encuesta muestra que más de un 50% de los porteños disculpa las transgresiones a las leyes cuando significa lograr algún beneficio

Lunes 24 de junio de 2013 | Publicado en edición impresa

Editorial I

Corrupción e hipocresía ciudadanas en la Argentina

Una reciente encuesta muestra que más de un 50% de los porteños disculpa las transgresiones a las leyes cuando significa lograr algún beneficio


Día tras día se conocen en nuestro país distintas denuncias sobre corrupción que tienen como protagonistas a personajes de la política, principalmente, pero que se extienden a otros ámbitos, como el policial, el sindical o el empresario.

Sin embargo, lamentablemente existe una sentencia popular, generalizada en el seno de la sociedad argentina, según la cual éste no es un tema por el que haya que preocuparse demasiado. El "roban pero hacen" no es una ocurrencia más o menos graciosa o pasajera, sino, por el contrario, una idea fuertemente arraigada, que incluso ha servido para tolerar o disculpar constantes violaciones a las leyes.

Por eso mismo, las únicas estadísticas confiables para medir el grado creciente de corrupción en los últimos años nos llegaban desde el exterior, gracias a organizaciones internacionales que, como Transparencia Internacional, registraban el hecho de que, por ejemplo, en una escala de cero a cien (siendo los países más cercanos al cero los percibidos como con mayor corrupción en el sector público), la Argentina sólo había obtenido el año pasado 35 puntos, una performance todavía peor que la medida en 2011.

Ahora, una reciente encuesta hecha el mes pasado en la ciudad de Buenos Aires por el Centro de Opinión Pública de la Universidad de Belgrano nos devuelve una mirada hacia el interior de nuestra sociedad y, tristemente, la realidad no parece ser demasiado distinta: uno de los datos más relevantes es el que indica que el 55 por ciento de los porteños tolera la corrupción si se mejora la economía.

El estudio fue realizado entre 620 ciudadanos mayores de 18 años (50% de mujeres y 50% de varones), y buscó precisar cómo perciben las personas los niveles de corrupción en nuestra sociedad, qué ámbitos consideran más afectados por ella, cuál es el comportamiento que los propios encuestados afirman que tendrían si tuvieran la oportunidad de cometer un acto de corrupción y enriquecerse, o cuánto les importa que los políticos sean corruptos y qué influencia tiene ello en su decisión de voto, entre otras preguntas.

De los datos surge la profunda contradicción en la que vivimos los argentinos, desde el momento en que creemos que se debe actuar de determinada manera, pero elegimos el camino totalmente opuesto. Por eso, el 56 por ciento de los consultados estima que el nivel de corrupción es alto en la Argentina, pero, como ya señalamos, el 55% considera "aceptable" que un político sea corrupto si "mejora la economía o soluciona problemas del país", y el 46% cree que en nuestro país "la gente está obligada a adaptarse a la corrupción para sobrevivir". Y aunque el 26% cree que la mayor parte de esa corrupción se da en el ámbito político, seguido por el policial (16%) y el sindical (13%), la mayoría (43%), sin embargo, opina que la corrupción "se da en todos los ámbitos por igual".

Como observan los encuestadores, las conclusiones más llamativas aparecen en las consultas por conductas individuales. El 53% dijo que aceptaría hacerse el distraído ante un acto de corrupción si denunciarlo implicara perder un beneficio, mientras que el 30% optaría por denunciar al corrupto y renunciar al beneficio. Por eso, es interesante contrastar las respuestas a ciertas preguntas relacionadas. Ante el escenario de "poder cometer un único acto de corrupción en la vida sin perjudicar a terceros y para obtener una gran diferencia económica", el 37 por ciento dijo que lo cometería y el 50% contestó que no. Pero cuando se preguntó: "En un país con los niveles de corrupción de la Argentina, ¿cree que la gente está obligada a adaptarse a esa corrupción para sobrevivir?", el resultado fue curiosamente parejo: un 46 por ciento para el sí y un 46% para el no (hubo un 8% que no sabe o no contesta), mientras que ante la pregunta de si la ley "debe ser obedecida sin excepciones o hay ocasiones excepcionales en las que no está mal desobedecerla", la respuesta fue, otra vez, contradictoria con los resultados anteriores: un 52 por ciento aceptó que debe ser obedecida sin excepciones, y un 36% consideró que hay ocasiones en que no está mal desobedecerla.

Finalmente, casi el 60 por ciento de los encuestados coincide en no considerar grave y calificar de "aceptable" dar dinero a alguien para evadir el pago de impuestos o derechos aduaneros.

Varias son las conclusiones que pueden sacarse: es muy preocupante un escenario social en el que el 48 por ciento de los ciudadanos considera admisible violar la ley "en ciertas ocasiones", y un 50% cree que podría cometer un acto de corrupción si obtuviera a cambio un importante beneficio económico, del mismo modo que es llamativo el incremento del nivel de tolerancia pública a la corrupción de la clase política en los casos en que los políticos realizan una buena gestión.

Preocupante y llamativo, sí, pero no debería extrañarnos. Como recordaba el filósofo Santiago Kovadloff, en la Argentina, "es la hora triunfal de la simulación y de la estafa (...) Hoy los grandes postergados son también los que reclaman que la ley despierte y proceda". Es decir, como nuestra sociedad carece de ejemplos que se brinden desde las máximas autoridades de la Nación y, por eso mismo, los grandes problemas argentinos -inflación, corrupción, inseguridad, droga, desempleo, etcétera- nunca son nombrados, sino ignorados, gran parte de los ciudadanos no tiene inconvenientes en elegir transgredir la ley, porque no hay punición concreta para el que lo haga y porque considera que es la única vía para obtener lo que necesita.

Como lo hemos dicho ya desde estas columnas, cuando un país vive en la corrupción estructural y en la impunidad generalizada, la corrupción mata y la impunidad asesina. Un Estado ausente, y protagonista y cómplice en la transgresión de la ley, se corresponde con una sociedad permisiva y "distraída", que cada día y en los hechos acepta vivir dentro de esa corrupción, no importa las terribles consecuencias que ello implica.

Sin embargo, como señalábamos días atrás, al declarar inconstitucional la ley de reforma del Consejo de la Magistratura, la Corte Suprema ha brindado una valiente lección de constitucionalidad, civismo y defensa del republicanismo que tanto necesita aprender esta sociedad argentina para vivir en una verdadera democracia.

La renuncia de Cristina Kirchner a construir una opción que la suceda

Lunes 24 de junio de 2013 | Publicado en edición impresa

Opinión

La renuncia de Cristina Kirchner a construir una opción que la suceda

Por Alejandro Catterberg  | Para LA NACION



El lanzamiento de la candidatura de Sergio Massa y la conformación de un frente peronista enfrentado al Gobierno (y con altas probabilidades de vencerlo) han acaparado la mayor atención de los medios luego del vencimiento del plazo para la presentación de los candidatos de las elecciones de agosto y octubre próximos.

Pero el hecho político más relevante de los cierres de las listas no pasa por los nombres, las figuras que provienen de fuera de la política, los acuerdos o los desacuerdos dentro de las fuerzas que no responden al gobierno nacional. El dato más importante es, a mi entender, el renunciamiento de la presidenta Cristina Kirchner a la construcción de una opción que la suceda.

Después de 10 años de gobierno, la Presidenta no fue capaz de poner un solo ministro o funcionario destacado al frente de las listas en ningún distrito del país. Una administración que se congratula con sus políticas sociales, ¿no cuenta con una ministra de Desarrollo Social capaz de capitalizar sus medidas? Un gobierno que ha desplegado desde la Anses dos enormes programas de seguridad social, como son la Asignación Universal por Hijo y las jubilaciones para cualquier adulto mayor -independientemente de si realizó o no aportes-, ¿no tiene un funcionario del área que pueda ser candidato? Un gobierno que ha disminuido el desempleo y ha hecho crecer la economía durante casi una década, ¿no tiene un ministro de Economía, un secretario de Comercio o bien un presidente del Banco Central que sea conocido y tenga buena imagen como para ser candidato? Si se invirtió en infraestructura como nunca antes, ¿no hay nadie del área que pueda capitalizarlo? ¿Y en educación, o seguridad? Nada. Nadie.

La Presidenta no cuenta con una sola figura de peso que la rodee y que pueda ir en busca de votos. Y eso no puede ser leído de otra manera más que la de un fracaso o una renuncia a construir algo superador o al menos que permita dar continuidad a la actual gestión. El kirchnerismo es Cristina Kirchner y Cristina Kirchner es el kirchnerismo. Allí se acaba.

La provincia de Buenos Aires es el distrito más importante del país. Concentra casi el 40% del total de los votos. Desde el regreso de la democracia hasta la crisis de 2001, el peronismo obtuvo en promedio el 48% de los sufragios. A partir de las elecciones de 2003, en el contexto del fraccionamiento de las fuerzas opositoras y con el repetido proceso del justicialismo de trasladar sus definiciones internas al conjunto de la sociedad, el peronismo subió su promedio al 66% de los votos. Eduardo Duhalde dio el puntapié en 2003, al negarle a Carlos Menem las internas y permitir que varios candidatos de una misma fuerza se presentaran. La interna entre ellos fue resuelta por el conjunto de la sociedad y Néstor Kirchner resultó ser el beneficiado. En la provincia de Buenos Aires, el justicialismo sumó ese año el 60% de los votos. Dos años después, Néstor Kirchner resolvió su interna con Eduardo Duhalde a través del enfrentamiento electoral de sus esposas: el kirchnerismo se legitimó electoralmente y nuevamente casi el 60% de los bonaerenses votaron al PJ.

Las elecciones de este año serán nuevamente un campo de batalla para definir el liderazgo dentro del peronismo. Estarán la lista del Gobierno, la lista de línea más duramente opositora de Francisco de Narváez y la que busca una tercera vía encabezada por Sergio Massa. No es descabellado pensar que entre las tres sumen alrededor del 75% de los votos.

Y para enfrentar este desafío la Presidenta puso de cabeza de lista a Martín Insaurralde, un intendente querido en su municipio y áreas de influencia, pero que tiene un nivel de desconocimiento del 60% a nivel provincial. La segunda de la lista, Juliana Di Tullio, es desconocida para el 85% de sus vecinos de Morón. Con la tercera candidata sucede lo mismo en La Matanza. Hace cuatro años, el kirchnerismo atravesaba dificultades y enfrentó las elecciones con una lista que encabezaron Néstor Kirchner, Daniel Scioli y Sergio Massa. Este año los nombres son Insaurralde, Di Tullio y Magario. Qué señal más contundente de que Cristina ha renunciado a todo intento de construcción que no esté centrado únicamente en su figura.

Elisa Carrió: "Cristina Kirchner puede ser jueza, pero va a tener que presentar el título de abogada"

Lunes 24 de junio de 2013 | 09:37

Elisa Carrió: "Cristina Kirchner puede ser jueza, pero va a tener que presentar el título de abogada"

La diputada salió al cruce de los dichos irónicos de la Presidenta durante el acto por el Día de la Bandera: "Es una oportunidad para que sepamos si efectivamente se recibió o no", dijo


"En el 2015 quiero ser jueza: ya saben. Cristina jueza 2015", soltó con tono irónico la Presidenta en Rosario durante el acto por el Día de la Bandera, para atacar a la Justicia. Los dichos de la Cristina Kirchner generaron la reacción de la diputada nacional Elisa Carrió (Coalición Cívica), quien lanzó un curioso desafío a la mandataria.

"Puede ser juez, pero el problema es que va tener que presentar el título de abogada, que no lo presentó en diez años", afirmó la legisladora, en diálogo con Hora Clave , programa que se emite por Canal 26.

Enseguida, agregó: "Va a ser una buena oportunidad para que los argentinos sepamos si efectivamente se recibió de abogada o no".

La diputada no ocultó su malestar con la Presidenta por el duro ataque que lanzó contra la Justicia durante su discurso del jueves pasado en la ciudad de Rosario. "Se ha convertido en una mujer extremadamente vulgar, de una chabacanería que da pena", apuntó.

Con reparos, Carrió celebró el fallo de la Corte Suprema que declaró inconstitucional la reforma del Consejo de la Magistratura impulsada por el Gobierno y cuestionó a los partidos de la oposición que presentaron alianzas para la elección de consejeros. "La batalla por la justicia independiente no ha terminado y yo los voy a seguir acompañando [a los jueces]" , señaló la legislador, que advirtió que la Casa Rosada presentará otra ley en el Congreso sobre el régimen de mayorías en el órgano que selecciona y remueve jueces.

La Nacion

http://www.lanacion.com.ar/1594982-elisa-carrio-cristina-kirchner-puede-ser-jueza-pero-va-a-tener-que-presentar-el-titulo-de-abogada

Leonardo Fariña: apogeo y tropiezos de un poderoso fugaz

Domingo 23 de junio de 2013 | Publicado en edición impresa

Leonardo Fariña: apogeo y tropiezos de un poderoso fugaz

Por Hugo Alconada Mon | LA NACION



Leonardo Fariña no tenía plata, título universitario o contactos. Pero era capaz de ofrecerle el Obelisco a quien se le pusiera delante y prometer ganancias al desprevenido. Así llegó hasta Lázaro Báez. Y así se hizo millonario. En un golpe de fortuna que terminó mal, con una huida que continúa hoy, según surge de los testimonios de 20 personas que lo conocieron durante su ascenso, apogeo y escándalo, y decenas de declaraciones judiciales, correos electrónicos, documentos privados y públicos a los que accedió LA NACION.

La imagen que surge de Fariña es muy distinta de la que él alienta. Muestra a un muchacho que hablaba de operaciones millonarias para comprar Telecom con una familia real de Medio Oriente o de financiar el proyecto Condor Cliff -La Barrancosa con sus contactos en el Banco de Desarrollo de China, pero que pedía $ 500 prestados para la cuota de alimentos de su hijo. O que decía ser hijo de Néstor Kirchner -y fue el centro de un llamado de la Presidenta, y acaso de un encuentro en Roma-, pero volvía a su ciudad, La Plata, en colectivo. Hasta que llegó el momento en que, a fines de 2010, se ganó la confianza del socio K. Y luego su furia.

Para principios de 2010, Fariña no conducía Ferraris. Sólo ofrecía contratos de leasing de The Capita Corporation, del Banco Comafi. Iba a distintas empresas, pedía reuniones y tiraba el anzuelo. Así fue como viajó hasta General Pico, La Pampa, junto a un ejecutivo de Plus Carga, y conoció a Gabriel Bryn, de Fedea - Dow Agrosciences. O luego se reunió con Juan Macedo, de Nación Fideicomisos.

Bryn y Macedo presenciaron su evolución, con el Audi Lounge, ahí nomás del Canal 7, como su base de operaciones. Desde allí también tejió negocios con la provincia de Córdoba -y se contactó con el hijo homónimo del ex gobernador Eduardo Angeloz- y de Santa Cruz, hasta que logró venderle un contrato de leasing para camiones a Austral Construcciones. Así tendió su primer puente con los patagónicos.

Fariña tentó entonces a Bryn con otro proyecto. Le propuso armar un fideicomiso con los certificados de obra de Austral Construcciones. De ese modo, Báez podría aflojar el torniquete que sentía alrededor de sus empresas y ellos embolsar una fortuna.

El cálculo era el siguiente: juntas, Austral y las constructoras Kank y Costilla y Sucesión Adelmo Biancalini, podían acumular hasta $ 350 millones en certificados, y por armar, negociar y conseguir el fideicomiso, la dupla pretendía cobrar el 3% (unos $ 10,5 millones), más otro 0,1% por su gerenciamiento mensual.

Para eso, el muchacho de rodete necesitaba de Bryn. ¿Por qué? Para empezar, porque todo lo que tenía de lanzado le faltaba a Fariña de preparación académica. Aunque en varias reuniones se presentó como contador, le faltaban cuatro materias para recibirse en la Universidad de La Plata y no sabía manejar ni el Excel.

Telecom en la mira

Casi en simultáneo, Fariña encaró otro proyecto multimillonario junto a un abogado, Matías Casal, y un economista, Jesús Pena Iglesias: comprar Telecom. Llegó a ellos a través de Macedo, con quien Casal coincidió en Nación Fideicomisos. El trío bosquejó la oferta con una sociedad llamada Genevieve Financial Corporation, con un supuesto financiamiento de la realeza de Medio Oriente.

Si la compra de Telecom prometía millones en honorarios, el despertador debió sonar pronto: Fariña -o "Mambrú", como lo apodaron a sus espaldas- llegó a pedirle $ 500 a Pena Iglesias para pagar los alimentos de su hijo en La Plata. Como Ricardo Darín en la película Nueve Reinas , que prometía millones, mientras pedía unos pocos mangos.

Bryn, no obstante, aceptó viajar al Sur. Quiso verificar si era cierto que Fariña conocía a los responsables de Austral Construcciones. Tentado por la fortuna que podían embolsar si concretaban el fideicomiso con el Banco Nación, Bryn tampoco vio una señal de alarma: Fariña barajaba millones en el aire, pero no puso un peso para pagar los pasajes aéreos, que solventó Bryn, por unos 5300 pesos, en septiembre de 2010.

Allá en el Sur, a Fariña no lo recibieron como a un amigo. Los hicieron esperar durante tres horas hasta que, a las 14, los recibió el gerente administrativo de Austral, Claudio Bustos, pero ni se cruzaron con Báez. Sí saludaron, en cambio, a su hijo Martín, que los trató con cortesía y les dijo de ir a cenar, pero el convite no se concretó. ¿Por qué? Porque a Fariña lo encuadraron como "un bocón" según contaron a LA NACION desde Río Gallegos. ¿Conclusión? Bryn y Fariña cenaron esa noche, solos, en el hotel. A "Mambrú" le tomaría meses ganarse la confianza de los patagónicos, que lo lamentarían.

Ya de regreso en Buenos Aires, dieron el paso siguiente. Constituyeron Andrómeda Corporate Finance SA. Pero Fariña lo caminó, al mismo tiempo que a Casal y a Pena Iglesias. Porque "Mambrú" preparó un dossier para Andrómeda con errores de ortografía y otros de amateur -como citar al "Stanley Morgan" en alusión al banco de renombre mundial "Morgan Stanley"-, en el que también incluyó el proyecto de Genevieve para la supuesta compra de Telecom por US$ 2000 millones. Lo circuló entre distintas empresas que pretendían ganar contratos con el Ministerio de Planificación Federal. Incluso se presentó en algunas compañías con información que sólo conocían unos pocos funcionarios sobre el proyecto Condor Cliff - La Barrancosa. ¿Cómo obtuvo esa información?

Por entonces, el país había cambiado por completo, con la muerte de Néstor Kirchner, el 27 de octubre. También Fariña comenzó a evidenciar cambios notables, al mismo ritmo que sumaba puntos con el emporio Báez. Hasta que, según rememoró Elaskar antes de desdecirse, llegó a recibir llamadas diarias desde el Sur. Llamaba Báez, "Mambrú" apagaba la música y lo trataba de "señor".

Durante esas semanas, Fariña y Bryn avanzaron con su proyecto para Austral, que había llegado a Nación Fideicomisos derivado desde el Banco Nación, que preside Juan Carlos Fábrega, viejo amigo de Kirchner desde sus años comunes en Río Gallegos. La negociación se encaró con tres ejecutivos de Nación Fideicomisos: la secretaria general Inés Yamuss; el gerente comercial, Sergio Molina, y la subgerente de Estructuración Legal, Cecilia Albornoz.

Fariña, de todos modos, no se quedó quieto. Le planteó a Bryn armar una rentadora de autos lujosos junto al empresario Carlos Molinari, con quien lo une una larga amistad familiar: Molinari es amigo del padre de Fariña -quien le pidió que le diera un empleo a su hijo-, y Leonardo era amigo del hijo, Matías Molinari.

Los nuevos amigos

Pero justo cuando el tándem Fariña-Bryn parecía más aceitado, comenzó a resquebrajarse. A fines de 2010, Bryn viajó a Capital Federal desde General Pico y Fariña lo sorprendió con una invitación a almorzar a Cabaña Las Lilas, al que llegó en un Audi TT. Allí, Bryn se enteró de que "Mambrú" tenía un hijo pequeño. Lo supo porque el padre de Fariña le recriminó que gastara una fortuna en un coche pero no le pasara alimentos al chiquito.

Por esos días, Fariña ya se mostraba con un par de nuevos amigos llamados Maximiliano: Goff Dávila y Acosta. Con el primero impulsó una sociedad, Marlin Group; con el segundo, la compra de un campo en Uruguay. Pero el "valijero" mostraba, además, un nivel de gastos superlativos, junto a un financista, Federico Elaskar.

Poco después, en enero de 2011, ocurrió la ya legendaria fiesta en Punta del Este, entre botellas de champagne Cristal y el alquiler de dos aviones charter. El muchacho ya estaba lanzado al estrellato, con fajos de dinero ajeno. Y para febrero, la metamorfosis era total.

"Venite que estoy en SGI", le planteó a Bryn, que ya casi no lograba ubicar a su socio por teléfono. Allí, en "La Rosadita", Fariña le presentó a Elaskar, que luego definiría a "Mambrú" por televisión como un "cadete millonario" que ya se encargaba de las "operaciones por cuenta y orden" de Báez por "50, 60 millones de dólares". Pero a Bryn le llamó la atención algo más carnal: Fariña se había tatuado una cruz y unos números. "Es la fecha en que conocí a Karina", explicó, en alusión a la modelo Karina Jelinek. Se iban a casar.

"Si no se muestra, lo matan"

La fiesta la pagó Molinari, pero cuando casi un año después estalló el escándalo dijo que le desagradó la ostentación de su ex empleado. Lo mismo afirmó Elaskar para explicar por qué se abrió de Fariña. ¿Qué les molestó? Según sostuvieron por separado, su aparición en el programa de Susana Giménez, junto a Jelinek, el 11 de mayo de 2011. "Recuerdo que ese día -contaría Elaskar- fue el día que yo dije basta."

La objeción pública de Molinari contrasta, sin embargo, con lo que repitió a puertas cerradas. Relató que Fariña debió levantar su perfil porque se había quedado con dinero ajeno. "Si no se muestra, lo matan", dijo, sin precisar quiénes podían querer su cabeza.

Inhallable ya Fariña en sus teléfonos o incluso el Audi Lounge, Bryn recién pudo volver a localizarlo en mayo. Quería saber qué había pasado con el fideicomiso. "Se cayó porque no se consiguió la garantía adicional", fue la respuesta. Curioso: ante la Justicia dijo hace unos días que para esa época ya marchaba todo viento en popa con Báez y esa operación.

Desconfiado, Bryn rastreó las huellas. Hasta que descubrió que en junio, Nación Fideicomisos le dio luz verde final a la operación con Austral Construcciones. Salió otra vez a la caza de Fariña y esta vez le fue a la rodilla.

-Vos me cagaste.

La respuesta de su socio lo descolocó.

-Ah, ¿salió? ¡No sabía!

Un faltante millonario

Fariña acababa de volver de su luna de miel en Italia y su situación había dado un vuelco. Pérez Gadín le había dado un ultimátum a Elaskar por un faltante de dinero de Báez. Según el entonces dueño de SGI, Fariña había completado operaciones durante el primer semestre de 2011, y "a su jefe no le cerró la caja a mitad de año; se ve que lo auditó [y] empezó a ver qué hacía [Fariña] con el dinero". También Fariña aludió a ese agujero, pero se lo adjudicó a su entonces amigo, que a su vez retrucó: "El faltante lo tiene él".

Así, entre junio y julio de 2011, Pérez Gadín ordenó el desembarco hostil en SGI de dos colaboradores, Jorge Cerrotta (gerente en la estatal Enarsa, bajo la órbita de De Vido) y Eduardo Castro. Juntos, venían de actuar como síndicos titulares del Banco Privado de Inversiones (BPI), controlado por el Banco Macro de Jorge Brito. No sólo eso, Elaskar debió además renunciar a la presidencia de la financiera.

Bryn también comenzó a abrirse de Fariña. Para eso emprendió una larga cadena de cartas documento para forzar a su socio a despegarlo de Andrómeda Corporation. Sólo lo logró cuando tras enviarle las intimaciones a su casa, se las envió a su padre en La Plata. Entonces sí, el 23 de septiembre, concretaron el traspaso de las acciones de Bryn, por apenas $ 6000, a nombre del padre del supuesto valijero.

El 21 de octubre, también SGI se convirtió en otra firma. Elaskar ya se había desprendido de sus acciones a favor de Ser Norte Holding SA que ocultó a la verdadera controlante, Helvetic Services Group. Dos días después, Elaskar se marchó a Estados Unidos. No volvió durante un año. Según él, debió entregar SGI si "no quería terminar como Sebastián Forza" -el protagonista del Triple Crimen- bajo la advertencia de que los patagónicos "eran peores que los colombianos". ¿Quién se lo dijo? Pérez Gadín, según Elaskar, quien venía "por parte de Lázaro", con el fin de "arreglar los chanchullos que hizo Leo".

Fariña optó por quedarse en la Argentina, pero elevó aún más su perfil. El 13 de diciembre lanzó varios mensajes crípticos en el programa Animales sueltos : "Si esto no se soluciona, hay una serie de personas que van a caer en la volteada y no tendrían por qué. Hay empresarios, de todo". Luego rechazó seguir la senda de Elaskar: "Y ojo con amenazar a mi esposa y mi familia".

Casal y Pena Iglesias -los del sueño por Telecom- escogieron una tercera vía, al igual que Goff Dávila, que al igual que Fariña también mostró gastos sorpresivos, al parecer con auto BMW Z4 y departamentos incluidos. Acudieron a Pérez Gadín en SGI.

Ante el emisario de Báez, Goff Dávila actuó como si le estuviera devolviendo su cuota de dinero. ¿Cuál? Hay tres operaciones bajo la lupa: el campo "El Entrevero" de Uruguay, otro campo de 3400 hectáreas en Mendoza que Fariña compró "en comisión", en diciembre de 2010, por US$ 5 millones y el fondeo para una financiera disfrazada de cooperativa.

Ante la consulta específica de LA NACION, Goff Dávila desmintió haber hecho negocios con Pérez Gadín. Pero sí confirmó que lo conoció cuando el contador de Báez "se presentó como auditor de Fariña, para ver unos negocios, que le conté que no habían prosperado". Y detalló que con Fariña intentó tres negocios, que tampoco caminaron.

El otro amigo de Fariña, Acosta, ni necesitó ir a ver a Pérez Gadín. Por teléfono, el contador de Báez le dijo que Fariña lo había estafado, que tenían "el futuro comprado" y que si él seguía la senda también tendría "la vida comprada".

-¿Es una amenaza?-retrucó Acosta, según rememoró ante la Justicia, a principios de este mes.

-Tomalo como quieras- fue la respuesta de Pérez Gadín, según Acosta, que relató las supuestas amenazas telefónicas que recibió después, y que lo habrían llevado a refugiarse en Concordia y en Uruguay.

Casal y Pena Iglesias también peregrinaron hasta Pérez Gadín. Le aclararon que no tenían nada que ver con el enriquecimiento de "Mambrú" y sondearon si tenían algo que temer. Se marcharon de allí tranquilos, sosiego que no se extendió a Fariña. El mensaje del nuevo mandamás de "La Rosadita" resultó por demás inquietante.

Fariña sigue en problemas.

Rumores que inquietaron a Cristina

Puesto a decirlo todo y proponerlo todo, Leonardo Fariña llegó a alturas inusuales. Poco después de la muerte de Néstor Kirchner, en octubre de 2010, comenzó a afirmar entre algunos interlocutores que era hijo del ex Presidente, mientras que a otros les dijo que no era su vástago, pero sí que lo conocía y que tenía un vínculo con él. ¿Por qué? ¿Para que se le abrieran puertas en el Gobierno y en el sector privado que de otro modo hubieran permanecido siempre cerradas? Sólo él lo sabe.

El ruido, sin embargo, llegó hasta la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, que llamó a por lo menos un funcionario de extrema confianza de su marido fallecido para preguntarle si era posible que el muchacho de rodete y perfil cada día más elevado fuera hijo de Kirchner. Le preguntó, en concreto, si él sabía algo. La respuesta se diluyó entre frases de compromiso y alegaciones de ignorancia.

Las versiones alrededor de Kirchner y Fariña comenzaron a volar, potenciadas por las negativas a la prensa del muchacho a preguntas que nadie le había hecho. "No soy hijo extramatrimonial de Kirchner, no cobré ninguna herencia luego de su muerte como aseguran por ahí", le dijo, por ejemplo, al diario sensacionalista Muy, en mayo de 2011. Pero, así, negándolo, difundía aún más ese rumor entre quienes hasta entonces no lo habían escuchado. Lo mismo que ocurrió, tras el estallido del escándalo. "Yo no soy el hijo de Néstor", lanzó en Intrusos , pero de inmediato añadió que lo conoció "comiendo un asado" y "jugando un partido de fútbol".

Las especulaciones volaron aún más alto tras la luna de miel de Fariña en Italia. Al volver, fue su flamante esposa, Karina Jelinek, quien sorprendió a todos cuando contó detalles sobre un supuesto encuentro entre su marido y la Presidenta, donde ambos habrían coincidido en Roma, a principios de junio de 2011.

Según contó Jelinek a sus amigas, Fariña le dijo una mañana, de improviso, que se fuera de compras sola por la capital italiana porque él debía hablar con "Cristina" en su hotel. ¿Existió esa reunión? ¿Fue un desvarío más de Jelinek? ¿Fariña le mintió?

Sólo se sabe que, de improviso, la pareja acortó una semana su viaje, mientras que la Presidenta quedó envuelta en versiones confusas sobre un golpe de calor y su faltazo al desfile militar por los 150 años de la unificación de Italia, el 2 de junio, rumores que sus colaboradores refutaron indignados.

Con la colaboración de Florencia Donovan y Francisco Jueguen

El Gobierno desafía la Constitución

Domingo 23 de junio de 2013 | Publicado en edición impresa

El Gobierno desafía la Constitución

Por Mariano Grondona | LA NACION




El Gobierno se ha alzado contra la Constitución y la Corte Suprema ha salido a defenderla. Estamos asistiendo a un conflicto de dimensiones colosales. El país se ha partido en dos. Dos de los tres poderes del Estado -el Ejecutivo y el Legislativo- se han alineado con la Presidenta, en tanto que el tercer poder restante, el Judicial, se ha alineado con la Constitución. El próximo 27 de octubre, cuando se realicen las elecciones parlamentarias de medio término, los argentinos deberemos optar, por lo visto, entre dos proyectos de vida en común diametralmente opuestos. De un lado estarán aquellos que siguen incondicionalmente a Cristina Kirchner. Del otro lado estarán aquellos que continúan sosteniendo a la República. Entre unos y otros no habrá medias tintas. La nuestra será, en el mejor de los casos, una guerra civil incruenta.

Los técnicos podrían decir que nos estamos encaminando hacia un plebiscito como los que ocurren en aquellas contadas ocasiones en que algún pueblo es convocado a votar por sí o por no una propuesta en la que le va la vida. Pero el plebiscito no está contemplado en nuestra Constitución. A lo que estamos yendo, por ello, no es a un plebiscito "de derecho" regulado previamente por la ley, sino a un plebiscito "de hecho", en el que pueblo habrá de pronunciarse al margen de la ley, sin que su pronunciamiento deje de tener, pese a ello, profundas consecuencias políticas y legales.

La Presidenta exhortó a sus partidarios a ganar este "combate" contra los defensores de la Constitución. La terminología militar que Cristina empleó en esta ocasión indica a las claras que intenta ponerse "afuera" del Estado de Derecho y, en definitiva, "contra" él. La concepción del "Estado de Derecho" inspira el orden de valores que preside nuestra Constitución: primero viene el Derecho y sólo después viene el Estado o, con otras palabras, el poder del Estado sobre los "ciudadanos de a pie" sólo se justifica cuando está fundado sobre el Derecho. En caso contrario hay "dictadura", esto es, el absolutismo del Estado arbitrario cuando se siente absuelto , "desligado", de toda atadura a una ley superior que su propia voluntad. Éste es, en suma, el dilema que nos propone la Presidenta: obedecerla a ella u obedecer a la Constitución.

Nos guste o no nos guste, ésta es la opción que tendremos por delante a fines de octubre los argentinos, cuando debamos renovar el Parlamento. La convocatoria formal de renovación parlamentaria será entonces apenas un "pretexto" porque, cuando vayamos a renovar el Congreso, lo que estaremos decidiendo en verdad es el estilo de vida en común que preferimos los argentinos: una autocracia que gire en torno de una única protagonista o una república democrática cuyos representantes se vayan sustituyendo unos a otros a través del tiempo en elecciones libres, según reglas y plazos pre-establecidos. Pero esta opción sin duda crucial entre dos formas de vida mutuamente excluyentes nos ha sido presentada de una manera tramposa, como si fuera la reforma en cierto modo inocente de un organismo burocrático cual es el Consejo de la Magistratura. El método ideado por el Gobierno para salirse con la suya en esta ocasión se parece demasiado, en este sentido, a las estadísticas del Indec: pregunta una cosa, pero en realidad está pensando en otra.

La mentira es más complicada que la verdad. Cristina Kirchner aspira simplemente a tener todo el poder por todo el tiempo. Como no puede confesarlo abiertamente porque en tal caso padecería el repudio de los ciudadanos, entonces se refugia en un intrincado laberinto. A partir de ese momento se complican las estrategias, la de ella y la de la oposición. Del lado del Gobierno, se apela al disimulo y a la ocultación; nace entonces el relato . Del lado de quienes denuncian las mentiras del Gobierno, se elaboran las refutaciones del "relato", pero siempre es más difícil refutar a la mentira, sobre todo si ella es sofisticada, que aplastar un burdo error.

Cuando debió denunciar los alambicados argumentos del Gobierno mediante los cuales se proponía difundir su "relato", la Corte Suprema necesitó apelar a un extenso documento de 67 páginas para defender a la Constitución contra el ataque del cual era objeto. Tuvo que tocar entonces tres temas insoslayables.

De un lado, debió explayar el espíritu "general" de la Constitución. De otro lado necesitó explicar el principio de la división y el equilibrio de los tres poderes que está en la base de la Constitución. Finalmente, hubo de denunciar y refutar el intento del Ejecutivo por sustituir esta armonía tripartita en favor del "unicato" presidencial que respondía a la verdadera intención del Gobierno e implicaba, finalmente, la sustitución lisa y llana de la república que hemos sido hasta ahora por una dictadura unipersonal. Una dictadura "chavista", a la manera del régimen latinoamericano al que más se acerca Cristina Kirchner.

Aunque ha sido compuesto de la manera más llana posible, como una suerte de Introducción al Derecho Constitucional, y aunque tampoco puede eludir, por ello, su apelación a las formas elementales de esta materia, el documento que han elaborado los jueces de la Suprema Corte y sus asistentes resulta un admirable compendio de fácil lectura, que sería por eso recomendable no sólo para los estudiantes y jóvenes graduados en Derecho sino también para todos aquellos que se quieran internar en la fascinante tarea de interpretar nuestra Constitución.

El contraste entre la intentona anticonstitucional que planteó el Gobierno y la defensa pura y simple de la Constitución que intentó la Corte Suprema no sólo tiene un valor didáctico. Va más allá, hasta alcanzar un valor testimonial. De este lado han quedado no sólo nuestros grandes jueces y doctrinarios sino también nuestros grandes tratadistas en la línea de Alberdi y otros más. No debe asombrarnos, en este sentido, que el fallo de la Corte haya merecido elogios casi unánimes de los juristas, mientras el intento del Gobierno languidecía entre los que sólo mostraban un interés político circunstancial. La pregunta que se hacen los investigadores de un crimen para identificar a los culpables es, desde siempre, la siguiente: ¿quid prodet? ¿A quién beneficia? La interpretación que propone el Gobierno sólo los beneficiaría a él y a sus partidarios. La interpretación que propone la Corte beneficiaría, al contrario, a todos los argentinos.

Cuando Juan Bautista Alberdi pensó en nuestra Constitución, imaginó sus beneficios para "todos los hombres de buena voluntad que quieran habitar el suelo argentino". En su tiempo y en el nuestro. Cuando pensó en los beneficios futuros que recogerían los favorecidos por el nuevo Consejo de la Magistratura, ¿tenía la imaginación del Gobierno este mismo alcance? O la imaginación "universal" de Alberdi sólo llega hoy a los "militantes" del oficialismo? ¿Para quiénes deberíamos gobernar entonces? ¿En quiénes deberíamos pensar? El país estaba todavía vacío cuando Alberdi escribió "gobernar es poblar". Hoy, ¿ya estaría satisfecho porque somos cuarenta millones? ¿O sus sueños de grandeza apuntaban a horizontes aún más lejanos? Aquí chocan, por lo visto, dos ambiciones. Una responde a la mirada de la patria chica, que se circunscribe a mi familia, a mi partido, a mi generación. A esta mirada la satisfacen las miradas "cortas". La otra mira más lejos, hasta abrazar incluso a los que todavía no nacieron. ¿Qué Argentina tenemos en vista los argentinos de hoy? Somos más, sin duda, que en los tiempos de Alberdi. Nuestra mirada, ¿abarca más o abarca menos que la de él?

La Argentina, un país...con muchos aplazos y sin atractivo para invertir

Domingo 23 de junio de 2013 | Publicado en edición impresa

La Argentina, un país...con muchos aplazos y sin atractivo para invertir

Los malos resultados en varios indicadores, como la inflación, el crédito y el ritmo de las exportaciones, hacen que las empresas decidan no volcar su dinero en el mercado local; es la peor performance de la región

Por Carlos Manzoni  | LA NACION



Si la Argentina fuera un alumno, su boletín de calificaciones exhibiría un "aplazado" gigante. Es ése el sello que las empresas le estampan al país cuando comprueban que éste es reprobado en ocho de diez tópicos requeridos para ser considerado un buen lugar para hacer negocios. No sólo eso: además de cargar con el estigma de ser un mal "estudiante", tiene el peso de haberse convertido en la oveja negra de la "clase", puesto que, en el mismo contexto, el resto de la región sí obtiene buenas notas.

El dato no es menor, si se tiene en cuenta que de la evaluación que efectúan las empresas sobre distintos indicadores de una economía depende el nivel de inversión que volcarán en ella. ¿Por qué es importante que una compañía elija el país para instalarse o invertir? Un ejemplo responde esa pregunta: 60% de las exportaciones chinas están hechas por empresas extranjeras instaladas en el gigante asiático.

Marcelo Elizondo, director de DNI, consultora que elaboró un índice que mide la posición argentina en la región para el desarrollo de negocios internacionales, dice que en un mundo donde todo está integrado es crucial ser atractivo para las empresas. "Hoy las relaciones entre las firmas de alianzas y acuerdo estratégicos, más que de esporádicas compraventas -explica el consultor, autor del informe ¿Cómo está en el ten topics el doing business en la Argentina?-. Es muy difícil exportar si no se importa y si no se recibe inversión extranjera".

Es justamente la inversión uno de los ocho puntos en los que el país hace agua. Los US$7423 millones que captó como inversión extranjera directa en 2011 (último año sin la distorsión causada por la prohibición de girar utilidades) la ubican sexta en ese ítem en la región, detrás de Brasil (66.660 millones), México (19.440 millones), Colombia (13.234 millones), Chile (17.299 millones) y Perú (7659 millones).

Como reflejo de eso y dado que no es un fuerte inversor externo, tampoco la Argentina se muestra como un país con grandes empresas que inviertan en el exterior. Así, mientras que México y Chile desembolsaron en otros países US$ 12.000 y US$ 11.000 millones, respectivamente, la Argentina sólo destinó US$ 1000 millones. Según DNI, sólo hay cuatro empresas locales entre las 60 principales multilatinas de la región. Pocas, si se las compara con las 25 de Brasil, las 13 de México o las 12 de Chile.

Para Juan Luis Bour, economista de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL), la inversión extranjera sólo puede huir de la Argentina, porque además de que no existe aquí un horizonte diáfano para las empresas locales, para las extranjeras lo único claro (como señaló el empresario mexicano Carlos Slim) es que no habrá dólares para girar utilidades al menos hasta fines de 2015. "No es un escenario atractivo, sin dudas", remata el economista.

Es claro, para Bour, que en un país en el que el riesgo de default medido por CDS ( credit default swaps ) supera los 3500 puntos o el rendimiento de un bono a dos años es más que 15% anual en dólares, no hay mucho apetito por invertir. La razón, observa, es que esos indicadores señalan que falta un puente entre el presente y el futuro, que hay a la vista un "corte" que impide hacer el cálculo económico para cualquier inversión.

Además del "bochazo" en inversión, el país se lleva otras siete "materias", relacionadas con su grado de atracción para las empresas: exportaciones bajas; pertenencia a un bloque comercial de capa caída (Mercosur), alto gasto público, escaso crédito al sector privado, inflación por las nubes, menor crecimiento del PBI y baja diversificación geográfica de sus polos productivos. Sólo aprueba en desempleo y tamaño del mercado.

El estudio de DNI muestra que, si se analiza la evolución de las exportaciones argentinas en comparación con las de los vecinos, el país tampoco aparece en una situación que justifique una preferencia en las decisiones de las empresas internacionales en términos de planes de expansión, inversión y crecimiento de comercio.

La Argentina tiene la tasa más baja de crecimiento de exportaciones en América del Sur en una década. Según Elizondo, eso se explica porque tiene una magra tasa de inversión, una alta presión tributaria sobre los productos transables y una inflación de costos sólo superada por la de Venezuela. Las cifras son rotundas: según DNI, entre 2000 y 2012, las exportaciones locales crecieron 210%, menos que las peruanas (546%), las ecuatorianas (403%), las brasileñas (343%) y las chilenas (316 por ciento).

Está claro que el país tiene un problema de generación de oferta exportable, entre otras cosas, por la traba para importar insumos básicos. Pero además hay un segundo aspecto que reduce las ventas externas y que se conoce como el problema de la antigüedad de los mercados. "La Argentina tiene bajísima vinculación con los 50 países que más crecieron en los últimos cuatro años -analiza Elizondo-. Aún mantiene como principales mercados a Holanda, España y Estados Unidos, propios del siglo XX, y no ha desarrollado vínculos con los que se fortalecieron luego de la crisis, como Malasia, Indonesia, Taiwan, Sudáfrica, Estonia y Singapur."

En tanto, si no fuera por Venezuela, el país tendría el récord de inflación en la región. Si se quiere ver el efecto que eso tiene en la voluntad inversora de las compañías, pocos casos son más ilustrativos que el de la minera brasileña Vale, que hace tres meses abandonó su millonario proyecto para extraer potasio en Malargüe, Mendoza. La firma había estimado un presupuesto que ahora se le había casi duplicado, por el aumento de costos en mano de obra y construcción.

Milagros Gismondi, economista de la consultora Empiria, comenta que, al igual que Vale, lo que necesita cualquier empresa que decide invertir en un país es planificación, que es justamente lo que un contexto inflacionario impide. Esto aplica tanto para firmas que vengan desde afuera como para la que ya está en el país y debe definir si construye una nueva planta para aumentar su producción. "Aun ya instalada aquí y con un mercado asegurado, no tiene certidumbre sobre cuánto tardará en amortizar esa inversión", dice Gismondi.

Para peor, lo que antes ayudaba, ahora juega en contra. La Argentina tiene en el Mercosur su principal alianza estratégica internacional, que fue durante muchos años la razón que justificó la inversión extranjera directa y que es hoy su principal socio comercial. Sin embargo, la pertenencia a este bloque no aparece actualmente como un atractivo para los negocios.

El bloque fue en 2012 el único en la región cuyo comercio (incluso el intrarregional) descendió. Sus exportaciones cayeron el año pasado 2,2%, mientras que las del Nafta crecieron 6,3%, las de la Comunidad Andina, 5,1%; las del Mercado Común Centroamericano, 5,5%, y las de la Asociación Interamericana de Integración, 1,8 por ciento.

Para Jorge Vasconcelos, investigador jefe del Ieral, este declive del bloque está relacionado con el hecho de que, ante el deterioro de su competitividad, tanto Brasil como la Argentina reaccionaron con medidas proteccionistas. El economista precisa que, por una cuestión de tamaño de sus mercados, esto perjudicó más a la segunda que al primero. "Los países andinos también tuvieron problemas de apreciación de su moneda, pero actuaron de manera distinta, con menos proteccionismo", destaca.

Si para definir dónde volcará su dinero una compañía sopesa la posibilidad que tendrá de contar con crédito, no será precisamente en la Argentina donde posará su vista. El crédito privado en el país, medido en porcentaje del PBI, tiene el nivel más bajo de la región. Su 15% está lejos del 71% de Chile, el 61% de Brasil o el 45% de Colombia, pero también se ubica por debajo incluso de Paraguay (41%), Ecuador (33%) y Perú (26 por ciento).

El consultor Pablo Curat, de Curat, Martínez Larrea y Asoc. Consultores de Bancos y Empresas, explica que el hecho de que el sistema financiero argentino se fondee casi exclusivamente con depósitos transaccionales constituye un límite objetivo a la capacidad de crecimiento de los préstamos bancarios a las familias y a las empresas, tanto en volumen como en plazo.

Otra materia que el país se lleva a "recuperación" es el gasto público, indicador que exhibe la participación del Estado en la economía y que puede ser reflejo de niveles de presión tributaria, entre otras consecuencias que erosionan la rentabilidad de una empresa. Esa cifra es en la Argentina de 42,6% del PBI, la mayor de la región, sobre Brasil (37,3), Colombia (26,7), Chile (23,9) y Perú (19,3).

Como señala Vasconcelos, lo que más teme una empresa cuando analiza el alto gasto público de un país es la relación que suele tener ese indicador con el aumento de la presión tributaria o con el incremento de los costos internos, porque esa mayor erogación se financia con más impuestos o con mayor inflación. De hecho, la presión impositiva local (47%) es también la más alta de América latina.

Ahora bien, un inversor puede mirar además el grado de dispersión geográfica que tiene la producción en un país. "A mayor cantidad de regiones productivas, mayor es también la energía económica; mientras que un solo polo tiende al agotamiento", afirma Elizondo. La Argentina también reprueba este punto, ya que tiene mucha concentración en el eje Buenos Aires-Rosario, algo que impone límites de comunicación, de logística y de recursos humanos disponibles.

 

Una oportunidad perdida en el mejor momento de la región

Los malos resultados de la Argentina en indicadores que resultan cruciales para una empresa en el momento de decidir dónde colocar su dinero son aún más preocupantes si se toma en cuenta que se producen en un período de buen pasar económico para América latina, algo que el país debería aprovechar.

Entre 2000 y 2010, el producto bruto interno (PBI) de la región pasó de US$ 2,2 billones a US$ 3,3 billones, al tiempo que el PBI per cápita subió de US$ 4200 a US$ 5800, según precisa la consultora DNI (Desarrollo de Negocios Internacionales). Además, en igual período bajó su tasa de pobres de 40% a 28% de la población, y su clase media subió de 42 a 50 por ciento.

Marcelo Elizondo, director de DNI, dice que América latina ha ganado un espacio creciente de relevancia internacional, lo que es demostrado por su participación en varios sectores estratégicos mundiales. "Produce la mitad de la soja del mundo, genera un tercio de la carne, elabora casi un cuarto de la leche y provee el 45% del cobre", detalla el consultor.

Es más, las estimaciones auguran que 2013 será otro año de buen rendimiento. Las proyecciones indican que el PBI de la región crecerá 3,3%, mientras que el mundo lo hará a un ritmo de 3%; Estados Unidos, a 2%; Japón, a 1,1%, y la eurozona, a 0,2 por ciento. Sólo Asia la superará, con 6,8 por ciento.

Pero la Argentina se empecina en desaprovechar el viento de cola. Basta escudriñar la evolución de fusiones y adquisiciones de empresas en la región, para comprobar cómo el país queda cada vez más rezagado en comparación con sus vecinos. Un estudio de Crowe Horwath, una de las mayores firmas globales de auditoría y consultoría, muestra que mientras América latina tuvo operaciones por US$ 42,7 mil millones en el segundo trimestre de 2012 (140% más que el año anterior), la Argentina volvió a perder posiciones "producto de las políticas gubernamentales del último tiempo". El país descendió un puesto y quedó quinto, detrás de Brasil, Perú, Colombia y México.

El valor de las cosas

Domingo 23 de junio de 2013 | Publicado en edición impresa

Editorial I

El valor de las cosas

Es impropio e inútil acusar a comerciantes y a productores de remarcar los precios cuando éstos se modifican porque hay inflación y no al revés


Los argentinos se enfrentan diariamente a un fenómeno que, por permanente y habitual, no deja de generar sorpresa y desagrado. Los bienes o servicios que se compran cambian de precio y, por cierto, rara vez lo hacen en sentido descendente. Es común escuchar: "No hace mucho con 100 pesos llenaba un carrito y, hoy, con eso, no compro casi nada". La apreciación de mucha gente es que crece el valor de las cosas.

Hay pocos que miran esta situación de la forma en que realmente ocurre: se reduce el valor de nuestro peso. Esta diferencia en la forma de mirar el fenómeno inflacionario no es banal. Cuando se comprende que es la moneda la que se deprecia, se entiende mejor la raíz del problema. La inflación no es consecuencia de que los comerciantes o productores decidan caprichosamente remarcar los precios. Éstos se modifican porque hay inflación, y no al revés. Sin entender esta causalidad resulta difícil explicar por qué hemos tenido períodos de estabilidad con la misma estructura productiva y comercial, y con seres humanos similares a los que hay en períodos de inflación.

Más allá de las condiciones de competencia interna y externa, el diagnóstico y las soluciones pasan por la macroeconomía y tienen que ver principalmente con el manejo fiscal, la expansión monetaria, el balance de divisas, la política cambiaria, y la confianza de consumidores e inversores.

La salida de las hiperinflaciones no ha pasado nunca en la historia del mundo por castigos a comerciantes ni por controles de precios. La solución se ha encontrado con reformas monetarias que permitieron transformar una moneda sometida a intensa desvalorización y repudio, en otra confiable. El caso más cercano en nuestro país es el de la convertibilidad instrumentada en 1991. La atadura del peso al dólar bajo una regla creíble permitió pasar de la hiperinflación a la estabilidad sin cambio de los actores de la economía y la sociedad. El fracaso de ese instrumento después de diez años sin inflación no tuvo que ver con la moneda en sí, sino con el déficit fiscal recurrente y el endeudamiento público que llevó a un inevitable default.

La primera causa de la desvalorización de nuestra moneda es su emisión a un ritmo que supera el crecimiento de la economía y el deseo de la gente de mantener más dinero local. A su vez, la expansión monetaria encuentra su origen en el aumento del déficit fiscal y la necesidad de financiarlo con dinero emitido por el Banco Central por no tener el Gobierno acceso al crédito y por agotarse gradualmente otras cajas como las de la Anses y del PAMI.

Ya instalada la inflación, comienza a autoalimentarse con las propias expectativas y con procedimientos de tipo indexatorio, aunque legalmente esta clase de ajuste esté prohibido. El caso de los salarios es el más notorio. La inflación verdadera, no la del Indec, es tomada como base en las paritarias. Éstas son sectoriales y, por lo tanto, se negocian sobre la base de datos macroeconómicos y del poder de negociación del gremio. La situación particular de cada empresa no es tomada en consideración. Es inconsistente e inútil congelar precios y amenazar a comerciantes mientras la expansión monetaria sea del 35 por ciento anual y los aumentos de salarios se ubiquen entre el 23 y el 30 por ciento. La ciencia económica ha dilucidado la diferencia entre valor y precio. El primero es subjetivo y puede cambiar por circunstancias que tienen que ver con cada persona. El precio de un bien es un dato de la realidad, se expresa en unidades monetarias, y resulta de la oferta y la demanda. Cuando un gobierno pretende reducirlo, se potencia la demanda mientras que se reduce la oferta. Se altera un equilibrio que, de una u otra forma, busca restituirse. Si el precio se altera porque es la moneda, o sea la unidad de medida, la que pierde valor, se está ante la inflación. El valor de las cosas sigue siendo el mismo, el precio no.


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