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Temen en Grecia un caos sin el euro

Martes 22 de mayo de 2012 | Publicado en edición impresa

La crisis europea / Atenas, en la mira de la UE

Temen en Grecia un caos sin el euro


Ante el riesgo de un estallido social, el apocalíptico escenario fue bautizado "dracmageddon"; la incertidumbre se adueña del país

Por Elisabetta Piqué  | LA NACION

ATENAS.- "¿Usted dejaría su plata en el banco, que de la noche a la mañana podría pasar a llamarse de otra forma y perder el 60% de su valor?" Cristina Marussi, un ama de casa de 50 años, contesta casi con resignación después de sacar euros de un cajero de la céntrica plaza Syntagma.

 
La crisis provocó una mayor venta ambulante en Atenas. Foto: EFE y AP
Es otro día gris en Atenas, gris como el humor de los griegos. No hay corridas bancarias ni pánico, pero en el ambiente reina un clima de gran tensión.

El fantasma del tan temido "Grexit", la salida de Grecia de la eurozona , que podría darse si en las elecciones del 17 de junio triunfa la izquierda radical que rechaza el plan de ajuste acordado con la Unión Europea (UE) y el FMI, está más presente que nunca.
Y el denominado "dracmageddon" -término acuñado hace unos meses por una radio local que trata de tomar con humor esta crisis que ya lleva dos años- sintetiza el temor de la gente a caer en esa apocalíptica dimensión desconocida.
Cuando falta menos de un mes para las cruciales elecciones parlamentarias que se han transformado en un virtual referendo a favor o en contra de la permanencia de Grecia en la eurozona, la incertidumbre es total. Algunas encuestas dan por vencedor, con más del 21%, al partido a izquierda radical Syriza, del joven Alexis Tsipras, la gran revelación del momento. Otros indican que ganará por un punto el partido de centroderecha Nueva Democracia, de Antonis Samaras, que sería votado no por convicción, sino por descarte, por quienes temen un "Grexit" si triunfa la izquierda.
En ese caso, una salida de Grecia del euro para muchos sería devastadora, sobre todo para un país como Grecia, que no tiene materias primas y es muy dependiente de las importaciones (entre el 80 y el 90% de la energía y de los bienes alimenticios llegan desde afuera) y que arrastra una deuda inmensa.
El primer problema sería un derrumbe de la nueva y vieja moneda, el dracma. Tomando como referencia el default argentino, se habla de una devaluación de entre el 60 y el 70%. Y el gobierno se vería obligado a un inmediato bloqueo de los capitales para frenar el colapso.
Aunque hay quienes, además, avizoran algo mucho peor: caos, anarquía, saqueos, violencia social, al mejor estilo de la Argentina en 2001. Con tropas en la calle, fronteras cerradas y con la policía sin la nafta suficiente como para salir a patrullar...
"Tengo miedo. Si Grecia sale del euro, voy a tratar de irme de la eurozona", confiesa a LA NACION María Topalova, una periodista búlgara que vive hace más de diez años en Grecia, directora ejecutiva del sitio web GreekReporter, con diez empleados.
"Tengo miedo a un aumento de la criminalidad que ya existe, de no poder mandar más a mi hijo de diez años a un colegio internacional, porque mucha gente ya no podría pagar la cuota. Miedo a estallidos de violencia", afirma esta mujer separada, que vio reducir drásticamente sus ingresos por el aumento de los impuestos.

 
El dinero alternativo es una salida para muchos griegos. Foto: EFE y AP
"Por eso estoy pensando en irme del país, donde nació mi hijo y donde en 2005 me compré una casa gracias a los créditos que otorgaban en la época de optimismo de los Juegos Olímpicos... Pero ahora no hay futuro", dice Topalova.

Anastasia Stadoris, docente de 40 años, también cree que puede pasar cualquier cosa. "La bronca que tienen los griegos se está canalizando con las elecciones del 6 de mayo y con las que vamos a volver a tener el 17 de junio, así que no creo que va a haber estallidos sociales graves. Pero si llega a haber un corralito como tuvieron en la Argentina, si a los griegos no nos dejan sacar el poco dinero que nos queda del banco, seguro va a haber caos", vaticina.
Dennis Sofianopulos, un desempleado como el 21% de los 11 millones de griegos, no tiene dudas. "Si volvemos al dracma, estamos muertos, sería el desastre", afirma. De 45 años, ex camionero y ex dueño de una tienda de música, Dennis se las rebusca haciendo changas. Vive en un hospedaje comunal para los sin techo porque perdió la casa de su familia. "Mi hermano la vendió y se fue a vivir al exterior, dejándome sin nada", cuenta.

Clima de miedo

Para Evel Setomakis, profesor en una escuela norteamericana, de 52 años, el término "dracmageddon" tiene sentido. "Mucha gente estaría shockeada por una vuelta al dracma, muy alterada, pero creo que todavía nos quedan dos o tres años para que haya un estallido social violento... Estamos mal, pero todavía no tocamos fondo. Sí, hay jóvenes que tiran piedras en las manifestaciones, pero nadie quiere salir a pelear. No veo escenarios de guerra civil", opina.
"Es más, me parece que es la troika la que crea este clima de miedo ante una posible salida del euro, para dañar a la izquierda radical que rechaza los planes de ajustes y para favorecer a los partidos de derecha y centro -acusa Setomakis-. No se puede predecir el futuro, pero si dejamos la UE, no me sorprendería, y si nos quedamos, tampoco. En cualquier caso, los griegos vamos a estar mucho peor."
Dimitris Catisis, un pequeño empresario de 37 años, dueño de un hotel, una cafetería y un restaurante, no les teme ni al "dracmageddon" ni al "Grexit".
"Con dos millones de desocupados, nueve de cada diez empresas cerradas, 1800 suicidios por la crisis, los jóvenes que sobreviven gracias a sus familias y que apenas terminan la universidad enseguida sacan su pasaporte para irse, el 30% de los griegos viviendo debajo del umbral de la pobreza ¿qué otro caos podría venir?", pregunta.

 
El sistema del trueque ya se instaló en varias ciudades del país, como en Volos. Foto: EFE y AP
"Salir del euro sería mejor para los griegos", agrega, al contar que por culpa de la moneda única pronto deberá cerrar uno o dos locales, porque tiene deudas por 40.000 euros.

Frente al árbol de la plaza Syntagma que se convirtió en un monumento-símbolo de esta crisis (el 3 de abril pasado se suicidó allí Dimitris Christoulas, un jubilado de 77 años), Vasilis, un estudiante de economía de 22 años, es el fiel reflejo del escepticismo total de muchos jóvenes.
Un anarquista, no votó en las últimas elecciones ni va a votar porque, según cree, "nada va a cambiar". Mientras le muestra a su novia ese "árbol del suicidio", destino de peregrinación para muchos griegos, admite que lo único que lo asusta de una vuelta al dracma es que le falten medicamentos.
"Soy diabético y tengo que darme cuatro inyecciones por día. La comida la podemos robar en los supermercados, pero necesito de mis medicamentos... Y si no los consigo, entonces sí, sería un «dracmageddon»", dice Vasilis

Al borde del colapso, Grecia se argentiniza


El fantasma de 2001, en Atenas

Al borde del colapso, Grecia se argentiniza



Por Elisabetta Piqué  | LA NACION


ATENAS.- No dicen ni "Maradona" ni "Messi". El fútbol ni se les pasa por la cabeza en este momento. Reaccionan con una única pregunta: "¿Cómo hicieron ustedes?".
Y es lógico. Las similitudes con el colapso argentino de diciembre de 2001 son demasiadas. Así como en 2001 la imposibilidad de sostener la convertibilidad argentina estaba en boca de todos, en este 2001 de Grecia, la mayoría de los 11 millones de habitantes de este país al borde del colapso -en verdad, ya en bancarrota- de lo único que hablan y discuten es sobre el "evró", el maldito euro.
Para los griegos, la moneda única, que hace diez años reemplazó al dracma, sólo les ha traído problemas. Creen que, con el poder de devaluar sólo en manos del Banco Central Europeo (BCE), el euro les hizo perder competitividad y contraer una deuda gigantesca. Ayer fue un sábado gris y húmedo en Atenas, y todo el mundo hablaba del "evró". Ese euro que Grecia podría abandonar si en las elecciones parlamentarias del 17 de junio próximo gana -como todos los sondeos indican- el partido de izquierda radical Syriza, liderado por el joven Alexis Tsipras, la nueva estrella de la política griega.
En las elecciones del 6 de mayo pasado, al margen de castigar como nunca a los dos partidos tradicionales griegos que se alternaron el poder en los últimos 38 años (el Pasok, de izquierda, y Nueva Democracia, de derecha), los griegos les han dicho basta a las políticas de austeridad impuestas desde hace dos años por la troika -formada por la Unión Europea (UE), el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI)- para salvarla de un default que, en verdad, ya existe parcialmente.
Hoy, los griegos se sienten como en la Argentina de 2001. Y razón no les falta, las smilitudes sobran: hay una incertidumbre total por lo que vendrá, una recesión fulminante, temor a una eclosión que parece inminente, un pesimismo absoluto por el futuro, vacío político, una creciente pobreza, angustia, desconfianza total hacia los partidos, el fantasma del corralito y corridas para extraer dinero de los bancos.
"Acá todavía no hubo estallido social ni saqueos de supermercados ni 30 muertos. Sabemos que la gran diferencia es que Grecia está en la Unión Europea y que la Argentina, a diferencia de Grecia, tiene inmensos recursos naturales, pero todo es muy parecido", dice a LA NACION María Avgis, profesora universitaria de historia de América latina que vivió muchos años en la Argentina y que, casualmente, presenció el colapso de diciembre de 2001.
"Se respira un clima denso: vivís un día y te parece que vivís una eternidad, como en diciembre de 2001 en la Argentina", evoca Avgis.
Ya en plena campaña política para las elecciones parlamentarias del 17 de junio, los griegos se ven inmersos en una disyuntiva apocalíptica. ¿Seguir estrangulados por recortes que les impiden vivir pero permanecer en el "evró" y en la UE, o tirar todo por la borda y rechazar esos millonarios rescates que, a la corta, parecen empeorar las cosas?
"Nadie especifica qué hará, qué medidas tomará, pero a los griegos nos venden dos relatos: recuperar toda esa soberanía perdida en estos años de rigor salvaje impuesto desde afuera, diciendo que no a soluciones de afuera, o permanecer en esa gran familia europea, en la que los griegos, virtuales hijos pródigos, debemos portarnos en forma correcta y asumir nuestras responsabilidades", dice Avgis, que confiesa que a este punto quiere un cambio, aunque sea finalmente el tan temido "Grexit", la salida de Grecia de la eurozona.
"Para muchos, salir del euro traería una sensación de alivio como la que tuvieron los argentinos cuando [Adolfo] Rodríguez Saá anunció el default", dispara Avgis, más allá de los sondeos que dicen que más del 80% de los griegos quiere permanecer en el euro.
Como a la mayoría de los empleados públicos, a María, de 40 años y con una hija de 15 meses, le bajaron un 20% el sueldo, al tiempo que le subieron salvajemente los impuestos. Lo mismo les pasó a los jubilados.
Si las calles de Atenas siempre tuvieron algo de Buenos Aires -dejando de lado, claro, la Acrópolis-, ahora el parecido es más fuerte que nunca. Y la sensación de déjà- vu, inmensa. Después de varios años de recesión, cientos de negocios tuvieron que cerrar por la crisis (el 29,6% de las tiendas de Atenas), y en los que están abiertos, casi nadie compra.
Saltan a la vista carteles de departamentos en venta o en alquiler, así como gente que pide limosna, familias enteras que revuelven tachos de basura, indigentes que duermen en la calle, cartoneros que, con carritos de supermercado, recolectan lo que sea.
Como en la Argentina de 2001, por otro lado, las iniciativas de solidaridad para hacerle frente al colapso social, con grupos que hacen trueques, intercambian bienes, se asocian en cooperativas, se multiplicaron. El desempleo afecta al 21% de la población y entre los jóvenes supera el 51%: uno de cada dos no tiene trabajo. No sorprende que el sueño de la mayoría de los menores de 25 años sea irse del país, como sucedía en la Argentina de 2001.

Pobreza

Las estadísticas también indican que el 30% de los griegos viven por debajo del umbral de la pobreza. En el comedor popular de la calle Sofokleaus, antes de que el reloj marque las 12, ya hay una inmensa fila de personas -jubilados y desempleados de todas las edades y sexo- que esperan una bandeja de plástico con comida. Todos los días allí se reparten más de 5000 porciones. Ayer, el menú era pasta con ragoût , zanahorias, pan y fruta.
"Vengo aquí porque tengo una jubilación de 300 euros que no me alcanza para vivir", cuenta a LA NACION Alexandros Alexopulos, ingeniero mecánico de 70 años, de bigote blanco, pocos dientes y anteojos, en perfecto inglés.
"En Grecia va a suceder lo que sucedió en la Argentina. Después de las elecciones del 17 de junio, el país caerá en bancarrota, saldremos del euro y empezaremos una nueva historia. La deuda que tiene Grecia no se va a pagar nunca. No se puede pagar una deuda con la sangre del pueblo. Esto es el fracaso del sistema capitalista, que está jugando a la ruleta con nosotros", agrega este jubilado, al confesar que en los comicios votará por Tsipras.
El odio hacia los políticos y hacia las recetas de sangre, sudor y lágrimas impuestas desde el exterior, que evidentemente fracasaron, es inmenso.
"Son todos unos ladrones, sólo piensan en su sillón. Ellos nos llevaron a este infierno y tienen que irse a la cárcel", clama Anastasio Karas, vendedor ambulante de sándwiches que por la crisis debió cerrar su quiosco hace dos años.
Si el FMI era la bestia negra de la Argentina en 2001, ahora, en Grecia, Angela Merkel es el blanco de toda la furia. "Los alemanes no pueden pretender que los griegos seamos como ellos. Como Hitler en su momento, Merkel, sin armas, pretende ahora convertirnos en esclavos, para dominarnos y comprarnos a un precio irrisorio. Pero los griegos vamos a resistir, como resistimos contra Hitler y como resistió la Argentina a los dictados del FMI", dice Andreu Fotis, abogado. Como la mayoría de los griegos, seres muy confundidos, deprimidos, desorientados, indignados, Andreu pregunta, para terminar: "Y ustedes, los argentinos, ¿cómo hicieron?