- se convirtió en el gran empleador, casi el único desde 2007, mientras que el sector privado creó pocos empleos y de baja productividad, sobre todo en el comercio y los servicios.

También informalidad

Uno de los grandes hitos de Chávez es la modificación de la ley orgánica de trabajo en abril último. Esta otorga grandes beneficios a los trabajadores: disminución de la jornada laboral, aumento de los días de vacaciones y bono de fin de año, ampliación de la protección de la maternidad, paternidad y familia con mayor número de días de permiso, inamovilidad casi permanente, entre otros. Los empresarios afirman, en cambio, que suben los costos laborales de las pymes, que hace inflexible el mercado laboral y que alienta el trabajo en negro.

La informalidad es otra característica del trabajo en Venezuela. Alcanza al 42% de la población económicamente activa (PEA). Es un número alto, pero que, según el actualmente cuestionado Instituto Estadístico Nacional (INE), bajó casi tres puntos en un año. En la Argentina, la informalidad llega al 35%, según datos del Ministerio de Trabajo, y supera el 40%, según fuentes no oficiales.

Algunos economistas creen que en los últimos años se impulsó en el INE "una orientación [política] de las estadísticas públicas". Incluso Elías Eljuri, presidente de ese organismo, debió desmentir varias veces denuncias de medios privados que indicaban que quienes encabezan y son beneficiados en las misiones (grandes programas sociales impulsados por el chavismo) no eran incluidos en el cálculo oficial del desempleo.

Según el INE, en diciembre de 2012 los desocupados en Venezuela eran 806.496 (5,9%), sobre un total de 29 millones de habitantes. Un año antes, la tasa llegaba al 6,5 por ciento. En 2002, el desempleo había tocado el 20,7 por ciento. Actualmente trabajan en la informalidad cerca de 5,4 millones de venezolanos, aunque el empleo formal pasó de 56,3% en diciembre de 2010 a un 58% en el mismo período de 2012.

"De 2007 para acá, la creación de empleo se dio por puestos gubernamentales en el sector público -explica José Guerra, profesor de la Escuela de Economía de la Universidad de Central de Venezuela (UCV)-. En cambio, el sector manufacturero perdió unos 200.000 puestos de trabajo por la restricción en el comercio exterior y el tipo de cambio atrasado."

El economista dice que, entre 1999 y 2012, el Estado aumentó su plantilla en un millón de trabajadores. En tanto, Pdvsa pasó de tener 35.000 empleados en 2002 a 100.000 en la actualidad. "Son todos empleos políticos", asegura el experto, que dice además que el sector petrolero no es un fuerte creador de puestos de trabajo, ya que "es muy intensivo en capital".

"Los empleos creados son básicos, casi asistenciales y poco productivos", dice el especialista de la UCV.

"El gran creador de empleo es el Estado, sobre todo a través de las misiones", asegura a LA NACION Orlando Ochoa, economista de la Universidad de Los Andes, que dice que el sector público tiene 2,5 millones de empleados. Ochoa además critica la metodología del INE para calcular el desempleo, ya que considera empleado a quien trabajó cuatro horas en cinco días. "Eso termina escondiendo una gran tasa de subempleo", explica.

En cuanto al salario mínimo, antes de las últimas elecciones presidenciales, Chávez lo elevó un 32,25%, de US$ 476 al tipo de cambio oficial (en ese país existen además el dólar promedio -12 bolívares- y el negro -22 bolívares-). Se trata del segundo salario mínimo más elevado de la región, después del de la Argentina (US$ 545, siempre al tipo de cambio oficial). Los dos países comparten también los índices de inflación más elevados de toda América latina.

Presión del Estado

"Lo que ha mejorado en Venezuela es la transferencia de ingresos hacia los sectores pobres, el asistencialismo. Pero las condiciones de la pobreza más estructurales, como la vivienda, la inseguridad o el empleo formal se han deteriorado", analiza Ochoa.

Según la Cepal, en 1999 la pobreza en Venezuela era de 49 por ciento. En 2011, último disponible, se redujo a 30 por ciento. En el mismo contexto regional, Perú bajó la pobreza de 49% a 28%, y Chile de 21% a 11 por ciento. Venezuela, luego de 14 años de revolución social y popular, tiene una tasa de pobreza igual a la de Perú y triplica a las de Chile y Uruguay.

La mayor actividad económica del país se concentra en los estados de Zulia, Miranda (gobernada por Henrique Capriles), el Distrito Capital, Aragua y Carabobo. Los sectores que más emplean son el del comercio (926.834 trabajadores), industria (443.855), hoteles y restaurantes (226.581), transporte (198.196) y servicios comunitarios (183.786).

"Las leyes en Venezuela son hechas con mucho sentido común y, sin duda, benefician al trabajador", afirma Elys, una diseñadora gráfica de 32 años que trabaja desde su casa dando clases y que también es cantante. Pero cuenta además que no sólo las empresas del Estado discriminan, sino que las privadas "se niegan a contratar personas con distinta tendencia política". Sin embargo, la joven alerta de la presión que ejerce el Estado. "Quienes trabajan para el gobierno son despedidos si se rehúsan a ir a una marcha o si se descubre que votaron por la oposición. Acá hay médicos, arquitectos, abogados, trabajando de taxistas, cocineros, vendiendo productos Avon para rebuscarse -explica-. Cada vez es más difícil sostener los ingresos y en los últimos dos meses todos los precios subieron muchísimo."

"Está muy difícil conseguir trabajo", afirma Anabel, una farmacéutica de 25 años que hace dos meses está en la búsqueda. "Si eres mujer y profesional, en mi sector prefieren tomar hombres y mayores de 30 por la nueva ley de trabajo", completa la joven de San Juan de los Morros.

Para Anabel, el chavismo complicó el mercado laboral, "a menos que trabajes de informal". Según piensa, "ya no se consigue trabajo en plantas de laboratorios porque, con el problema del control de cambio, se han ido. Lo que genera un alto desempleo en esta área".

5,9%

En Venezuela
La mayoría de los empleos creados son públicos. Se considera empleado a quien trabajó 4 horas en una seman

Videla pidió que los militares "se armen en defensa de la República"


Lo ironico es que este tipo puede decir esto porque hay democracia. Cuando el era dictador, al que decia algo similar lo torturaban o mataban...



Domingo 17 de marzo de 2013 | 14:08

Videla pidió que los militares "se armen en defensa de la República"

En una entrevista con la revista española Cambio 16, el ex dictador cuestionó con dureza al Gobierno: "La 'vendetta' seguirá mientras persista el Unicato"

El ex dictador Jorge Rafael Videla pidió que sus antiguos aliados "que aún estén en aptitud física de combatir" se armen para enfrentar a "la presidente Cristina y sus secuaces", en una entrevista con la revista española Cambio 16.

Según Videla, "de perpetuarse el gobierno actual en el poder serán nuevamente las Fuerzas Armadas y de Seguridad junto al pueblo del cual provienen", quienes lo "impedirán por imperio de lo normado en la Constitución Argentina", según consignó Tiempo Argentino.

En ese marco, el ex presidente de facto cuestionó la política de derechos humanos del Gobierno. "El tema de los derechos humanos ha perdido relevancia en cuanto se descubrió que, más allá de lo que moralmente significan, fueron usados como arma de presión política que encubre una maraña de negociados. Sin perjuicio de ello, puede también haber contribuido el " blanqueo" a que personalmente hice mención en el libro titulado Disposición Final", afirmó el ex dictador.

Y añadió: "La 'vendetta' seguirá mientras persista el Unicato".

En una nueva defensa de la actuación de las fuerzas armadas durante la última dictadura (1976-1983), Videla se refirió a la repercusión que tuvo en la Argentina la entrevista que brindó el año pasado al mismo semanario español.

"Con motivo de los documentos escritos por mí y otros hechos públicos, en oportunidad del juicio a las Juntas Militares, decidí llamarme a silencio porque creía que en ese tiempo era la actitud más correcta y conveniente. Transcurrido el tiempo y ante el estado de anomia política que padece la sociedad argentina, provocada por el propio Gobierno, pensé que por las mismas razones de correcta y conveniente, resultaba oportuna la ruptura de mi silencio en las actuales circunstancias. Ese cambio de actitud, como era de esperar, abrió una polémica", apuntó, al tiempo que dijo que se considera "un preso político".

En 2012, Videla fue condenado a 50 años de prisión por idear y ejecutar un plan sistemático y generalizado para robar y ocultar bebes nacidos en cautiverio durante la última dictadura militar. El ex dictador tiene, además, dos condenas a reclusión perpetua por crímenes de lesa humanidad.

Además, se refirió al papel que tuvieron Néstor y Cristina Kirchner durante la dictadura: "La pareja Kirchner no pasaba de participar en los movimientos de agitación estudiantil de aquella época y ninguno de los dos concretó hechos de violencia. Yo los llamé "simples panfleteros", lo que a mi juicio, generó en ellos un complejo del que buscaron desprenderse cuando fueron gobierno, alentando la guerra por medios no violentos, tal como propone Gramsci", señaló.

El ex dictador dijo que "el error más grave" de las fuerzas armadas fue no haber hecho "una apertura política ordenada" a fines de 1978. "A mi juicio, el error más grave fue el no darle otra razón de ser que justificara su existencia, luego de haber logrado -a mediados de 1978- su objetivo primario, cual era poner orden frente a la anarquía con que amenazaba el vacío de poder generado por el Gobierno de la presidenta María Estela Martínez Perón, después del fallecimiento de su marido. En mi opinión era ese el momento para una apertura política ordenada", explicó.

Por último, Videla advirtió que "la Argentina soporta hoy una nueva guerra sin hacer uso de la violencia física, tomando a las instituciones como rehenes y desacreditando los principios y valores que les dieron origen y razón de ser". "Con ello podemos decir que la República ha desaparecido. El preso político debe aceptar su prisión como un acto de servicio, llevando la lucha al campo de la política con actitudes testimoniales", concluyó

La Nacion



Una campaña argentina contra el Papa

Domingo 17 de marzo de 2013 | Publicado en edición impresa

Una campaña argentina contra el Papa

Por Joaquín Morales Solá | LA NACION


al vez ningún argentino actual volverá a vivir un instante como el de ahora. Un compatriota se ha convertido en el líder espiritual de 1200 millones de almas en el mundo y será por mucho tiempo una de las figuras más destacadas del universo. Es un momento único, necesariamente irrepetible. El papa Francisco no será, además, un pontífice más en la historia de la Iglesia. Honesto sin fisuras y sobrio sin concesiones, ha llegado a Roma para abrir las ventanas del Vaticano y emprender una lucha intransigente contra la corrupción y el pecado dentro de la propia Iglesia. Uno de los capitales más importantes de la Iglesia es su autoridad moral. ¿Qué somos, a qué nos reducimos, cuando la perdemos? , lo escuché decir no hace mucho tiempo.

Según encuestas hechas sobre la marcha, un 98 por ciento de los argentinos está contento con el advenimiento del papa argentino. El papa Bergoglio será en adelante una referencia permanente para una inmensa mayoría de los ciudadanos de su país. El Pontífice ayudó inesperadamente a los argentinos a recuperar la autoestima nacional, perdida por un país que dio durante décadas malas noticias al mundo. Salvo en el momento inicial de la democracia, en 1983, antes y después sólo se habló de una nación cruel, donde la muerte era más importante que la vida. De un país de violaciones, de hiperinflaciones, de default, de confiscaciones, de pobreza y de un devastador sufrimiento social.

Francisco dio vuelta esa historia no sólo con su elección, que no fue su responsabilidad, sino con su capacidad para cautivar al mundo en el acto, con pocas palabras y algunos gestos. Es un papa distinto, mucho más moderno y cercano que lo que podrían indicar sus 76 años.

Una sombra imperceptible que salió de aquí lo manchó injustamente en el mundo. La Argentina habita el pasado, sea éste real o imaginario. Es imaginario en el caso de las acusaciones sobre el Papa y sus supuestas vinculaciones con la dictadura. La dictadura argentina tiene, con razón, mala fama mundial. El papa Bergoglio es una persona desconocida por la prensa y el gran público del exterior. Injustificadas informaciones originadas en la Argentina encontraron eco, quizás ingenuo, en gran parte del periodismo internacional.

Es notable que quienes se proponen debilitarlo pertenezcan a la izquierda local muy cercana al kirchnerismo. Están dándoles argumentos a los sectores más reaccionarios de la Iglesia, que han sido los eternos adversarios de Bergoglio, y a los que están implicados en graves denuncias de corrupción dentro de la curia romana, que son ahora sus peores enemigos. Se trata de argumentos falsos contra el Papa. Ningún testimonio serio de los años 70 señaló nunca a Bergoglio como cómplice de los militares. Tenía entonces sólo 35 años y ningún otro rango que el de simple cura.

Es cierto que en esos años de sangre y de lágrimas fue jefe de los jesuitas argentinos. Su gestión salvó de la inestabilidad económica a las dos universidades gestionadas por la Compañía de Jesús: la Universidad Católica de Córdoba y la de El Salvador. Pero también promovió un giro de la orden hacia sus postulados religiosos. Los jesuitas son reconocidos como los intelectuales de la Iglesia y por su compromiso con los pobres. Sin embargo, muchos de sus curas se habían politizado en aquellos tiempos politizados y algunos simpatizaron con la opción armada. Una cosa era el compromiso con los desposeídos y otra cosa era la lucha de las armas. Ésa fue la política instaurada por Bergoglio dentro de la orden religiosa. Sólo hizo cambios entre los curas, sin delatar a nadie. La Justicia confirmó su inocencia.

Nunca le perdonaron aquel giro, a pesar de que aconsejó a muchos sacerdotes que abandonaran el país antes de que fuera tarde. ¿No pudo salvar a algunos sacerdotes del secuestro? Graciela Fernández Meijide dio la respuesta más atinada a esa pregunta: Yo tampoco pude salvar a mi hijo cuando se lo llevaron de mi casa . Fernández Meijide trabajó en la Asamblea por los Derechos Humanos desde el día siguiente del secuestro y la desaparición de su hijo, en 1976, y fue secretaria ejecutiva de la Conadep, donde se recibieron los primeros y más conmovedores testimonios de los crímenes de la dictadura. Jamás nadie me habló de Bergoglio , asegura. Su testimonio tiene un enorme valor.

Fernández Meijide, la abogada Alicia Oliveira, duramente perseguida por los militares, y el premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, que apartaron a Bergoglio de la sospecha, hablan desde el conocimiento propio, como valientes opositores de los militares en el momento de mayor poder de los militares. La narración de esa falsa historia debería concluir; se eligió un papa, no se inició un combate.

Sería más justo recordar al cardenal Bergoglio que luego promovió, ya como líder de la Iglesia argentina, otro giro. Alejó a la Iglesia de anteriores conducciones muy conservadoras, que habían sido cercanas a los militares, y propició que la institución pidiera públicamente perdón por el silencio durante los años oscuros. La Iglesia pidió perdón. El entonces cardenal fue conduciendo a los obispos locales hacia posiciones centristas, que es el lugar donde le gusta estar. Fiel a la doctrina, cerca de los pobres, lejos de la ostentación y atento a los cambios del mundo y de la sociedad.

Un sector del peronismo no lo quiere y otro sector lo exhibe como propio. Francisco no es un papa peronista, como aseguran algunos con notable frivolidad. No se llevó bien con el menemismo ni con el kirchnerismo, que tuvieron los grandes liderazgos del peronismo en los últimos 20 años. ¿Qué clase de peronista sería, entonces? Como hombre de política y de poder habló, eso sí, con muchos peronistas. Pero ¿con quién debía hablar de las cosas del poder en una Argentina eternamente peronista? Bergoglio es hombre espiritual en las cuestiones de la fe, pero también es un pragmático cuando resuelve cosas terrenales.

El Papa es un hombre honrado y humilde que habla de paz. El kirchnerismo lo consideró, por eso, extraño y lejano. Fue el principal inspirador del Diálogo Argentino, un esfuerzo de la Iglesia para frenar la crisis política, económica y social que estalló en la Navidad de 2001. El posterior kirchnerismo detestó aquel intento dialoguista. El Gobierno inscribe a Bergoglio como un enemigo. Muchas de las voces que se han levantado ahora para acusarlo responden directamente a la Casa de Gobierno. Ésta dejó hacer, por lo menos. El Papa hizo un gesto: recibirá mañana a Cristina en una audiencia especial. ¿Cambiarán las cosas?

Están las broncas del pasado, que el kirchnerismo nunca olvida, y está el temor al futuro. La Argentina no será la misma con el papa Francisco, lo quiera éste o no. Hay cosas inevitables, más allá de la voluntad del vicario de Cristo. Su segura visita al país en algún momento de este año movilizará multitudes como no se han visto nunca. Multitudes que el kirchnerismo no controlará.

La Iglesia argentina será también distinta mientras haya en Roma un papa argentino. Es fácilmente predecible que muchos argentinos se reencontrarán con el misterio de la fe y que los líderes religiosos locales tendrán un poder más grande que el que tuvieron hasta ahora. La palabra de la Iglesia recobrará un peso distinto y mayor. El kirchnerismo se siente desde ahora disputando un poder y un espacio que se le escapan sin remedio. Las cosas inesperadas tienen consecuencias inevitables hasta para el propio Papa.

¿Afectan la difamación y la calumnia al franco y poderoso Francisco? Seguramente sí, porque hasta el vocero del Vaticano tuvo que aclarar esas versiones. Pero sabe que su destino tampoco tiene remedio. Subir a la cruz es una elección definitiva, pero es un camino de dolor, constante, sin pausas , me dijo cuando ya se iba para siempre de su fracturado y desigual país.


Martínez de Hoz: un ortodoxo que marcó a fuego a la Argentina

Domingo 17 de marzo de 2013 | Publicado en edición impresa

Un símbolo de la dictadura / Su vida y su gestión

Martínez de Hoz: un ortodoxo que marcó a fuego a la Argentina

De origen empresario, impuso en los años 70 un plan de reformas liberales que despertó fortísimas polémicas


osé Alfredo Martínez de Hoz se movió siempre reservadamente. Pese a ser el impulsor de las más drásticas reformas económicas de la historia reciente del país, apenas si de veras se lo conoció en algunos círculos de empresarios y en parcelas de la clase social que integraba. Para el gran público, fue la cara económica de una época funesta que la mayoría de los argentinos preferiría olvidar, y poco más que eso.

Había elegido permanecer en segunda línea, reticente de sí y de exhibir sus ideas, por mucho que en ocasiones los acontecimientos lo forzaran a situarse en el centro de la escena, tal como ocurrió el 2 de abril de 1976 cuando anunció la política económica que seguiría el Proceso: la gente se enteró de que habría restricciones, de que se procuraría a toda costa el equilibrio fiscal y la racionalización de diversos procedimientos y actividades, y también de que el ministro tenía orejas desproporcionadamente grandes; mucho más no supo.

Descendiente de una familia tradicional y muy acaudalada, era abogado y también experimentó en sus inicios el acucio de la veleidad política: en vísperas de la Revolución Libertadora, en 1955, bregaba en pos de una fantasmagoría como era reconstituir los cuadros de la juventud conservadora en la Capital Federal. Poco después del golpe fue llamado a desempeñarse como ministro de Economía de la Intervención en Salta, primer cargo público que ocupó.

"Joe", como le decían sus allegados, amaba la caza mayor, por lo que hacía frecuentes viajes a África. También era adepto al turf, por lo que sufrió como pocas otras cosas, en sus últimos años, la decisión del Jockey Club de tenerlo por "persona no grata" en el hipódromo y de prohibirle entrar.

En origen vinculado por su familia a la explotación agropecuaria, estuvo en un comienzo al frente de la estancia Malal Hue. Más tarde fue director de Buenos Aires-Compañía de Seguros y de la Compañía Ítalo Argentina de Electricidad; presidió la petrolera Petrosur y la financiera Rosafin, y, en los años inmediatamente anteriores al golpe de Estado de 1976, ocupó la presidencia de Acindar, etapa en la que también fue miembro del Consejo Empresario Argentino.

A los 37 años -había nacido en esta ciudad el 13 de agosto de 1925-, el presidente Guido lo designó secretario de Estado de Agricultura y Ganadería, y entre mayo y octubre de 1963 se desempeñó como ministro de Economía. Los años 70 lo hallaron ya establecido como un empresario de peso, con contactos estrechos en medios afines de los Estados Unidos, particularmente con David Rockefeller. En 1975, Jorge Rafael Videla se había convertido en comandante del Ejército y una delegación del Consejo Empresario acudió a entrevistarlo. Uno de sus miembros era Martínez de Hoz y en la reunión se le pidió al jefe militar que contribuyera a revertir "circunstancias que impedían la libertad de trabajo y las tareas productivas". Hubo otras reuniones entre representantes de ese grupo con oficiales superiores y en ellas, según la imputación corriente, se habría acordado montar un sistema de espionaje y vigilancia destinado a precisar el papel que en cada planta cumplían los activistas y delegados sindicales.

 Con Menem, que lo indultó en los 90. Foto: Archivo 

En particular, cabe creer que el tema preocupaba a Martínez de Hoz. En la acería de Villa Constitución se desató, en mayo de ese año, una huelga que duró 59 días. El gobierno decretó su ilegalidad y el ministro del Interior, Alberto Rocamora, despachó fuerzas policiales al lugar; hubo enfrentamientos cruentos y el conjunto de esa ciudad santafecina vivió días de profunda alteración. También en este caso circularon imputaciones -no probadas- relativas a que Acindar pagaba al personal represor un plus extra y que dentro del establecimiento funcionaba una unidad clandestina de detención. La situación forzó el alejamiento de la empresa de Martínez de Hoz.

Semanas antes de la caída de Isabel Perón, el nombre de Martínez de Hoz era tenido como seguro ministro de Economía del nuevo gobierno, cuando aún ni siquiera se sabía quién iba a encabezar el golpe.

A poco de ser ministro y en una de sus escasas presentaciones públicas recordables, expuso su plan netamente ortodoxo y antikeynesiano: primero poner en orden las cuentas y sólo después de cumplir ese requisito, encarar gastos.

En realidad, Martínez de Hoz nunca enunció con claridad qué se proponía hacer. Se ha supuesto que su intento de reinsertar la economía del país en el capitalismo internacional preveía potenciar al sector primario en función de las "ventajas comparativas" que al respecto lo recomendarían ante el mercado mundial, y privar, en cambio, de estímulos a la industria. También entonces se insistía en la necesidad de reducir los gastos públicos, lo que insinuaba la conveniencia de privatizar empresas del Estado y de enajenar algunos de sus bienes.

Si era eso lo que se proponía hacer Martínez de Hoz, la verdad es que no tuvo éxito. El freno que impuso la dictadura a los reclamos salariales abrió una etapa de ireactivación económica luego reflejada en perceptibles tendencias inflacionarias y en un vuelco generalizado de los sectores pudientes a lo especulativo. Hasta entonces, la cuestión bursátil y el tráfico de monedas habían sido un asunto de iniciados y de grandes capitalistas, pero hacia esa época se popularizó y la cotización de lo que fuese se convirtió en comidilla de las amas de casa. Fueron los tiempos del viaje a Miami, del "deme dos" y de las "mesas de dinero". Al cabo de un tiempo, ese movimiento social diluyó las propuestas de Martínez de Hoz y concluyó mandándolas al desván, junto con el régimen dictatorial que las amparaba.

Si alguna intención privatista había tenido el ministro, el duro nacionalismo predominante entre los jefes militares la inhibía por completo. Sí hubo, en cambio, una nacionalización de mucho bulto, pues habría entrañado el pago de un sobreprecio fraudulento para adquirir instalaciones obsoletas: las de la Compañía Ítalo Argentina de Electricidad, de la que justamente había sido director él, cuestión vidriosa de la que nunca pudo librarse del todo.

Por supuesto, dada la fuerte condena internacional contra el gobierno argentino, por las violaciones de los derechos humanos, y ante la virtual ruptura impulsada por la administración Carter, ninguna esperanza había de que se radicaran inversiones extranjeras. Tales actitudes redundaban, además, en un semiahogo comercial, por lo que la disponibilidad de divisas era crónicamente escasa.

Detrás estaba la espada de Damocles del servicio de los fondos obtenidos en el exterior y de la inflación. Para combatir a ésta, a comienzos de 1977 se dispuso congelar los precios durante 120 días; como era lógico, al cabo de esa tregua las alzas postergadas se produjeron todavía en mayor proporción. Se dio, entonces, un bandazo en la orientación y fueron eliminados los controles de precios, incluidos los de las monedas extranjeras. Con el proclamado objetivo de atraer inversiones, el 1° de junio Martínez de Hoz anunció medidas que equivalieron a la completa liberalización del mercado financiero, en el que las tasas de interés quedaban a merced de la oferta y la demanda, si bien el Banco Central asumía la garantía de los depósitos. A continuación se buscó un incremento de esas tasas, con obvios resultados recesivos dado el contexto especulativo imperante.

 En el anuncio de uno de sus planes, en los 70. Foto: Archivo 

El siguiente paso de esa andanza esotérica por los meandros de la indexación lo constituyó la famosa "tablita": en el convencimiento de que una porción importante del aumento de precios se debía a "factores psicológicos", se apeló a informar anticipadamente el porcentaje de devaluación que cada mes se dispondría para el peso en su relación con el dólar; sin embargo, los precios siguieron aumentando por arriba de ese porcentaje. Ya arrinconado, el ministro dispuso facilitar el ingreso de productos importados como forma de abaratar precios, otra iniciativa de funestos resultados. Todavía -y ya en su ocaso- Martínez de Hoz entró en conflicto con el sector bancario, al que le descubrió irregularidades en virtud de lo cual se dispusieron las clausuras del Banco de Intercambio Regional, del Banco de los Andes, del Banco Oddone y del Banco Internacional, lo que provocó pánico entre los operadores y la necesidad de utilizar divisas para compensar los fondos garantidos. Martínez de Hoz dejaría el gobierno en 1981.

Encarcelado tras el retorno de la democracia por causas diversas, una cuestión en particular le produjo dificultades judiciales y fue la acusación de haber intervenido en el secuestro de los empresarios Federico y Miguel Ernesto Gutheim -padre e hijo, respectivamente-, víctimas de coerción para obligarlos a comprar productos chinos. En los años 90, Carlos Menem lo indultó. En los años siguientes continuó su actividad de empresario en el grupo financiero Rohm, Química Estrella y el Banco General de Negocios. Al final de su vida el caso Gutheim volvería a complicarlo y terminó sus días bajo arresto domiciliario.


La Nación

Martinez de Hoz: Atraso cambiario y fuerte apertura de la economía

Domingo 17 de marzo de 2013 | Publicado en edición impresa

Atraso cambiario y fuerte apertura de la economía

Por Jorge Oviedo | LA NACION




osé Alfredo Martínez de Hoz es, en la memoria colectiva, símbolo de la "plata dulce", el atraso cambiario, el crecimiento brutal de la deuda externa pública y privada, y la apertura indiscriminada de la economía. Es cierto, pero parcial. No hay duda de que los planes del autodenominado Proceso de Reorganización Nacional fracasaron en materia económica como en otros terrenos, y dejaron una herencia de alta inflación, alto endeudamiento y sin poder sacar al país del estancamiento, a pesar de algunos períodos breves de recuperación y descenso del ritmo de incremento del costo de vida.

El recuerdo popular remite a la segunda parte de la segunda vez que Martínez de Hoz fue ministro de Economía de un gobierno de facto. Su primer plan en la última dictadura incluyó una devaluación para fijar un tipo de cambio alto y competitivo; la unificación del mercado cambiario; la actualización de salarios, aunque por debajo de la inflación y, luego, su congelamiento; acuerdos con los empresarios para controlar los precios y disminución del déficit fiscal que, según el historiador Roberto Cortés Conde, llegaba a representar la mitad de los gastos del Estado.

Pero con las crisis bancarias posteriores, el ministro que defendía la disminución del papel del Estado en la economía llegó a la intervención de grupos empresarios enteros. La del Grupo Greco fue una de las más resonantes y el Estado terminó administrando no sólo un banco intervenido, sino bodegas, fábricas, fincas, un diario y hasta el hotel de montaña que es símbolo del agua mineral Villavicencio.

En La economía política de la Argentina en el siglo XX , Roberto Cortés Conde explica que en marzo de 1976: "En medio de la violencia y de los atentados terroristas desatados por grupos armados de extrema izquierda y derecha, y la cruenta e ilegal represión con que se respondió -que ya venía del gobierno anterior- el nuevo régimen militar exigió a la conducción económica que no se afectaran los niveles de empleo porque temía que con desempleo se abriría un peligroso camino de agitación que podría volver a los trabajadores del lado de quienes se habían embarcado en la violencia política".

La devaluación inicial favoreció al sector agropecuario, que creció fuertemente durante dos años y mejoró la balanza comercial; la actualización de las tarifas de los servicios públicos, entonces en manos del Estado, disminuyó el enorme déficit fiscal.

Sobre el final de 1976, la inflación comenzó a repuntar y se hizo una tregua de precios por 120 días. En Progreso y d eclinación de la economía argentina, Cortés Conde detalla: "En el primer trimestre de 1977 la tendencia [inflacionaria] continuó. Los militares y el ministro se preguntaron qué pasaba, ya que los sindicatos no presionaban, los salarios estaban congelados y el tipo de cambio estable".

Entonces se optó por comenzar con la apertura de la economía. "Hasta entonces -dice el historiador- se habían eliminados impuestos a la exportación, pero seguían existiendo restricciones a la importación y aranceles elevados." Y terminan los controles de precios y los acuerdos de salarios.

En esa liberación aparece la ley de entidades financieras de 1977 paralela a la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central. Las tasas de interés pasaron a ser libremente pactadas y, por primera vez en mucho tiempo, fueron mayores que la inflación y la devaluación en forma estable. El gobierno continuó financiándose con emisión, pero también con la Cuenta de Regulación Monetaria, un esquema que incentivaba los depósitos a plazo fijo y que permitía al Banco Central financiar el rojo fiscal de manera inflacionaria.

Apareció la "bicicleta financiera". Tasas libres y garantía ilimitada de los depósitos. La "tablita" surgió en diciembre de 1978, en un intento de hacer una devaluación programada y anunciada que desalentara expectativas que, se creía, alimentaban la inflación y desalentaban la inversión. Cortés Conde y otros especialistas muestran que el ritmo de inflación demoró mucho en alinearse con el de la devaluación. La inflación en dólares creó un fenomenal atraso cambiario, según coincide la mayoría de los especialistas, por lo menos desde 1979, lo que derivó en déficit de la balanza comercial.

Devaluaciones

Cortés Conde recuerda que las tasas mayores que la inflación significaron la eliminación de un subsidio a través de los préstamos que hasta entonces habían tenido los privados y el Estado. La devaluación programada, señala el historiador, y las tasas locales mayores que las internacionales permitieron a privados endeudarse en el exterior para hacer aquí colocaciones financieras especulativas.

El esquema comenzó a derrumbarse en febrero de 1981 y Martínez de Hoz se despidió como el único ministro de Economía del presidente de facto Jorge Rafael Videla y tal como había llegado: con una devaluación. El mercado laboral y la producción fabril local estaba en serias dificultades y las cosas no harían más que empeorar rápidamente tras su salida del ministerio.

Debido a la sensibilidad del tema, la nota está cerrada a comentarios

Cómo contó el Papa su actuación en la dictadura

Domingo 17 de marzo de 2013 | Publicado en edición impresa

Bergoglio, papa / Los derechos Humanos

Cómo contó el Papa su actuación en la dictadura

En sus declaraciones judiciales, habló de sus reuniones con Videla y Massera para liberar curas, y del papel de la Iglesia

Por Hernán Cappiello  | LA NACION


lcanzan cuatro horas de video y seis carillas para reunir lo que le dijo bajo juramento de decir la verdad el papa Francisco a la Justicia sobre la dictadura. Las dos veces que testificó en el lapso de un año afirmó que se reunió dos veces con Jorge Rafael Videla y Eduardo Massera para pedir por desaparecidos; que en Roma las autoridades eclesiásticas sabían de los secuestros de curas en la dictadura porque ellos lo informaban; que la recomendación del superior de los jesuitas era que ayudaran a quienes pedían ayuda para encontrar a sus familiares secuestrados, y que el escritor Juan Gelman le pidió que averiguara sobre su nieta nacida en cautiverio. Dijo que lo intentó, sin suerte.

Jorge Bergoglio declaró como testigo dos veces ante la Justicia: en la causa por los tormentos y las muertes que padecieron los secuestrados que pasaron por la ESMA, y en la causa por el robo de bebes durante la dictadura contra Videla, entre otros. La primera vez declaró oralmente en el Arzobispado de Buenos Aires y fue interrogado por todos los querellantes, que profundizaron las preguntas sobre su papel en el secuestro de los sacerdotes Orlando Yorio y Francisco Jalics.

La segunda vez declaró por escrito, merced a un cuestionario que le envió el Tribunal Oral Federal N° 6.

LA NACION accedió a las respuestas del hoy Papa ante ambos interrogatorios, en las que describe parte de su actuación durante la dictadura.

En la causa ESMA, Bergoglio contó a los jueces del Tribunal Oral Federal N° 5 Daniel Obligado, Ricardo Farías y Germán Castelli, que una vez que Yorio y Jalics fueron liberados tras seis meses de cautiverio en 1976, "lo primero que procuró fue asegurar su integridad física, para lo que solicitó que no dijeran dónde habían estado y los sacó del país". Recordó que informó "a las autoridades, al obispo local y a Roma".

"En aquella época todo sacerdote que trabajaba con los pobres era blanco de acusaciones. Estaba instalado desde antes del golpe militar que los curas que trabajaban con los pobres eran considerados zurdos", testificó.

Relató que muchos curas estaban preocupados tras el asesinato del padre Carlos Mujica en 1974, y tomaban recaudos, como no ingresar a los barrios solos y de noche estar acompañados.

Jalics y Yorio querían armar una comunidad y Bergoglio se opuso. Dijo que lo hizo por una política de reordenamiento de la provincia.

Bergoglio dijo que nunca supo de un acuerdo entre la Iglesia y los militares para que en caso de que algún cura fuera secuestrado, se informara previamente al obispo.

Contó que supo del secuestro de Yorio y Jalics al día siguiente por un vecino. Que en esos días les habían revocado la licencia para oficiar misa, pero que él los autorizó a seguir haciéndolo.

Relató que se reunió dos veces con Massera y Videla para pedir por ellos.

La segunda vez que lo vio a Massera fue un encuentro tenso, según dijo. "No duró ni diez minutos y me dijo que ya le había informado a monseñor [Adolfo] Tórtolo", ex vicario castrense, muerto en 1986, acusado de justificar las torturas.

Con Videla, la primera vez le dijo que iba a averiguar, que creía que los tenía la Marina, y la segunda vez, se hizo pasar por el cura que dio misa en la quinta presidencial de Olivos para preguntarle. Allí la impresión que tuvo de Videla es que "se iba a preocupar más e iba a tomar las cosas más en serio".

Una vez que Yorio fue liberado, habló por teléfono con Bergoglio y acordaron que debía salir del país. Así fue con el secretario de la nunciatura, con una cobertura diplomática, al Departamento de Policía para conseguir pasaporte.

Cuando declaró sobre robo de bebes, al cardenal Bergoglio le preguntaron en particular por la desaparición de Elena de la Cuadra, que estaba embarazada en ese momento.

Bergoglio allí dijo que el padre Pedro Arrupe, superior de la Compañía de Jesús, recomendaba a toda su congregación que "en aquellas naciones donde hubiera dictaduras militares, que escucharan a todas las personas que se acercaran solicitando información y ayuda sobre la búsqueda de sus seres queridos".

Fue el padre Arrupe, de hecho, el que le pidió que ayudara a "ubicar sacerdotes desaparecidos, la atención de sus familiares y que hiciera las gestiones a mi alcance para conocer su paradero".

Recordó en su relato que estuvo con el padre de Elena de la Cuadra, a pedido de Arrupe, pero dijo que no recordaba que le hubieran dicho que la chica estaba embarazada. Dijo que después supo por los medios que ella había dado a luz estando cautiva.

Señaló en esa testimonial que la Iglesia, a través de la Conferencia Episcopal Argentina, hizo denuncias ante la junta militar sobre los desaparecidos. Y recordó que el escritor Juan Gelman lo fue a ver para que averiguara sobre el paradero de su nieta, que había nacido en cautiverio, hija de una nuera suya que había sido secuestrada.

El hijo de Gelman fue asesinado de un tiro; su mujer fue llevada a Uruguay en el marco del Plan Cóndor, donde dio a luz en el Hospital de Montevideo. Bergoglio le dijo a la Justicia que le pidió información sobre el secuestro al entonces vicario castrense Norberto Martina, de espíritu democrático en la fuerza. Luego de hacer averiguaciones, el obispo le transmitió que no había tenido éxito y Bergoglio se lo comunicó a Gelman.

Strassera: las denuncias son una "canallada"

Los cuestionamientos que recibió desde sectores del kirchnerismo Jorge Bergoglio tras ser elegido papa fueron repudiados ayer por el ex fiscal Julio Strassera, que tildó de "canallada" esas denuncias. Strassera, reconocido por la acusación en el histórico juicio a las juntas militares, atribuyó los ataques a la "megalomanía" de la Presidenta y de sus seguidores.



La primera audiencia política será con Cristina

Domingo 17 de marzo de 2013 | Publicado en edición impresa

La primera audiencia política será con Cristina

Por Mariano De Vedia | LA NACION


ROMA.- Lo que se dio en muy contadas ocasiones en Buenos Aires, siempre en medio de cortocircuitos y desaires del Gobierno, se acordó rápidamente en esta ciudad. El papa Francisco recibirá mañana al mediodía a la presidenta Cristina Kirchner , un día antes de la misa de apertura de su pontificado.

En una jornada en la que volvió a cautivar a todos con su deseo de encabezar una "Iglesia pobre y para los pobres", Jorge Bergoglio accedió a una audiencia pedida casi con urgencia por la Presidenta , con quien mantuvo una larga historia de desencuentros a lo largo de varios años, a raíz de sus reiteradas denuncias sobre el crecimiento de la pobreza y la corrupción en la Argentina.

El encuentro fue informado escueta y oficialmente por la Santa Sede y, según dijeron fuentes del Gobierno a LA NACION, ambos compartirán un almuerzo. El Vaticano, en cambio, sólo habló de una audiencia. Sectores de la Iglesia interpretaron que la veloz respuesta del Papa refleja el estilo propio de Bergoglio , que en su acción pastoral siempre resolvió con rapidez los pedidos de reunión.

El encuentro había sido pedido por el Gobierno, a través de gestiones que la Cancillería inició hace menos de cuatro días ante la Secretaría de Estado del Vaticano, cuando la Presidenta modificó la posición distante que inicialmente había mostrado ante la elección del primer papa latinoamericano de la historia.

 Di Tella, Timerman y Juan Pablo Cafiero, ayer, en Roma; esperan la llegada de la Presidenta. Foto: EFE 

Para ultimar las gestiones que en estricta reserva había comenzado el embajador ante la Santa Sede, Juan Pablo Cafiero, ayer llegó a la capital italiana el canciller Héctor Timerman.

Ambos mantuvieron por la mañana reuniones con funcionarios del Vaticano, mientras el papa Francisco encabezaba su primera audiencia con la prensa acreditada. "Se tramitó ante la Secretaría de Estado del Vaticano. No hubo gestiones con el Episcopado ni con el Arzobispado de Buenos Aires", informaron fuentes eclesiásticas.

La audiencia se desarrollará en la Casa de Santa Marta, donde el papa Francisco reside temporariamente, antes de mudarse al Palacio Apostólico, y será la primera reunión que el pontífice argentino tendrá con un jefe de Estado.

Se estima que unos 150 presidentes y jefes de gobierno llegarán a Roma para la misa del martes, con la que el Santo Padre dará inicio a su pontificado. Mientras tanto, Francisco ya comenzó a recibir invitaciones para visitar países de América latina, como la que anunció el presidente de México, Enrique Peña Nieto.

En medios allegados a la Presidenta estimaban que los temas que abordarán con el Papa incluirán principalmente cuestiones vinculadas con la agenda internacional y no girarían principalmente sobre la acción del gobierno argentino.

La desigualdad económica en el mundo, la búsqueda de la paz, la atención de la pobreza y el problema de la deuda son algunas de las cuestiones globales que sobrevolarán en el encuentro.

Se estima que Cristina Kirchner intentará sumar al temario el problema de Malvinas. El propio Gobierno intentaría evitar el tratamiento de temas sensibles a la realidad argentina, como el respeto a la independencia de los poderes y a quienes piensan distinto, la promoción del diálogo y la convivencia social, entre otras cuestiones.

En su mensaje de ayer a los representantes de los medios de comunicación (de lo que se informa por separado), Francisco advirtió que "la Iglesia no tiene una naturaleza política, sino espiritual; sólo en esta perspectiva se puede saber lo que hace la Iglesia Católica". Desalentó, así, las interpretaciones que llevaron reiteradamente a dirigentes kirchneristas a considerar al propio Bergoglio entre los miembros de la oposición por sus punzantes homilías y documentos.

Los enfrentamientos entre el Gobierno y el papa Francisco se remontan a los tiempos de Néstor Kirchner.

En el tedeum del 25 de mayo de 2003, el día de la asunción presidencial de Kirchner, Bergoglio llamó a "ponerse la patria al hombro, porque los tiempos se acortan". Al año siguiente, ante el propio mandatario sentado en primera fila en la Catedral, dijo que "el pueblo no se deja ilusionar con soluciones mágicas nacidas en oscuras componendas y presiones del poder". A partir de ahí, Kirchner evitó los tedeum oficiados por el cardenal primado y llevó las celebraciones de la fecha patria a catedrales del interior, estrategia que continuó su esposa y sucesora.

La confrontación del Gobierno con el campo, en 2008, volvió a enfrentarlos cuando el arzobispo advirtió sobre la crispación social. La sanción de la ley del matrimonio gay profundizó el conflicto, que alcanzó su expresión más contundente en septiembre de 2010, cuando Néstor Kirchner fue internado y operado en el Sanatorio de los Arcos, y la Presidenta echó a un sacerdote enviado por Bergoglio para ofrecer asistencia espiritual.

La Presidenta arribará a Roma hoy, a las 15, pero el Gobierno no detalló las actividades que realizará. El vuelo hará una escala en Marruecos para dejar allí el Tango 01: por temor a un embargo, allí seguirá viaje en un avión alquilado.

La comitiva oficial (que viaja por separado) incluye al presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti; al titular de la Cámara de Diputados, Julián Domínguez; al diputado radical Ricardo Alfonsín; al presidente de la Unión Industrial, José Ignacio de Mendiguren, y a los dirigentes gremiales Antonio Caló, Omar Viviani y Omar Suárez, de la CGT alineada con el oficialismo.

También viajarán en las próximas horas el presidente del Episcopado, monseñor José María Arancedo; el secretario general, monseñor Enrique Eguía Seguí, y el padre Carlos Accaputo, titular del área Pastoral Social porteña.

Mañana, minutos antes de que la Presidenta sea recibida por el papa argentino, arribará a Roma el jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, señalado aquí como "el alcalde de la ciudad del Papa".

Una relación que nació tensa

Los chispazos comenzaron con Néstor Kirchner

  • 2005
    Sin tedeum

    Kirchner faltó al tradicional tedeum del 25 de Mayo en la Catedral de Buenos Aires. Fue una señal de malestar ante la dura homilía de Bergoglio del año anterior. Ni él ni su esposa volverían a ir: cada año eligieron una provincia distinta para esa celebración
  • 2008
    El conflicto con el campo

    Bergoglio se reunió con la cúpula del agro y, tras su voto "no negativo", también con Julio Cobos, lo que molestó a la Casa Rosada
  • 2010
    Matrimonio igualitario

    Cuando el Gobierno impulsó el proyecto de ley, Bergoglio lo consideró una "movida del diablo" en su "guerra contra Dios". La Presidenta salió a cruzarlo
  • 2012
    Conflicto en baja

    Al concluir el mandato de Bergoglio como presidente de la Conferencia Episcopal Argentina a fines de 2011, comenzó una etapa de relativa distensión que continúa, con altibajos, hasta hoy