De 2000 a 2010: ganaron peso las empresas extranjeras y las exportadoras de materias primas
El ranking de las grandes compañías en la Argentina se modificó a contramano del impulso oficial a firmas nacionales e industriales
Domingo 14 de noviembre de 2010
El viejo industrial recibió por fin la palangana de plástico con la que soñaba desde hacía años. Cansado de remar durante décadas para mantener a flote su empresa en las turbulentas aguas de la economía argentina, un día de los 2000 dijo basta y decidió vender a un grupo extranjero. "No doy más, quiero poner los pies en una palangana y disfrutar tranquilo después de tanto renegar con las idas y venidas de este país", decía a quien lo quisiera escuchar. Una vez cerrada la operación, sus asesores le dieron el gusto.
Su anécdota es una más dentro de un mapa empresarial que muta de diversas formas, que cambia de nombres y que en la última década acentuó la extranjerización de las compañías comenzada en los años 90. Al mismo tiempo, se corrió hacia sectores extractivos y exportadores de materia prima, en detrimento de los de tecnología o servicios, y vio cómo la mano del Estado se inmiscuía cada vez más en los negocios, ya sea por su propia cuenta o por medio de empresarios cercanos al poder.
La frase que usó Gilberto Montagna, uno de los dueños de Terrabusi, para explicar su decisión de vender a Nabisco en 1994, siguió vigente en la última década: "Fui industrial mientras pude y ahora es lógico vender". Los grupos Fortabat, Perez Companc, Bulgheroni y Bemberg, entre otros, decidieron ceder todo o parte ante la oferta de grupos extranjeros. La falta de crédito, la ausencia de un sucesor hábil o el cambio constante de las reglas de juego son algunas de las causas que explican el fenómeno.
Es que, pese a que el Gobierno levanta las banderas de lo nacional, el avance extranjero continuó sin pausa durante los mandatos de Néstor y Cristina Kirchner. Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), en 2000 había 182 empresas de capital nacional y 318 extranjeras entre las 500 más grandes del país. En 2008 (último dato disponible) esas cifras fueron 162 y 338, respectivamente.
En este período quedó en manos foráneas 91% de la producción de cemento, 80% del mercado cervecero, 13% de la venta de combustibles y 20% de la faena y procesado de carne vacuna. Las brasileñas Camargo Corrêa, Petrobras, JBS y la belga-brasileña Inveb formaron parte de la avanzada que en la década anterior había tenido como protagonistas estelares a las europeas Telefónica, France Télécom, Suez, Iberia, Repsol y BG (British Gas), entre otras.
Juan Javier Negri, presidente de Juan Minetti y asesor compraventa de empresas, como abogado del estudio Negri & Teijeiro, subraya que las cementeras eran todas argentinas, pero tuvieron que desprenderse porque no tenían espaldas para hacer frente al crecimiento del mercado y la competencia de las multinacionales. "La falta de un mercado de capitales hacía imposible las inversiones necesarias para crecer, por lo que al dueño no le quedaba otra que vender. Era eso o la quiebra", explica.
Eduardo Fracchia, economista del IAE (Universidad Austral), completa esa idea y agrega a la ristra de razones el avance de Brasil, la cultura rentista del empresariado local, problemas de sucesión y la dinámica propia del capitalismo que hace que, luego de haber alcanzado el éxito, a una empresa se le presente otra más grande con una oferta de compra difícil de rechazar.
Vista desde el prisma de los sectores productivos, la radiografía empresarial argentina exhibe cambios. Basta cotejar los nombres de los nuevos y los viejos jugadores para comprobar que mientras que en la apertura total de los noventa ingresaron grupos más relacionados con los servicios, en los últimos diez años llegaron o se fortalecieron firmas petroleras, cerealeras o mineras.
"Hubo un cambio de posicionamiento en el que los grupos basados en servicios perdieron y los vinculados con la industria, producción y exportación de materias primas crecieron", dice el economista Andrés López, que elaboró para la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) el estudio "Empresarios, instituciones y desarrollo económico: el caso argentino".
Al comparar la versión 2001 con la 2010 del ranking de las 1000 empresas líderes que confecciona la revista Mercado, surgen claros ejemplos de este movimiento hacia la "primerización" de la economía. Minera la Alumbrera salta del puesto 94 al 30; la azucarera y papelera Ledesma, del 159 al 90; el grupo comercializador de commodities Dreyfus, del 53 al 8; la semillera Oleaginosa Moreno, del 200 al 61, y Aceitera General Deheza, del 43 al 12. Otras dieron pasos más grandes: Los Grobo no existían en 2000 y hoy están en el puesto 79.
En la otra vereda, Edenor pasó del 38 al 78; Edesur, del 39 al 79; IBM, del 88 al 91; Metrogas, del 56 al 154; Aguas Argentinas (hoy AySA), del 85 al 237, y Grupo Telefónica, que en 2000 era 2°, se desprendió de varias empresas y ahora está 3°, pero sostenido por el auge de la telefonía celular. "Siguió en el país sólo porque le prometieron el triple play, pero no le dieron nada y le mantuvieron las tarifas pisadas", cuenta una fuente del sector.
De los grandes grupos nacionales que dominaron los 80 y los 90, sólo Arcor y Techint emergen como líderes que no sólo lograron mantener su estructura, sino que crecieron y se expandieron en el exterior: la firma de la familia Pagani pasó del 27 al 14 y es la mayor productora de caramelos del mundo y el grupo de los Rocca pasó del 6 al 1° y tiene en Tenaris al principal fabricante del mundo de tubos sin costura. Ambas tuvieron ingresos por ventas en 2009 de $ 8450 millones y $ 53.028 millones, respectivamente.
Como una lupa gigante, el ranking permite ver que aquellos sectores en los que el Gobierno pisó los precios y hostigó perdieron posiciones en la década, mientras que los que son tratados amigablemente escalaron. En el primer caso, Shell pasó del 8° al 17° lugar; mientras que Pampa Holding, con la venia del poder, trepó desde la nada al puesto 44.
Entre las automotrices, Volkswagen pasó al primer lugar y saltó del 41 al 16; Fiat, del 47 al 20; Ford, del 27 al 23; General Motors, del 65 al 26. Renault retrocedió un poco, del 34 al 38. "Son una excepción dentro de un empresariado industrial que hace la plancha en cuanto a inversiones. Pero eso también se debe a que venían de años muy malos", comenta Manuel Solanet, economista de Infupa.
El veto de Cristina Kirchner a la ley de glaciares, que benefició a Barrick, refleja una política que siempre alentó a las inversiones mineras. La aparición de Minera la Alumbrera (facturó $ 4954 millones en 2009), Minera Argentina Gold ($ 2200 millones) y Cerro Vanguardia ($ 1400 millones), entre las 125 firmas líderes, refrenda el dato.
Tabacaleras, sin suerte
No corrieron la misma suerte las tabacaleras, golpeadas por una baja general del consumo de cigarrillos, pero también asfixiadas por un implacable Guillermo Moreno, secretario de Comercio, que les "apaga" los aumentos de precios. Nobleza Piccardo, que en 2000 integraba el Top 20, cayó del puesto 19 al 37 y Massalin Particulares bajó del 111 al 271.
El sector financiero siguió un sentido contrario al del resto de la economía. Solanet destaca que, mientras que la extranjerización avanzó en otras ramas, en los bancos se produjo una "seudoargentinización", con jugadores clave, ayudados por el Gobierno, como Jorge Brito ("si no era amigo de antes, supo arrimarse al poder", dice) y Enrique Eskenazi.
El francés Credit Agricol fue un caso testigo. Había comprado varios bancos aquí, pero cuando irrumpió la crisis de 2001, se fue del país y abandonó sus activos. Luego el Banco Central los administró y sacó a la venta. ¿Quién los compró a buen precio? Brito y Eskenazi. También desanduvieron el Atlántico Société Générale, Deutsche Bank, Banca del Laboro y BNP Paribas, entre otros.
Banco Macro, de Brito, salió de compras y se alzó con varias entidades del interior. Hoy figura 34 entre las líderes, con embolsos por $ 4804 millones; un puesto arriba de BBVA ($ 4763 millones) y dos abajo de Grupo Galicia ($ 4831 millones). Eskenazi recorrió un camino similar, con los bancos de Entre Ríos, Santa Fe, Santa Cruz y San Juan.
Hay, sin embargo, un sector que sorprende entre los que pegaron el batacazo en los 2000: el juego. Dos firmas que viven del azar están entre las 140 principales y facturan cada una más que Syngenta o Total Petrol. Sólo Casino Club (84) embolsa más que Procter & Gamble ($ 2000 millones contra 1890 millones). El Grupo Codere (137) completa el dúo de los poderosos del juego, pero hay más entre las 500. En este sector es fuerte Cristóbal López, uno de los dueños de Casino Club, conocido como el "zar del juego". El es el mayor exponente de lo que hoy se conoce como los amigos del poder, entre los que también se cuentan Gerardo Ferreyra y Osvaldo Acosta (Electroingeniería, que figura en el ranking de grupos empresarios en el puesto 35, con $ 1850 millones, más que Bayer por caso) y Lázaro Báez (Constructora Austral).
El Gobierno modeló el mapa empresarial con la estrategia de promover el ingreso de nombres nacionales en las privatizadas en los 90. Tal fue el caso de Marcelo Mindlin en Edenor o Adrián, Darío y Gerardo Werthein en Telecom, o Eskenazi en YPF. Y cuando, tras sofocar con tarifas fijas, presión regulatoria y afectación de la imagen pública, no pudo colocar a su "hombre", directamente se hizo cargo de la firma, como ocurrió con Aerolíneas Argentinas (31 en 2000 y 50 hoy) y Aguas Argentinas (AySA).
Así, se inyectó "sangre nacional" en las principales empresas. Pero ya no se trata de los mismos grupos que pisaban fuerte en 2000. Como dijo Negri: "Está por verse si los que crecieron al abrigo del poder pueden formar grupos perdurables o son sólo oportunistas del momento". Si ocurre esto último, el sueño de un país con empresas fuertes que trasciendan las fronteras al estilo de las "multilatinas" habrá quedado sepultado allá lejos y hace tiempo.
Las que bajaron
Las prestadoras de servicios (casi todas las privatizadas en los 90), metalmecánicas, petroquímicas y tecnológicas se cuentan entre las que retrocedieron en el ranking de grandes firmas.
Las que subieron
Las mineras, cerealeras y aceiteras, petroleras y otras relacionadas con el agro, como las fabricantes y comercializadoras de agroquímicos, fueron las grandes ganadoras de la década 2000/10 y pasaron a ocupar los primeros lugares entres las 1000 empresas más grandes del país.
La Nación
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Empresas públicas en déficit solventadas por el tesoro nacional
Estado SA: las peripecias de las empresas públicas
La mayoría tiene déficit operativo que solventa el Tesoro nacional, los gremios pisan fuerte en ellas y hay varias que mejoraron su inversión
Domingo 16 de mayo de 2010
Diego Cabot
LA NACION
Cada una tiene su historia. Aguas y Saneamientos (AySA) ha encaminado su vida interna y no le acarrea conflictos a nadie. No tiene entre sus finalidades ganar dinero, como cualquier empresa privada. Y cumplidora ella con los preceptos que inspiraron su creación, no gana un solo peso. Todo lo contrario, pierde algunas cuantas monedas que son aportadas por el Tesoro nacional. Eso sí: no se le puede pedir más a una empresa que jamás aumentó las tarifas que porteños y bonaerenses pagan por el servicio de agua potable y cloacas. Hay otra cosa para destacar de AySA: volvieron las extensiones de redes y se reeditó un viejo proyecto de construir otras plantas potabilizadoras. Claro que con dinero nacional.
Otras empresas, en cambio, pierden, pierden y pierden más. Aerolíneas Argentinas, por ejemplo, que necesitó 4,2 millones de pesos por cada uno de los días del primer trimestre. O la petrolera Enarsa, que tuvo en ese mismo período un cheque de 6,2 millones de pesos diarios para gastar, incluidos los sábados y los domingos.
Hay otras que son algo más nuevas, pero no se andan con chiquitas. Por ejemplo, Ferrocarril General Belgrano, una empresa que no era más que un papel en desuso cuya carpeta se desempolvó cuando el Estado le quitó la concesión de los trenes a Metropolitano, la firma de Sergio Taselli. A esa firma fueron a parar todos los empleados ferroviarios. El año pasado necesitaron 851 millones de pesos para solventar los gastos de la empresa; para 2010 están presupuestados 878,9 millones.
El Estado kirchnerista se ha vuelto empresario. Ha creado, estatizado y comprado compañías que se han vuelto públicas o mixtas. Cada una tiene su particularidad. Pero casi todas presentan algunas similitudes. La primera es una fuerte alianza con la conducción con los gremios que actúan en la empresa. "Acá hay un protagonismo muy marcado del sindicalismo", dijo un hombre del Correo Argentino, que prefirió no ser identificado. "Trabajo en el Correo, entiéndame", pidió.
Santiago Urbiztondo es economista de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL). Además, es especialista en servicios públicos. Dice que no es optimista respecto de la gestión de las empresas estatales. "Si uno mira lo que hacen las compañías, lo que se evidencia es un desdén o una falta de seriedad y eficiencia en el manejo de los recursos públicos", dice Urbiztondo. Según su visión, el Estado debería ser mucho más responsable con el manejo del dinero del Tesoro. "No hay reglas claras a las que atenerse. Por ejemplo, no hay plan de negocios ni pauta alguna a la que atenerse", sostiene.
¿Qué significa esto? Que las empresas públicas se han olvidado de ganar dinero. Todo está respaldado por la, hasta ahora inagotable, billetera oficial. "No existen pautas de cumplimiento. Ni siquiera se les ponen algunas que limiten la cantidad de subsidios que se tienen que utilizar", dice Urbiztondo.
Gustavo Kippes, economista especialista en servicios públicos y profesor de la Universidad de La Plata, se queja de lo complicado que es seguir los pasos de las empresas públicas. "No hay datos como para poder medir la gestión. Es muy difícil. Incluso antes, en los 80, estaba la Sindicatura General de Empresas Públicas, que estaba muy politizada, pero tenía cierta cantidad de datos, como cantidad de empleados. Ahora ni eso", se lamenta.
Un empleado del Correo Argentino contó cuál es su sensación sobre la gestión. "No sé si gana dinero o no, pero las cartas salen y las cosas están más o menos ordenadas. Es verdad que muchos negocios salen porque somos del Estado, pero también es verdad que hay otros en los que se compite de igual a igual . Por ejemplo, les hacemos la logística a las ollas Essen y también estamos cotizando el Plan Nacional de Vacunación", dice la fuente.
Sin datos confiables
El Correo, que fue reestatizado en 2004 después de rescindirle la concesión al grupo Macri, es la compañía pública que más ingresos por operación tendrá en 2010, según datos del presupuesto nacional. Según la planilla anexa del mensaje de remisión que envía anualmente la Jefatura de Gabinete al Congreso, para este año el Correo Argentino reportará ingresos de operación por $ 1798 millones. En el casillero de transferencias corrientes, que es donde se contabiliza el dinero del Tesoro, luce un "cero". ¿Qué significa? Pues que no se prevé que el Correo necesite dinero estatal para funcionar. "No creo que eso se pueda cumplir. Lo más probable es que haya que tramitar aportes para pagar gastos operativos", dice un funcionario de la compañía.
Del lado de las inversiones, según pudo averiguar LA NACION con tres empleados del Correo que también pidieron la reserva de su nombre, éste es uno de los rubros más flojos de la gestión oficial. "Se opera en la planta de Monte Grande, que se construyó en la gestión Macri. Ahora no es fácil conseguir financiamiento para inversiones en planta. Parece que no suman votos...", dice uno de ellos. En el último tiempo, el Correo Argentino terceriza varios servicios y alquila plantas cuando necesita algún tipo de expansión.
AySA es un caso distinto. El informe de ejecución presupuestaria de 2009, que elabora la Asociación Argentina de Presupuesto (ASAP), reporta una transferencia del Tesoro de $ 1400 millones. Claro que no todo esto es para gastos operativos. Según datos de la empresa, a cuatro años de su creación, AySA "lleva invertidos 3000 millones en el mantenimiento y la expansión de los servicios, que dieron como resultado 1,5 millones de habitantes beneficiados". Para este año se prevé un aporte del Estado de 600 millones y un ingreso por la operación de 671 millones. AySA construye actualmente varias obras de gran envergadura. Tal es la cantidad de proyectos que maneja la empresa que un ministro de Obras Públicas de una importante provincia se sinceró hace pocos días ante LA NACION: "El Fútbol para Todos es una patada al hígado para nosotros". Se refería a las propagandas de las obras de AySA que se anuncian muy seguido en las trasmisiones de fútbol. "Acá tenemos que llevar camiones con 20 litros de agua para cada familia, mientras allá anuncian obras millonarias", se quejó el ministro provincial.
Kippes dice que hay una cosa más: las tarifas. "Las empresas están tratando de sortear las dificultades que tienen y dar los servicios con las escasas herramientas que tienen porque las tarifas están atrasadas", sostiene.
Pero, claro, hay empresas muy distintas que ni por asomo piensan en ganar un centavo. Por ejemplo, Ferrocarril Belgrano, receptora de los empleados de la fallida Metropolitano. A esa empresa pública el Estado destinó 851 millones de pesos el año pasado y presupuestó para este año 878 millones para pagar los sueldos de los ferroviarios. Pero el Estado ni siquiera les impuso la obligación de correr los trenes. Es decir, es una sociedad que no tiene prácticamente ingresos. La responsabilidad de correr los coches es de la Ugofe, una unión de Metrovías, Ferrovías y Trenes de Buenos Aires, que cobra un honorario por operar la línea. ¡El mejor de los mundos! Las obligaciones laborales son del Estado y la operación, que se hace con empleados públicos, de los privados. El Tesoro paga todos los sueldos, los empleados no tienen ninguna obligación de resultados y los privados se llevan un porcentaje de los boletos vendidos. La cuenta cierra para todos, menos para el curtido Tesoro nacional.
Aerolíneas es un caso aparte. Compite con empresas privadas, que por ahora no se quejan de los $ 175.000 por hora que la aerolínea estatizada de hecho consume en subsidios. La competencia es desigual. Y hay más casos. Enarsa, que consumió 8500 millones en 2009, o la histórica Yacyretá, que recibió 898 millones. O el frustrado rescate de la Papelera Massuh, que terminó con el contrasentido de un ajuste de personal impulsado nada más y nada menos que por el secretario de Comercio Interior: el estatista Guillermo Moreno
La Nación
La mayoría tiene déficit operativo que solventa el Tesoro nacional, los gremios pisan fuerte en ellas y hay varias que mejoraron su inversión
Domingo 16 de mayo de 2010
Diego Cabot
LA NACION
Cada una tiene su historia. Aguas y Saneamientos (AySA) ha encaminado su vida interna y no le acarrea conflictos a nadie. No tiene entre sus finalidades ganar dinero, como cualquier empresa privada. Y cumplidora ella con los preceptos que inspiraron su creación, no gana un solo peso. Todo lo contrario, pierde algunas cuantas monedas que son aportadas por el Tesoro nacional. Eso sí: no se le puede pedir más a una empresa que jamás aumentó las tarifas que porteños y bonaerenses pagan por el servicio de agua potable y cloacas. Hay otra cosa para destacar de AySA: volvieron las extensiones de redes y se reeditó un viejo proyecto de construir otras plantas potabilizadoras. Claro que con dinero nacional.
Otras empresas, en cambio, pierden, pierden y pierden más. Aerolíneas Argentinas, por ejemplo, que necesitó 4,2 millones de pesos por cada uno de los días del primer trimestre. O la petrolera Enarsa, que tuvo en ese mismo período un cheque de 6,2 millones de pesos diarios para gastar, incluidos los sábados y los domingos.
Hay otras que son algo más nuevas, pero no se andan con chiquitas. Por ejemplo, Ferrocarril General Belgrano, una empresa que no era más que un papel en desuso cuya carpeta se desempolvó cuando el Estado le quitó la concesión de los trenes a Metropolitano, la firma de Sergio Taselli. A esa firma fueron a parar todos los empleados ferroviarios. El año pasado necesitaron 851 millones de pesos para solventar los gastos de la empresa; para 2010 están presupuestados 878,9 millones.
El Estado kirchnerista se ha vuelto empresario. Ha creado, estatizado y comprado compañías que se han vuelto públicas o mixtas. Cada una tiene su particularidad. Pero casi todas presentan algunas similitudes. La primera es una fuerte alianza con la conducción con los gremios que actúan en la empresa. "Acá hay un protagonismo muy marcado del sindicalismo", dijo un hombre del Correo Argentino, que prefirió no ser identificado. "Trabajo en el Correo, entiéndame", pidió.
Santiago Urbiztondo es economista de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL). Además, es especialista en servicios públicos. Dice que no es optimista respecto de la gestión de las empresas estatales. "Si uno mira lo que hacen las compañías, lo que se evidencia es un desdén o una falta de seriedad y eficiencia en el manejo de los recursos públicos", dice Urbiztondo. Según su visión, el Estado debería ser mucho más responsable con el manejo del dinero del Tesoro. "No hay reglas claras a las que atenerse. Por ejemplo, no hay plan de negocios ni pauta alguna a la que atenerse", sostiene.
¿Qué significa esto? Que las empresas públicas se han olvidado de ganar dinero. Todo está respaldado por la, hasta ahora inagotable, billetera oficial. "No existen pautas de cumplimiento. Ni siquiera se les ponen algunas que limiten la cantidad de subsidios que se tienen que utilizar", dice Urbiztondo.
Gustavo Kippes, economista especialista en servicios públicos y profesor de la Universidad de La Plata, se queja de lo complicado que es seguir los pasos de las empresas públicas. "No hay datos como para poder medir la gestión. Es muy difícil. Incluso antes, en los 80, estaba la Sindicatura General de Empresas Públicas, que estaba muy politizada, pero tenía cierta cantidad de datos, como cantidad de empleados. Ahora ni eso", se lamenta.
Un empleado del Correo Argentino contó cuál es su sensación sobre la gestión. "No sé si gana dinero o no, pero las cartas salen y las cosas están más o menos ordenadas. Es verdad que muchos negocios salen porque somos del Estado, pero también es verdad que hay otros en los que se compite de igual a igual . Por ejemplo, les hacemos la logística a las ollas Essen y también estamos cotizando el Plan Nacional de Vacunación", dice la fuente.
Sin datos confiables
El Correo, que fue reestatizado en 2004 después de rescindirle la concesión al grupo Macri, es la compañía pública que más ingresos por operación tendrá en 2010, según datos del presupuesto nacional. Según la planilla anexa del mensaje de remisión que envía anualmente la Jefatura de Gabinete al Congreso, para este año el Correo Argentino reportará ingresos de operación por $ 1798 millones. En el casillero de transferencias corrientes, que es donde se contabiliza el dinero del Tesoro, luce un "cero". ¿Qué significa? Pues que no se prevé que el Correo necesite dinero estatal para funcionar. "No creo que eso se pueda cumplir. Lo más probable es que haya que tramitar aportes para pagar gastos operativos", dice un funcionario de la compañía.
Del lado de las inversiones, según pudo averiguar LA NACION con tres empleados del Correo que también pidieron la reserva de su nombre, éste es uno de los rubros más flojos de la gestión oficial. "Se opera en la planta de Monte Grande, que se construyó en la gestión Macri. Ahora no es fácil conseguir financiamiento para inversiones en planta. Parece que no suman votos...", dice uno de ellos. En el último tiempo, el Correo Argentino terceriza varios servicios y alquila plantas cuando necesita algún tipo de expansión.
AySA es un caso distinto. El informe de ejecución presupuestaria de 2009, que elabora la Asociación Argentina de Presupuesto (ASAP), reporta una transferencia del Tesoro de $ 1400 millones. Claro que no todo esto es para gastos operativos. Según datos de la empresa, a cuatro años de su creación, AySA "lleva invertidos 3000 millones en el mantenimiento y la expansión de los servicios, que dieron como resultado 1,5 millones de habitantes beneficiados". Para este año se prevé un aporte del Estado de 600 millones y un ingreso por la operación de 671 millones. AySA construye actualmente varias obras de gran envergadura. Tal es la cantidad de proyectos que maneja la empresa que un ministro de Obras Públicas de una importante provincia se sinceró hace pocos días ante LA NACION: "El Fútbol para Todos es una patada al hígado para nosotros". Se refería a las propagandas de las obras de AySA que se anuncian muy seguido en las trasmisiones de fútbol. "Acá tenemos que llevar camiones con 20 litros de agua para cada familia, mientras allá anuncian obras millonarias", se quejó el ministro provincial.
Kippes dice que hay una cosa más: las tarifas. "Las empresas están tratando de sortear las dificultades que tienen y dar los servicios con las escasas herramientas que tienen porque las tarifas están atrasadas", sostiene.
Pero, claro, hay empresas muy distintas que ni por asomo piensan en ganar un centavo. Por ejemplo, Ferrocarril Belgrano, receptora de los empleados de la fallida Metropolitano. A esa empresa pública el Estado destinó 851 millones de pesos el año pasado y presupuestó para este año 878 millones para pagar los sueldos de los ferroviarios. Pero el Estado ni siquiera les impuso la obligación de correr los trenes. Es decir, es una sociedad que no tiene prácticamente ingresos. La responsabilidad de correr los coches es de la Ugofe, una unión de Metrovías, Ferrovías y Trenes de Buenos Aires, que cobra un honorario por operar la línea. ¡El mejor de los mundos! Las obligaciones laborales son del Estado y la operación, que se hace con empleados públicos, de los privados. El Tesoro paga todos los sueldos, los empleados no tienen ninguna obligación de resultados y los privados se llevan un porcentaje de los boletos vendidos. La cuenta cierra para todos, menos para el curtido Tesoro nacional.
Aerolíneas es un caso aparte. Compite con empresas privadas, que por ahora no se quejan de los $ 175.000 por hora que la aerolínea estatizada de hecho consume en subsidios. La competencia es desigual. Y hay más casos. Enarsa, que consumió 8500 millones en 2009, o la histórica Yacyretá, que recibió 898 millones. O el frustrado rescate de la Papelera Massuh, que terminó con el contrasentido de un ajuste de personal impulsado nada más y nada menos que por el secretario de Comercio Interior: el estatista Guillermo Moreno
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