Hecha la trampa, ¿sólo después se hace la ley?
Por Mariano Grondona
Domingo 1 de noviembre de 2009
Suele decirse que "hecha la ley, hecha la trampa ". Este antiguo refrán refleja un orden de valores. Primero viene la ley, esto es, la pretensión de imponer desde el Estado una iniciativa de bien común; sólo después viene la trampa mediante la cual algún "vivo" o simplemente la realidad se interponen entre la intención honesta, quizás ingenua, del legislador, y el curso de los acontecimientos. Los últimos intentos del kirchnerismo han seguido un camino inverso. Primero el ex presidente concibe la trampa, a la que sólo después envuelve en alguna ley o en algún decreto para presentárselos al Congreso, al que induce a internarse en la minuciosa discusión de sus enredados artículos como si éstos fueran lo que en verdad importa y no el ardid que Kirchner quiere disimular.
Tenemos sobrados ejemplos de esta conducta. Para dar sólo algunos de ellos, cuando el Poder Ejecutivo lanzó la reforma de las AFJP, consiguió que los legisladores se entretuvieran en discutir si la fórmula preferible para los futuros jubilados debería ser el ahorro privado o el sistema estatal del "reparto", y más de un grupo de centroizquierda, en principio opositor, se dedicó a discutir minuciosamente esta disyuntiva ideológica inclinándose al fin por la estatización de los ingentes fondos en juego sin advertir, con buena o mala conciencia, que lo que en verdad quería Kirchner, su "trampa", era apoderarse de estos fondos para utilizarlos después a voluntad.
Otro caso, más reciente, ha sido el ya famoso proyecto de la "ley de medios". La argumentación, el ropaje legal con el que el Gobierno vistió este proyecto, fue la necesidad de montar un sistema de medios audiovisuales, incluida la difusión del fútbol, que abriera los más diversos canales de comunicación a los argentinos en nombre de la libertad. Pero lo que en realidad quería el Gobierno era avanzar en la construcción de su propio monopolio con la excusa de combatir el supuesto monopolio de los medios privados de comunicación. La batalla, que esta vez fue más ardua que en el caso de las AFJP, terminará probablemente en los estrados de la Justicia. No debe olvidarse en este breve recuento la también reciente ley de presupuesto, ante la cual, con el pretexto de obtener la prórroga por un año de sus "superpoderes" para proteger la "gobernabilidad" del país en estos tiempos de transición, el Ejecutivo se aseguró la facultad de disponer por este plazo de un margen de discrecionalidad aún más amplio que el que había obtenido en los años anteriores, al servicio de su hegemónica "caja".
La reforma política
En el caso de la "reforma política", que es el intento más audaz de Kirchner de conservar el poder más allá de 2011, el proyecto que el Ejecutivo acaba de presentar al Congreso alienta la intención de encerrar a la mayoría de las fuerzas políticas opositoras dentro de un brete legal tan estrecho que, de confirmarse, disminuiría drásticamente sus opciones de cara a la próxima elección presidencial.
Esta es la nueva "trampa". Para consumarla, el Gobierno pretende borrar del mapa a los partidos nuevos que se han desarrollado en los últimos tiempos exigiéndoles condiciones prácticamente inalcanzables para la próxima elección presidencial. Esta medida afectaría gravemente las posibilidades de partidos como Pro, de Macri, y el amplio abanico de la centroizquierda. Así es como Kirchner le paga a ésta el temerario apoyo que ella le dio en el Congreso. Al incluir además disposiciones que prohíben la propaganda privada en la campaña electoral, el ex presidente tiene en mente neutralizar efectivamente a Francisco de Narváez para evitar que lo derrote por segunda vez, como ya lo hizo en la provincia de Buenos Aires el 28 de junio. En cuanto al creciente influjo del peronismo no kirchnerista, "federal", la idea del Gobierno sería adelantar las elecciones primarias destinadas a consagrar a los candidatos presidenciales de cada partido al mes de junio de 2010, con la intención de evitar que este otro peronismo disponga del tiempo necesario para competir con él dentro del Partido Justicialista oficial.
Con el objeto de "envolver" esta otra trampa en un nuevo argumento para ingenuos, el Ejecutivo ha recogido en su proyecto la idea, ampliamente compartida, de que nuestro país debiera volver cuanto antes al sistema de las elecciones primarias simultáneas y abiertas para consagrar a los candidatos presidenciales, que rige en las democracias presidenciales bien ordenadas y que nosotros teníamos antes de 2003 hasta que el por entonces presidente Duhalde, turbado por su obsesión antimenemista, dejó al justicialismo y al país sin ellas; provocó así el desorden institucional cuyo gran beneficiario resultó ser el propio Kirchner. El método de las elecciones primarias y abiertas debe ser restablecido, pero no con el inconfesado propósito de convertir a Kirchner en "el caballo del comisario".
Los límites
Una maniobra si se quiere menor ha sido, el jueves último, el lanzamiento presidencial de una iniciativa de ingreso universal para la niñez que por lo pronto no es "universal" porque sólo alcanzará a los hijos de los desocupados o a los que se desempeñan en el sector informal, y que tampoco se procesaría a través de canales institucionales, sino a través de la vasta red clientelística que maneja Kirchner. Pero esta medida, que parecía responder a un anhelo ampliamente compartido como es el de apoyar a la niñez sin recursos, se hizo en realidad para "tapar" el proyecto del ingreso universal a la niñez que había presentado Elisa Carrió, aunque con el propósito inverso de que fuera verdaderamente "universal" y de que discurriera por fuera de los "punteros" políticos, piqueteros y municipales que rodean al Gobierno. Para anunciar su proyecto, la Presidenta usó por enésima vez la cadena oficial de radiocomunicación, apostando a que el consiguiente impacto mediático aventara el mayor peligro que preocupa a los Kirchner: que la oposición termine por arrancarles el bien inapreciable de la iniciativa política. El hecho de que el Poder Ejecutivo haya consignado su proyecto sobre la niñez a un decreto de necesidad y urgencia en lugar de un proyecto de ley muestra a su vez que, a medida que se acerca el 10 de diciembre, cuenta cada vez menos con el Poder Legislativo.
En el curso de su proyectada "reforma política", mientras tanto, el kirchnerismo también pretendió atraer a ese importante segmento de la oposición que es el vasto partido radical, el único capaz de sortear el brete legal de la reforma política que amenaza a los demás partidos. Así fue como Kirchner quiso remedar la alianza peronista-radical de 1993 de la que fue portador el desafortunado Pacto de Olivos entre Menem y Alfonsín, cuando aquél logró nada menos que cambiar la Constitución para ponerla al servicio de su ambición reeleccionista.
Está claro que Kirchner encuentra cada día más obstáculos para imponer su hasta ayer omnímoda voluntad. Prueba de ello es que la oposición rechazó en pleno participar de la reunión a la que la había convocado la Presidenta para lanzar el proyecto de la reforma política. Esta noticia, alentadora para todos aquellos que quieren contener a Kirchner, ha sido amortiguada empero por nuevos disensos entre los propios opositores como el que acaba de aflorar entre Duhalde y De Narváez, una noticia preocupante porque, aparte de sus constantes triquiñuelas, Kirchner también abriga el deseo, o la ilusión, de que la oposición no logre asegurar al fin su propia cohesión con un sentido de patriótica grandeza capaz de superar las ambiciones personales.
La Nación
¿Qué intenciones hay detrás de la reforma política de los K?
Por Rosendo Fraga
Especial para lanacion.com
Martes 20 de octubre de 2009
Tras la derrota electoral del 28 de junio, la operación de Kirchner para reconstruir el poder comenzó con la anulación del contrato para la televisación del fútbol entre la AFA y el grupo Clarín, continuó con la sanción en el Congreso de la ley de medios, sigue ahora con el proyecto de reforma política y continuaría seguidamente con la modificación de la ley de entidades financieras, más allá de recientes desmentidas.
Hay un punto en común entre los pasos que se han dado en el deporte y los medios y los que se darían en el manejo de la política y la actividad financiera: en los cuatro casos se trata de avances del Estado sobre estas actividades, los que combinan una mayor regulación, con la aplicación de lo que Felipe Solá ha denominado la dictadura de la caja. Es decir, la imposición de la voluntad oficial a través del manejo de los recursos públicos.
En el caso concreto de la reforma política, lo que trasciende hasta ahora es que se establecería que el financiamiento del funcionamiento de los partidos como de las campañas electorales dependería del Estado, total o parcialmente. Hoy, sólo una parte menor del gasto político está financiado con recursos públicos y el resto por recursos privados, aunque en los hechos el uso del dinero del Estado, ya sea nacional, provincial o municipal, juega un rol importante a través del gasto social, la obra pública, los subsidios, etc.
Esto permitiría al actual gobierno tener una marcada influencia tanto en las internas para elegir candidatos para la elección de 2011, como sobre las campañas electorales que tendrán lugar dicho año.
El otro aspecto relevante sería el sistema indirecto para votar en las internas para elegir candidatos.
Serían internas abiertas -podrían votar los no afiliados- y tendrían lugar el mismo día en todos los partidos, pudiendo establecerse que el voto sea obligatorio. Es el sistema que rige en Uruguay y en la provincia de Santa Fe y que también estuvo incluido en la reforma política que fue sancionada por el Congreso en la presidencia de Duhalde, presentada por él como respuesta al clima de fuerte cuestionamiento a la política que existía siete años atrás y que se resumía en la frase que se vayan todos.
Es paradójico que el kirchnerismo ahora quiera establecer el sistema que, estando vigente, suspendió mediante decreto para las elecciones de 2005 y que después derogó para los comicios de 2007. Fue así como la fórmula presidencial del PJ para dicha elección, fue electa por el congreso partidario sin interna, como sucedió en la mayoría de los partidos.
Más allá de la incoherencia de buscar ahora establecer lo que recientemente no se cumplió y luego derogó, con el nuevo proyecto de reforma política la elección sería indirecta, votándose por una lista de congresales o delegados, los que, una vez reunidos, elegirían los candidatos.
Se trata de una adecuación a las internas, del sistema del Colegio Electoral que regía para elegir presidente y vice en la Constitución Nacional hasta que fue modificada en 1994 estableciéndose el voto directo. No parece demasiado coherente establecer para las internas el sistema electoral que ha sido derogado para elegir presidente.
Se argumentará que es el sistema de las primarias en los EE.UU. y ello es cierto, pero este país mantiene el sistema indirecto de Colegio Electoral para elegir el presidente y vice, con lo cual hay coherencia entre los dos sistemas, lo que no sucedería en la Argentina.
Hoy, en una primaria abierta, Reutemann le ganaría a Kirchner como candidato presidencial del PJ.
Pero en un interna en la cual el financiamiento dependiera sólo de fondos públicos y además con los recursos del Estado permitiendo el uso de la mencionada dictadura de la caja y con delegados eligiendo la fórmula donde podría producirse el efecto de borocotización que se está dando en ambas cámaras del Congreso de la Nación, el oficialismo tendría una posibilidad que hoy le niegan tanto los sondeos como los resultados de las elecciones locales recientes.
En conclusión, si la reforma política combina el financiamiento de partidos y campañas en base a recursos públicos y es por delegados y no por voto directo el sistema para elegir los candidatos, el kirchnerismo puede tener posibilidades que hoy la opinión pública le niega.
El autor es director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría
La Nacion
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Partidos políticos
¿Adónde vamos a ir a parar con 827 partidos políticos?
Por Orlando Ferreres
Especial para lanacion.com
Martes 1 de setiembre de 2009
La economía se basa en la política y la política se alimenta de los resultados económicos. Es decir, no se pueden separar estos dos aspectos de la vida de un país, salvo para estudiarlos disecadamente (como a la rana en zoología), pero en la realidad van juntos. Por eso a algunos economistas nos interesa cada vez más la política pues, de lo contrario, no podríamos pronosticar las variables del entorno macroeconómico con la aproximación necesaria para tomar decisiones. En los últimos 10 años ha aparecido una rama de la economía, Political Economic, que se ocupa de estos temas, con autores como Persson y Tabellini, Drazen, Grossman y Helpman, entre otros.
Al tratar de identificar las ideas políticas actuales de la Argentina, uno se sorprende de entrada al encontrar que hay alrededor de 827 partidos políticos. De acuerdo a datos de la Cámara Nacional Electoral al año 2007, hay 37 partidos nacionales (sin contar que en cada provincia tienen cada uno su propia denominación). Después tenemos 290 partidos de distrito provincial, diferentes de los nacionales, autorizados en cada provincia. Finalmente no se sabe exactamente cuantos partidos vecinalistas hay, pero en base a datos de 5 jurisdicciones los estimamos conservadoramente en 500. Por ejemplo, en la provincia de Buenos Aires, que tiene 134 municipios, en la elección de 2009, se presentaron 150 partidos vecinalistas, o sea en algunos municipios hubo dos o más partidos locales. Nombres como "Todos por Arrecifes", "Acción por San Pedro" o inclusive para una parte del distrito como "Agrupación Propuesta Norte de Vicente López (Pro-Nor)", aparecen en esta lista. Algunos de estos 500 o más partidos vecinales negocian con un candidato provincial o nacional, que es acompañado por dos o tres de estas listas locales, una especie de "internas abiertas de hecho", una suerte de "ley de lemas" o "listas colectoras", una distorsión más del sistema de representación proporcional, o lista sabana. Si recordamos que tenemos 2247 municipios en todo el país, el número estimado de 500 se puede quedar corto (ver informe). Con lo cual concluimos que, sumando nacionales, provinciales y vecinalistas, hay alrededor de 827 partidos políticos en nuestro país.
¿Puede haber 827 ideas distintas sobre el destino de la Argentina? Es evidente que no. Muchos de estos partidos son Pymes, un negocio de pocos empleados, para que su titular pueda llegar al cargo para el que se presenta, pero ideas, salvo excepciones, ni tienen ni les interesa. También pueden cambiar de idea, según la conveniencia del momento, asociarse a un poder más fuerte por un tiempo, 4 o 5 años, y luego suavemente ir alejándose del mismo, cuando este poder está en decadencia, para recalar en otro nuevo poder ascendente.
¿No sería mejor tener dos partidos, que representaran las posibles preferencias de la población, eventualmente tres o cuatro partidos, en vez de esta inflación política galopante?
Para mí, sería mucho mejor tener dos o tres partidos. Los políticos actuales nos dicen que la fragmentación es algo que viene de la sociedad, que ellos no pueden hacer mucho con estos 827 partidos. Creo que no es así. Leyendo a Maurice Duverger, en "Factors in a Two-Party and Multiparty System", de Party Politics and Pressure Groups , nos dice que, de acuerdo a una ley de los sistemas electorales, formulada por él en 1946, pueden ocurrir tres cosas:
1. Si se vota por circunscripción, por mayoría en una vuelta, esto conduce a la formación de dos partidos, como es el caso de Estados Unidos y Gran Bretaña.
2. Si el sistema es de representación proporcional (lista sábana), esto conduce a la formación de múltiples partidos (en nuestro caso, 827 partidos).
3. Si se tiene una combinación de 50% de los elegidos por circunscripción, y 50% por representación proporcional (sábana), esto conduce a la formación de pocos partidos, y si hay doble vuelta, este lleva a dos coaliciones de partidos, como el caso de Alemania.
No se puede asegurar que esta ley se cumpla siempre en cada país, pero se acepta que, en sus grandes lineamientos, es verdadera.
La Argentina ha venido declinando, tomando como punto de partida que era el octavo país 1910 y ahora está muy lejos de eso. La política es una gran responsable de esta tendencia a la declinación, pues los partidos se han vuelto poco representativos del interés general y ninguno llega a entusiasmar con un proyecto significativo de destino común para el país. Las plataformas de esos partidos parecen hechas para cumplir con un requisito burocrático, y nada más.
Por eso, ¿por qué no nos basamos en la ley de Duverger, terminamos con la lista sábana, y vamos creando dos grandes partidos representativos del interés general? Al tener que votar por circunscripción, no se van a fragmentar más los partidos como dicen los que dirigen los espacios políticos hoy y que defienden el sistema actual, porque le da poder al "jefe" ( ¡ya se han fragmentado con la lista sábana!). El problema es para los capos permanentes de cada partido, que ya no van a poder poner a su aliado impresentable en los puestos de abajo en la lista para que entren, como hacen hoy, pues habría un solo lugar por circunscripción. Van a tener que poner al mejor candidato de cada distrito y esto es mejor para el país y, aunque el capo de la Pyme política pierda su poder, el poder vuelve al pueblo (hemos visto hasta candidatos testimoniales, gente solo para aparentar el primer lugar de la lista, pero que después renuncian para que queden los que en realidad quiere el capo del partido).
Naturalmente, esto sería un comienzo, con esto solo no vamos a arreglar los problemas políticos del país, es decir, la selección de los mejores para gobernar. Faltarán las internas de los partidos, faltará dar más poder a los políticos y menos a las corporaciones, más Republica y menos corporativismo, faltará más gente dispuesta a sacrificarse por la Patria, faltará recrear muchas instituciones. Pero como la tarea es grande y pocos los patriotas, hay que empezar de una vez, sin desanimarse por la difícil tarea.
La Nación
Por Orlando Ferreres
Especial para lanacion.com
Martes 1 de setiembre de 2009
La economía se basa en la política y la política se alimenta de los resultados económicos. Es decir, no se pueden separar estos dos aspectos de la vida de un país, salvo para estudiarlos disecadamente (como a la rana en zoología), pero en la realidad van juntos. Por eso a algunos economistas nos interesa cada vez más la política pues, de lo contrario, no podríamos pronosticar las variables del entorno macroeconómico con la aproximación necesaria para tomar decisiones. En los últimos 10 años ha aparecido una rama de la economía, Political Economic, que se ocupa de estos temas, con autores como Persson y Tabellini, Drazen, Grossman y Helpman, entre otros.
Al tratar de identificar las ideas políticas actuales de la Argentina, uno se sorprende de entrada al encontrar que hay alrededor de 827 partidos políticos. De acuerdo a datos de la Cámara Nacional Electoral al año 2007, hay 37 partidos nacionales (sin contar que en cada provincia tienen cada uno su propia denominación). Después tenemos 290 partidos de distrito provincial, diferentes de los nacionales, autorizados en cada provincia. Finalmente no se sabe exactamente cuantos partidos vecinalistas hay, pero en base a datos de 5 jurisdicciones los estimamos conservadoramente en 500. Por ejemplo, en la provincia de Buenos Aires, que tiene 134 municipios, en la elección de 2009, se presentaron 150 partidos vecinalistas, o sea en algunos municipios hubo dos o más partidos locales. Nombres como "Todos por Arrecifes", "Acción por San Pedro" o inclusive para una parte del distrito como "Agrupación Propuesta Norte de Vicente López (Pro-Nor)", aparecen en esta lista. Algunos de estos 500 o más partidos vecinales negocian con un candidato provincial o nacional, que es acompañado por dos o tres de estas listas locales, una especie de "internas abiertas de hecho", una suerte de "ley de lemas" o "listas colectoras", una distorsión más del sistema de representación proporcional, o lista sabana. Si recordamos que tenemos 2247 municipios en todo el país, el número estimado de 500 se puede quedar corto (ver informe). Con lo cual concluimos que, sumando nacionales, provinciales y vecinalistas, hay alrededor de 827 partidos políticos en nuestro país.
¿Puede haber 827 ideas distintas sobre el destino de la Argentina? Es evidente que no. Muchos de estos partidos son Pymes, un negocio de pocos empleados, para que su titular pueda llegar al cargo para el que se presenta, pero ideas, salvo excepciones, ni tienen ni les interesa. También pueden cambiar de idea, según la conveniencia del momento, asociarse a un poder más fuerte por un tiempo, 4 o 5 años, y luego suavemente ir alejándose del mismo, cuando este poder está en decadencia, para recalar en otro nuevo poder ascendente.
¿No sería mejor tener dos partidos, que representaran las posibles preferencias de la población, eventualmente tres o cuatro partidos, en vez de esta inflación política galopante?
Para mí, sería mucho mejor tener dos o tres partidos. Los políticos actuales nos dicen que la fragmentación es algo que viene de la sociedad, que ellos no pueden hacer mucho con estos 827 partidos. Creo que no es así. Leyendo a Maurice Duverger, en "Factors in a Two-Party and Multiparty System", de Party Politics and Pressure Groups , nos dice que, de acuerdo a una ley de los sistemas electorales, formulada por él en 1946, pueden ocurrir tres cosas:
1. Si se vota por circunscripción, por mayoría en una vuelta, esto conduce a la formación de dos partidos, como es el caso de Estados Unidos y Gran Bretaña.
2. Si el sistema es de representación proporcional (lista sábana), esto conduce a la formación de múltiples partidos (en nuestro caso, 827 partidos).
3. Si se tiene una combinación de 50% de los elegidos por circunscripción, y 50% por representación proporcional (sábana), esto conduce a la formación de pocos partidos, y si hay doble vuelta, este lleva a dos coaliciones de partidos, como el caso de Alemania.
No se puede asegurar que esta ley se cumpla siempre en cada país, pero se acepta que, en sus grandes lineamientos, es verdadera.
La Argentina ha venido declinando, tomando como punto de partida que era el octavo país 1910 y ahora está muy lejos de eso. La política es una gran responsable de esta tendencia a la declinación, pues los partidos se han vuelto poco representativos del interés general y ninguno llega a entusiasmar con un proyecto significativo de destino común para el país. Las plataformas de esos partidos parecen hechas para cumplir con un requisito burocrático, y nada más.
Por eso, ¿por qué no nos basamos en la ley de Duverger, terminamos con la lista sábana, y vamos creando dos grandes partidos representativos del interés general? Al tener que votar por circunscripción, no se van a fragmentar más los partidos como dicen los que dirigen los espacios políticos hoy y que defienden el sistema actual, porque le da poder al "jefe" ( ¡ya se han fragmentado con la lista sábana!). El problema es para los capos permanentes de cada partido, que ya no van a poder poner a su aliado impresentable en los puestos de abajo en la lista para que entren, como hacen hoy, pues habría un solo lugar por circunscripción. Van a tener que poner al mejor candidato de cada distrito y esto es mejor para el país y, aunque el capo de la Pyme política pierda su poder, el poder vuelve al pueblo (hemos visto hasta candidatos testimoniales, gente solo para aparentar el primer lugar de la lista, pero que después renuncian para que queden los que en realidad quiere el capo del partido).
Naturalmente, esto sería un comienzo, con esto solo no vamos a arreglar los problemas políticos del país, es decir, la selección de los mejores para gobernar. Faltarán las internas de los partidos, faltará dar más poder a los políticos y menos a las corporaciones, más Republica y menos corporativismo, faltará más gente dispuesta a sacrificarse por la Patria, faltará recrear muchas instituciones. Pero como la tarea es grande y pocos los patriotas, hay que empezar de una vez, sin desanimarse por la difícil tarea.
La Nación
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