Recopilación temática de la actualidad Argentina para mantener un registro de los hechos y responsables. Por lo general, nos limitamos a poner artículos de medios de noticias tal cual fueron publicados. A la izquierda encontrará la lista de temas que seguimos.
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ATENAS.- "¿Usted dejaría su plata en el banco, que de
la noche a la mañana podría pasar a llamarse de otra forma y perder el
60% de su valor?" Cristina Marussi, un ama de casa de 50 años, contesta
casi con resignación después de sacar euros de un cajero de la céntrica
plaza Syntagma.
La crisis provocó una mayor venta ambulante en Atenas. Foto: EFE y AP
Es
otro día gris en Atenas, gris como el humor de los griegos. No hay
corridas bancarias ni pánico, pero en el ambiente reina un clima de gran
tensión.
El fantasma del tan temido "Grexit", la salida de Grecia de la eurozona
, que podría darse si en las elecciones del 17 de junio triunfa la
izquierda radical que rechaza el plan de ajuste acordado con la Unión
Europea (UE) y el FMI, está más presente que nunca.
Y el denominado "dracmageddon" -término acuñado hace
unos meses por una radio local que trata de tomar con humor esta crisis
que ya lleva dos años- sintetiza el temor de la gente a caer en esa
apocalíptica dimensión desconocida.
Cuando falta menos de un mes para las cruciales
elecciones parlamentarias que se han transformado en un virtual
referendo a favor o en contra de la permanencia de Grecia en la
eurozona, la incertidumbre es total. Algunas encuestas dan por vencedor,
con más del 21%, al partido a izquierda radical Syriza, del joven
Alexis Tsipras, la gran revelación del momento. Otros indican que ganará
por un punto el partido de centroderecha Nueva Democracia, de Antonis
Samaras, que sería votado no por convicción, sino por descarte, por
quienes temen un "Grexit" si triunfa la izquierda.
En ese caso, una salida de Grecia del euro
para muchos sería devastadora, sobre todo para un país como Grecia, que
no tiene materias primas y es muy dependiente de las importaciones
(entre el 80 y el 90% de la energía y de los bienes alimenticios llegan
desde afuera) y que arrastra una deuda inmensa.
El primer problema sería un derrumbe de la nueva y
vieja moneda, el dracma. Tomando como referencia el default argentino,
se habla de una devaluación de entre el 60 y el 70%. Y el gobierno se
vería obligado a un inmediato bloqueo de los capitales para frenar el
colapso.
Aunque hay quienes, además, avizoran algo mucho peor:
caos, anarquía, saqueos, violencia social, al mejor estilo de la
Argentina en 2001. Con tropas en la calle, fronteras cerradas y con la
policía sin la nafta suficiente como para salir a patrullar...
"Tengo miedo. Si Grecia sale del euro, voy a tratar de
irme de la eurozona", confiesa a LA NACION María Topalova, una
periodista búlgara que vive hace más de diez años en Grecia, directora
ejecutiva del sitio web GreekReporter, con diez empleados.
"Tengo miedo a un aumento de la criminalidad que ya
existe, de no poder mandar más a mi hijo de diez años a un colegio
internacional, porque mucha gente ya no podría pagar la cuota. Miedo a
estallidos de violencia", afirma esta mujer separada, que vio reducir
drásticamente sus ingresos por el aumento de los impuestos.
El dinero alternativo es una salida para muchos griegos. Foto: EFE y AP
"Por
eso estoy pensando en irme del país, donde nació mi hijo y donde en
2005 me compré una casa gracias a los créditos que otorgaban en la época
de optimismo de los Juegos Olímpicos... Pero ahora no hay futuro", dice
Topalova.
Anastasia Stadoris, docente de 40 años, también cree
que puede pasar cualquier cosa. "La bronca que tienen los griegos se
está canalizando con las elecciones del 6 de mayo y con las que vamos a
volver a tener el 17 de junio, así que no creo que va a haber estallidos
sociales graves. Pero si llega a haber un corralito como tuvieron en la
Argentina, si a los griegos no nos dejan sacar el poco dinero que nos
queda del banco, seguro va a haber caos", vaticina.
Dennis Sofianopulos, un desempleado como el 21% de los
11 millones de griegos, no tiene dudas. "Si volvemos al dracma, estamos
muertos, sería el desastre", afirma. De 45 años, ex camionero y ex dueño
de una tienda de música, Dennis se las rebusca haciendo changas. Vive
en un hospedaje comunal para los sin techo porque perdió la casa de su
familia. "Mi hermano la vendió y se fue a vivir al exterior, dejándome
sin nada", cuenta.
Clima de miedo
Para Evel Setomakis, profesor en una escuela
norteamericana, de 52 años, el término "dracmageddon" tiene sentido.
"Mucha gente estaría shockeada por una vuelta al dracma, muy
alterada, pero creo que todavía nos quedan dos o tres años para que haya
un estallido social violento... Estamos mal, pero todavía no tocamos
fondo. Sí, hay jóvenes que tiran piedras en las manifestaciones, pero
nadie quiere salir a pelear. No veo escenarios de guerra civil", opina.
"Es más, me parece que es la troika la que crea este
clima de miedo ante una posible salida del euro, para dañar a la
izquierda radical que rechaza los planes de ajustes y para favorecer a
los partidos de derecha y centro -acusa Setomakis-. No se puede predecir
el futuro, pero si dejamos la UE, no me sorprendería, y si nos
quedamos, tampoco. En cualquier caso, los griegos vamos a estar mucho
peor."
Dimitris Catisis, un pequeño empresario de 37 años,
dueño de un hotel, una cafetería y un restaurante, no les teme ni al
"dracmageddon" ni al "Grexit".
"Con dos millones de desocupados, nueve de cada diez empresas cerradas, 1800 suicidios por la crisis,
los jóvenes que sobreviven gracias a sus familias y que apenas terminan
la universidad enseguida sacan su pasaporte para irse, el 30% de los
griegos viviendo debajo del umbral de la pobreza ¿qué otro caos podría
venir?", pregunta.
El sistema del trueque ya se instaló en varias ciudades del país, como en Volos. Foto: EFE y AP
"Salir
del euro sería mejor para los griegos", agrega, al contar que por culpa
de la moneda única pronto deberá cerrar uno o dos locales, porque tiene
deudas por 40.000 euros.
Frente al árbol de la plaza Syntagma que se convirtió
en un monumento-símbolo de esta crisis (el 3 de abril pasado se suicidó
allí Dimitris Christoulas, un jubilado de 77 años), Vasilis, un
estudiante de economía de 22 años, es el fiel reflejo del escepticismo
total de muchos jóvenes.
Un anarquista, no votó en las últimas elecciones ni va a
votar porque, según cree, "nada va a cambiar". Mientras le muestra a su
novia ese "árbol del suicidio", destino de peregrinación para muchos
griegos, admite que lo único que lo asusta de una vuelta al dracma es
que le falten medicamentos.
"Soy diabético y tengo que darme cuatro inyecciones por
día. La comida la podemos robar en los supermercados, pero necesito de
mis medicamentos... Y si no los consigo, entonces sí, sería un
«dracmageddon»", dice Vasilis
ATENAS.- No dicen ni "Maradona" ni "Messi". El fútbol
ni se les pasa por la cabeza en este momento. Reaccionan con una única
pregunta: "¿Cómo hicieron ustedes?".
Y es lógico. Las similitudes con el colapso argentino
de diciembre de 2001 son demasiadas. Así como en 2001 la imposibilidad
de sostener la convertibilidad argentina estaba en boca de todos, en
este 2001 de Grecia, la mayoría de los 11 millones de habitantes de este
país al borde del colapso -en verdad, ya en bancarrota- de lo único que
hablan y discuten es sobre el "evró", el maldito euro.
Para los griegos, la moneda única, que hace diez años
reemplazó al dracma, sólo les ha traído problemas. Creen que, con el
poder de devaluar sólo en manos del Banco Central Europeo (BCE), el euro
les hizo perder competitividad y contraer una deuda gigantesca. Ayer
fue un sábado gris y húmedo en Atenas, y todo el mundo hablaba del
"evró". Ese euro que Grecia podría abandonar si en las elecciones
parlamentarias del 17 de junio próximo gana -como todos los sondeos
indican- el partido de izquierda radical Syriza, liderado por el joven
Alexis Tsipras, la nueva estrella de la política griega.
En las elecciones del 6 de mayo pasado, al margen de
castigar como nunca a los dos partidos tradicionales griegos que se
alternaron el poder en los últimos 38 años (el Pasok, de izquierda, y
Nueva Democracia, de derecha), los griegos les han dicho basta a las
políticas de austeridad impuestas desde hace dos años por la troika
-formada por la Unión Europea (UE), el Banco Central Europeo (BCE) y el
Fondo Monetario Internacional (FMI)- para salvarla de un default que, en
verdad, ya existe parcialmente.
Hoy, los griegos se sienten como en la Argentina de
2001. Y razón no les falta, las smilitudes sobran: hay una incertidumbre
total por lo que vendrá, una recesión fulminante, temor a una eclosión
que parece inminente, un pesimismo absoluto por el futuro, vacío
político, una creciente pobreza, angustia, desconfianza total hacia los
partidos, el fantasma del corralito y corridas para extraer dinero de
los bancos.
"Acá todavía no hubo estallido social ni saqueos de
supermercados ni 30 muertos. Sabemos que la gran diferencia es que
Grecia está en la Unión Europea y que la Argentina, a diferencia de
Grecia, tiene inmensos recursos naturales, pero todo es muy parecido",
dice a LA NACION María Avgis, profesora universitaria de historia de
América latina que vivió muchos años en la Argentina y que, casualmente,
presenció el colapso de diciembre de 2001.
"Se respira un clima denso: vivís un día y te parece
que vivís una eternidad, como en diciembre de 2001 en la Argentina",
evoca Avgis.
Ya en plena campaña política para las elecciones
parlamentarias del 17 de junio, los griegos se ven inmersos en una
disyuntiva apocalíptica. ¿Seguir estrangulados por recortes que les
impiden vivir pero permanecer en el "evró" y en la UE, o tirar todo por
la borda y rechazar esos millonarios rescates que, a la corta, parecen
empeorar las cosas?
"Nadie especifica qué hará, qué medidas tomará, pero a
los griegos nos venden dos relatos: recuperar toda esa soberanía perdida
en estos años de rigor salvaje impuesto desde afuera, diciendo que no a
soluciones de afuera, o permanecer en esa gran familia europea, en la
que los griegos, virtuales hijos pródigos, debemos portarnos en forma
correcta y asumir nuestras responsabilidades", dice Avgis, que confiesa
que a este punto quiere un cambio, aunque sea finalmente el tan temido
"Grexit", la salida de Grecia de la eurozona.
"Para muchos, salir del euro traería una sensación de
alivio como la que tuvieron los argentinos cuando [Adolfo] Rodríguez Saá
anunció el default", dispara Avgis, más allá de los sondeos que dicen
que más del 80% de los griegos quiere permanecer en el euro.
Como a la mayoría de los empleados públicos, a María,
de 40 años y con una hija de 15 meses, le bajaron un 20% el sueldo, al
tiempo que le subieron salvajemente los impuestos. Lo mismo les pasó a
los jubilados.
Si las calles de Atenas siempre tuvieron algo de Buenos
Aires -dejando de lado, claro, la Acrópolis-, ahora el parecido es más
fuerte que nunca. Y la sensación de déjà- vu, inmensa. Después
de varios años de recesión, cientos de negocios tuvieron que cerrar por
la crisis (el 29,6% de las tiendas de Atenas), y en los que están
abiertos, casi nadie compra.
Saltan a la vista carteles de departamentos en venta o
en alquiler, así como gente que pide limosna, familias enteras que
revuelven tachos de basura, indigentes que duermen en la calle,
cartoneros que, con carritos de supermercado, recolectan lo que sea.
Como en la Argentina de 2001, por otro lado, las
iniciativas de solidaridad para hacerle frente al colapso social, con
grupos que hacen trueques, intercambian bienes, se asocian en
cooperativas, se multiplicaron. El desempleo afecta al 21% de la
población y entre los jóvenes supera el 51%: uno de cada dos no tiene
trabajo. No sorprende que el sueño de la mayoría de los menores de 25
años sea irse del país, como sucedía en la Argentina de 2001.
Pobreza
Las estadísticas también indican que el 30% de los
griegos viven por debajo del umbral de la pobreza. En el comedor popular
de la calle Sofokleaus, antes de que el reloj marque las 12, ya hay una
inmensa fila de personas -jubilados y desempleados de todas las edades y
sexo- que esperan una bandeja de plástico con comida. Todos los días
allí se reparten más de 5000 porciones. Ayer, el menú era pasta con ragoût , zanahorias, pan y fruta.
"Vengo aquí porque tengo una jubilación de 300 euros
que no me alcanza para vivir", cuenta a LA NACION Alexandros Alexopulos,
ingeniero mecánico de 70 años, de bigote blanco, pocos dientes y
anteojos, en perfecto inglés.
"En Grecia va a suceder lo que sucedió en la Argentina.
Después de las elecciones del 17 de junio, el país caerá en bancarrota,
saldremos del euro y empezaremos una nueva historia. La deuda que tiene
Grecia no se va a pagar nunca. No se puede pagar una deuda con la
sangre del pueblo. Esto es el fracaso del sistema capitalista, que está
jugando a la ruleta con nosotros", agrega este jubilado, al confesar que
en los comicios votará por Tsipras.
El odio hacia los políticos y hacia las recetas de
sangre, sudor y lágrimas impuestas desde el exterior, que evidentemente
fracasaron, es inmenso.
"Son todos unos ladrones, sólo piensan en su sillón.
Ellos nos llevaron a este infierno y tienen que irse a la cárcel", clama
Anastasio Karas, vendedor ambulante de sándwiches que por la crisis
debió cerrar su quiosco hace dos años.
Si el FMI era la bestia negra de la Argentina en 2001,
ahora, en Grecia, Angela Merkel es el blanco de toda la furia. "Los
alemanes no pueden pretender que los griegos seamos como ellos. Como
Hitler en su momento, Merkel, sin armas, pretende ahora convertirnos en
esclavos, para dominarnos y comprarnos a un precio irrisorio. Pero los
griegos vamos a resistir, como resistimos contra Hitler y como resistió
la Argentina a los dictados del FMI", dice Andreu Fotis, abogado. Como
la mayoría de los griegos, seres muy confundidos, deprimidos,
desorientados, indignados, Andreu pregunta, para terminar: "Y ustedes,
los argentinos, ¿cómo hicieron?