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El drama de los argentinos que quieren volver al país y no tienen cómo


Lunes 18 de junio de 2012 | 10:27

El drama de los argentinos que quieren volver al país y no tienen cómo

Decenas de familias que emigraron a Europa en 2001 ahora planean regresar por la crisis que azota a Europa


MADRID.- En 2002, el año del corralito, las colas de argentinos ante los consulados para emigrar eran de tal calibre que la policía tuvo que intervenir ante las peleas que se formaban. Cerca de 250.000 personas salieron del país entre 2000 y 2005. España e Italia eran los destinos favoritos porque los padres o abuelos de los que querían emigrar eran de allí. Ahora regresan. Porque la crisis y el fantasma del corralito están aquí.
"El momento que está viviendo España se parece muchísimo al momento anterior alcorralito en Argentina: problemas con los bancos, falta de trabajo, protestas en la calle... Yo vine con la crisis argentina y al ver esto aquí empiezo a pensar que es el momento de volverse", explica Luis Alberto, que prefiere no figurar con sus apellidos. Dirigía cursos de paddle y lleva tres años desempleado.
El de los argentinos es "un retorno silencioso", explica Matías Garrido, secretario general de la Casa Argentina de Madrid, porque el éxodo que provocó el corralito fue muy polémico. "Hay una parte importante de la sociedad argentina que piensa que somos unos vendepatrias porque nos fuimos, no nos quedamos a pelear la crisis. Te dicen: "Te fuiste de tu país, ahora no pidas ayudas para volver". En Argentina no hay ayudas para los retornados. Los consulados no disponen de fondos para repatriaciones. "Si no tiene rédito político instaurar estas ayudas porque no está del todo bien visto, es más difícil. Pero necesitamos las subvenciones. Hay mujeres con niños y sin un solo ingreso que necesitan esa ayuda ya porque si no, se quedan en la calle", explica Garrido. En el último trimestre de 2011, una media de 57 familias al mes regresó a Argentina. "Estamos desbordados".
Normando Ortega, de 45 años, llegó a España en 2006 con su mujer y sus dos hijos, de 8 y 5 años y la tercera en camino, para "sacar el máximo jugo" a sus estudios. Es técnico químico y el trabajo le llevó de Buenos Aires a Lucena (Córdoba). "Trabajo en una empresa que recupera residuos industriales, pero con la crisis la gente no quiere gastar en gestión de residuos. Ahora tengo un contrato de tres horas. Mi mujer, técnica superior de laboratorio, nunca encontró trabajo aquí". Normando recibe un subsidio de 257 euros y una ayuda de 280 de la Junta de Andalucía. "Cada 15 días voy a recoger la bolsa de alimentos que nos da Cáritas", relata.
"No me arrepiento de haber venido. Si me hubiera ido bien, no volvería a mi país. Pero estar lejos de mi familia para no hacer nada aquí, no tiene sentido. En Lucena había unas 40 familias argentinas, y han regresado la mitad".
Mónica Daly, de 53 años, también pensaba jubilarse en España. Ahora busca ayuda para el retorno. "Vine hace tres años con la ley de nietos de Zapatero [que concede la nacionalidad española a descendientes de exiliados]. Me instalé en Santo Domingo de la Calzada (La Rioja), con mi madre. Tiene 81 años y problemas de salud. Yo trabajo cuidando a abuelos, pero no puedo pagar a nadie que la cuide a ella".
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La Nación

Los alquileres, cada vez más caros

Mercado inmobiliario / Suba de precios

Los alquileres, cada vez más caros


Por el impacto de la inflación y de la falta de crédito, el valor promedio se duplicó entre 2007 y 2012

Por Francisco Jueguen  | LA NACION
Sábado 14 de abril de 2012

Alcanzar el sueño de la casa propia es una misión casi imposible en la Argentina. Es más, en ese marco, cada vez son más las personas que se ven obligadas a pagar un alquiler que, sólo si se observa el promedio, se duplicó de 2007 a la actualidad.
La consultora Reporte Inmobiliario estimó que el valor de un alquiler de un departamento usado de tres ambientes costaba en noviembre de 2011, los últimos datos disponibles, alrededor de 2063 pesos. En 2007 esa vivienda se alquilaba en $ 1088 mensuales. Se trata de un alza de un 89,6 por ciento.
Pese a que los números están siendo procesados, según indicaron en la consultora, de fines de noviembre a la actualidad se calcula que un alquiler promedio de un departamento usado de tres ambientes ya sufrió un alza de 4,8%, es decir, hoy está en un promedio global de $ 2162 mensuales, mientras que si se habita uno de dos ambientes, la suba fue de un 7% en ese período.
Las razones del aumento, estimaron los analistas, son fundamentalmente dos: la inflación y la inexistencia de créditos hipotecarios accesibles, algo que a su vez se relaciona con el mencionado aumento de precios.
No obstante, el valor de los alquileres subió menos que el de los salarios, sobre todo los de aquellos agremiados, algo que dejó espacio para mejorar el consumo de los argentinos, pero que todavía frena la posibilidad de acceso a un crédito hipotecario. Según datos de SEL consultores, los sueldos netos promedio del sector privado formal crecieron un 150% entre el tercer trimestre de 2007 y el mismo período de 2011.


Incluso los analistas informaron además que la crisis financiera de 2008 y 2009 benefició a los inquilinos, ya que sacó del mercado muchas propiedades en venta y las volcó a los alquileres, lo que, en definitiva, creó más oferta y desaceleró la suba de precios.
Actualmente, sólo el Banco Ciudad mantiene una línea a tasa fija -superior al 22% en noviembre si se suma el costo financiero total- a un plazo de 20 años. Se trata del crédito más atractivo en un país signado por la volatilidad económica en las últimas décadas y por la alta inflación desde 2006. Otros bancos ofrecen líneas para la compra con tasas mixtas o variables (excepto por la que lanzó el Banco Hipotecario hace cerca de un mes orientado sólo para la construcción).
Sin embargo, para acceder a un crédito en el banco gestionado por el gobierno porteño es preciso tener una relación cuota/ingreso que no supere el 40% y sólo se financia el 75% de la propiedad, por lo que es preciso tener ahorros propios. A modo de ejemplo, accediendo a un crédito de US$ 50.000 (unos $ 220.000), con lo que difícilmente se adquiera una vivienda en la ciudad de Buenos Aires, se debe pagar una cuota mensual de 4152 pesos. El sueldo promedio del sector privado era a fines de 2011 de 4500 pesos.
En las últimos meses surgieron rumores de que algunos bancos privados y públicos relanzarían sus líneas de hipotecas. Incluso se estaría evaluando que el Gobierno subsidie algunos puntos de la tasa para aquellos préstamos destinados exclusivamente a la construcción de viviendas.
La baja del precio del dinero a comienzos de año contrastó con los picos alcanzados por las tasas en noviembre (llegaron al 22%), cuando el Gobierno instaló el cepo a la compra de dólares. Incluso, según el Colegio de Escribanos porteño, en diciembre el número de escrituras firmadas bajó un 10,4 por ciento, lo que representó el mayor descenso desde octubre de 2009.

Mayor oferta

"La suba del precio de los alquileres se explica de la misma manera de cómo suben todos los precios en la Argentina", afirmó Jorge Rozados, de Reporte Inmobiliario. "Igualmente, no es sólo una cuestión de inflación. Desde el punto de vista del sector, esto tiene que ver con la falta de crédito hipotecario que pueda alivianar el mercado de alquileres. Desde hace ocho años existe una cuota [de crédito] que más que duplica el valor de un alquiler", agregó.
"La suba de los precios es fundamentalmente inflacionaria, aunque el hecho de que no haya crédito hipotecario influye", indicó Néstor Walenten, presidente de la Cámara Argentina Inmobiliaria. "Pero la crisis de 2009 desconcertó a los propietarios, que creían que iban a conseguir menos dinero por la venta de sus departamentos, y los volcaron a los alquileres", afirmó.
Según el experto, el crecimiento de la oferta fue entonces de un 45%, lo que hizo que, en los últimos años, el valor de los alquileres creciera por debajo de la inflación y los salarios de convenio. Observando sólo los precios promedio de febrero, un alquiler mensual de un tres ambientes en Recoleta cuesta unos $ 3050, aunque pueden encontrarse valores máximos que llegan a $ 3400 y de $ 2700 para uno de dos. Palermo, en tanto, tiene un costo promedio mensual de $ 2350 para un tres ambientes y Las Cañitas, de 2390 pesos.
Por otro lado, la zona más barata parece ser, según Reporte Inmobiliario, Liniers, cuyo valor promedio mensual para un tres ambientes llega a 1865 pesos. El precio máximo relevado en ese barrio es de 2100 pesos. El alquiler de un dos ambientes puede costar, en tanto, $ 1550 pesos. Aunque para esos metros pueden hallarse zonas más económicas como La Boca ($ 1440), Agronomía ($ 1650), Parque Avellaneda ($ 1460), Nueva Pompeya ($ 1480) o Parque Patricios (1520 pesos).
Según Rozados, más allá de los aumentos, "la renta que dan los alquileres es baja en relación a otros períodos históricos".


La Nacion



Inmigracion

Inmigración vip: "Me ven y piensan en euros"

Peter De Bruyne es uno de los 200 inmigrantes belgas con residencia en la Argentina; a pesar de las estafas que sufrió, ama vivir en Tigre y no piensa en volver a su país de origen

Viernes 08 de abril de 2011

Por Verónica Dema y Paula Soler
De la Redacción de lanacion.com
vdema@lanacion.com.ar y psoler@lanacion.com.ar
En Twitter: @verodema y @paulasoler
Peter De Bruyne vino de vacaciones desde Flandes, una región de Bélgica, hace poco más de tres años; se enamoró y decidió quedarse con el "amor de su vida" en la Argentina. Con su pareja diseñó un proyecto inmobiliario millonario y juntos lo llevaron adelante.
Pero en el trayecto, Peter tuvo algunas decepciones. Además de separarse, cuenta que varias veces intentaron estafarlo y que una vez llegó a perder 200.000 pesos por una maniobra un tanto arbitraria de un estudio de abogados. Sin embargo, este joven emprendedor aún conserva la ilusión de vivir en el país y dice estar aprendiendo a manejarse distinto: a confiar menos.
"Hay una forma de discriminación que siento y es cuando abro mi boca y piensan: 'Es un chico con euros, vamos a poner el precio un poco más alto' ", relata este administrador de empresas que aclara que sólo se refiere a comerciantes y abogados de la Ciudad de Buenos Aires, no así a los isleños de Tigre, donde eligió instalarse.
Es mediodía y él dice tener todo el tiempo del mundo para conversar: la entrevista con lanacion.com transcurre en el mercado de frutos, donde aprovecha para hacer algunas compras.
Siempre sonriente, se excusa por su escaso vocabulario en español y se toma algunos minutos para explayarse y explicar lo que más le gusta de Tigre, así como lo que le molesta de lo que conoce hasta el momento de la Argentina. "Soy un poco bruto para decir -aclara en su medio castellano- pero los porteños miran mucho el dinero y están muy ocupados en las pequeñas letras para ver cómo nos van a estafar".
En los últimos cinco años, casi 200 belgas pidieron residencia en el país, según cifras de la Dirección Nacional de Migraciones del Ministerio del Interior de la Nación. Representan menos del 1% del total de la inmigración, pero en esta serie de historias con inmigrantes vip ( "A mí me favorece el efecto rubio" fue la primera y concluirá con "Lo trucho es la esencia de lo argentino") su visión ayuda a construir un poco cómo los extranjeros de países desarrollados, se sienten en la Argentina y por qué eligen este destino para vivir.
Video: La ilusión de un belga, pese a la «viveza criolla»
"Yo estoy acá para hacer una empresa y ellos están pendientes, no por la continuación del proyecto, sino porque quieren quedarse con tu dinero", enfatiza quien eligió instalarse en una isla en el Delta para alejarse lo más posible de la ciudad de Buenos Aires, a la que considera un ambiente hostil.
En el delta inició dos proyectos: la construcción de un hotel boutique y un restaurante de lujo .
Según cuenta, otros compatriotas suyos también padecen la "viveza criolla" a la que él refiere. "Conozco alguna gente que tiene buenas empresas aquí y que piensan invertir en turismo", señala. "Este es un ámbito bastante abierto para moverse, es un país maravilloso. Y es fácil entrar, no hay muchas preguntas y cuando no tenés papeles también es fácil si sos belga. Es una ventaja que la Argentina no tenga controles estrictos", celebra. Aunque siempre vuelve a la necesidad del "tener cuidado para que no te estafen".
El costado social. Uno de los aspectos de la Argentina que a Peter "le duele", según afirma, es la pobreza y la desigualdad. Esa inquietud la plasmó en un tercer proyecto, pero sin fines de lucro: puso en marcha un centro cultural que incluye una biblioteca popular, con el objetivo de dar un apoyo educativo a los isleños del Delta.
La revista impresa Caraguata (aún no tiene su versión digital), testimonia su gestión social. En el ejemplar, que entrega orgulloso a lanacion.com , puede leerse la oferta de cursos, talleres, muestras, campamentos, poemas y cuentos, entre otros, que surgen del centro cultural.
Desde la pequeña isla donde vive, Peter reconoce que cada vez le cuesta más tomar una lancha y navegar hacia otros destinos. Incluso, confiesa que evita internarse en las ciudades. "Aquí me encanta vivir y soy libre, tengo la tranquilidad de la isla, y ni un pelo de mi cabeza piensa en volver a Bélgica", se toca su pelada y sonríe feliz.
"Si se maltrata al inmigrante pobre, no hay democracia"
El especialista en migraciones Alejandro Grimson, consultado por lanacion.com , explicó que todos los inmigrantes, tanto los pobres como los que vienen con dinero, colaboran con el desarrollo económico y social de un país y hacen a la diversidad cultural.
Luego se refirió al rol que le cabe al Estado en el tema, y señaló que éste debe darles igual trato a unos y otros. "Si nos regimos por parámetros democráticos y republicanos, se debería tratar a todos como iguales, de lo contrario estaríamos frente a una forma aristocrática y feudal de concebir las relaciones humanas", explicó. "No porque alguien tenga dinero y venga a hacer inversiones lo vamos a tratar mejor, no porque sea un inmigrante pobre se lo va a maltratar. Si esto ocurre no hay democracia".

Inmigración: la contracara de los prejuicios
Cuando estallaron los violentos incidentes en Villa Soldati, lanacion.com publicó una serie de notas sobre historias de vida de inmigrantes de países limítrofes. Los otros extranjeros.
Es inmigrante, vive en una casilla y salió abanderada
- "Por no tener DNI me negaron la atención médica y quedé ciega"
- Inmigrantes que combaten la pobreza

Video: «No me sentía con los mismos derechos que todos»


Aumento de la inmigración de africanos

Inmigración / Por el endurecimiento de las políticas europeas
Buenos Aires, destino de africanos
En dos años creció 142% la cantidad de pedidos de asilo; la mayoría de los inmigrantes proviene de Senegal

Lunes 7 de setiembre de 2009


No arriban sin que nadie los note. Llegan en las condiciones más duras, escondidos en barcos, en un viaje que se prolonga, por lo menos, 21 días. Los que sobreviven a la travesía de unir Dakar con Buenos Aires, escondidos en la hélice de un barco -en la mayoría de los casos, casi no comen nada hasta llegar a puerto-, deben terminar la odisea a nado, cuando el capitán del buque los descubre y les dice que, si quieren bajar en tierra firme, deben nadar hasta la costa. Ningún barco quiere enfrentarse a los problemas legales de haber transportado a un polizón africano.

Esta historia se repite a diario en los puertos de Buenos Aires y de Rosario, los principales destinos de los barcos que transportan soja entre el país y China. Otros llegan en avión a Brasil, ya que son muchos los países africanos que tienen convenios de visado con el país vecino. Después, ingresan ilegalmente en la Argentina, en general por Fray Bentos, tras cruzar Uruguay.

La llegada de personas que arriban al país para pedir refugio creció el 142% en los últimos dos años. Pasaron de ser 355, en 2006, a 859 en 2008. De las 2588 personas que pidieron refugio entre 2004 y 2008, unos 800 eran africanos, 700 de ellos, de Senegal, según informó a LA NACION Federico Agusti, director de Asuntos Internacionales y Sociales de la Dirección Nacional de Migraciones, que preside la Comisión Nacional para Refugiados (Conare).

"Como consecuencia del endurecimiento de las políticas migratorias de los países europeos, la Argentina se convirtió en uno de los destinos favoritos de las personas que escapan de conflictos étnicos, persecuciones o, simplemente, de la hambruna", explicó Carolina Podestá, oficial de información de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur). No todos huyen de persecuciones, condición por la cual sólo el 25% de ellos son reconocidos como refugiados. "Hoy, muchos llegan escapando del hambre y de la falta de perspectivas", agrega.

¿Qué ocurre con el 75% que no fue reconocido como refugiado? La mayoría inicia un proceso de apelación en la Justicia, que puede durar varios años. "Si no, solicitan ser reconocidos como residentes", explicó Agusti.

Según pudo confirmar LA NACION, ningún africano que llegó al país en forma ilegal fue deportado en al menos diez años. "En los últimos meses, aumentamos los esfuerzos para que disminuyera la llegada. Expresamos nuestra preocupación a las autoridades consulares de Brasil y alertamos sobre la situación, sobre todo para evitar la trata de personas que se está dando en los países de origen, donde hay organizaciones que promueven este tipo de viajes y llegan a cobrar sumas que, para un senegalés, pueden ser una fortuna", dijo Agusti.
La pequeña Dakar

Una vez que llegan a Buenos Aires, muchas veces es la misma policía quien les indica que deben dirigirse a la zona de Once, hoy "la pequeña Dakar" porteña, donde la mayoría de los residentes africanos viven en pensiones y trabajan.

No es casualidad que casi todos comiencen vendiendo bijouterie. Cuando una persona solicita refugio, existen varias ONG que canalizan la ayuda de Naciones Unidas, como la Comisión Católica para las Migraciones, que, durante los primeros meses les financia el hospedaje y les ofrece cursos de idioma, o la Fundación Myrar, que centra sus esfuerzos en proyectos laborales.

Así, a quienes llegan al país se les entrega un vale por 500 pesos para que lo cambien por objetos de oro en locales de Once. La fundación no exige pago ni devolución a cambio. Esta podría ser una explicación de por qué muchos africanos viven de la venta callejera de oro o baratijas. Suelen poblar la avenida Corrientes con sus mantas o paraguas.

Nengumbi Célestin Sukama nació en el Congo y desde 1995 vive en el país. Es refugiado y licenciado en administración de empresas. Está desocupado y preside el Instituto Argentino para la Igualdad, Diversidad e Integración. Hace cinco meses, presentó un recurso de amparo en la justicia porteña junto con un grupo de senegaleses que denuncian que son víctimas de hostigamiento policial. Encuestó a 45 africanos. El ingreso promedio es de entre 800 y 1300 pesos por mes. La mayoría envía remesas de dinero a sus familiares en la lejana Africa.

La Nación



Africa en Buenos Aires
Cada año, cientos de jóvenes del continente negro llegan a la Argentina escapando de guerras y miseria; de dónde vienen, con qué sueñan y qué piensan del país los vendedores de bijouterie que coparon el centro

Sábado 25 de abril de 2009


Sería un error decir, casi como si se tratara de un descubrimiento en pleno siglo XXI, que, de pronto, Buenos Aires se llenó de inmigrantes negros, cuando hace 200 años, en aquel histórico 1810, el 33 por ciento de la población argentina tenía sangre africana. Lo que sí es evidente es que en los últimos meses centenares de hombres jóvenes de Senegal, Nigeria, Camerún, Liberia y Sierra Leona, entre otros orígenes, cruzaron el Atlántico huyendo de guerras o de penurias económicas y ahora, de este lado del océano, su presencia salta a la vista. Cada día ellos buscan su lugar en avenidas transitadas de Buenos Aires, abren sus portafolios, despliegan las lonas, montan rudimentarias tiendas para ofrecer lo poco que hasta ahora la ciudad puede darles para sobrevivir: bijouterie de fantasía adquirida en Once y apta para la reventa por 5, 10 o a lo sumo 15 pesos flacos que les den sustento.

Según lanacion.com pudo saber, la mayoría de estos africanos son refugiados que piden asilo para evadirse de los conflictos de sus tierras, es decir, que manifiestan sentir miedo a ser perseguidos por razones de raza, religión o pertenencia a determinado grupo social. En segunda instancia y menor proporción, se trata de inmigrantes que, en busca de mejores condiciones de vida ingresaron, al país burlando el control fronterizo, principalmente, en el cruce con Brasil. Modificaron el mapa porteño y, sin querer, contribuyeron a subir una estadística que el año último fue récord para la Argentina: 859 personas solicitaron refugio a nuestro país durante 2008, lo que representa un aumento del 47% respecto del año anterior. La nacionalidad con mayor cantidad de solicitudes fue la senegalesa (38% del total).

Ser o no ser un refugiado

"Los africanos en su mayoría provienen de guerras", asegura Silvia Costanzi, asesora de la Fundación Comisión Católica Argentina de Migraciones (Fccam), que desde 1951 implementa en nuestro país los programas de Acnur para refugiados (proyectos de recepción y de integración, pero que pueden ser también de retorno o de repatriación). "Cuando llegan, muchos no saben que vienen acá. ´¿Dónde estoy? ¿Qué es Buenos Aires?´, preguntan". La demógrafa, especialista en movilidad humana, comenta en una suerte de paso a paso el camino que un extranjero que ingresa a la Argentina en busca de asilo recorre hasta convertirse en un refugiado con todas las letras. El primer casillero es el ingreso (por aire, agua o tierra) al país. Allí, ante Migraciones, expresará que no tiene documentación, que teme volver a su país, donde existe una amenaza contra su vida, su integridad, su libertad, y tendrá que completar un formulario que se envía directamente al Comité de Elegibilidad para los Refugiados, dependiente del Ministerio del Interior. "En ese momento quedan en la categoría de solicitantes de refugio y se les da una documentación para que puedan moverse", comenta.

Tanto los refugiados como los solicitantes de refugio que están a la espera del dictamen del Cepare reciben durante, a los sumo, seis meses, una ayuda económica para pagarse el alojamiento en un hotel familiar y la comida, cuentan con asistencia médica y psicológica, si fuera necesaria, y pueden tomar clases para aprender español a partir de rudimentarias lenguas puente, como son el francés y el inglés. Quienes finalmente obtienen el estatus de refugiados podrán seguir en carrera por la tan compleja vía de la integración social y el DNI, con una "precaria" en el bolsillo, que les permite trabajar; mientras que los que sean rechazados -con derecho a apelar el fallo- pasarán a ser inmigrantes comunes y dejarán de recibir la ayuda.

Cuando define los rasgos generales de estos grupos, Costanzi explica que los africanos son hombres menores de 40 años, que llegan sin sus familias y encuentran en la venta ambulante una "estrategia de supervivencia". Se instalan en los barrios del Abasto, Flores y el centro, pero por su actividad pueden extenderse más allá de los límites de la Capital cuando, por ejemplo, es época de vacaciones.

Pasar de la asistencia inicial a la promoción es la instancia más complicada, entre otras razones porque muchas de estas personas vienen de campos de refugiados, están acostumbrados a que las instituciones los sostengan y tienen la idea de que va a ser siempre así. "Hay que comprender que lo que para nosotros podría representar una falta de dignidad para ellos culturalmente no lo es -concluye Costanzi-. En Africa, si una persona en la tribu tiene un cargo y gana dinero, los demás ya no trabajan, porque esa es la costumbre. Quizá uno debería ver estas cosas, profundizar más en la cultura de los pueblos".

Más allá de que los inmigrantes africanos llevan su oficio de mercaderes ambulantes por diversos puntos de la ciudad, su campo de gravitación se concentra en los alrededores del Obelisco. A cada paso la avenida Corrientes les hace un lugar a Alioune, Serge, Moustafa, Salif, Mamadou... Casi todos nacieron en Senegal, muchos de ellos profesan el Islam y llevan no más de dos años en la Argentina. En silencio, construyeron una comunidad comercial en la zona más frenética de la ciudad.

"Somos más de 2.000 senegaleses acá", relata Alioune Ndiouje, de 27 años, sentado al lado de su mesita roja cargada de cadenitas, anillos y relojes que imitan los de las grandes marcas. Lleva seis meses en la ciudad y habla porteño a la perfección. "Yo vine a estudiar economía, pero voy a la UBA y me dicen que ni lo intente, porque no tengo DNI." Es el problema de casi todos sus paisanos. Senegal no está en guerra ni vive una situación política que permita conseguir fácilmente el estatus de refugiado, a los que llegan de allí se les complica conseguir papeles para soñar con algo más que vender baratijas. Para colmo, Senegal no tiene representación diplomática en la Argentina. "Casi todos entramos por Brasil, porque nos resulta fácil conseguir una visa y viajar a San Pablo. Después entramos por la frontera, delictivamente. Yo sé que está mal, pido perdón, pero queremos trabajar y pagar impuestos", se sincera Alioune.

En eso se suma Omar, su colega de la vereda de enfrente en Corrientes al 1300. Hablan en wolof, un dialecto senegalés. Lleva una blusa y un pantalón atigrados, con dibujos tribales. Parece recién llegado de su aldea, pero sorprende con un acento porteño casi perfecto: "Yo siempre pensé que si tenía que irme de mi país vendría a Argentina. De chiquito, cuando empecé el colegio, Maradona ganó el Mundial. Me acuerdo que iba siempre a la escuela con una remera con el 10. Ustedes tienen a Diego, a Messi... Es un buen país".

En Corrientes y Paraná, delante de un banco, tiene su puesto Moustafa. Apenas chapucea castellano, aunque con los clientes se esfuerza con todo. Su rutina es casi idéntica a la de sus paisanos. Los lunes temprano va a una tienda de Once y compra mercadería para toda la semana. "Ahora difícil. Poca ganancia", resume. Cuando llegó, un año atrás, era más común que le sobrara para enviar dinero a su familia. La crisis llegó para todos. Pero de a poco aprende a mejorar la productividad y a elegir mejor la mercancía. Los más nuevos compran directamente el maletín: un portafolios plástico que ya viene armado con un popurrí de chucherías y que por 500 pesos les permite a los recién llegados empezar a trabajar.

Según coinciden todos los vendedores, la policía no los molesta y no sienten discriminación. "Sé por amigos que fueron a Europa que ahora está muy duro allá. Argentina es un país de inmigrantes y no hay racismo, por suerte", dice Alioune para explicar por qué Buenos Aires y no alguna gran capital, más cercana a la costa africana.

Con más o menos detalles todos cuentan la misma historia de miserias que los forzaron a emigrar y coinciden también en una ilusión: volver al pueblo, a la familia, al fútbol en la calle, a la novia... El sueño de casi todo exiliado. Potenciado por la distancia que impone el venir del África, ese enigma cultural y geográfico que siempre atrajo al hombre blanco. Aunque, como escribe el periodista polaco Ryszard Kapuscinski en su libro Ebano, intentar descifrar ese misterio en términos absolutos es inútil: "Cuando se intenta entrar en territorio de otra cultura, y describirla, la lengua devela sus límites, su subdesarrollo, su impotencia semántica. África significa miles de situaciones. De lo más diversas, distintas, contradictorias, opuestas. Alguien dirá: ´Allí hay guerra´. Y tendrá razón. Otro dirá: ´Allí hay paz´, y también tendrá razón. Todo depende de dónde y cuándo."

 Datos del año 2008 suministrados por la Fundación Comisión Católica Argentina de Migraciones (FCCAM)

Producción: Constanza Bertolini, Federico Prack, Jorge Quiroga, Martín Rodríguez Yebra, Claudia Nobilo y Pablo Plotkin

La Nacion