El proyecto de un misil liga al país con Irán

Domingo 17 de febrero de 2013 | Publicado en edición impresa

Tras el pacto

El proyecto de un misil liga al país con Irán

El plan avanza con acuerdo de una firma venezolana sancionada por EE.UU.

Por Daniel Gallo  | LA NACION


a sombra de Irán se proyecta nuevamente sobre el desarrollo de un misil argentino. El Cóndor II, aquel cohete dirigido que fue cancelado en julio de 1990, revivió con fuerza en 2009. El control del proyecto quedó a cargo de Fabricaciones Militares (FM), que pese a su denominación es manejada por Julio De Vido y su Ministerio de Planificación.

A partir de esa decisión, FM interesó en el misil a la Compañía Anónima Venezolana de Industrias Militares (Cavim), sancionada la semana pasada por el Departamento de Estado norteamericano a raíz de la sospecha de operaciones vinculadas con tecnología misilística con Teherán.

Representantes de la empresa venezolana visitaron en septiembre pasado Fabricaciones Militares y firmaron convenios sobre transferencia de tecnología para plantas de compuestos químicos usados en motores de empuje de misiles. Las negociaciones forman parte de un acuerdo estratégico militar firmado entre la Argentina y Venezuela, cuyo socio principal en la materia es Irán.

En julio de 2011 fue la propia presidenta Cristina Kirchner quien terminó con el misterio del nuevo misil argentino.

Ella presentó públicamente durante la cena de camaradería de las Fuerzas Armadas, para que no quedasen dudas de su uso militar, el lanzamiento del prototipo. Esa noche, el seleccionado de fútbol argentino jugaba uno de los partidos de la Copa América, así que pasó inadvertido el mensaje presidencial que rehabilitaba al Cóndor II, denominado ahora Gradicom.

Resultó una confirmación de las sospechas que tenía la embajada norteamericana en Buenos Aires. Desde 2007, esa delegación diplomática estaba interesada en potenciales derivaciones de un proyecto local de cohetes para poner satélites en órbita. De acuerdo con los cables secretos filtrados por WikiLeaks, los norteamericanos preguntaban a funcionarios argentinos sobre los verdaderos objetivos del plan espacial. En 2010, determinaron que De Vido quería hacer un arma balística, oculta bajo un supuesto uso civil.

El proyecto Cóndor II comenzó en 1985 mediante la firma del decreto secreto 604 y fue desactivado en julio de 1990, tras las presiones de Estados Unidos. Naciones árabes estaban detrás de la financiación del plan. Durante 15 años, la Argentina se mostró como un buen alumno internacional, incluso ocupó la presidencia en 2003 del Régimen Internacional de Control de Tecnología Misilística, que vigila la proliferación de cohetes con alcance superior a los 300 kilómetros. Esas armas están prohibidas, aunque los países poderosos tienen miles de vectores similares en sus arsenales.

Irán dominó hace años esa tecnología y posee misiles de muy largo alcance; Venezuela pretende integrarse en ese club militar al que la Argentina se suma paso a paso.

Hasta mediados de 2009, el proyecto oficial tenía que ver con la colocación de satélites en órbita. En ese momento estaba a cargo la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae), cuyos técnicos buscaban resolver los problemas encontrados en el catalizador de hidrocina, el compuesto líquido que debía dar empuje a los motores del cohete Tronador, cuyo primer y secreto lanzamiento fue informado en exclusiva por LA NACION en 2007.

Con la iniciativa civil paralizada por temas técnicos, el entonces interventor de Fabricaciones Militares empezó a visitar en 2009 las instalaciones en las que se desarrollaba el Tronador. El enviado personal de De Vido era Arturo Puricelli, hoy ministro de Defensa. El lugar recorrido varias veces fue Falda del Carmen.

A mitad de camino entre la ciudad de Córdoba y Villa Carlos Paz, bajo tierra, se encuentra esa unidad que era secreta en los años 80 y que se pensó anulada en los 90. Toda la maquinaría estaba en su lugar a la espera de la decisión política de regresar el Cóndor II. A fines de 2009, De Vido y Puricelli obtuvieron la aprobación de Cristina Kirchner. Los cables norteamericanos hacen referencia a la queja del entonces canciller Jorge Taiana, que había defendido públicamente la orientación civil del proyecto de la Conae, orgánicamente dependiente del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Puricelli encontró en Falda del Carmen la capacidad esperada, incluso la mezcladora de perclorato de amonio, base del combustible del misil. En Planificación -cancillería paralela en la relación con Caracas- nació el plan de colocar a la Argentina como potencia misilística.

Con esa meta en vista, Puricelli sostiene su puesto en el Ministerio de Defensa, donde en los últimos meses no quedaron espacios para desarrollos faraónicos mientras buques se hunden en sus propios muelles, otros se rompen en navegación y los pocos aviones de combate que vuelan se caen.

Puricelli dejó su lugar en Fabricaciones Militares a un funcionario vinculado con La Cámpora, Santiago Rodríguez, quien firmó los acuerdos con la venezolana Cavim. El gobierno de Estados Unidos prohibió a sus compañías comerciar con Cavim por sus relaciones con el desarrollo misilístico de Irán.

Rodríguez se sumó al impulso por los misiles adoptado por De Vido y Puricelli. En el presupuesto de 2013 figura la construcción de una planta llenado de propulsión de sólidos compuestos para misiles; también la edificación de armado de vectores (la estructura del misil) en Villa María. Las piezas principales llegarán desde Falda del Carmen, ocupada por la Conae con su plan espacial que perdió fuerza frente a la iniciativa de Fabricaciones Militares.

En seminarios de ese organismo, De Vido dijo que debía contarse con esa planta de armado de misiles a nivel industrial dado que se necesitaría abastecer las necesidades argentinas y de la región. La idea en el laboratorio era del Instituto de Investigaciones Científicas y Técnicas para la Defensa (Citedef). El plan de De Vido, expuesto en los mensajes del presupuesto 2013, es independizar a Fabricaciones Militares y a Citedef para convertirlas en empresas con mayoría estatal y participación de otros inversores. Cavim está en primera fila. Pese a su relación con Irán.

El arma secreta

 Cristina Kirchner aprobó iniciar el plan misilístico

2009
El inicio del plan
Arturo Puricelli, como jefe de Fabricaciones Militares, empieza a visitar las instalaciones donde se había planificado el proyecto Cóndor II, en los 90

2011
Presentación de Cristina
La Presidenta anunció el lanzamiento del prototipo de cohete, durante la cena de camaradería de las Fuerzas Armadas

2012
Acuerdos con Venezuela
Fabricaciones Militares firmó convenios para el desarrollo misilístico con una firma venezolana sancionada por EE.UU. por su supuesto lazo con Irán

El absurdo congelamiento de precios

Sábado 09 de febrero de 2013 | Publicado en edición impresa

Editorial I

El absurdo congelamiento de precios

El Gobierno debe tomar conciencia de su creciente desequilibrio fiscal y de la inflación en vez de seguir provocando daños que serán difíciles de reparar


El acuerdo entre el gobierno nacional y la Asociación de Supermercados Unidos y otras entidades del comercio de bienes de consumo y electrodomésticos no es más que un congelamiento de precios impuesto oficialmente, sin otra alternativa formal que el acatamiento por parte de las entidades privadas. Las expresiones de apoyo de algunos dirigentes de las cámaras adheridas sólo reflejan el temor que imponen las acciones y amenazas del secretario de Comercio, Guillermo Moreno. Las opiniones recogidas en conversaciones privadas varían entre el escepticismo y la indignación. Sólo se prevé un nuevo fracaso, mientras la preocupación gira alrededor del daño que se ocasionará al comercio y a la producción, y cuál será el curso del fenómeno inflacionario durante y después de los sesenta días de duración de la medida.

Sin duda, la oportunidad de este nuevo congelamiento se relaciona con las dificultades observadas para encuadrar las paritarias en incrementos salariales aceptables para el Gobierno. Los datos preliminares de un índice de inflación más alto en enero movieron al Gobierno a producir esta medida en el intento de disponer de un argumento ante la dirigencia gremial. Es una actitud ingenua cuando, seguramente, ningún dirigente sindical u otra persona cree en la eficacia de los congelamientos de precios. Tampoco los legisladores que han ajustado sus dietas. La propia Presidenta había dicho unos días antes que los acuerdos de precios no sirven. Esto, además, ha sido aprendido por los argentinos a través de todas sus experiencias históricas, incluso las más recientes bajo la batuta del propio Guillermo Moreno. Desde el emperador Dioclesiano hasta nuestros días no se recuerda en el mundo ningún congelamiento de precios exitoso y exento de daños al comercio y la producción.

El corto plazo de sólo sesenta días estipulado para esta imposición probablemente tenga que ver con esa incredulidad y con el intento de que el dislate tenga menor calibre. Un congelamiento indefinido hubiera potenciado esa incredulidad. Sin embargo, de inmediato ha surgido la pregunta incisiva. ¿Qué pasará el día 61? Ya se han acumulado distorsiones importantes por el retraso cambiario y por las tarifas de la energía y el transporte, como para agregar otras sin poner en mayor evidencia la imagen de la olla a presión.

La escapada del dólar paralelo está reproduciendo los prolegómenos de situaciones de descontrol vividas en el pasado. Todas ellas incluyeron previas medidas infructuosas de congelamientos y fuertes distorsiones que no pudieron luego resolverse con gradualidad y con control gubernamental. La aparición de este nuevo congelamiento trae reminiscencias que debieron haber sido evitadas.

Pero hubo otra medida insólita que acompaña la operación sobre los precios. El propio secretario de Comercio comunicó a los grandes supermercados que deben suspender la publicidad sobre descuentos y ofertas en los medios de prensa y audiovisuales. La incomprensible explicación oficial ha sido que no será necesario publicitar precios si éstos están congelados. Claramente no es así.

Esta publicidad refleja una intensa competencia y su consecuencia es la reducción y no el aumento de precios. Cuando la Presidenta dijo que los acuerdos de precios con los gobiernos no sirven, agregó que deben ser los consumidores los que deben buscar y comparar. ¿Cómo lo harán si el propio Gobierno prohíbe la publicidad sobre precios? Se trata de un evidente absurdo que una vez más afecta un valor esencial del Estado de Derecho: el de la libertad de expresión. Es difícil comprender esta disposición si no se interpreta que su propósito ha sido atacar los ingresos de los principales diarios a los que el Gobierno tiene como enemigos declarados.

Cuanto antes se revise y revierta esta medida y se ataquen las causas y no las consecuencias de la inflación, menores serán los daños ocasionados.

El Gobierno debe tomar conciencia de su creciente desequilibrio fiscal y de la desbordante expansión monetaria que provoca su financiación por parte del Banco Central. Debe comprender que la insuficiencia de inversión productiva, junto con el impedimento de importaciones, produce finalmente aumentos de precios por falta de respuesta en la oferta de bienes. Debe entender que es la competencia y no la protección la que genera incentivos para mejorar la productividad y reducir costos y precios.

Si realmente la decisión de congelar precios ha respondido a la errónea interpretación de que la inflación se origina exclusivamente en la avaricia de comerciantes inescrupulosos, estaríamos entonces ante un grave caso de incompetencia e ignorancia.

La Nacion

La muerte del billete de 100

Sábado 09 de febrero de 2013 | Publicado en edición impresa

La muerte del billete de 100

Por Eduardo Fidanza  | Para LA NACION



a historia de las naciones con altas tasas de inflación puede contarse, metafóricamente, por medio de la sucesión de billetes de vidas mediocres y fugaces, que terminan en una suerte de museo de papeles muertos, carecientes de todo valor, olvidados. La biografía económica de los ciudadanos que soportan este drama es también la crónica de los sucesivos medios de pago que se volatilizaron en sus bolsillos , engrosándolos a medida que perdían capacidad de compra, hasta extraviarse en el fondo de un cajón junto a objetos en desuso. Recorrer las fotos de esos billetes -se encuentran con facilidad en Internet- genera un sentimiento de dolor, entre irónico y angustiante. Tal vez sea el resultado de una desilusión o una broma impiadosa que ya dejó de importarnos porque nos acostumbramos a ella. Una antigua defraudación naturalizada, un karma transmitido por generaciones.

En esta historia triste le llegó la hora al billete de 100 pesos. A medida que se multiplica y abulta nuestra billetera, se deshace en las manos, pierde valor hora a hora, requiere ser cambiado con mayor frecuencia para comprar cada vez menos cantidades de bienes y servicios.

El billete de 100, el de más alta denominación de su generación, sobrevivió más tiempo que otros en los últimos 30 años. Nacido con el espejismo de la convertibilidad, debutó equivaliendo a 100 dólares. Dos décadas después agoniza, con más del 80% de su valor perdido frente a la divisa norteamericana. Mientras el billete argentino se muere, las monedas extranjeras están prohibidas. Un desasosiego cotidiano, familiar, empieza a apoderarse de los argentinos más allá de sus atributos de identidad sociales y políticos. Es inseguridad y anomia, que se expresa en los negocios y en la calle. "¡Cambio!", "¡cambio!", gritan con disimulo los "arbolitos" en Florida invitando a transacciones clandestinas en las cuevas. Sus voces se superponen con las que ofrecen prostíbulos, donde se negocia amor envilecido, acaso un reverso emblemático del dinero inflacionario.

Sucede que la depreciación de la moneda es antes un problema social y político que económico. Un síntoma de intereses inconciliables, de la dificultad para cumplir contratos, mantener políticas de Estado, inversiones a largo plazo, ahorro público y privado, certidumbre en los proyectos familiares, confianza en el Gobierno. Los análisis sociológicos actuales enfatizan como nunca antes el vínculo del dinero con la fiabilidad. En un mundo incierto, la moneda debe ser garante del orden económico social y debe posibilitar el equilibrio entre crédito y deuda asegurando previsibilidad en las transacciones. Para eso tiene que conservar su valor, ser creíble. De lo contrario, se convierte en fuente de desorganización y prueba del fracaso del Estado para garantizar la cohesión social.

Esta lección de sociología elemental la asumen casi todos los gobiernos en la actualidad, con independencia de sus ideologías. El valor de la moneda se vincula con la legitimación política, sostienen los analistas sociales. Moneda y legitimidad son señales simbólicas, es decir, medios de intercambio universales más allá de los rasgos personales y grupales de quienes se valen de ellos. Pervertir la moneda, entonces, es una manera de mellar la credibilidad institucional. Más inflación, menos confianza en las autoridades. Una enfermedad que puede llevarse puestos a los gobiernos, como ya nos ocurrió.

Concluyo con dos paradojas argentinas. En primer lugar, la muerte del billete de 100 expresa, otra vez, la imposibilidad de resolver una ambivalencia que atravesó las últimas dos décadas, pero que tiene largos antecedentes en nuestra historia económica: el dilema entre crecimiento y estabilidad de precios. En los años 90 se sacrificaron producción y empleo para sostener el valor de la moneda mediante una equivalencia ficticia entre dólar y peso. En los 2000 se insufló crecimiento y consumo ilimitado hasta matar a la moneda. El resultado final difiere sólo en apariencia. La distribución del ingreso, ahora como antes, se torna adversa para los que menos tienen y ellos, seguramente, terminarán pagando la irresponsabilidad de sus gobernantes.

Por último, aunque no lo último: en una serie del billete que agoniza se entronizó la imagen de Eva Perón, el símbolo mayor de la Argentina populista. La Presidenta habla a diario enmarcada en esa orgullosa escenografía, acaso sin advertir una fatal incongruencia: el venerado ícono reposa sobre un papel degradado por la insensatez de su política económica.

© LA NACION

El modelo tiene cada vez menos defensores

Sábado 09 de febrero de 2013 | Publicado en edición impresa

Empresarios & Cía.

El modelo tiene cada vez menos defensores

Por Francisco Olivera  | LA NACION




Un gobierno entero puede ponerse de acuerdo en no alentar expectativas inflacionarias mencionando esa palabra prohibida y maldita, pero, tarde o temprano, algún distraído tropezará hablando de lo inevitable. El 15 del mes pasado, la provincia de Chubut, que conduce el kirchnerista Martín Buzzi, subió un 30% la tarifa para acceder al Área Natural Protegida de la Península Valdés. El vocabulario de los considerandos del documento, la resolución 8, firmado por el secretario de Turismo local, Carlos Zonza Nigro, es bastante más crudo que el que usa la Casa Rosada para referirse al tema precios.

Dice, por ejemplo, que la decisión "tiene fundamento en la falta de recursos para afrontar los compromisos asumidos para este año, según el cronograma de trabajo planteado por la Administración Península Valdés", y agrega que "los costos proyectados generarán un desfase económico que afectará la operatividad diaria del Área Natural Protegida, producto fundamentalmente del proceso inflacionario que atraviesa el país".

Lo dijo, nomás. Cuando se trata de entender razones económicas, siempre es menos engorroso atender directamente a los funcionarios poco adoctrinados en lo que la militancia llama batalla cultural. "Ojo con la captura de las palabras", volvería a advertir aquí el pensador Ricardo Forster.

Es cierto que, como pasa desde hace diez años con las tarifas de los servicios públicos, este tipo de medidas suelen ser para el kirchnerismo bastante menos traumáticas lejos de la Capital Federal, donde los precios pueden ser un tercio de los que paga el interior. Se podría comparar, por ejemplo, el aumento de la península Valdés con el dispuesto para el parque nacional Los Glaciares, en El Calafate, donde la tarifa subirá el 1° del mes próximo de 100 a 130 pesos (un 30%) a través de la resolución 178, después de haber aumentado ya el año pasado de 80 a 100 pesos (25%). La magnitud no sorprende: es la inflación que estimaron las consultoras sancionadas por Guillermo Moreno. Inferior, incluso, al salto que pegará dentro de dos meses la tasa aeroportuaria en la localidad que la presidenta Cristina Kirchner define como su "lugar en el mundo": de 38 a 76 pesos (100% de alza), según lo especificó una resolución del 18 del mes pasado.

Que la espiralización de precios haya pasado a ser una vez más el principal problema económico argentino puede no ser una novedad para los mayores de 25 años. Sí lo es, en cambio, la percepción generalizada entre empresarios y sindicalistas de que el Gobierno la ha incluido por fin al tope de sus desvelos. Lo entendió por lo pronto el banquero Jorge Brito durante el último 24 de diciembre, a horas de la Nochebuena, mientras escuchaba en el teléfono, tenso, las advertencias de Cristina en persona sobre la necesidad de cerrar una paritaria que no excediera el 20%. Esa negociación quedó inconclusa: las partes acordaron pagos provisionales por tres meses y volver a discutir en marzo. ¿Qué otra razón que alzas de precios que fácilmente duplican las cifras del Indec pudo haber convencido al diputado Julián Domínguez y al vicepresidente Amado Boudou de definir el aumento de sueldos del Congreso en un 21,8%, medida que en rigor corresponde a la pauta salarial de hace un año?

El rumbo económico del Gobierno viene recabando además, por primera vez con el kirchnerismo, una coincidencia sólo equiparable a la que generaba en años anteriores la gestión energética: se hace difícil encontrar un analista, del signo ideológico que fuere, dispuesto a elogiar el modelo tal como está. Era la noche del miércoles y, en el piso del canal de noticias TN, el economista Nicolás Dujovne se extrañaba al percibir ciertos puntos de contacto con su par Eduardo Curia, el profesor que se autodefine como "neodesarrollista" y que, ya en abril de 2008, advertía que "al modelo le está faltando un service". Dujovne escribió en ese momento en Twitter: "Ya sentado junto a Eduardo Curia por empezar A2Voces. ¡Cómo nos ha hermanado a todos la mala praxis!"

Tal vez al juicio negativo contribuya cierta sensación de sendero sinuoso que se advierte justamente entre quienes deben tomar las decisiones. El 25 del mes pasado, diez días antes de que Guillermo Moreno sorprendiera con su plan para congelar los precios de todos los productos de los supermercados, la Presidenta les recomendaba a los consumidores hacerles "el vacío" a los comerciantes que aumentaran porque, dijo, lo compulsivo nunca había sido eficaz. "Porque, ¿sabés qué? -se explayó en un discurso pródigo en aplausos-, si no te defendés vos, no te defiende nadie. Ya está demostrado, con el paso de la historia, que obligar y acordar no sirve."

Pero se obligó o se acordó, según qué parte lo diga. El día después del 1° de abril, cuando venzan los 60 días del plazo previsto, es ahora el tema de conversación en las corporaciones. Que la más fervorosa defensora del congelamiento, la subsecretaria María Lucila Colombo y N°2 de Moreno, haya integrado a fines de los 90 la lista de legisladores de Domingo Cavallo es además sólo una ironía estética: la tucumana, que en rigor llegó al cavallismo mediante la alianza de entonces con Gustavo Beliz, es probablemente la técnica más convencida del kirchnerismo sobre el éxito de la iniciativa. Siempre dispuesta, como su jefe, a doblar la apuesta, celebró incluso que los comercios limitaran la compra de productos para evitar un desabastecimiento.

Fue acaso el primer elogio a un racionamiento en la historia argentina. "Ningún supermercado querría que usted vaya temprano, a las ocho y media de la mañana, se compre dos cajas o catorce cajas de aceite, y entonces le vacíe la góndola hasta quién sabe qué hora ellos tienen reposición -dijo el jueves en comunicación con el programa La Mañana, que Víctor Hugo Morales conduce por radio Continental-. Entonces, a mí, que le pongan un cierto límite razonable a la compra de un producto, yo no lo veo mal. ¿Para qué vas a acumular, y entonces otro no va a poder comprar? ¿Y vos para qué querés llevarte 20 kilos de azúcar? Si te llevás dos kilos seguramente te resulta, y [del otro modo] gastás mucho. Tal vez dentro de tres días comprás de nuevo. ¿Y cuál es el problema?"

Parecía más sana la época en que Julio De Vido negaba los cortes de luz. Pero son estilos. Tanto silencio tampoco le ha ahorrado al ministro de Planificación el disgusto de tener que poblar la Capital Federal de grupos electrógenos para atenuar la crisis de suministro. Hasta la Casa Rosada, advertida por la interrupción que sufrió el último 7 de noviembre, ha tenido que reforzarlos. Que el generador que se ve desde la plaza Colón, semioculto entre dos paneles rosas, sea de la marca Aggreko, una multinacional de origen británico, es tal vez la metonimia de una soberanía energética inconclusa. Pero viene bien como backup . No sea que un gobierno entero se vea en cualquier momento obligado a proclamar, ante nuevos apagones, las enormes ventajas de conducir el país a oscuras.

© LA NACION

Ahora se busca asfixiar a los diarios

Sábado 09 de febrero de 2013 | Publicado en edición impresa

El escenario

Ahora se busca asfixiar a los diarios

Por Joaquín Morales Solá | LA NACION


l luminoso vacío de una oposición política inauguró un año electoral diferente. Cristina Kirchner ha decidido que su campaña electoral se cifrará en hostigar, perseguir y, si pudiera, callar a los escasos medios periodísticos que quedan. Con la ley o contra la ley.

Ésa es la política que explica el enorme castigo económico al que está sometiendo a los dos principales diarios de la Capital, la nacion y Clarín, con la prohibición a los supermercados de contratar publicidad. El grave caso, que sometería a los diarios a depender de la publicidad oficial o a la asfixia financiera, coloca un potente haz de luz sobre un gobierno crecientemente autoritario, sobre una oposición impotente y sobre un empresariado demasiado sometido.

Las sorpresas del kirchnerismo son relativas. La propia Presidenta ya se había despachado duramente sobre los dos diarios en sus pocas apariciones públicas durante enero. Sus palabras revelan sus obsesiones y anticipan los hechos.

No hay nada nuevo. Desde que leyó un informe de la Unesco de principios de los años 70, en el que se diferenciaba la libertad de prensa de la libertad de empresa, Cristina Kirchner se convenció de que el periodismo es una logia de mercenarios. O lo compra ella o lo compran otros. Algunos de sus amigos, empresarios periodísticos a la vez, le han dado la razón, pero todavía hay un sector de la prensa que resiste y resistirá ante esa visión deforme, calumniosa e injusta del periodismo. Aquel informe de la Unesco ya era antiguo cuando se lo conoció, hace cuatro décadas.

La independencia del periodismo está garantizada por su capacidad para autofinanciarse. Necesita de la publicidad variada y vasta para ser independiente.

Inclusive para ser independiente de la publicidad y para financiar su eterna ambición de progreso y perfección. El argumento de que el periodismo no está sometido al escrutinio público, tan meneado por los recalcitrantes voceros kirchneristas, es aviesamente falaz. Un diario, por ejemplo, está sometido a la evaluación diaria de sus lectores. Un periodista rinde un examen nuevo con cada investigación, análisis o crónica que escribe. Ni los medios ni los periodistas viven de glorias pasadas.

El caso reciente se agrava porque el empellón contra la solvencia económica de los diarios no fue escrito en ningún lado. Nadie la firmó. Nadie se hizo formalmente cargo. Sin embargo, es una orden que en algunos casos compromete casi a un tercio de la recaudación publicitaria.

La ausencia de un papel formal, cualquiera que fuera, impide, por lo tanto, el inmediato inicio de acciones judiciales. Se ha vulnerado el derecho a la propiedad privada, la de los supermercados, porque no pueden disponer de sus recursos como consideren conveniente. Y se ha instaurado, sin decirlo y sin formalizarlo, un peligroso sistema de censura previa. La publicidad es también información, sobre todo cuando se trata del precio de productos de consumo básico y diario de la sociedad.

La publicidad es necesaria aún en el caso del extravagante control de precios. ¿Cuál era el precio de las cosas cuando sucedió el congelamiento? ¿Cómo accedería la sociedad a esa información crucial? ¿Acaso no podría haber competencia, además, entre los supermercados por debajo de los precios convenidos? ¿No existen también promociones sobre precios y cuotas que la sociedad debe conocer para decidir? ¿Qué sentido tendría la existencia de distintas empresas de supermercados si todo fuera lo mismo en cualquiera de ellas? ¿No es el Estado, en última instancia, el que se convierte de esa manera en el único proveedor de la sociedad de los productos que ésta necesita para vivir?

Esas preguntas sin respuestas lógicas, más allá de los trabalenguas en los que caen los funcionarios que dicen explicarlas, es lo que manifiesta, más que nada, que se trató de una decisión contra el periodismo independiente. Es la lógica patética e implacable de Amado Boudou, que acusó al periodismo (a la nacion en este caso) de desestabilizar porque informó de los aumentos salariales de los legisladores nacionales. Ese incremento se podía explicar de muchas maneras, menos con el argumento de que era mejor que la sociedad no supiera nada. Toda la literatura política moderna sobre la necesidad de transparencia del Estado democrático fue sepultada con un solo párrafo del inverosímil vicepresidente argentino.

Pero es la misma lógica de Cristina Kirchner. Lectora voraz de diarios, en los que no cree, según asegura, dedicó su última y más formal cadena nacional a replicar las críticas periodísticas al pésimo acuerdo con Irán. No lo explicó ni lo aclaró ni agregó nada nuevo. Sólo les habló a los diarios que la habían criticado por la decisión de trasladarle a la diplomacia la imposible responsabilidad de solucionar una causa judicial. Dijo verdades a medias en algunos momentos, no dijo la verdad en otros y cambió varias veces la historia y el presente.

La necesidad de que la suya sea la versión definitiva de cualquier cosa, de que no exista una refutación posible, explican su afanosa osadía de buscar un mundo sin periodistas.

Intentó, e intenta, la persecución del periodismo con leyes inconstitucionales o con persecuciones de su agencia tributaria. Pero los métodos groseros tienen un límite. Está en la Justicia. Con la prohibición a los supermercados de publicitar en la Capital encontró un atajo: agredir seriamente la estabilidad económica de los diarios por fuera de la ley. Esa deriva despótica del cristinismo -que tiene en el secretario de Comercio, Guillermo Moreno, a su expresión más cabal- es una provocación a la sociedad, no sólo al periodismo. Después de todo, la libertad de prensa no es un derecho sólo de los medios y los periodistas; es, fundamentalmente, una conquista de la sociedad argentina.

El kirchnerismo pasará en la historia, aún en su versión más radicalizada del cristinismo. La historia indagará luego sobre los comportamientos de unos y otros, incluidos dirigentes políticos opositores y empresarios. Sobre la incapacidad de unos y sobre la facilidad de los otros para doblegarse ante el matoneo verbal de Moreno.

No se trata, después de todo, de la protección de ideas, ni de proyectos ni de políticas, sino de la defensa del capital sistema de libertades. Sin él, todos los argentinos serán otra vez víctimas.




Los argentinos descubren la nueva Miami

Los argentinos descubren la nueva Miami

Por Javier Navia | LA NACION


MIAMI.- A Pedro Delguy le surgió la posibilidad de venirse hace seis meses. Ya había vivido un tiempo en Nueva York y a los 38 años no tenía problemas en volver a alejarse de Buenos Aires, aunque, como director de cine publicitario, en la Argentina no le faltaba trabajo.

Sin embargo, el proyecto que había surgido implicaba venir a Miami, una ciudad a la que siempre había visto con prejuicios. Finalmente, decidió probar e instalarse por unos meses en un lugar al que no solía tener en sus planes ni siquiera para vacacionar. Ahora no se arrepiente de su decisión y, por al menos tres años, no piensa volver. "En seis meses me sentí muy cómodo. Me encontré con una ciudad que era mucho más que playa y malls -explica Delguy, con una frase que es cada vez más común escuchar por acá-. Todo el año pasan cosas, como la Bassel, la muestra de arte contemporáneo más grande del mundo, o el Festival Ultra, el más importante de música electrónica. Además, el prejuicio lo lleva a uno a pensar sólo en la ciudad latina, pero acá hay gente de todo el mundo, también europeos. Voy seguido a Buenos Aires, pero veo muy difícil volver a vivir allá."

Dolores Marianeschi (36) también tenía prejuicios hacia Miami, un común denominador entre la nueva ola de argentinos, profesionales de treinta y pico en su mayoría, que llegan todos los meses con un proyecto de trabajo. En el caso de ella, fue su empresa, Molinos, la que la envió. "Miami no me interesaba ni para venir de vacaciones -admite, sentada en el Novecento de la avenida Brickell, cerca de donde trabaja y vive-. Ahora me encanta. La vida cultural es cada vez más grande y no todo es shopping."

Miami ha vuelto a ser un imán para los argentinos. Pero tanto quienes vienen a vivir o las decenas de miles que lo hacen como turistas encuentran una ciudad que poco tiene que ver con la imagen que los argentinos se formaron de Miami en los 90.

El mar sigue estando donde estaba y, que nadie desespere, también los enormes malls . Pero en pocos años surgieron barrios completamente nuevos, como el Design District, el Midtown, Wynwood o South Point, que están cambiando el perfil tradicional de una ciudad que hoy parece enteramente recuperada de la crisis y en la que los argentinos son protagonistas. Los edificios que apenas terminados habían quedado semivacíos en 2009 se fueron llenando, en muchos casos, con compradores argentinos. Y las grúas ya se vuelven a ver por doquier levantando multimillonarios proyectos impulsados también por desarrolladores argentinos.

Es difícil caminar treinta metros sin toparse con turistas porteños o del interior del país, muchos de los cuales pasaron antes por Punta del Este. El año pasado casi 420.000 argentinos visitaron Miami y se espera que este año lleguen a 450.000. "Ahora lo hacen en cualquier momento del año, es impresionante -describe Gustado Da Rosa-, empleado del local de Manolo en Miami Beach y representante de la ola inmigratoria de 2002, una masa de 100.000 argentinos de clase media que llegaron huyendo de la crisis y que, aunque hoy son bastante menos, permanecen aglutinados en lo que se conoce como la Pequeña Buenos Aires, una zona donde proliferan los comercios argentinos, como Buenos Aires Bakery, en Collins Av. y 72 St., cerca de donde algunos inmigrantes participaron desde aquí del #8N.

La nueva ola

 Las 5 manzanas del Faena District, una apuesta al arte y el diseño. Foto: Ximena Etchart / Getty Images Latam

Aunque los turistas suelen pasar por allí camino a Bal Harbour, desde sus hoteles en South Beach, poco contacto tiene esa "vieja" inmigración con la nueva ola de residentes, instalados más lejos de la playa y con otro perfil. Quienes hoy llegan a vivir lo hacen ya con un contrato de trabajo o un proyecto. Muchos pertenecen al mundo financiero o trabajan para multinacionales. Por lo general se instalan en el Downtown, a lo largo de Brickell Av., una zona donde hace diez años sólo existían edificios de oficinas y donde era desaconsejable permanecer tras la caída del sol. Si han venido aquí con su familia, la alternativa es Key Biscayne, una isla residencial que desborda de argentinos, como el desarrollador Edgardo Defortuna, que se quedó nada menos que con la que fue la residencia veraniega de Richard Nixon. El otro rubro que reúne a los nuevos residentes argentinos son las industrias creativas, como la publicidad, el entretenimiento o la comunicación. Para ellos, el lugar ideal, tanto para vivir como para trabajar, es el Design District -un área alrededor de la Segunda Avenida y la NE 40 St., donde todo huele a nuevo, desde las veredas recientemente construidas hasta los locales de firmas como Céline, Prada, Hermès o Louis Vuitton, que crecen junto a terrenos vacíos, donde pronto arribarán otros-, o el Midtown -otra zona joven donde este otoño Novecento abrirá otra sucursal-, dos barrios separados por la autopista 195, unas 30 cuadras al norte del Downtown.

Es el caso de Juan Cruz Vasallo, director creativo de Alma BBD, una agencia publicitaria destinada al mercado hispano de Estados Unidos. Él llegó a mediados del año pasado con los mismos prejuicios que sus compatriotas. "A Miami me la imaginaba muy Ricky Fort", dice, riéndose, pero sintetizando la mala imagen de la ciudad entre los argentinos, que siempre miraron más hacia Europa, principalmente a Barcelona o a Londres, o a lo sumo a Nueva York, pero nunca al sur de Florida. "Miami tiene una calidad de vida que no tenés en Buenos Aires. Hay creatividad, arte, cultura. La publicidad está creciendo un montón. Yo vivo en el Midtown, muy cerca del Design District, una zona aún no descubierta por el turismo masivo, llena de galerías y con edificios pintados por artistas grafiteros. Es un barrio muy nuevo y veo que cada vez más gente elige esta zona para vivir", dice Vasallo, de 32 años.

Aunque admite que trabajar para el mercado hispano local implica resignar parte de la creatividad que prestigia a los publicitarios argentinos, está conforme con su decisión. "En Buenos Aires era elegir o tener un auto o pagar el alquiler o viajar. Trabajando acá puedo hacer todo", afirma satisfecho, aunque es de los que reconocen que "antes no pensaba venir ni de vacaciones".

En el mismo barrio vive y trabaja Luli de Otto, directora de Elastik Music, una compañía que se encarga de posproducción de audio para publicidad. Tiene 35 años y se vino con su marido, Joaquín, de 41. "Pensaba que era puro consumo, pero es una ciudad llena de verde y vida al aire libre. Hace poco abrió la ópera y el ballet. Miami se prepara para ser una ciudad -resalta- y no sólo un lugar de outlets ."

"Mayor seguridad" y "hartazgo" del clima político en la Argentina son algunos de los argumentos más escuchados por quienes armaron las valijas para venir a Miami. "Acá puedo dejar el auto abierto", describe Delguy, uno de los pocos recién llegados que optaron por Miami Beach. Es que la cercanía del mar también hace a la calidad de vida que aseguran haber encontrado los argentinos. "De repente termino un Skype, me pongo la mallita y bajo a meterme al agua", resume para describir un día de trabajo cualquiera. Cada semana recibe un mail de un amigo desde Buenos Aires anunciándole que lo visitará. "Vienen tanto que hacer de guía ya es mi segundo trabajo", bromea.

La expansión inmobiliaria

Curiosamente, quienes llegan para vivir no compran inmediatamente un departamento, pese a las facilidades que hay para hacerlo, sino que alquilan. En cambio, los que sí compran son los que vienen por turismo. "El año pasado vendí 140 departamentos a argentinos", afirma el "rialto" Elías Perchik, también argentino, aunque con años de residencia en Estados Unidos. Su descripción del nuevo hábito consumista del turista es perfecta: "El argentino viene de vacaciones una semana. Destina dos días al shopping, dos días a la playa y dos días a comprar departamentos. Llegan por alguna referencia de amigos y consultan para comprar como inversión. Nos piden que se los administremos o alquilemos, ya que ellos seguirán viviendo en Buenos Aires, pero desde junio muchos consultan también sobre cómo conseguir una visa de residencia".

Miami Beach, Bal Harbour, Brickell y Sunny Isles, otro de los barrios, al norte de Miami Beach, en plena expansión inmobiliaria, son las zonas preferidas por los argentinos para sus inversiones, explica Perchik, que aporta, además, un dato clave. "La mayoría de los departamentos que vendí a argentinos eran de entre 60.000 y 150.000 dólares. Todos dicen que aquí aún está más barato que en Buenos Aires y para comprar sólo necesitan pagar un 30% de anticipo y luego encuentran financiación." Dedicarse al real estate es un trabajo redituable para los argentinos: las comisiones son del 6%.

 Pedro Delguy, director de cine publicitario, llegó para quedarse 3 años. Foto: Ximena Etchart / Getty Images Latam

Alejandro Tabosky también se dedica al mercado inmobiliario y confirma la invasión argentina. "Desde hace dos años creció el 30% la cantidad de argentinos que compran propiedades", explica, aunque aclara que "últimamente se han hecho varias ventas en los suburbios de Miami, a 35 minutos del aeropuerto, porque son las zonas que ofrecen más retorno a los inversionistas."

Los argentinos de mayor poder adquisitivo eligen Bal Harbour, Brickell (es el caso de Marcelo Tinelli) o South Point, el área debajo de la 5 St., la calle que hasta hace poco marcaba el límite sur de South Beach y donde cada mes abren nuevos restaurantes, al anochecer se llena de peatones y ciclistas, y por la noche, en discos como Story, es posible encontrar en la mesa de al lado a Leo DiCaprio o a Mel Gibson. Allí desde hace tres años se levantan arrogantes torres que miran por arriba a la vecina Fisher Island, el refugio donde por años residió Susana Giménez en sus constantes viajes a la ciudad. South Point es la zona elegida por Gerardo Werthein, Diego Torres y Daniel Hadad, que se quedó con un piso entero del edificio Continium, tras una inversión, afirman aquí, no menor a los US$ 13 millones.

Por supuesto que los turistas argentinos no sólo vienen aquí a comprar departamentos. Algunos buscan aquellos objetos electrónicos que ya no llegan a la Argentina o alguna prenda de esas marcas de lujo que dejaron la avenida Alvear. Como Analía Cabanillas y Delfina Taquini, que a poco de llegar, y asesoradas por una amiga residente, se dirigieron al Design District para sus compras. "Es mucho más tranquilo para ver y comprar que un mall ", aseguran. Si en los 90 los argentinos caminaban Flagler St., la calle de los comercios de electrónicos, en busca de televisores o equipos de audio, hoy el objeto de sus deseos es un celular de última generación o una tableta para la que habrá que aguardar meses a que llegue a Buenos Aires, si lo hace. En los Apple Store de Lincoln Road o del Aventura Mall el rumor de voces argentinas es permanente y superan a las de cualquier otro acento. Consultan sobre todo por el precio del iPhone 5 "desbloqueado", para poder utilizarlo en la Argentina. Se sorprenden cuando descubren que su valor es de 649 dólares, muy por encima de su precio con un contrato con una compañía telefónica norteamericana (199 dólares). Pero la mayoría sacará la tarjeta de crédito de su billetera y lo comprará. Nadie, eso sí, osará pagar en efectivo. Los billetes verdes no se usan de ser posible ni para pagar un café. "Hasta los churros quieren pagar con tarjeta", dice Da Rosa, de Manolo (US$ 0,75 cada uno). Es que los argentinos hacen más cuentas que playa. "Multiplico todo por 5 y le sumo el 15%. Al comienzo dudo, pero después multiplico por 8 y me quedo tranquilo de que estoy haciendo negocio", cuenta en el Gap de Collins y la 7a. Aldo, un argentino de esos que llevan todo el tiempo los anteojos de leer en la punta de la nariz analizando precios. A su lado, su mujer parece mucho más despreocupada. Ninguno quiso decir su apellido.

A la hora de comprar ropa, un ítem que puede resultar más económico que en Buenos Aires, al igual que cochecitos y otras cosas para bebes, los argentinos se vuelcan al Aventura Mall o a Sawgrass Mills, el inmenso shopping al norte de la ciudad, donde se consiguen grandes descuentos, hasta del 50%, ahora incluso en marcas de lujo, como Burberry. Ubicado a pocos metros donde comienzan los Everglades, esos pantanos sobre los que creció Miami, Sawgrass es la meca para los buscadores de precios, que recorren sus pasillos con carritos como los del aeropuerto y donde, según comentan, el local más visitado es el de Samsonite, ya que los visitantes necesitarán nuevas valijas para llevarse todo lo que compran. Quienes buscan una forma de compra más sofisticada visitan Bal Harbour Shops, donde se encuentran esas firmas que solían estar en Buenos Aires y las que nunca estarán. Carpaccio es uno de sus restaurantes y es uno de esos lugares donde uno podría sentir que está en Puerto Madero. Gustavo Fernández, su encargado, es argentino con una década en Miami y se sorprende de la cantidad de compatriotas que pasan por el lujoso shopping. "Vienen todo el año, no sólo en junio o para las Fiestas, como antes -destaca-. Desde Navidad no paran de venir. Acá, a las diez de las noche el 60 por ciento de las mesas están ocupadas por argentinos. Muchos paran en el St. Regis, acá enfrente", dice, y señala un conjunto de torres que combinan hotel y residencias particulares, y donde confirmarán que muchos de los compradores más recientes son argentinos.

Hay cosas que en Miami no cambiarán. Como el sol eterno, los Lamborghini y Ferrari que se pasean por Ocean Drive y su condición de refugio político y económico para los latinoamericanos. Pero una ciudad más cosmopolita que latina, más creativa, bohemia y artística, despega y se aleja de la crisis con una nueva identidad. Y es una identidad construida, en gran parte, por argentinos.

las cuatro nuevas zonas de miami

  • Design District
    Es el barrio de moda, al norte del Downtown. Hay galerías de arte, tiendas de decoración y de lujo
  • Midtown
    Modernos edificios y restaurantes crecen donde hasta hace poco residía la comunidad negra local
  • Brickell
    Solía ser sólo el distrito financiero, pero con las torres residenciales, se llenó de restaurantes y de gente haciendo footing
  • Sunny Isles
    Aquí invierten argentinos que compran propiedades. Sus ventajas: la cercanía del mar y el Aventura Mall


La Nacion

El dólar volvió a bajar por presión del Gobierno

Sábado 09 de febrero de 2013 | Publicado en edición impresa

Cepo cambiario

El dólar volvió a bajar por presión del Gobierno

El blue cerró a $ 7,67 y el cambio para el turismo se mantuvo en $ 5; se reactiva la fuga de dólares de los bancos

l dólar paralelo o blue cerró ayer un centavo por debajo de su cotización de anteayer, a $ 7,67 para la venta, gracias a la participación durante la rueda de entidades vinculadas con el Gobierno, que habrían estado nuevamente alimentando el mercado de divisas. En el circuito oficial, en tanto, el dólar para el turismo se mantuvo en 5 pesos.

Tal como viene sucediendo desde que se instauró el cepo cambiario, en enero también continuó el drenaje de depósitos en dólares del sistema financiero. Según un informe del Banco Ciudad sobre la base de datos del Banco Central (BCRA), se fueron el primer mes del año US$ 520 millones.

La fuga de depósitos en moneda extranjera de bancos privados y públicos desde el 31 de diciembre hasta el 1° de febrero explicó de hecho más del 80% de la pérdida que sufrieron las reservas internacionales del BCRA en el mismo lapso.

Las reservas internacionales, que incluyen los depósitos en dólares, descendieron US$ 642 millones entre el 31 de diciembre (43.290 millones) y el 1° de febrero (42.648 millones).

El goteo de divisas de las entidades financieras, que había cesado a fines de diciembre, retomó con fuerza en el inicio de 2013, cuando el dólar paralelo saltó desde $ 6,79 hasta $ 7,93 del cierre de enero, con un pico de 8 pesos.

Según información del BCRA, los bancos públicos y privados cerraron 2012 con US$ 9972 millones en depósitos de moneda extranjera, que se comparan con los US$ 9450 millones del viernes 1° de febrero, 522 millones menos.

El sector privado perdió US$ 306 millones entre el 31 de diciembre y el 1° de febrero de este año (US$ 8063 millones a 7757 millones), mientras que el sector público cedió US$ 215 millones (de US$ 1894 millones a 1679 millones), según las cifras oficiales.

Durante la semana de cuatro días entre el 28 de enero y el 1° de febrero (el 31 fue feriado), los ahorristas retiraron US$ 44 millones de las entidades privadas, y los depósitos cayeron de 7801 millones a 7757 millones.

"La reducción de los depósitos en moneda extranjera del sector privado se mantuvo en torno a US$ 10 millones diarios", dijo el BCRA en su Informe Monetario Semanal, difundido ayer.

El sector público sufrió una sangría aún mayor: los depósitos en dólares descendieron US$ 103 millones de dólares entre el 28 de enero y el 1° de febrero: de US$ 1782 millones a 1679 millones.

Los depósitos en moneda extranjera de los bancos privados cayeron US$ 7157 millones de dólares o 47,99% desde el 28 de octubre de 2011, cuando ascendían a US$ 14.914 millones. Ese día el Gobierno comenzó a restringir el acceso al mercado de cambios.

La primera medida restrictiva se conoció el 28 de octubre. Se trató del Programa de Consulta de Operaciones Cambiarias, llevado a la práctica por la AFIP, que controló cada operación desde el 31 de octubre de 2011.

El drenaje de depósitos luego se intensificó en noviembre de 2011 y comenzó a perder fuerza a fines de diciembre, pero se reactivó a principios de mayo de 2012, cuando la AFIP tomó de hecho el control del mercado de cambio y bloqueó las compras a ahorristas.

El BCRA oficializó la prohibición para el atesoramiento el 5 de julio, una restricción que se mantiene activa.

Un drenaje lento, pero firme

Los depósitos en dólares volvieron a caer en enero

El fin de la treguaTras subir levemente en diciembre, porque los individuos los usaban para pagar menos Bienes Personales, los depósitos en dólares retomaron la senda bajista en enero.El cepo lo hizoEl drenaje de las colocaciones bancarias en moneda extranjera empezó en octubre de 2011, cuando se instauró el cepo. Pero se intensificó en julio de 2012, cuando se prohibió la compra para atesoramiento


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