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Scioli avaló el proyecto oficial para que voten los jóvenes de 16 años


Jueves 30 de agosto de 2012 | 21:25

Scioli avaló el proyecto oficial para que voten los jóvenes de 16 años

"Me parece muy interesante que se pueda ampliar la base de participación electoral", dijo el gobernador bonaerense

En medio de la fuerte ofensiva del kirchnerismo para ampliar la base electoral a jóvenes de entre 16 y 18 años, el gobernador bonaerense, Daniel Scioli, avaló el proyecto oficial, al que calificó de "muy interesante".
En ese sentido, el ex vicepresidente afirmó que la Argentina vive "una democracia intensa y cuanto más se abren canales de participación, mejor". "Me parece muy interesante que se pueda ampliar la base de participación electoral a jóvenes", expresó Scioli en un comunicado, según consignó la agencia DyN.
El kirchnerismo impulsará dos proyectos de ley que proponen el voto optativo para los jóvenes de entre 16 y 18 años y para los extranjeros con residencia permanente en el país. Así, podrían incorporarse al padrón de votantes unos tres millones de electores.
El gobernador de Buenos Aires señaló que "los jóvenes tienen que opinar y decidir y hacerse responsables sobre su propio futuro" y añadió que "la democracia es eso, es elegir, participar". "En la Argentina vivimos en una democracia con más participación, con más intensidad en cuanto a los debates que se van dando, como ha ocurrido ya en otros países", agregó.
Enseguida, agregó: "Es sorprendente ver a los jóvenes comparados con otras épocas, cuando uno ve todo lo que hace a sus inquietudes, conversaciones a la evolución inclusive de lo que hace a distintos lugares de opinión, a la vocación política".

Apoyo de Aníbal Fernández

Al respecto, el senador Aníbal Fernández, ex jefe de Gabinete, dijo que el objetivo es "muy simple": consideró que "en todos los ámbitos hay más que sobradas razones de que [hoy] se madura un poquito más rápido de lo que se maduraba 70, 80 años atrás".
Como ejemplo, Fernández dijo que su padre fue mayor de edad a los 22, él, a los 21, y su hijo, a los 18. "Si tiene voluntad de hacerlo [de votar], que tenga la posibilidad", sostuvo.
"Si no están interesados [los jóvenes], no ejercerán su derecho. ¿Qué quieren plantear [la oposición]? ¿Que los van a manipular? Sólo se abre la posibilidad de que puedan votar", agregó.
En diálogo con radio La Red, el senador planteó que "acá nadie tiene la vaca atada" y que "al que le está yendo bien hoy, puede no irle bien mañana".
Fernández dijo que la medida va a beneficiar también a la oposición. "Esto va a obligar no sólo a nosotros, sino también a la oposición. Vamos a tener que dar un mensaje limpio y claro", aseguró.
En la misma línea, en diálogo con radio 10, graficó: "Acá, la vaca atada no la tiene nadie. Hay que salir a la cancha y presentar cada uno su propuesta política".
En contrapartida, el rector del Colegio Nacional Buenos Aires, Gustavo Zorzoli, expresó que "en general los chicos de 16 años no están en condiciones de votar". "En principio no parece una iniciativa demasiado fundada, se está forzando una situación sin demasiado fundamento", sostuvo en diálogo con Radio 10.
Asimismo, subrayó el dato de que existe actualmente "un porcentaje muy alto de la población que abandona la escuela secundaria".

El Gobierno apunta sus armas contra Scioli y De la Sota


Miércoles 22 de agosto de 2012 | Publicado en edición impresa
El escenario

El Gobierno apunta sus armas contra Scioli y De la Sota

Por Joaquín Morales Solá | LA NACION













Daniel Scioli y José Manuel de la Sota son los gobernadores más importantes del peronismo. Ellos gobiernan dos de los cuatro distritos más grandes del país; los otros dos, la Capital y Santa Fe, están administrados por líderes opositores al kirchnerismo. Tras la forzosa tregua con Mauricio Macri (toda paz es sólo una tregua para el cristinismo), el combate se reanudó contra Scioli y se inició, inevitable, contra De la Sota.
Los dos casos sirven, al mismo tiempo, como instructivos del poder. Hasta el peronismo vale muy poco para el kirchnerismo cuando lo que está en juego es el dominio absoluto de la política.
Ni Scioli ni De la Sota se han bautizado en la nueva fe re-reeleccionista. El bonaerense supone que una adhesión al reformismo, aunque fuera superficial, podría alejarlo de sectores sociales que hoy le permiten liderar las encuestas nacionales. El cordobés directamente no cree en esos debates tan alejados de las aflicciones sociales. "La reforma constitucional es un debate absurdo", dicen quienes lo oyen.
Los dos, para peor, han hecho explícitos sus proyectos para suceder a Cristina Kirchner en 2015. La presencia de ellos es, por sí sola, una refutación a la afirmación cristinista de que no existe relevo para la Presidenta. El kirchnerismo no tiene alternativas, es cierto, pero el peronismo sí las tiene.

LA OPOSICIÓN MÁS DURA

Bien mirada la política bonaerense, Scioli debe vérselas ahí con el kirchnerismo como la oposición más dura y persistente que tiene. Ahora, una comisión parlamentaria creada por su vicegobernador, Gabriel Mariotto, está hurgando en el caso Candela, una niña que hace un año fue secuestrada y asesinada. El caso Candela fue la muerte de una inocente, aunque en la tragedia se nuclearon los peores intereses de la provincia de Buenos Aires. Una mezcla en la que no faltaron el narcotráfico, la corrupción policial, la desidia judicial y los punteros políticos del peronismo. La comisión citará en los próximos días a los fiscales que actuaron en la investigación y a la actual y a la anterior cúpula de la policía bonaerense, todas nombradas por Scioli. No se descarta, incluso, una citación al propio ministro de Justicia y Seguridad, Ricardo Casal, convertido desde hace mucho tiempo por el kirchnerismo en la bestia negra del sciolismo.
Desde que asumió su segundo mandato, en diciembre pasado, Scioli sabe que si le cortara la cabeza a Casal nada quedaría después de la poca imagen que conserva de independencia política. Sin embargo, es la alarmante inseguridad (cada vez más creciente y más violenta) la que el kirchnerismo tomó ahora como bandera de hostigamiento a Scioli. Es más popular denunciar la inseguridad que retacear dinero y demorar el pago del aguinaldo a los empleados públicos. No obstante, recientes encuestas señalaban también un resultado extraño: más bonaerenses le endilgaban al gobierno nacional la responsabilidad por el auge del delito en la provincia. O Scioli está realmente cubierto por un manto protector o una mayoría cree que la provincia está, en rigor, intervenida por el kirchnerismo.
A De la Sota le contestaron con un spot televisivo en Fútbol para Todos, que es, para el kirchnerismo, la forma más cruel de tratar a un enemigo. Lo que dice la televisión tiene, para el grupo que gobierna, una carga fulminante más pesada que cualquier debate político. Millones de pesos en producción televisiva, demasiadas energías políticas y muchos espacios merecedores de mejores causas se han gastado para destratar en una sola semana a Macri y a De la Sota.
Así es, por otro lado, el eterno círculo que encierra el discurso kirchnerista. La televisación del fútbol se estatizó con el argumento de que todos los argentinos pudieran acceder a ese popular deporte. Ese noble proyecto no fue más que una treta: terminó siendo usado para saldar pobres peleas políticas. En el medio, se van del Estado centenares de millones de pesos para financiar a los arruinados clubes de fútbol.
Con todo, nadie tiene como el kirchnerismo un arte tan eficiente para elaborar un relato que expresa una cosa para decir otra. La más grande acusación que le han hecho a De la Sota es que Córdoba no "armonizó" su sistema jubilatorio con el nacional. Traducido al castellano básico, lo que le están reprochando es que no haya hecho un "ajuste" con los jubilados cordobeses, que ganan el 82 por ciento móvil.
Ese sistema jubilatorio es, más o menos, el mismo que la Corte Suprema le viene pidiendo al gobierno nacional que aplique a todas las jubilaciones. El spot fue claramente contra De la Sota, pero también fue, de manera más indirecta, una presión contra la Corte Suprema, que ya fijó fecha para una audiencia de conciliación entre la Nación y Córdoba. ¿Qué sentido tenía ventilar por televisión un debate sobre las jubilaciones cordobesas cuando la Corte llamó a las partes para dentro de apenas 20 días para tratar el mismo conflicto? Ninguno, salvo descalificar a De la Sota y presionar a la Corte.
Como en el caso de Macri, también con De la Sota el spot de Fútbol para Todos aseguró cosas que no son ciertas. Por ejemplo, reprendió a Córdoba porque supuestamente bajó la edad jubilatoria. Funcionarios cordobeses aseguraron que su sistema impone que las mujeres se jubilen a los 60 años y los hombres, a los 65. "¿Por qué no miran Santa Cruz? Allí las mujeres se jubilan a los 50 años y los hombres, a los 54", zumbó un delasotista. También dijo que, en 2011, el gobierno nacional le envió a Santa Cruz 360.000 pesos para atender a 14.000 jubilados y que Córdoba no recibió un peso en los últimos 19 meses. Córdoba tiene más de 90.000 jubilados. "Fuimos los cordobeses los que financiamos a la Nación, porque en el último año y medio pagamos en tiempo y forma a nuestros jubilados sin que la Nación nos enviara lo que acordó ante la Corte Suprema", concluyó.

LA FOTO

Mañana habrá, probablemente, una foto que mostrará juntos a De la Sota y a Macri. Una inauguración en Córdoba (de la Casa de la Capital en la provincia) prevista con mucha antelación, un convenio de intercambio cultural largamente trabajado y una reunión donde el reparto de los recursos nacionales no estará ausente.
Ninguna novedad política de envergadura. De la Sota habla más con Scioli que con Macri. Sin embargo, serán gotas de aguas suficientes como para crear un océano. Si se concretara, la foto rompería con la rutina que más le gusta al kirchnerismo: que sus adversarios estén definitivamente solos y divididos




El Gobierno intima a Scioli para 2013


Lunes 13 de agosto de 2012 | Publicado en edición impresa
Elecciones legislativas / Pulseada Nación-Provincia por las candidaturas a diputados y senadores

El Gobierno intima a Scioli para 2013

Por Mariano Obarrio | LA NACION














Luego de otra semana en la que se manifestó con crudeza el conflicto sin vuelta atrás entre Cristina Kirchner y el gobernador bonaerense, Daniel Scioli, los allegados a la Presidenta comenzaron a urdir en la Casa Rosada los planes para las elecciones legislativas de 2013 y plantean que, si antes no logran que Scioli deponga su candidatura presidencial, la gran batalla política será la confección de las listas de candidatos en las que el cristinismo no le dará lugares al sciolismo.
"Cristina armará ella las listas con soldados propios, no habrá casi lugares para Scioli", confió a LA NACION un operador político de Olivos.Por su parte, Scioli le aseguró a su equipo que continuará en el Frente para la Victoria (FpV) y buscará integrar las boletas de diputados y legisladores provinciales. "Yo de acá no me muevo", les dijo, según pudo saber LA NACION.
Pero, si la Casa Rosada no le cede los lugares que reclama, podría armar listas propias y enfrentar al cristinismo en las urnas, dentro o fuera del PJ, según lo que impongan las circunstancias, según sus allegados. La rebelión de la ex ministra de Educación bonaerense Silvina Gvirtz agudizó el malestar entre Scioli y la Casa Rosada. Gvirtz, ultrakirchnerista, renunció ante el vicegobernador Gabriel Mariotto, hombre de la Presidenta, por oponerse al ajuste en los gastos en suplencias de docentes.
Dos días después, Gvirtz fue encontrada por funcionarios sciolistas con el piquetero kirchnerista Luis D'Elía en una sede del ministerio, en San Telmo, pese a que ya no era ministra. Scioli tiene la certeza de una conspiración.
El gobernador impulsa un ajuste general para asegurarse un colchón financiero para poder pagar sueldos y el aguinaldo de diciembre y obtener así cierta "independencia económica". La batalla por los fondos dejó herida de muerte la relación con la Casa Rosada, que planea usar también los problemas de inseguridad de la provincia para debilitar a Scioli.

INCOMPATIBILIDAD

Cristina Kirchner tiene dos necesidades incompatibles. Quiere mantener unido al peronismo bonaerense para ganar en 2013 por más del 40%. Pero decidió integrar las listas de candidatos del FpV sólo con incondicionales de ella, según sus allegados. Scioli pedirá la mitad de lugares en las nóminas. De lo contrario, tendrá que presentar listas por fuera del cristinismo. En este caso, competiría contra ella en las elecciones internas abiertas del PJ-FpV. Pero si no hubiera garantías de transparencia, podría presentar un frente electoral por fuera del peronismo K.
"Todavía falta mucho tiempo. Falta saber cómo estarán en marzo de 2013 la política y la economía", confió a LA NACION un vocero calificado del sciolismo. "Pero nosotros pediremos nuestra representación. Creemos que tenemos gente valiosa. Si no nos dan lugares, todo puede pasar. O vamos a internas o a las generales", agregó.
La composición de las listas tendrá enorme relevancia en 2013. Con el control de la nómina de los legisladores provinciales, Balcarce 50 podría sumar número en la Legislatura para intentar la destitución de Scioli.
Si domina además la lista de diputados nacionales, Cristina Kirchner podría agregar manos levantadas para aprobar en la Cámara baja un proyecto de ley de necesidad de la reforma de la Constitución con los dos tercios de votos necesarios. Y esa reforma destrabaría una segunda reelección de Cristina Kirchner, hoy prohibida. Ambos planes, la destitución de él o la reelección de ella, son letales para Scioli y para su proyecto presidencial.
Un avance de la Presidenta dejaría a Scioli sin otra salida que ir en listas separadas de las cristinistas. Y esto es letal para la Presidenta. Sin el peronismo bonaerense unificado, ella no podría superar el 40% de los votos a nivel nacional y naufragaría su continuidad más allá de 2015. ¿Cuál es la receta entonces? Scioli debería estar desgastado y fuera de carrera en 2013 y así el peronismo se unificaría detrás de ella. La Presidenta impulsa como candidata a diputada a su cuñada, la ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner. Aunque no descartó al intendente de Tigre, Sergio Massa, que mide bien en las encuestas.
La coincidencia es que si Scioli compite por fuera del PJ, su candidato -y el de 14 intendentes díscolos del PJ- es, también, Massa.
Cristina Kirchner y Scioli comparten aquí un problema: Massa resolvió no competir el año próximo. Al menos eso dijo por ahora, según anticipó ayer LA NACION. "Yo a todos les digo que no me molesten con candidaturas. Es momento de gestionar. Yo me llamo Alumbrado, Barrido y Limpieza hasta marzo", dijo Massa en la intimidad. Pero habla con Carlos Zannini, con Juan Manuel Abal Medina y con Julio De Vido. Recibe sugerencias y ofertas. También habla con Scioli y los intendentes

Revanchas de la política y la economía


Domingo 29 de julio de 2012 | Publicado en edición impresa
El escenario

Revanchas de la política y la economía

Por Joaquín Morales Solá | LA NACION


El muy alto precio de la soja es la refutación del relato, que atribuye a la crisis mundial la fuerte retracción de la economía argentina. Es cierto que los precios actuales no repercutirán aquí en el acto, pero el valor internacional de los alimentos se mantuvo siempre en niveles elevados. En ese mundo que le está dando al país una nueva oportunidad, la economía argentina se parece, sin embargo, a la del recesivo año 2009. Es la consecuencia de una dirección económica errática e incierta. De la misma manera, el peronismo comienza a moverse para establecer una solución política y electoral propia, al margen del kirchnerismo. Es la consecuencia del estilo político.
Más allá de las victorias y derrotas de la vieja resolución 125, el espíritu de ella ha triunfado. Impuestos nacionales, provinciales y municipales han terminado por reducir de manera significativa la renta agropecuaria. Ese fue el eje del duro discurso de ayer del presidente de la Sociedad Rural, Hugo Luis Biolcati. A pesar de todo, ningún problema se resolvió. El país ingresó en el segundo semestre del año en recesión, con el crecimiento del PBI bajo cero. El promedio del primer semestre fue directamente cero. Sólo una fuerte desconfianza puede explicar que haya caído notablemente la venta de maquinarias agrícolas en un clima mundial todavía generoso con la producción de alimentos.
La caída de la construcción ha sido muy importante, pero más importante fue el derrumbe de las importaciones de bienes de capital (cayó casi un 40 por ciento en el segundo trimestre). Esta es la mejor prueba de que la inversión huye de la Argentina de los Kirchner. Desde la estatización de YPF, la inversión se desplomó. No fueron actos de solidaridad con Repsol (esas cosas no suceden casi nunca en el mundo de los negocios), sino el común temor a la guillotina. El caso Repsol marcó un camino para el kirchnerismo: prohibición para repatriar utilidades, primero, y luego confiscación de la principal empresa del país. La proscripción del dólar y la reciente y directa intervención estatal en la industria petrolera están desalentando cualquier proyecto de inversión. Así, los Kirchner dejarán un país con una fuerte desinversión y dependiente durante muchos años de las importaciones de combustibles.
La Presidenta habla dos o tres veces por semana, pero nunca nombra la inflación. Nunca informa, siquiera, de que está enterada de la existencia de ese cruel fenómeno. La inflación ronda ahora el 25 por ciento anual, según la estimación coincidente de economistas privados. La inversión, el cerco al dólar y el cerrojo a las importaciones afectan a Cristina en los sectores sociales medios y medios altos. Pero la inflación, que destruye todas las economías, perjudica sobre todo a los sectores de menores recursos.
El manejo tan arbitrario como torpe de la economía tiene consecuencias políticas: según las últimas mediciones nacionales, son casi similares las imágenes positiva y negativa de la Presidenta. La tendencia es peor aún: la imagen positiva está en caída libre, mientras la negativa está en ascenso.
El peronismo se mueve. Una presidenta más amable y consensual con su partido habría demorado las cosas. No fue así. La señal de largada la dio el gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota, cuando notificó que recurrirá mañana a la Corte Suprema de Justicia para que el Gobierno cumpla con el viejo acuerdo por los fondos de los jubilados. Cristina dejó de girar esos recursos luego de una fuerte reacción del ex gobernador Juan Schiaretti. Después de ser sometido a la silbatina y el insulto de jóvenes kirchneristas en un acto en Córdoba, Schiaretti le recriminó personalmente a Cristina el manejo de esa juventud por parte del kirchnerismo. Fue duro y directo , recuerda un testigo de aquella conversación. La Presidenta rompió desde ese momento un acuerdo avalado por la Corte Suprema. Nunca envió más dinero para jubilaciones.
Ahora, el propio Daniel Scioli está analizando una presentación propia ante la Corte por los recursos del Fondo del Conurbano, que fue pesificado y nunca actualizado en los últimos años. De la Sota ya tomó la decisión de que irá con candidatos propios a diputados nacionales en las elecciones del año próximo. Cristina tendrá que sumarse o deberá ir con sus candidatos con el Frente para la Victoria , dijeron cerca del gobernador. El primer candidato a diputado nacional de De la Sota es Schiaretti, si éste quisiera ser, o la actual vicegobernadora de Córdoba, Alicia Pregno, a quien Cristina impugnó en su momento para poner a otra mujer afín a ella. De la Sota se negó entonces. Los dos candidatos actuales del gobernador han sido en el pasado cuestionados por la Presidenta.
Scioli está muy cerca de hacer lo mismo. Con encuestas que lo sitúan como el político más popular del país (y también el que menos imagen negativa tiene), habría llegado a la conclusión de que nunca tendrá futuro si no diera un salto hacia fuera del kirchnerismo en el próximo año. Su primer candidato a diputado nacional sería el intendente de Tigre, Sergio Massa, una figura también popular y también rechazada por el cristinismo. Ya existirían acuerdos terminados entre ellos. La política, debe subrayarse, tiende a desconfiar de que ambos, Scioli y Massa, lleguen hasta el final con sus rebeldías electorales. La candidata de Cristina para el lugar de primer candidato es su cuñada, Alicia Kirchner. Cristina deberá sumarse o enfrentar la lista de Scioli con su propia lista , dijo un intendente bonaerense. Es el mismo planteo del peronismo cordobés.
Esos proyectos esconden ambiciones presidenciales, es cierto, pero también aspiran a apartar al peronismo de un previsible derrumbe del kirchnerismo. Una década con Menem y otra con los Kirchner podrían acabar con el peronismo , suele decir un viejo ícono del peronismo. También es una reacción contra la indiferencia. Cristina ha dejado al peronismo fuera del Gobierno, y el peronismo está sublevándose , precisa un gobernador de ese partido.
Alrededor de De la Sota nadie duda de su ambición presidencial. Esta es su oportunidad. No quiere seguir siendo gobernador , explican. ¿Y Scioli? Nadie tiraría las encuestas de hoy para irse a su casa , explican sus intérpretes. Scioli habla con más gobernadores e intendentes peronistas (y no peronistas) de lo que se sabe o intuye. El kirchnerismo lo destrató por haber explicitado en público el proyecto presidencial, pero el destrato terminó beneficiando a Scioli y perjudicando a Cristina. Las sociedades siempre se vuelcan a favor de la víctima y no del victimario.
Scioli cree que su vocación de pacifista fanático lo llevará a la poltrona de los presidentes. La historia no lo desautorizó hasta ahora. De la Sota, que nunca fue kirchnerista, juega más fuerte. Hace poco, en el aniversario de un municipio cordobés, canceló su presencia a última hora cuando se enteró de que estaría también el vicepresidente Amado Boudou. Nunca se sacará una foto al lado de Boudou , contaron. Boudou es ahora la figura más impopular del país. Cristina debe cargar también con esa mochila, pesada como un bloque de cemento, que es también producto de una decisión personal e inconsulta.
Los gobernadores peronistas se pasean entre Scioli y De la Sota. ¿O, acaso, fue casualidad que el gobernador sanjuanino, José Luis Gioja, un dirigente respetado por la estructura peronista, saliera en defensa de Scioli en el peor momento de éste? La política de los gobernadores más importantes del peronismo, el bonaerense y el cordobés, consistiría en unir a todos los mandatarios justicialistas en una misma estrategia. Esta es: confeccionar listas peronistas con candidatos propios y dejar que la Presidenta se sume a ellos o se presente con sus propios candidatos. Tendrá que pensarlo dos veces, porque podría ser derrotada, y no tiene ni tendrá posibilidad de reelección , aseguró un conocido gobernador. La reelección es una utopía; no existe ninguna condición para ella, apuntó otro mandatario.
Cristina Kirchner no desconoce, seguramente, nada de todo esto. Ni las consecuencias políticas ni las económicas de sus decisiones. Por eso ha vuelto a ser una mujer de enojos, ofensas y crispaciones. Llegó al extremo de haber considerado conspirativo un simple almuerzo entre dirigentes de la Sociedad Rural y editores de diarios independientes. La denuncia la hizo en uno de sus muchos discursos públicos. El almuerzo fue en la Exposición Rural, un lugar público, en un restaurante también abierto al público.
Semejante fantasía conspirativa sólo puede ser explicada por una inmanejable sensación de persecución o por una estrategia clara y autoritaria: atemorizar y callar al periodismo distribuyendo falsos fantasmas entre sus seguidores sedientos de fantasmas.

El kirchnerismo redactó un proyecto para estatizar el juego


Lunes 23 de julio de 2012 | 16:30

El kirchnerismo redactó un proyecto para estatizar el juego

Un diputado bonaerense tiene el boceto de un proyecto que plantea que el Estado tendría el control de los casinos; Scioli renovó las licencias a privados


El diputado bonaerense Mario Daniel Caputo , del Frente para la Victoria, tiene en carpeta el borrador de un proyecto para "estatizar" el juego en la provincia de Buenos Aires. Formalmente, plantea que el Estado tendría la "explotación, regulación, control y administración" de los juegos de azar.
La información fue publicada hoy por el diario Ámbito Financiero y confirmada por LA NACION. No trascendieron mayores detalles.
El sábado, el gobernador bonaerense, Daniel Scioli , firmó un decreto que autoriza la renovación automática para la explotación de 14 salas de bingo.
La medida establece un "cargo fijo extraordinario" y un "cargo fijo accesorio": las arcas provinciales obtendrán unos 1100 millones de pesos "no reembolsables". Ese monto, sumado a los 600 millones del fondo de la Anses que girará el gobierno nacional, servirán para cumplimentar el pago del medio aguinaldo atrasado y acallar los paros y protestas sindicales .
Ayer, el titular del Instituto de Lotería y Casinos bonaerense, Jorge Rodríguez, defendió la renovación automática de licencias de salas de bingos y objetó la idea de estatizar el juego.
El funcionario precisó que el fisco provincial percibirá 714 millones de pesos de parte de las licenciatarias entre el 31 de este mes y la primera semana de agosto. Se trata del 70 por ciento de los 1100 millones de canon fijo extraordinario puesto como condición por las autoridades para ser aportado inmediatamente, mediante la firma de un acta de adhesión. A esto habrá que sumar 60 cuotas accesorias que representan un ingreso mensual de 9 millones de pesos.
Respecto de la estatización, Rodríguez dijo: "Estamos abiertos a escuchar ideas superadoras para incrementar los recursos, pero no se puede hablar de estatización sin tener en cuenta la enorme complejidad del sistema de juego".

La Nación


La política de la arbitrariedad


Domingo 22 de julio de 2012 | Publicado en edición impresa
El análisis

La política de la arbitrariedad

Por Joaquín Morales Solá | LA NACION

















Yo no quiero reglas claras. Me gusta más la arbitrariedad. La frase, dicha por Guillermo Moreno a un empresario que le aconsejaba que dictaran reglas aunque fueran duras, expresa todo un modo de gobernar. Va más allá de Moreno, aunque ésta sea su manifestación más tosca y frontal, y abarca a la economía, a las relaciones políticas e institucionales y hasta las relaciones exteriores. Si bien la Presidenta decidió en los últimos díasabrir un paréntesis de distensión , luego de semanas de crecientes tensiones, nada indica un cambio significativo en el estilo de mandar. No fue un cambio, en efecto, sino una tregua: otra vez han sido las encuestas, francamente adversas para Cristina Kirchner, las que le fijaron un límite.
Resulta extraño que Daniel Scioli haya conseguido el dinero del medio aguinaldo resistiendo sentado y pacífico. El final le dio la razón a su posición, contraria a la de la mayoría de sus amigos que le pedían una actitud hasta rupturista. El gobernador, no obstante, pagó un precio. Encuestas en manos del kirchnerismo señalan que Scioli perdió imagen positiva en los últimos días, aunqueamplió el margen a su favor en comparación con la propia Cristina Kirchner . Esto es: la Presidenta perdió mucho más que él. La generosidad presidencial que impulsaron esas mediciones benefició también a otros gobernadores. Puede cambiar: la Presidenta tiene recursos discrecionales del Banco Central y de la Anses, que los gobernadores no tienen.
Versiones confiables señalan que, con todo, fue la voz de Diego Maradona ("Que se rompan la cabeza entre ellos, pero que no jodan a la gente") la que terminó de decidir a Cristina. No fue una voz solitaria; venía acompañada por las encuestas de opinión pública que marcaban que la gente común culpaba más al gobierno nacional que a Scioli de los atrasos en el pago del aguinaldo. Sucedería lo mismo en otras provincias. De todos modos, que Maradona haya influido más que el sentido común es otra prueba de la arbitrariedad que gobierna.
En tales mediciones, hasta la inseguridad bonaerense, que es demasiado alta, es para una notable mayoría más responsabilidad de la Presidenta que de Scioli. Esto es más inexplicable. ¿Scioli está cubierto de amianto, como dicen, o Cristina es ahora más vulnerable que el gobernador? El viceministro de Seguridad de la Nación, Sergio Berni, aceptó ayer que el crimen hace estragos en la provincia de Buenos Aires, aunque a cambio debió asumir su responsabilidad en la Capital. Nunca el gobierno nacional había hecho antes ninguna de las dos cosas. Berni es una estrella en ascenso en el firmamento kirchnerista: ¿qué es entonces la otrora influyente ministra de Seguridad, Nilda Garré, jefa de Berni? Quizás una estrella que ha sido.
Sea como fuere, la Presidenta decidió retroceder, pero difícilmente la operación contra Scioli haya concluido. Le sacó la cabeza del agua. Ya se la volverá a hundir , dijo un kirchnerista que suele frecuentar el despacho presidencial. El presagio es coherente con la historia del conflicto. ¿O, acaso, quedarían reducidas a la nada las reuniones conspirativas de Cristina con intendentes del conurbano, los discursos cada vez más destituyentes del vicegobernador Gabriel Mariotto y las ofensivas desestabilizadoras de los bloques parlamentarios kirchneristas de La Plata? Durante dos semanas, el cristinismo expuso a Scioli a la crítica de sus opositores y a las del propio kirchnerismo, a las huelgas sindicales y a la presión de la Justicia. Misión cumplida. Por ahora.
El único plan inamovible del kirchnerismo consiste en la eliminación constante y tenaz de los competidores más taquilleros. Scioli estaba todavía bajo tortura política cuando Mauricio Macri apareció como compañero de cautiverio. Un tema los une: la basura de la Capital y de municipios del conurbano, que es enterrada en los mismos terrenos que administra el Ceamse. La basura es un problema estructural porque nadie hizo nada en muchas décadas. En un mundo donde el progreso tecnológico convierte a gran parte de la basura en combustible, en la zona más habitada de la Argentina se la sigue colocando bajo tierra. Las tierras del Ceamse se han agotado en el Gran Buenos Aires.
Ya el Ejército, que tiene tierras colindantes en Campo de Mayo, le vendió al Ceamse varias hectáreas, y ahora son necesarias muchas más. La operación de compraventa estaba en marcha, pero la Presidenta la frenó. La decisión de Cristina es fulminante y precisa: terminaría enfrentando a millones de argentinos con los dos líderes que comparten con ella el chato podio actual de popularidad. En el medio se coló una huelga de trabajadores del Ceamse, liderados por un viejo chofer de "el Gordo" Valor. En tales manos (y en tales arbitrariedades) quedó la suerte de muchos argentinos condenados a vivir durante varios días entre los desperdicios.
Macri ya se había convertido en el blanco del tiroteo oficial por el caso de los subterráneos, que son ahora otra forma cotidiana de suplicio colectivo. La empresa concesionaria sacó de circulación varias formaciones por razones de seguridad. La Presidenta le ordenó al ministro del Interior y Transporte, Florencio Randazzo, que congele el diálogo de la comisión tripartita del transporte metropolitano (la Nación, la Capital y la provincia de Buenos Aires) que ella misma había creado. Dicen que Randazzo le informó a Cristina que las conversaciones andaban bien. No importó. El diálogo debía entrar en estado de hibernación. El gobierno nacional le transfiere a la empresa de subterráneos sólo la mitad de los subsidios que le corresponden para obligar a Macri a pagar la otra mitad. Macri se niega. Quiere que primero se acuerden las condiciones del traspaso del servicio.
La política admite la arbitrariedad, por un tiempo por lo menos, pero la economía es más renuente. De la mano de Moreno, el plan económico se ha convertido en un programa de parches. Tapan hoy los desbarajustes que hicieron ayer. Nunca se resuelven los problemas de fondo. Esa carrera contra los propios errores ha creado situaciones que serían risibles si no fueran trágicas. Las oficinas y los hogares se han quedado sin impresoras de computadoras porque está cerrada totalmente la importación de cartuchos de tinta, que no se fabrican en el país.
Todo eso ocurrió (y ocurre) en los mismos días en que Cristina Kirchner reinauguró Tecnópolis con un renovado aire de modernidad. A todo esto, los elementos de computación cuestan en la Argentina, en dólares, el doble de lo que valen en cualquier otro país, según las mediciones de varios economistas. Las palabras de la Presidenta parecían comparar al país con Silicon Valley, mientras la Argentina real está regresando a la era pretecnológica.
El Gobierno ha colocado a todas las importaciones en un mismo paquete, no importa si son bienes de consumo o si son insumos esenciales para la industria y la actividad rural. Las exportaciones han caído más por esa razón que por la crisis mundial. En medio de un clima inflacionario descontrolado (que la arbitrariedad y las expectativas alientan), el Indec reconoció, por primera vez, una desaceleración de la economía y una grave caída de la producción industrial. La Argentina es solidaria: siempre, aunque no le corresponda, está al lado de los países que peor les va. Ahora su crítica situación se parece más a la de los países centrales que a la de los emergentes, que están mucho mejor.
Los dólares van por el mismo camino: cada día se toman nuevas e imprevistas decisiones para frenar las filtraciones de una sociedad históricamente acostumbrada a maniobrar entre dificultades. El Gobierno se escandalizó el viernes cuando se notificó de que en junio se habían gastado en el exterior, con tarjetas de crédito, el doble de dólares que en el mismo mes del año pasado. ¿Sorpresa? Es la consecuencia natural del cepo a los dólares; a los que viajan sólo les quedan las tarjetas de crédito. El Gobierno estudia un impuesto especial a las compras en el exterior o un desdoblamiento en el tipo de cambio, para hacer más caros los dólares que se gastan fuera del país.
El futuro vacila. Puede ocurrir la guerra o puede suceder una tregua. Una sola persona decide la guerra o la paz. Sólo la política de la arbitrariedad no cambia nunca

Qué le pasa a la Presidenta


Domingo 15 de julio de 2012 | Publicado en edición impresa
El escenario

Qué le pasa a la Presidenta

Por Joaquín Morales Solá | LA NACION


l caso Scioli, un gobernador que tambalea en La Plata, es sólo un síntoma. Cristina Kirchner es una mujer que ha cambiado profundamente en los últimos meses. Siempre fue mandona, pero nunca había llegado a los niveles actuales de autoritarismo. Nunca fue amplia ni tolerante, pero antes sentía cierta curiosidad por otras realidades, que ahora ha perdido. Antes le gustaba desfilar por las pasarelas de la política internacional; ahora ha hecho de la Argentina el centro del mundo y convirtió al mundo en un despreciable vecindario.
Tres cadenas nacionales de radio y televisión en apenas cuatro días requieren de un gran concepto de sí misma. Más que la repetición, sorprende lo que dice. La Presidenta no les habla a los argentinos, sino que apela a sobrentendidos para agraviar o chacotear con el mundillo político. El exceso discursivo la empuja también permanentemente al error o a la confusión, justo a ella que era una obsesiva perfeccionista con sus apariciones públicas.
Pertenece a un universo político con poco sentido republicano, es cierto, pero antes solía subrayar su apego a la ley. Ahora usó sus discursos para cometer dos delitos: primero anunció que desobedecería a la Justicia si ésta le ordenara movilizar la Gendarmería, y luego violó el secreto fiscal cuando expuso la situación ante la AFIP de un empresario inmobiliario que contó que el control de cambios fulminó su actividad.
Daniel Scioli carece de márgenes políticos cuando el despotismo y la discrecionalidad han llegado tan lejos. ¿Cómo enfrentar con palabras amables a la furia de una persistente balacera? Scioli depende en estas horas de dos cosas. De él mismo, en primer lugar, si perdurara en su decisión de no renunciar. Pero también de la oposición antikirchnerista, porque estaría terminado si ésta se uniera al kirchnerismo para tumbarlo en el Parlamento de La Plata. Scioli tiene sólo cinco legisladores, si es que al final de cuentas fueran cinco y no menos.
Algunos amigos le han aconsejado al gobernador que se rebele ante tanta injusticia, aunque la decisión le termine costando la renuncia. Sin recursos, con permanentes huelgas, con una inseguridad desenfrenada y con la Justicia desautorizando sus decisiones políticas, Scioli debería, sin embargo, nacer de nuevo para hacer lo que le piden. Tiene hasta el vicegobernador Gabriel Mariotto en huelga. Aquella reunión con Cristina Kirchner que contó el intendente Darío Díaz Pérez fue una acción destituyente, no sólo un discurso. El intendente fue convocado secretamente a Olivos, donde se encontró con un grupo selecto de intendentes que escucharon a una Presidenta enardecida con Scioli. Nunca imaginé a Cristina hablando de esa manera de un gobernador, confesó otro intendente que también estuvo entre los selectos.
Si da una conferencia de prensa, yo le contesto por cadena nacional, había anticipado Cristina antes de que Scioli hablara ante los periodistas el sábado pasado. Dicho y hecho. Ni siquiera reparó en las flores que le tiró Scioli en su conferencia de prensa. No debía reunirse con los periodistas. Punto. Una nueva avalancha desestabilizadora contra Scioli sucedió después.
Scioli resiste, inmóvil como un Buda, y su pacifismo incluye hasta la aceptación pública de las críticas que le hace la Presidenta. Corre el riesgo de quedar muy solo. El gobernador llamó en estos días a un dirigente opositor para pedirle que no lo criticaran. Si vos te enamoraste de los secuestradores, yo no tengo por qué denunciar el secuestro, le respondió el opositor.
Si Scioli no ha nacido para rebelarse, otro destino posible es inmolarse en un eventual incendio provincial. Ese es el riesgo que la Presidenta actual no ve. La provincia de Buenos Aires no es la Capital, ni Córdoba, ni Santa Fe, para hablar sólo de los grandes distritos. Buenos Aires es un territorio bajo responsabilidad del gobierno nacional desde que mandan los Kirchner. Lo es cuando aporta millones de votos, pero lo es también cuando estallan sus conflictos. La Presidenta le sacó 1800 millones de pesos, que no se los dio a Scioli, al consumo de una economía gravemente entumecida. No es Scioli el que no cobró el medio aguinaldo, sino centenares de miles de bonaerenses. El péndulo de Scioli oscila entre la improbable rebelión y una eventual hoguera. Su horizonte no es bueno, pero el fuego podría cercar también a Cristina.
Hugo Moyano es más resuelto que Scioli. La notificó a Cristina de que no contará en adelante con su apoyo político y electoral. La Presidenta lo arrinconó a Moyano, otro viejo aliado, hasta la sublevación. Con la economía en caída libre y con la inflación en franco ascenso, ella prefirió darse el gusto de fraccionar el mapa sindical. La aguardan meses de intensos conflictos laborales. No sólo tendrá cinco centrales obreras, sino también un problema que preexistía: muchos jerarcas sindicales no controlan decisivas comisiones internas. En lugar de unificar la interlocución, que es lo que la propia Cristina hizo hasta hace poco, eligió castigar a Moyano. Lo fragmentó, es verdad, pero quedó expuesta a la sublevación sindical en plazos muy breves. ¿Para qué ha hecho eso cuando decidió, al mismo tiempo, la persecución implacable de la clase media, sin reparar que gran parte de ella la votó? Le prohibió el acceso a los dólares para ahorrar, cuando la inflación estraga los pesos, y para la compraventa de inmuebles; también le retacea dólares para viajar. Ahora la hostiga también con el consumo de servicios públicos en un país que necesita mejorar esos servicios y no perseguir al usuario. En un aspecto tiene razón Cristina, si su propósito es la revancha: la clase media argentina es naturalmente reacia al despotismo político. Es reacia, por lo tanto, al cristinismo actual.
Moyano tuvo en su congreso la mayoría de los delegados, el 54 por ciento. Esto es así si se deja de lado a la CGT de Luis Barrionuevo, que no puede participar de ningún congreso de la central obrera. Hace muchísimos meses que sus gremios no pagan el aporte mensual a la CGT, porque se consideran otra CGT. Sea como sea, Moyano no es un muerto político ni mucho menos. La Presidenta había ordenado su muerte. Sobrevivió.
Ni la condición volcánica de la provincia de Buenos Aires ni la posibilidad de un desmadre social detienen a la Presidenta. Tampoco las mínimas reglas de la convivencia internacional. La alusión al ministro de Economía español, Luis de Guindos, fue ciertamente ofensiva y agraviante. Aprovechó una foto con un cierto parecido de Guindos a Domingo Cavallo (parecido que en realidad no tiene) para tratarlo como "el pelado ese". No lo nombró a Cavallo ni a Guindos. Sobrentendidos. Encapsulada en el pasado, se mofó sólo para divertir a la barra kirchnerista. ¿El problema era con Repsol o es, como parece, con España y los españoles?
Cristina Kirchner no era así. Delante de este periodista describió en su momento, no sin deleite, sus conversaciones con el rey Juan Carlos, con Nicolás Sarkozy o con Angela Merkel. No es una presidenta que se haya ufanado antes de faltar el respeto en el exterior o que desconozca las normas más elementales de las relaciones entre los gobiernos. Esa vieja curiosidad por el mundo se ha desvanecido. Es una Cristina nueva, más radicalizada y menos realista, más arbitraria y menos predecible.
Cristina no pierde la oportunidad de pegarle a un ciego , sea Scioli o el continente europeo con sus muchos conflictos actuales. Europa está mal, pero la Argentina no está mejor. Cualquiera que haya caminado por calles europeas en los últimos tiempos pudo constatar que en la Argentina se ven más pobreza, miseria e inseguridad que allá. Cristina se pelea donde antes halagaba porque cree decididamente en lo que dice: ella vive en un paraíso que está en medio de un mundo que se cae.
El problema de la Presidenta es que no puede romper, ante sí misma, el hechizo de su relato. La aceptación de un solo error significaría la caída de todo el relato. Persistir en esa fantasía necesita de cantidades cada vez más grandes de cadenas nacionales y de mayores dosis de insoportable autoritarismo

La Nacion

El que no acata, traiciona


Jueves 12 de julio de 2012 | Publicado en edición impresa
El enfrentamiento entre el Gobierno y Daniel Scioli

El que no acata, traiciona

Por Beatriz Sarlo | Para LA NACION


Scioli es culpable de haber hablado antes de tiempo. Se animó a decir que, si Cristina Kirchner no conseguía ser candidata nuevamente, él se anotaba en la próxima carrera presidencial. No es fácil entender por qué un hombre tan discreto, que emite parrafadas vacías de cualquier contenido peligroso, de repente se fue de boca y, con una frase, cavó su propia tumba. Después de anunciar su vocación presidencial, Scioli fue el blanco de las agresiones más diversas. Las cosas ya no andaban bien antes de que publicara su deseo. Casi al principio de su gestión, el vicegobernador Mariotto había organizado visitas a los penales bonaerenses, acompañado por Horacio Verbitsky, a fin de denunciar un lamentable estado de cosas. Esa excursión de Mariotto, aunque hubiera sido el único signo, debería haberle alcanzado a Scioli para aceptar que los hombres del cristinismo no se miden cuando se trata de socavar el poder de alguien que podría competir con la Presidenta y hoy la supera en las encuestas.

Con una frase, Scioli cavó su propia tumba

Scioli está en zona de riesgo y no tuvo el timing para moverse por un campo adverso. En realidad, lo supo esa noche de 2011 en que la Presidenta, que armó todas las listas de las elecciones de octubre, le comunicó que Mariotto sería su vicegobernador. Scioli se dio cuenta de que su buena onda no era suficiente para disolver la desconfianza que él provoca. Sin embargo, no imaginó que pocos meses después de esas elecciones, la cohabitación con Mariotto sería tan peligrosa ni que se acelerarían tanto los tiempos que lo acercan a salir volando de la casa de gobierno de La Plata. Scioli, aunque aprendió mucho sobre el peronismo, siguiendo primero a Menem, luego a Duhalde y finalmente a Néstor Kirchner, y aunque soporta las humillaciones con un estoicismo de mártir primitivo, quizá no tuviera idea de que iban a tratarlo tan sin contemplaciones.
Probablemente pensara que la Presidenta no iba a poner en riesgo a la provincia de Buenos Aires, demasiado representativa del país, por su peso electoral y por la visibilidad de su escena política. Scioli se equivocó al suponer que nadie iba a arriesgar la provincia, porque no consideró dos cuestiones. La primera es el sectarismo de la Presidenta. La segunda es un aventurerismo que persigue resultados de corto plazo, prescindiendo de su proyección en el mediano. Ganemos esta batalla ahora y que choquen los planetas. Como si nadie estuviera pensando el día después. O como si las reacciones de una provincia con medio millón de empleados públicos fuera un arma dirigida por un radar infalible sólo para dañarlo a Scioli.

No imaginó que la cohabitación con Mariotto sería tan peligrosa ni que se acelerarían tanto los tiempos que lo acercan a salir volando de la casa de gobierno de La Plata

Los kirchneristas eminentes no simpatizan con Scioli. Es un dirigente ajeno a las Veinte Verdades del kirchnerismo y a la épica excepcional que los impulsa a ellos. También habría que decir que no simpatizan porque Scioli tiene muchos votos que podría conservar. No simpatizan porque le va bien en las encuestas.
El cristinismo es una pirámide en cuyo vértice superior hay lugar solamente para una figura, que organiza todo, distribuye la plata, habilita el juego más abajo y reparte porciones de popularidad como si se tratara de un bien personal exclusivo. La estabilidad de ese vértice depende de que nadie sea tan aceptado, en ningún rubro, con la misma intensidad que la Presidenta. Si alguien tiene un renombre propio, se vuelve de inmediato una competencia odiosa, porque la dinámica del poder que circula por esa pirámide no es pluralista sino unicista y vertical. Es obvio que, con este esquema, a Scioli le hace falta muy poco para convertirse en enemigo. Podrán alegarse razones ideológicas, pero el mosaico cristinista, donde se combinan Alperovich y Sabbatella, impide tomarlas en serio como explicación suficiente.
El cristinismo no rinde tributo litúrgico al peronismo histórico, excepto en el perfil de Eva que suele decorar el fondo contra el cual la Presidenta hace sus discursos. Sin embargo, tiene rasgos de esa familia política. Pocos meses antes de morir, Eva armó personalmente las listas de las elecciones de 1952, distrito por distrito. Cristina Kirchner hizo lo mismo con las elecciones de octubre pasado y lo repetirá con las de renovación parlamentaria del próximo año. A los ajenos, ni una concejalía.
El peronismo, durante décadas, eligió designarse como "movimiento" porque la palabra le extendía varios certificados: a diferencia de un "partido", el "movimiento" no tiene límites organizativos, ni otras regulaciones que no sean las que decida su jefe. Cristina Kirchner es hoy la jefa de una vasta trama de organizaciones políticas y sociales que reportan directamente a ella y al presupuesto nacional. Lo que ella representa es una totalidad. La "unidad", a la que llama en alguno de sus discursos, es la unanimidad que debe rodear al dirigente máximo de un movimiento, no la articulación de distintas posiciones que da forma a la política en los países donde funcionan partidos representando al oficialismo y a la oposición.
La Presidenta capitanea una tropa cuya lealtad se pone a prueba todos los días. No hay lealtad en quien enuncia, como lo hizo Scioli, el propósito de ser presidente. La jefatura es única y no se accede a ella sino por voluntad de un jefe que se retira o por su muerte, como sucedió con Néstor. La idea de "movimiento" implica la de una totalidad: todo dentro del movimiento, nada afuera (parafraseando un dictum famoso de Fidel Castro).
Cualquier aspiración es ilegítima si, previamente, no ha sido habilitada por la jefa. Acatamiento o traición. Scioli transgredió esta regla de oro cuando expresó un deseo político que, previamente, no había sido habilitado por el sello presidencial. Sin ese sello, Scioli ofende una concepción del poder que él, por otra parte, aceptó desde el principio; desde la vicepresidencia en 2003, se subordinó a los Kirchner, que lo maltrataron para que aprendiera cómo son las cosas.
Del lado del "movimiento cristinista" todo está muy claro. Las órdenes de la jefa expresan siempre los intereses de la Nación y garantizan siempre la justicia de cualquier iniciativa. Es posible destituir a Scioli en nombre de la unidad y del buen gobierno. El razonamiento circular es el siguiente: si Scioli es obligado a dejar la provincia de Buenos Aires, eso probaría que nunca debió llegar a gobernarla y, por lo tanto, que es justo y sensato que la jefa lo vacíe de poder.

El cristinismo funciona hoy como movimiento, como agencia política y electoral, como base de poder administrativo y económico concentrado

El "movimiento" es todo y tiene sólo una jefa. Cuando este esquema, por las razones que sean, deja de funcionar, el "movimiento" carece de reglas para regular sus conflictos. En ese caso, los exporta. Hay que celebrar que el temperamento de Scioli sea moderado, conservador, tenaz pero carente de creatividad. En el caso contrario, estaríamos frente a un conflicto más grave.
El cristinismo funciona hoy como movimiento, como agencia política y electoral, como base de poder administrativo y económico concentrado. Tiene la iniciativa en todos los campos y no necesita consultar con nadie fuera de palacio. Lo caracteriza la audacia un poco aventurera de quien se define por sus enemigos, no por sus amigos ni por sus aliados, porque la Presidenta no piensa que los necesita. "Denme fuerzas", pide en sus discursos, pero no se dirige a nadie, sino a la fantasmagórica representación de un Pueblo, sin mediaciones.
La jefa nos representa a todos, incluso a quienes, por error recalcitrante, no se sientan representados. Pasa por alto el carácter relativo y contingente de sus "verdades" políticas y se coloca siempre en el lugar de la excepción. Lo que la jefa deja afuera de la Totalidad es equivocado, mentiroso, inexacto, antinacional, destituyente.
Destituir a Scioli, en cambio, no es destituyente, porque ese hombre ya no sirve a los designios de la Totalidad para la Totalidad. Si lo echan, se lo tiene merecido. La lealtad es un valor que circula desde la base de la pirámide del poder hacia su vértice. Nunca en sentido inverso.
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