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Martes 18 de septiembre de 2012 | Publicado en edición impresa
Editorial I
Residuos electrónicos sin destino
El Congreso trata un proyecto de ley
para el reciclado de aparatos eléctricosy electrónicos desechados que se
acumulan en nuestro país
La Cámara de Diputados está tratando el proyecto de
ley de presupuestos mínimos para la gestión de residuos de aparatos
eléctricos y electrónicos, presentado por Daniel Filmus, y que ya cuenta
con sanción de la Cámara de Senadores.
Se trata de un tema de imprescindible solución porque
en la Argentina se generan alrededor de 120.000 toneladas anuales de
basura electrónica que, según estudios realizados, en su mayoría queda
almacenada en hogares, oficinas y depósitos. El resto es arrojado en
basurales, donde contamina las napas de agua, los suelos y el aire, al
liberar ácidos o materiales tóxicos como, por ejemplo, mercurio, cromo y
berilio.
El hecho es que los materiales con los que se fabrican
los dispositivos electrónicos resultan en un 90 por ciento reciclables.
Sin embargo, en nuestro país se recicla menos del dos por ciento de los
residuos de aparatos eléctricos y electrónicos que se generan, lo que
constituye no sólo un problema ambiental por la contaminación
consecuente, sino por el desperdicio de minerales y materiales valiosos
que forman parte de los equipos descartados, como oro, hierro y bronce,
entre otros.
El proyecto establece el denominado principio de
responsabilidad extendida del productor, que es un postulado
internacional que promueve mejoras ambientales en el ciclo de vida de
los productos, extendiendo la responsabilidad del productor
especialmente a la recolección, reciclado y disposición final de los
equipos.
En Europa, Japón y Colombia, entre otros países, se
acepta este principio que significa que los productores tomarán a su
cargo la gestión posconsumo de los aparatos eléctricos y electrónicos
una vez que éstos se convierten en residuo, y formarán asociaciones de
productores a fin de reducir costos y aumentar la eficiencia en la
gestión.
Contrariamente a lo que ocurre en los casos
mencionados, el proyecto de ley del senador Filmus propone la creación
de un Ente Nacional de Gestión de Residuos de Aparatos Eléctricos y
Electrónicos (Engeraee) para administrar la gestión de estos residuos,
forzando para ello a las empresas a realizar aportes obligatorios por
cada aparato eléctrico y electrónico, en forma anticipada a su primera
puesta en el mercado, para así crear un fondo encargado para la gestión
de esos residuos.
Cabe preguntarse acerca de la necesidad de contar con
un organismo conformado por un directorio con funcionarios y asesores,
que creará un importante dispendio administrativo que deberá ser
solventado por los consumidores, quienes finalmente pagarán el costo de
la gestión al comprar un nuevo aparato eléctrico o electrónico. Se
tratará de un organismo que se apoderará de los residuos, cobrará las
tasas y multas, y carecerá de responsabilidades, estando todas ellas a
cargo del productor.
Sabido es que la primera premisa para iniciar cualquier
campaña de recolección de residuos debe ser, necesariamente, determinar
cual será su destino final, es decir, qué disposición final se les dará
a los residuos que se recolecten. Cabe preguntarse si existen en la
Argentina plantas de reciclado para todos los residuos de equipos
eléctricos y electrónicos que se recolectarán a partir de la entrada en
vigencia de la ley.
Tampoco se entiende la incorporación de las pilas y
baterías, cuando en realidad los equipos a los que nos referimos y las
pilas y baterías son categorías completamente diferentes, y la
legislación comparada refleja un tratamiento distintivo.
Teniendo en cuenta los actores involucrados, quizá sea
recomendable fomentar y apoyar el principio de responsabilidad
compartida incluyendo a distribuidores, comercializadores, gestores,
consumidores e incluso al gobierno nacional y a los provinciales.
La basura electrónica es otro de los tantos temas
ambientales que apremian a los argentinos y, sin duda, la masiva
proliferación de equipos electrónicos ha tenido lugar sin que se
desarrollasen, al mismo ritmo, estrategias seguras de actuación sobre
sus residuos. Por ello, es imprescindible alcanzar una regulación
apropiada para evitar un impacto en el ambiente por contaminación o por
una explotación innecesaria de recursos, pero esa regulación ha de ser
dinámica y ha de evitar, y no provocar, la proliferación de los procesos
burocráticos.
La experiencia en la utilización de fondos que deben
ser utilizados para la protección ambiental y resultan destinados a
otros fines, como el reiterado uso de los fondos de la ley de bosques en
Fútbol para Todos, obliga a obrar con suma cautela cuando hay que
apoyar nuevas iniciativas que generan una mayor carga burocrática,
máxime cuando, en otros casos, situaciones similares se han solucionado
de un modo más eficiente
El comercio ilegal de cuernos de elefante, prohibido desde hace 22 años, crece sin límites; Asia, el principal destino
Lee White no suena nada optimista. El director de la
agencia de Parques Nacionales de Gabón pinta su trabajo más como el de
un militar que como el de un conservacionista. "Cada mañana temo llegar a
la oficina y ver los mensajes. El otro día había 40 elefantes abatidos a
los que les habían quitado la cabeza con una sierra mecánica. Además,
han empezado a dispararnos y hemos tenido que movilizar el Ejército",
cuenta este gabonés nacido en Manchester. White está en el Congreso
Mundial de Conservación que se celebra en Jeju (Corea del Sur) y resume
la alarma por el auge del furtivismo los últimos tres años.
En
2011 se confiscaron 23 toneladas de colmillos de elefantes, una
cantidad que equivale a unos 2500 animales asesinados. Foto: Archivo
White afirma que Gabón se ha tomado el problema en
serio. "Mi presupuesto ha crecido de un millón de dólares [unos 780.000
euros] a 12 en un año, de 100 personas hemos pasado a 500 y vamos a
llegar a 1.000 y hemos movilizado el Ejército, pero no podemos evitar la
caza ilegal nosotros solos". El pasado 27 de junio, el presidente de
Gabón, Omar Bongo, quemó en un acto público más de 1.200 piezas de
marfil incautadas para demostrar que iba en serio contra el furtivismo.
Los países y agencias internacionales empiezan a
combatir el tráfico ilegal de especies (principalmente marfil y cuernos
de rinoceronte), ya que alimenta a grupos armados y lo realizan a menudo
las mismas redes que explotan seres humanos o trafican con droga. El
FBI, la Interpol, la Organización de Naciones Unidas para el Crimen
Organizado y las Drogas, la Organización Internacional de Aduanas y
hasta el Banco Mundial ha creado grupos para perseguir el tráfico ilegal
de especies.
"Con un mercado estimado en 70.500 millones de dólares
[55.000 millones de euros], el crimen ambiental ha atraído a redes
criminales organizadas", afirma el Banco Mundial, que colabora con los
países para endurecer la legislación.
Aparentemente, eso está dando sus frutos y están
aumentando las operaciones internacionales. El 19 de junio pasado,
Interpol anunció el arresto de más de 200 personas y la incautación de
dos toneladas de marfil, 20 kilos en cuernos de rinoceronte y armas
militares tras una operación de dos meses en 14 países africanos.
El 16 de noviembre pasado, la aduana de Hong Kong
capturó un contenedor con 33 cuernos de rinoceronte y 758 colmillos de
elefante. La carga había salido de Ciudad del Cabo, en Sudáfrica. Lo
sorprendente es que el marfil y los cuernos de rinoceronte suelen tener
destinos y orígenes distintos. ¿Era la misma red que actuaba para dos
fines o es que alguien había ampliado mercado? Las autoridades no tienen
respuesta. "No hablamos de un turista que se lleva una pieza de marfil
escondida entre su ropa, ni de nada pequeño. Esto está muy organizado",
resume James Compton, responsable en Asia de la ONG Traffic, que lucha
contra el comercio ilegal de especies amenazadas. En 2011, según esta
ONG, hubo 13 grandes cargamentos de marfil interceptados, frente a seis
en 2010, ocho en 2009 y dos en 2007. La curva es claramente ascendente.
¿El aumento de las incautaciones es una buena noticia
para los elefantes? La respuesta no es tan sencilla como parece.
Cristián Samper, presidente de la World Conservation Society, da otra
perspectiva: "Yo soy colombiano. Y esto me empieza a recordar a la lucha
contra las drogas. Por mucha policía que pongas, si la demanda crece
nunca vas a poder cerrar las rutas desde África a Asia. Es como pisar un
globo con agua, el líquido se mueve hacia otro sitio. Puedes controlar
un puerto, pero lo pasarán por otra vía. Si seguimos así podemos acabar
con un guarda armado detrás de cada rinoceronte, pero eso no tiene
sentido".
Un negocio en pleno auge
- Contrabando.
La venta ilegal de especies amenazadas mueve unos 70.500 millones de
dólares al año, según un estudio citado por el Banco Mundial.
- Demanda. En los últimos años, con el crecimiento económico de China, la demanda se disparó.
- Incautaciones.
En 2011 se secuestró una cifra récord desde que hace 22 años se
prohibió su comercio: 23 toneladas de colmillos de elefante, una
cantidad que equivale a 2500 ejemplares.
- Guerra. El
marfil ayuda a financiar conflictos en Africa y hay milicias fuertemente
armadas capaces de abatir 450 ejemplares en unas semanas.
El cambio de las vías es uno de los asuntos que ha
detectado Diane Skinner, de la Unión Internacional para la Conservación
de la Naturaleza, organización que ha reunido en Jeju a 10.000
especialistas en un congreso que se celebra cada cuatro años y al que ha
invitado a este diario. Si antes la vía más frecuente era desde la
sabana a Etiopía y luego en barco desde Yemen a Asia, ya hay todo tipo
de escondites y rutas.
"El marfil lo pueden llevar en pesqueros, escondido
entre la carga, en contenedores desde grandes puertos, en medio de un
cargamento de madera e incluso en valijas diplomáticas. No hay solo una
ruta. Eso era antes", cuenta White, el director de los parques de Gabón.
El empuje de la demanda parece demasiado alto como para
poder frenarse solo con policía. El precio del marfil tras matar a un
elefante en Gabón ha pasado en un año de 40 dólares (31 euros) a 300,
según White. Eso no es nada si se tiene en cuenta que en China llega a
los 2.000 dólares. En contra de las leyes de mercado, los traficantes
pagan a los cazadores locales más por el marfil de las zonas donde hay
más elefantes. Así saben que conseguirán más piezas para el contrabando.
En este mercado, todo -o casi todo- conduce a Asia. El
marfil, a China y a Tailandia; los cuernos de rinoceronte, a Vietnam;
tortugas y plantas protegidas, a Hong Kong...
"El crecimiento económico de Asia, y de China en
particular, ha sido tan rápido que está teniendo un impacto enorme de la
biodiversidad de todo el planeta", cuenta Compton, un australiano que
comenzó hace 15 años a seguir el comercio ilegal de especies en Asia:
"Esos nuevos ricos son gente que se compra un Mercedes, sí. Pero para
distinguirse quiere comer una rara tortuga, tonificarse con un extracto
de tigre y tener una pieza enorme de marfil en su casa". Carlos Drews,
director del programa mundial de Especies de WWF, coincide: "En China
los regalos de marfil o piel de tigre se realizan a veces entre
empresas. Hay que frenar eso".
La medicina tradicional fomenta la demanda, pero
también hay casos sorprendentes, como el de un alto funcionario
vietnamita que hace cinco años divulgó que había superado un cáncer
gracias a una cura a base de cuerno de rinoceronte. La demanda en
Vietnam se disparó y desde entonces el furtivismo contra los
rinocerontes ha crecido un 3.000%. Según el informe de Traffic, el
furtivismo acabó en 2007 con 12 rinocerontes en Sudáfrica y en 2011
fueron 448. "Incluso el parque Kruger de Sudáfrica, el más preparado y
con más medios, capaz de localizar el sonido de los disparos y mandar
allí helicópteros, no evita que entren furtivos", cuenta Drews.
El tráfico de marfil está prohibido desde hace 22 años. Foto: Archivo El
panorama que los expertos presentan se parece cada vez más al que
dibujaría una agencia contra la droga: hay informaciones de 15 guardas
muertos en Kenia, grupos armados de Sudán que entran en Camerún con
fusiles Kaláshnikov a abatir 300 elefantes, anuncios de más medios y más
leyes para combatir el furtivismo.
El ministro de Bosques de la República Democrática del
Congo, Henri Djombo, muestra impotencia: "Hemos prohibido la caza y el
comercio de elefante, pero la amenaza no disminuye y el comercio ilegal y
la delincuencia aumentan rápidamente. No hay demanda ni mercado en
África. La solución no está en nuestra mano". Djombo relata la
dificultad de hacer que los países de destino acepten su responsabilidad
en lo que está pasando.
White cuenta que sus guardas van armados por algunos de
los lugares más remotos del planeta "Y tenemos helicópteros preparados
para ir a por ellos si tienen un problema". Es mucho dinero, y poco
éxito, para países tan pobres. Alemania ha presentado una resolución en
el Congreso en la que pide aumentar la financiación internacional contra
el furtivismo en África.
Ni siquiera las operaciones policiales tienen la
sofisticación y la experiencia de las realizadas contra los narcos.
Cuando se intercepta un contenedor en puerto, las autoridades se
incautan de la mercancía y punto. Rara vez hay detenidos porque rara vez
hay medios para seguir discretamente la carga a ver a quién va
destinada. "Se incautan de la carga pero no hay nadie a quien culpar. Si
fuera cocaína buscarían al comprador", explica Compton.
Guardas armados, control de fronteras, incautaciones en
puertos... pero se habla poco de la demanda. Samper opina que lo
principal es cambiar la mentalidad en Asia para reducir la presión: "A
corto plazo, claro que hay que ser duro desde un punto de vista
policiaco, pero eso no va a resolver el problema". Su idea es que hasta
que el comprador no pregunte por el origen de ese marfil o de la madera
de esa mesa de café hay poco que hacer. Y que eso solo puede venir con
programas de concienciación en Asia y, sobre todo, con un cambio
generacional. WWF tiene un proyecto con Vietnam para acabar con el bulo
de que el cuerno de rinoceronte cura el cáncer y China ha comenzado a
trabajar en ello.
El problema es que con estas especies no hay décadas de
margen para el método del ensayo y error, ni para realizar, como con el
tabaco, una labor paulatina de desprestigio. Como cuenta White, sobre
el elefante en el África central, "si no lo arreglamos en cinco años, la
especie va a quedar ecológicamente extinta, reducida a poblaciones
aisladas, serán bosques tropicales como zoos". Compton coincide: "No
tenemos tiempo".