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Una bofetada a San Martín (Segunda parte)


Lunes 10 de septiembre de 2012 | 21:06

Una bofetada a San Martín (Segunda parte)

Por Rolando Hanglin | Para LA NACION


 (Esta columna es continuación de la publicada el martes pasado, con referencia al libro de Antonio Calabrese: "José de San Martín... ¿Un agente inglés?").
Otro agente británico: John Miers, quien en 1818, o sea en las vísperas de la invasión de Chile, llega para efectuar supuestas observaciones sobre el cobre chileno, pero en lugar de viajar a Chile se dirige a Mendoza, donde tiene una serie de reuniones con el Libertador. Se ha dicho que el Sr. Miers "cultivaba el dibujo" y realizaba "estudios y observaciones". Dejó numerosas láminas sobre la topografía de Cuyo y el Puerto de Buenos Aires. Lugares estratégicos, de los que cualquier potencia de aquel tiempo necesitaba poseer mapas y planos adecuados. Posteriormente, en un libro de memorias titulado Travels in Chile and La Plata dice Miers textualmente: "Fui luego a visitar al general San Martín y a entregarle cartas, que también traía para él". Se pregunta Calabrese: "¿Qué cartas? ¿De quién?¿Se las entregaba después de un año, al encontrarse con San Martín en Mendoza, en 1819? ¿O eran instrucciones previas a la partida para el cruce de los Andes, y debían ser entregadas en el momento justo?".
Otro personaje: Robert Staples, especie de cónsul británico informal en Buenos Aires.
Y uno más: el Sr. Robert Proctor, hombre de gran fortuna personal, que llega a Buenos Aires en 1823 con su familia, para luego viajar con ella al Perú, donde examina la situación existente, y bajar luego a Mendoza, donde ya se encontraba San Martín, al final de su periplo, como esperando instrucciones. También explica Proctor en una nota publicada en Londres, en 1825, que "como tenía cartas para el célebre general, tuve oportunidad de verle mucho...."
¡Otro viajero acarreando cartas de Londres! Este detalle recurrente perturba a Calabrese.
Más ingleses alrededor de San Martín: Mr. Samuel Haigh, nacido en Londres, que llega a Buenos Aires en 1817 con un barco de 180 toneladas, y desde allí se traslada por tierra a Chile. Llega a Valparaíso la noche del 29 de octubre, en que justamente San Martín organiza un baile en honor del comodoro William Bowles, alto jefe de la escuadra británica en el Plata. El invitante es otro súbdito inglés, Mr. Richard Price. Pero lo más extraordinario es que, una vez en Chile, Haigh transfiere su cargamento y vende el barco a unos compatriotas suyos, de profesión corsarios, que ponen el buque al servicio de la armada chilena. En meteórica carrera, Haigh es agregado al Estado Mayor del Ejército de los Andes y -según Calabrese- actúa en la batalla de Maipú.

¡Otro viajero acarreando cartas de Londres! Este detalle recurrente perturba a Calabrese

El comerciante se convierte, así, en militar.
Calabrese sigue enumerando británicos: John Thomond O´Brien, irlandés como Miller, ambos militares profesionales con actuación en Waterloo y en las guerras peninsulares.
Calabrese cita a Terragno: "Antes de iniciar la expedición a Chile, San Martín se mantuvo en contacto con el comodoro Bowles, nuevo comandante en jefe de la estación sudamericana de la Armada Real, a quien el Libertador confió, en Buenos Aires, sus planes y problemas". El extraordinario académico inglés John Lynch, autor del gran estudio titulado San Martín, de rara objetividad, relata: "El comodoro Bowles se encontraba en Río de Janeiro, pero San Martín buscó al cónsul británico Robert Staples para transmitir sus ideas y necesidades a Londres. Le gustaría tener en consideración, explicó, las opiniones del gobierno británico sobre sus operaciones futuras en Chile y Perú. Necesitaba buques de guerra y oficiales, y requirió la presencia de la marina británica en la costa del Pacífico para proteger al comercio de la agresión de España" . Dice también Bowles: "Me aseguró que, en caso de surgir una revolución anti-inglesa, volvería del Perú para oponérsele... El genio y la disposición de San Martín son ciertamente favorables a Gran Bretaña".
Aquí encontramos un tropiezo en la argumentación de Calabrese: si San Martín era un agente, su genio, su disposición y su voluntad personal no tenían mayor importancia, ya que en cualquier caso debía obedecer las órdenes de sus patrones.
De cualquier modo, la participación británica en la Revolución de Mayo es impresionante, antes y después de la gesta militar de San Martín. Calabrese cita a Terragno: "San Martín anticipó sus planes a los ingleses, solicitó ayuda y la recibió, hasta cierto punto". Según Calabrese, esa "ayuda hasta cierto punto" fue en verdad enorme, porque se trataba de cumplir un plan inglés.

Si San Martín era un agente, su genio, su disposición y su voluntad personal no tenían mayor importancia, ya que en cualquier caso debía obedecer las órdenes de sus patrones

Este Plan era el famoso boceto estratégico de Lord Thomas Maitland, descubierto por Terragno en archivos escoceses. Este proyecto (uno de los quince o más, presentados al Almirantazgo antes de 1800) incluía la concentración de fuerzas en Mendoza, el cruce de los Andes, la toma de Chile, el viaje por mar hasta El Callao y Lima, de modo de conquistar el Perú, que era el corazón del potencial español en América. En el proyecto de Maitland se mencionaba, incluso, la toma de Lima sin violencia, por el "peso de la opinión", tal cual se obstinó en hacerlo San Martín.
El plan originario de Thomas Maitland, asesorado por el experto John Hippisley, comprendía la participación de una flota británica que, desde el Pacífico, acompañaría y cubriría a las tropas destinadas al asalto de Lima. En principio, San Martín no disponía de semejante flota. Pero...
La flota que acompañó el desplazamiento de San Martín estaba encabezada por Lord Thomas Cochrane. Contaba con tres fragatas, dos bergantines, una goleta y un navío. La fragata "O´Higgins", al mando de Thomas Sackville Crosbie. La "Lautaro", de Martin John Guise, que había combatido en Trafalgar a las órdenes de Nelson. La "Independencia", de Robert Forster. El "Galvarino", de John Tooker Spry. El "Araucano", de William Carter. La "Moctezuma", de John Young. El "San Martín", de William Wilkinson. Comisario y juez de la flota: Mr. Henry Dean. Los altos mandos, la totalidad de la oficialidad y 600 sobre 1600 tripulantes eran todos de nacionalidad inglesa.
Sinceramente: da toda la sensación de una flota oficial británica...
Ahora bien. Calabrese resuelve en breves líneas el famoso tema de la masonería: San Martín era masón, y lo fue hasta su muerte, pero esto no tiene la menor relevancia, pues también lo fueron civiles y militares, sacerdotes y mariscales, nobles y plebeyos, ingleses, españoles, argentinos, unitarios, federales. La masonería no tenía un papado, una jefatura política, por tratarse de una fraternidad secreta de orientación liberal y de estructura horizontal.
En la masonería había monárquicos, como San Martín, y demócratas como Bolívar.
Entonces: ¿Qué relevancia tiene el hecho de que San Martín, lo mismo que Bolívar, O´Higgins, Belgrano, Güemes y otros revolucionarios americanos, como Miranda el precursor, hayan recibido ayuda inglesa? ¿Acaso los españoles no contribuyeron a la Emancipación de los Estados Unidos de América, lo que les valió el rencor eterno de Inglaterra?
Es que Calabrese tiene un reproche esencial contra el Libertador: a su juicio, el General separó la Argentina de Chile, perdió Uruguay, Alto Perú y Paraguay. Con ello, todos nosotros perdimos la oportunidad de convertirnos en los Estados Unidos de América del Sur, una poderosa nación bioceánica. Todo para beneficio y conveniencia de Gran Bretaña, potencia experta en partir países, inventar estados tapones y fraccionar territorios para negociar cómodamente con gobiernos pequeños y débiles.

¿Qué relevancia tiene el hecho de que San Martín, lo mismo que Bolívar, O´Higgins, Belgrano, Güemes y otros revolucionarios americanos, como Miranda el precursor, hayan recibido ayuda inglesa?

Resta preguntar si este resultado (melancólico) es sólo culpa de San Martín, y no de toda la generación de Mayo.
De cualquier modo, la obra de Calabrese resulta impactante. Sus fuentes son Bartolomé Mitre, Norberto Galasso, Patricia Pasquali, Juan Bautista Sejean, José María Rosa, Rosendo Fraga, Rodolfo Terragno, Ricardo Piccirilli y otros autores de prestigio. En las líneas iniciales, el autor dice con amargura: "Nos ha interesado solamente la verdad, por dura que esta fuera, aunque tengamos que dejar mucho a nuestras espaldas por conseguirlas, aunque su hallazgo nos lleve el alma en jirones..."
Y al final: "Se nos inculca que debemos la paternidad de la patria al Gran Capitán. Una patria que lo rechazó, en la que él no quiso vivir ni morir, y a la que no sirvió. Al contrario, se sirvió de ella para cumplir el plan de Lord Maitland".
San Martín sigue siendo el hombre del misterio y, a mi modo de ver, lo seguirá siendo hasta que terminemos de entenderlo. Para encontrar -como dice Calabrese- la verdad, que nunca es demasiado dolorosa. Sólo se trata de comprende quienes somos.
Entre las preguntas que quedan sembradas, hay una básicamente humana: ¿No sabía San Martín que, al traicionar su juramento de fidelidad a España, quedaría privado para siempre del contacto personal con su propia madre, Gregoria Matorras, que vivía en Orense con María Elena San Martín, hermana de José? En efecto, este hombre nunca volvió a pisar España (donde lo esperaban con un patíbulo preparado) ni a ver a su madre y hermana.

San Martín sigue siendo el hombre del misterio y, a mi modo de ver, lo seguirá siendo hasta que terminemos de entenderlo

Cada hombre se fija una misión y resuelve su vida en ella. Anclado en una España que naufragaba en el caos, tal vez San Martín dijo su frase: "Serás lo que debas ser, o serás la nada". Sin orígenes nobles que lo llevaran más arriba en su carrera (era sólo hijodalgo) y compartiendo "tenidas" con influyentes amigos ingleses que podían dar una mano, tal vez fue allí en Cádiz o en Londres (1811-1812) donde San Martín conoció los bocetos estratégicos de Maitland, Lord Nicholas Vansittart y otros, y se arrimó a la única potencia que podía solventar una aventura como la Independencia de las naciones sudamericanas. No sólo podía, sino que había resuelto (así lo estipulaban los planes del Ministro Castlereagh) dejar de intentar la conquista de esos países, para promocionar su independencia y hacerse de mercados para su pujante industria comercial. Que estaba bloqueada en Europa por el poder de Napoleón.
La Argentina e Inglaterra han estado vinculadas desde el principio, desde la fundación de Buenos Aires, según testimonia H.S. Ferns (1966, Argentina y Gran Bretaña en el Siglo XIX) y llegaron a constituir una redituable alianza comercial y cultural. ¿Qué los ingleses se quedaron con un vuelto, llamado Islas Malvinas? Eso también es indudable. Ya en su momento, a través de los estudios estratégicos examinados por Castlereagh, Albión se proponía "fomentar la independencia de las antiguas colonias españolas", sin apoderarse de ellas, sino sólo de algunos enclaves útiles, como podrían ser las Malvinas-Falkland.
Pero esta cuenta pendiente sale del tema. Sólo intentamos marcar los cabos sueltos y alentar futuras investigaciones, más allá de la audaz ponencia del Dr. Calabrese.

Una bofetada a San Martín


Martes 04 de septiembre de 2012 | 20:00

Una bofetada a San Martín

Por Rolando Hanglin | Para LA NACION












En estos días se está publicando un libro que causará debate. Obra del abogado santiagueño Antonio Calabrese. Su título es: José de San Martín... ¿Un agente inglés? El estudio de Calabrese constituye una bofetada a San Martín y a los que (como yo mismo) admiramos al General como ejemplo de rectitud, de hombría, de moral y de personalidad. Pero también. de profundos misterios.
Hasta los fanáticos de San Martín debemos aceptar el aporte de Calabrese, sobre todo porque no es un insulto lanzado al aire, sino el fruto de un estudio racional. Lo que jamás debemos hacer es silenciarlo, como en cierto modo sucedió con un libro de características similares: San Martín y la Tercera Invasión Inglesa", de Juan Bautista Sejean (1997, Editorial Biblos).
La tesis de Calabrese es, fundamentalmente, la siguiente: José de San Martín vino al Río de la Plata para cumplir una misión que le había confiado Gran Bretaña, de la que era agente. ¿Agente. rentado? Esto no lo dice Calabrese, y sería muy difícil demostrarlo.
El capítulo "Los amigos ingleses" contiene una abrumadora enumeración de políticos y militares británicos que incidieron poderosamente en la aventura del general. No se trataba de aficionados, viajeros curiosos o naturalistas, sino de profesionales de la guerra y el espionaje que sabían muy bien lo que hacían.

Según el Dr. Calabrese, don José siguió en todo momento las indicaciones inglesas, fue financiado por Inglaterra, vigilado, controlado y aleccionado por funcionarios británicos

William Carr Beresford, invasor y gobernador (1806) de Buenos Aires, donde procedió a robarse prolijamente los caudales del virreinato, provenientes de las minas de Potosí, luego paseados en triunfo por las calles de Londres a bordo de seis carros repletos, fue jefe del Libertador en la batalla de Albuera y en el sitio de Badajoz. En estas circunstancias, por efecto de la alianza anglo-española, San Martín también compartió filas con su gran amigo Lord MacDuff, conde de Fife, y con el capitán William Miller, a quien luego se llevaría al Perú.
Puede aducirse que Beresford y el almirante Home Popham no robaron dineros "de la Argentina" sino de España, destinados a la Península, y que Inglaterra y España eran las dos grandes potencias marítimas de aquel tiempo, que se pirateaban mutuamente. Se aducirá también que San Martín no hizo más que cumplir con sus órdenes militares cuando le tocó combatir en las guerras peninsulares junto a aquellos señores, ya que su patria (España) e Inglaterra fueron aliadas, contra Napoleón, durante aquel lapso preciso.
Un hermano del conde de Fife, Sir Alexander Duff, había comandado el 88 Regimiento Connaught Rangers en 1806, durante la Primera Invasión, y su íntimo amigo Samuel Ford Wittingham actuó en la Segunda Invasión, año 1807.
Dice Calabrese: "Fue Duff quien introdujo a San Martín en la órbita inglesa, dándole a conocer los planes británicos para la América del Sur. Duff financió además su salida de España, presentándole a quienes podían suministrarle un pasaporte inglés. Eran Sir Charles Stuart, Barón de Rothesay, y el propio Beresford, virtual gobernador de Portugal por orden británica. Estos dos hombres pusieron a San Martín, en cuatro meses, a bordo de la fragata George Canning, en busca de su destino".
Uno puede preguntarse: ¿Y los otros militares que venían a bordo de la Canning, es decir Carlos María de Alvear, Matías Zapiola, Chilavert, el alemán barón de Holmberg. eran todos agentes ingleses, contratados por Stuart?

El combate de San Lorenzo -según Calabrese- fue observado muy de cerca por las autoridades británicas, que enviaron a la zona al capitán Peter Heywood

En fin. Según el Dr. Calabrese, que en esto coincide con Juan Bautista Sejean y se apoya en las notables investigaciones de Rodolfo Terragno ( Maitland & San Martín ) don José siguió en todo momento las indicaciones inglesas, fue financiado por Inglaterra, vigilado, controlado y aleccionado por funcionarios británicos.
Retomamos la lista: los hermanos John y William Parish Robertson, empresarios de gran éxito en la Argentina, Uruguay y Paraguay, primos de un legendario diplomático inglés en el Río de la Plata: Sir Woodbine Parish.
John Parish Robertson es protagonista de un hecho insólito, ya que se encuentra "por casualidad" con San Martín en el convento de San Lorenzo, cuando faltan horas para el bautismo de fuego de las armas argentinas. Invitado por el Libertador, contempla el combate de San Lorenzo desde el campanario de la iglesia. Al día siguiente, compartiría un desayuno con el jefe vencedor y el vencido en el comedor del convento.
Según el historiador inglés H.S. Ferns, tanto John como su hermano William Parish reportaban a su abuelo Bath, de Londres, quien era informante de las autoridades británicas.
El combate de San Lorenzo -según Calabrese- fue observado muy de cerca por las autoridades británicas, que enviaron a la zona al capitán Peter Heywood, quien se encontraba en Buenos Aires entre septiembre de 1812 y julio de 1813. Se hicieron amigos, Heywood y San Martín, hasta el punto de que, cuando el General lleva a su hija Mercedes a Europa, la pone bajo la tutela de la señora de Heywood. La historia personal de Heywood, por otra parte, es totalmente cinematográfica: marinero de tatuaje y abordaje desde los 15 años, participó del "Motín del Bounty", que sirvió de base a un film inolvidable.
Otro ilustre amigo británico de San Martín: el médico James Paroissien, el primer extranjero a quien se concede la ciudadanía argentina. Según apunta Rodolfo Terragno, no era médico ni químico. Para Calabrese: viene como refuerzo tras la primera invasión inglesa y, al enterarse de que se ha producido la Reconquista, recala en Montevideo, donde pasa a servir como auxiliar de cirugía con el grado de subteniente, en el ejército de Whitelocke, que preparaba la segunda invasión, de 1807. Podemos colegir que se trataba de un práctico en medicina de guerra, algo así como un enfermero. Pero Calabrese concluye terminantemente: Paroissien era, en realidad, un espía consumado, con nutridos antecedentes.




Cristina, Perón y San Martín, protagonistas de los afiches 3D del Gobierno


Cristina, Perón y San Martín, protagonistas de los afiches 3D del Gobierno

La agrupación Kolina, de Alicia Kirchner, reparte anteojos especiales para ver los carteles en tres dimensiones; son para que "la oposición pueda ver el proceso de transformación y liberación que se lleva adelante", aseguran


La agrupación kirchnerista Kolina, que dirige la ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner, repartió esta tarde anteojos 3D para ver una tanda de afiches en ese formato, que muestran al prócer José de San Martín junto al ex presidente Juan Domingo Perón y a la actual mandataria Cristina Kirchner.

En el cruce de la Av. de Mayo y 9 de Julio, durante un homenaje al Libertador, Hernán Letcher, militante de la organización Corriente de Liberación Nacional, mejor conocida como Kolina, explicaba que la idea de la actividad es que "la oposición pueda ver con los anteojos adecuados el proceso de transformación y liberación que se lleva adelante".
El acto proselitista se llevó a cabo en diferentes puntos del país como homenaje a San Martín, a través de una pegatina de 100 afiches en ese formato en las provincias de Salta, Jujuy, Misiones, San Juan, Mendoza, Catamarca, Corrientes, Chaco, Entre Ríos, Santa Fe y Córdoba.
Según Letcher, la idea por detrás del afiche 3D es que "la liberación tiene tres dimensiones, marcadas por tres etapas". "La primera está relacionada con la figura del Libertador San Martín; la segunda liderada por Perón, y la tercera iniciada por Néstor en el 2003 y conducida magníficamente hoy por Cristina", indicó.
Kolina está comandada por una mesa nacional representada por máximos referentes de distintas áreas de gobierno. La integran Alicia y los ministros Débora Giorgi (Industria) y Alberto Sileoni (Educación).
Télam

¿El sargento Cabral era negro?

Martes 05 de junio de 2012 | 02:11

Pensamientos Incorrectos

¿El sargento Cabral era negro?

Por Rolando Hanglin | Para LA NACION



En su discurso del 25 de mayo de 2012, la presidenta Cristina Fernández afirmó que el sargento Juan Bautista Cabral era negro. Y posiblemente, originario de Angola. Como el comentario provocó algunas sonrisas escépticas, hemos buceado en la biblioteca.
Una buena fuente es "Combate de San Lorenzo", por el R.P. Herminio Gaitán. Primeras conclusiones: parece improbable que Cabral, en trance de muerte, haya pronunciado la frase: "Muero contento, hemos batido al enemigo". Casi todo el mundo muere completamente a disgusto, sobre todo en medio de una batalla. Pero según las "Tradiciones" de Pastor Obligado, dijo algo parecido, si bien menos solemne: "Déjenme compañeros. ¿Qué importa la vida de Cabral?. Vayan ustedes a pelear, que somos pocos". Para ser más exactos, lo habría dicho en guaraní, con las siguientes palabras: "Avyá amanó ramo yepé, ña jhundi jhegere umí tytaguá". El valiente soldado rechazaba así la ayuda de sus amigos, que se acercaban para atenderlo en medio de la batalla, que duró sólo 15 minutos.
Juan Bautista Cabral sería hijo natural de don José Jacinto Cabral y Soto, y de la morena Carmen Robledo. Ella, luego, se casó con el moreno Francisco, que llevaba también el apellido Cabral, por ser igualmente esclavo de esa antigua familia. Quizás por esta razón, algunas fuentes lo dan como hijo de la esclava Carmen y del esclavo Francisco, y esclavo él también, pues su nacimiento es anterior a la ley de libertad de vientres, y de raza negra.
Estos datos se confirman en una carta de don Luis Cabral, su amo, del 4 de diciembre de 1812, donde se refiere a la situación de "nuestro negro Juan Bautista, que en su carta me pide le escriba a San Martín para que lo baje a la infantería, porque en la caballería corre peligro". Los negros integraban, habitualmente, la infantería, por ser malos jinetes, de modo que el pobre Cabral tendría -a pie- más chances de sobrevivir.
Cabral había nacido en Saladas, provincia de Corrientes. No contrajo matrimonio y, en su condición de esclavo, desempeñaba funciones de peón. Seguramente, se integró al cuerpo de granaderos a poco de constituirse, y desde Buenos Aires le pidió al amo que intercediera ante San Martín, como surge del párrafo reproducido.
Cabral era negro, sí, y esclavo. Ni siquiera sus posesiones (un caballo y un anillo) le pertenecían realmente
Tenía sólo 20 años. Su patrimonio declarado: un caballo rosillo con la marca de don Luis Cabral, y una sortija de oro, que estaba en poder de doña Tomasa, su patrona.
Finalmente: Cabral no era sargento. Según Gaitán, era "simplemente, un granadero sin rango". Palabra del mismo San Martín. Tampoco hay constancias de un ascenso post-mortem. San Martín mandó colocar, sobre las puertas del cuartel del Retiro, un tablero de forma oval donde se leía: "Al soldado Juan Bautista Cabral. Murió en la acción de San Lorenzo, el 3 de febrero de 1813".
No parece probable que el Libertador haya registrado aquellas palabras en guaraní, para traducirlas después, dado que don José había dejado Yapeyú a los 4 años de edad, para no volver a oír jamás la bellísima lengua india de su infancia.
En resumidas cuentas: Cabral era negro, sí, y esclavo. Ni siquiera sus posesiones (un caballo y un anillo) le pertenecían realmente, pues él mismo era propiedad de don Luis Cabral, según las leyes de la época.
Efectivamente, los esclavos africanos comercializados en la Argentina provenían de Angola y el Congo, identificándose varias "naciones", como los "benguelas" y los "congos". Todos ellos hablaban distintos dialectos de la gran familia bantú. De su hablar han quedado, en nuestro argot cotidiano, palabras como tango, tongo, conga, batuque (barullo) y milonga, entre muchas otras.
La población negra en las provincias del Río de la Plata ascendía, en 1810, al 50 por ciento de algunos territorios como Tucumán, y constituía una colectividad bien nutrida en tiempos de Rosas, es decir hacia 1852. Tras la batalla de Caseros y la Conquista del Desierto (1879-1883) las inmensas oleadas de inmigrantes italianos, españoles, irlandeses, sirios, libaneses, polacos, croatas, etc, diluyó el color moreno y la mota en el pelo, que hoy son rasgos poco habituales en nuestro pueblo. Algo de su forma rítmica permanece, sin duda, en el candombe y la chacarera santiagueña con el sonido del bombo, así como en la piel tostada de nuestro pueblo, donde siempre hay una gota (y algo más) de negro y de indio.
Muchos esclavos negros fueron "donados" por sus amos a los ejércitos patriotas, como se podía donar una mula o una escopeta
Un detalle menos simpático: muchos esclavos negros fueron "donados" por sus amos a los ejércitos patriotas, como se podía donar una mula o una escopeta. Este fue, tal vez, el caso del pobre Cabral.
Dicen que, al cabo de la batalla de Chacabuco, San Martín recorrió el campo sembrado de cadáveres y exclamó, compungido: "¡Mis pobres negros!" De ese color era la mayoría de nuestros soldados, por aquel entonces. Aun torturados por el frío y poco habituados a montar a caballo, se batieron heroicamente. Sólo por eso merecen mucho más que la Marcha de San Lorenzo
 
 
 
               

San Martin y Bolivar

"Bolívar le falló a San Martín al negarle soldados"Lo afirma el historiador John Lynch, autor de una biografía del Libertador publicada en Londres
Martes 18 de agosto de 2009
Juana Libedinsky Para LA NACION

LONDRES.- Por más de medio siglo no ha salido publicada ninguna biografía de San Martín en el mundo académico anglosajón. "San Martín ha sido descripto como el hombre olvidado de la independencia de América del Sur y es verdad que ha quedado a la sombra de Bolívar", reconoce John Lynch, profesor emérito de historia latinoamericana de la Universidad de Londres, donde dirigió el Instituto de Estudios Latinoamericanos.
Sin embargo, Lynch explica a LA NACION que, con la cercanía del bicentenario de buena parte de las independencias latinoamericanas, ha crecido el interés por entender los movimientos de liberación, y la figura de San Martín se beneficia de ello. Una prueba es que la Universidad de Yale le encomendó una nueva biografía de San Martín, que salió publicada este año en Gran Bretaña y Estados Unidos. Lynch realizó para la misma serie una ya célebre biografía de Bolívar, calificada de "impresionante" e "invalorable" por el Times Literary Supplement y de "honesta y balanceada" por figuras y medios de todo el espectro ideológico, desde Alvaro Vargas Llosa en la revista norteamericana New Republic hasta Tariq Ali en la británica New Left Review.
Lynch, "uno de los máximos expertos en los movimientos de liberación del siglo XIX y sus consecuencias", según The New York Review of Books, está convencido de la importancia de la empresa, ya que "estudiar las vidas de los libertadores es descubrir el presente y el pasado: San Martín y Bolívar todavía evocan pasiones y polémicas, y revelan las ambiciones de sus sucesores tanto como las mentalidades de sus contemporáneos".
Una imagen correctiva En su elogiosa reseña sobre el libro, The Economist, por ejemplo, asegura que San Martin: Argentine Soldier, American Hero será "un valioso correctivo de los más fantasiosos derroches de bolivarismo que se esperan para las conmemoraciones de los bicentenarios", que "hasta ahora han sido obsesivamente promovidos por los petrodólares de Hugo Chávez y la izquierda más pueril".
-¿Por qué se le ha prestado tan poca atención a San Martín?
-El abandono de los estudios de su persona por parte de la historiografía británica quizá pueda explicarse por su personalidad. En contraste con el carisma de Bolívar, San Martín era reservado y reticente. Se concentraba en lo esencial de los deberes políticos y militares, y no era ambicioso.
-¿Y qué buscaba plantear de nuevo con San Martin: Argentine Soldier, American Hero?
-Entre los historiadores académicos últimamente se ha prestado demasiada atención a los conceptos y estructuras, y se han perdido de vista las personalidades detrás de los movimientos de independencia. Sin embargo, en América latina, ésta es incomprensible sin la acción directa de los libertadores. De ellos podemos aprender sobre los modelos de liderazgo, sobre todo respecto de qué era lo que había y qué era lo que era necesario para gobernar.
-En su biografía sobre Bolívar, usted sostiene que la revolución bolivariana de Chávez es una perversión moderna del culto a Bolívar. ¿Algo similar puede pasar con San Martín?
-San Martín no ha sufrido el destino de Bolívar, capturado para regímenes políticos particulares, y los líderes argentinos son demasiado maduros como para intentar lo que Chávez ha hecho con Bolívar: distorsionar su vida y sus logros. A pesar de esto, San Martín no escapa de las polémicas. Historiadores, novelistas y políticos todavía luchan las guerras de la independencia y mantienen vivas las controversias, en especial los tres puntos de inflexión de su vida: su decisión de abandonar España por la Argentina en 1812, su adopción de la estrategia trasandina en 1816 y su abandono del liderazgo en 1822.
-¿La relación entre San Martín y Bolívar tenía algo que ver con la de Chávez con los Kirchner?
-Ambos hombres sentían respeto uno por el otro, pero no eran amigos, ni personales ni políticos. Cualquier comparación Chávez-Kirchner con Bolívar-San Martín no es realista.
-Usted dijo que la clave para entender a Bolívar es su pragmatismo. ¿Cuál es la clave para entender a San Martín?
-Al examinar la vida de San Martín, he enfatizado dos aspectos, ambos descriptos por Mitre: el hombre necesario y el hombre americano. Para ello, he sido enormemente asistido por el trabajo de Patricia Pasquali, una digna sucesora de Mitre. San Martín fue el hombre que rescató la independencia de manos de los políticos de Buenos Aires para darle una dimensión americana, al llevarla a Chile y Perú. Estas eran políticas nuevas y originales.
-¿San Martín es un héroe fracasado?
-No fracasó en Perú. Su problema en Perú fue que no contaba con una base de poder peruana. Su única base era el ejército argentino, y éste no era lo suficientemente grande como para afrontar la empresa. Más aún, San Martín no confiaba en sus generales argentinos ni estaba seguro de la habilidad de los soldados para derrotar al ejército español. Por eso no mandó a sus tropas a una batalla campal. Creía que serían derrotadas y que la contrarrevolución triunfaría, así que pidió la asistencia de las tropas de Bolívar en la conferencia de Guayaquil. Cuando éstas le fueron negadas supo que era el fin para él. Hace falta una gran personalidad y poder de liderazgo para retirarse cuando él lo hizo. San Martín no falló. En todo caso, fue Bolívar quien le falló a San Martín al negarle soldados.
La Nación